CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Basada en una realidad
maquillada
En su irregular carrera,
Ridley Scott
parece haberse inclinado más hacia
"Un buen año"
y "Hannibal"
que hacia “Blade runner” o "Gladiator"
con su nueva propuesta, al menos atendiendo al resultado final y
no tanto a la generosa producción que la sostiene. Porque su
última cinta acaba resultando pesada y sin enganchar con una
nueva historia de mafias, droga y corrupción policial, donde lo
mejor es la interpretación de
Denzel Washington. O
quizá haya querido volver sobre los pasos de “El padrino” y
acercarse a otra familia, negra en este caso, que reta al poder
constituido para imponer su propio orden social: no lo consigue.
Como tantas otras películas en su intento de atrapar al
espectador, comienza advirtiendo sobre la veracidad de lo que se
va a contar, para terminar diciéndole lo que fue de aquellos a
quienes ha acompañado durante más de dos horas y media.
Son
los hechos reales sucedidos al comienzo de los años setenta en
Nueva York, cuando el país norteamericano sufría el infierno
de Vietnam, y un individuo, Frank Lucas, se aprovechaba del
ejército allí establecido para obtener una heroína de gran
pureza y sin intermediarios. De esta manera, él y su familia
formaron una red que abastecía de droga a todo Harlem y que
eliminaba a la competencia por su bajo coste. Enfrente está
Richie, un policía mujeriego pero honrado en su profesión, a
quien se pone al mando de la brigada contra el tráfico de
estupefacientes, y que además se esfuerza por estudiar leyes
para así también defender a su país. Una guerra de mafias que
corre paralela a otra de políticos, y todo bajo la supervisión
y aquiescencia de unos cuerpos de seguridad del Estado, tan
corruptos y amorales como los pobres camellos y drogadictos
que se arrastran por las calles, entre chantajes, robos y
prostitución.
Una vez
más, Hollywood pretende presentarnos una realidad aparentemente
matizada, con personajes retratados con pliegues interiores que
tendrían que aportar complejidad y cierta verosimilitud. Sin
embargo, también una vez más acaban resultando
estereotipos simplistas en favor de un desarrollo ágil y
comprensible, donde la ambigüedad se confunde con la
incoherencia, y un eficaz giro narrativo permite piruetas
increíbles. En este
caso, aunque la película esté “basada en hechos reales”, la
ficción se encarga de dramatizar la realidad hasta hacerla
irreconocible y descargarla de su fuerza y humanidad. Y eso, por
mucho que se nos presenten escenas de cruda violencia, duros
dramas de familias desechas por la droga o la sordidez de la
prostitución: no dejan de ser estampas que se compatibilizan con
otras de devaneos con la amante de turno, escenas
intrascendentes donde unas fotografías marcan toda la
investigación policial o una vista judicial de divorcio es
resuelta del modo más patético y televisivo posible.
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En cuanto a los
personajes, ahí tenemos a un policía que no es capaz de ser fiel
a su mujer ni lo suficientemente responsable para atender a su
hijo, pero que es un patriota y hombre honrado donde los haya,
audaz en su trabajo y constante en sus estudios nocturnos de
Derecho; o a ese mafioso entrañable, religioso, inteligente y
con buena imagen que muestra su otra cara violenta y sin
escrúpulos cuando las circunstancias lo exigen; o ese otro
agente del orden de apariencia correcta y legal que esconde un
fondo turbio. Podríamos decir que todo es verosímil según las
categorías de Hollywood pero nada veraz en la lógica realista, y
que eso de que nada es lo que parece o que el mal y el bien se
mezclan en cualquiera... no pasan de ser tópicos manipulados,
aunque se apoyen en la realidad. Porque en esa inicial
caracterización del dúo protagonista, no quedan claros los
móviles que llevan a Frank a tomar el relevo de su mentor (sus
heridas y traumas infantiles no están bien reflejados) y
modernizar la mafia negra, lo mismo que el proceso por el que un
desconocido chófer logra tan fácilmente buenos contactos desde
la sombra; como tampoco las motivaciones patrióticas de Richie o
los pormenores de su eficaz labor de investigación. La trama
sufre la endeblez de sus puntos de giro hasta parecer forzada e
inverosímil: un abrigo de piel regalado por su esposa que el
prudente Frank lleva a una velada de boxeo y que levanta
sospechas en la policía, un comentario de más de un chivato que
pone a Richie sobre la pista del mafioso, la presencia del
sobrino jugador de béisbol en el aeropuerto que abre los ojos
sobre el alijo de droga... Demasiada
artificiosidad del guión para hacer correr la historia hacia un
desenlace que busca desesperadamente destapar la trama de
corrupción.
Dicho lo anterior, toca
alabar la puesta en escena de Scott para reflejar un ambiente
social de deslealtad, supervivencia y corrupción. También las
interpretaciones de Russell Crowe
y Denzel Washington están a la
altura para hacer que sus personajes cobren cierta humanidad. Si
no fuera por la pesadez narrativa y el exceso de metraje,
estaríamos ante una más que correcta película de gánsteres y
corrupción, aunque nunca llegaría a convertirse en una gran
obra. De todas formas, gustará a los incondicionales del cine
americano de género, y a los seguidores de los actores
protagonistas, aquí un patriota contracorriente y un paradójico
mafioso.
Calificación:
    
Imágenes
de "American gangster" - Copyright © 2007
Universal Pictures, Imagine Entertainment, Relativity Media y Scott Free
Productions. Fotos por David Lee. Distribuida en España por Universal Pictures
International Spain. Todos los derechos
reservados.
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