CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Mariane
Pearl traza sobre una
pizarra blanca todas las conexiones posibles entre nombres,
teléfonos y lugares que puedan aclarar, mediante el contraste y
el mapa generalista, los motivos del secuestro de su marido.
Michael Winterbottom
aprovecha la misma pantalla vacía del cine para mostrar las
pruebas de una tragedia real que discurre por múltiples
secundarios, idiomas y frentes, aunque su babel particular
pretenda convertirse en bandera ondeante del antiterrorismo
generalizado y descomponga las piezas de un puzzle absorbido por
la prensa del escándalo y el espectáculo en una imagen igual de
simplista y bicolor que la que se obtendría de un vistazo rápido
al mundo en blanco y negro de los periódicos, las autobiografías
y los paneles repletos de fotos y flechas.
Como
su pomposo título indica, tomado del libro escrito por la
propia Mariane, “Un corazón invencible” prefiere practicar
misantropía a cine, supeditando los intereses del segundo a la
mejor manera de inocular en el espectador la esperanza ansiada
por mujeres fuertes como la protagonista. De nuevo entran en
colisión las buenas intenciones con el mérito de un director
que pretendía cambiar el mundo con sus "9 songs"
(2004), aquí un simple ejecutor visual de las horas que
transcurrieron durante el secuestro del periodista del Wall
Street Journal, Daniel Pearl. Y la primera evidencia de esa
venta al espíritu solidario y compasivo sucede en el minuto
uno de la película, invadido por el tono firme de una
narradora que debe mantenerse estoica ante unos
acontecimientos que superarían a cualquiera –si por algo
resulta reseñable el trabajo de Angelina
Jolie es
precisamente por esa contención que sólo explota en el último
tramo–. Sin embargo, enseguida se produce la entrada brusca en
el territorio de la ficción, o de la realidad fingida, en
cuanto las imágenes de archivo dan paso a la sustitución de
seres reales por rostros conocidos, en esa inestable línea que
une la mirada rigurosa, colindante al documental, con la
evidencia de unas escenas falsas y recreadas. Una lectura
cronológica y respetuosa de las memorias de Mariane Pearl se
traduce en dependencia expresiva y en continuas incoherencias
con respecto a la narración del relato, aunque a cambio se
consiga la cercanía emocional que, en un asunto como éste,
tampoco resulta tan complicada de conseguir.
La voz
en off que inaugura, cierra y preside el film impondría
un punto de vista estrictamente femenino y, viendo la historia
del séptimo arte, también muy cinematográfico. La mujer que
aguarda y espera, porque su misión es alimentar la esperanza de
los hombres que la han perdido, hecho que se ratifica
biológicamente con el embarazo de Mariane. Pero, dado el peso de
los sucesos reales, el guión prefiere romper esa unidad
narrativa en pro de la comprensibilidad y la información clara
para el público, y en vez de apostar por un clima más
claustrofóbico en el que el suspense habría ganado al drama
político. Los saltos de la protagonista hacia las
investigaciones policiales, en ocasiones demasiado prolongados,
o incluso al primer plano de los "antagonistas", asoman como
fáciles recursos a la hora de completar la crónica, pero vistos
igualmente como a Mariane Pearl le fueron contados. De esta
manera la verosimilitud se expande al precio de traicionar esa
supuesta objetividad con que todo autor comprometido quiere
equiparar a su panfleto reivindicador. Winterbottom acentúa aún
más la reconstrucción desmedida al alternar, sin rigor ni
lógica, el recurso de la cámara casera con una forma límpida,
siempre explicativa, de rodar. Si bien en un primer momento el
director parece reservar el primer recurso a los recuerdos de la
pareja central, rotos y desdibujados por la cruel separación,
pronto cuela nuevos flashbacks sin dicha estética y la
utiliza en secuencias de acción según la línea de la "suciedad"
independiente –como el asalto al piso de los contactos que
conduzcan al jeque Omar, o la tortura de uno de ellos,
distorsionada con lentes deformantes–. No existen más hilos
unificadores que los del propósito sentimental, reflejado en ese
manipulador contrasentido de quien omite el vídeo de la
ejecución de Daniel Pearl mientras muestra el dolor de su viuda
con una explicitud y obscenidad no menores –estrategia que
conduce, una vez más, hacia el rol de la mujer aislada que
recibe las noticias del exterior, que sin embargo el espectador
conoce demasiado bien como para compartir el shock–.
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En su afán por contar la
historia de una luchadora y de una injusticia que trasciende lo
personal –aunque queda insinuado que la búsqueda de carácter
político sólo nace del deseo de encontrar a un ser querido–,
Winterbottom escoge la textura del papel impreso antes que el
tacto urbano de mujeres como las de “Wonderland” (1999). El lado
opuesto a su dura y también conducida por los derroteros de la
interpretación subjetiva
"Camino a Guantánamo"
(2006), el mismo resultado creativo que “Sarajevo” (1997) o “Los
gritos del silencio” (1984), películas nacidas del impulso antes
que de la razón cinéfila, y no por más comprometidas menos
valiosas. El problema reside en la humildad que abandona el
propósito del film, que pretende bañarlo del valor perseguido
gracias a su tono trágico y grandilocuente. Por ello fracasan
los cruces narrativos internos y la alusión superficial al
conflicto pakistaní –por boca del personaje de
William Hoyland
resulta fácil inferir ánimos de odio exacerbado y
generalizaciones sobre el integrismo– y al gremio periodístico,
que habría dado más juego por el giro de 180º que sufre Mariane,
periodista que pasa a conocer el impacto de los flashes y
el anverso de las libretas. Alcanza su equilibrio compositivo en
la combinación de drama y apuntes sensibleros, pero esa eficacia
no es mayor que la de un guía que conduce el taxi por una ciudad
extraña. Winterbottom cae en la red de las obviedades visuales y
en el guiño fácil a un bebé recién nacido que simboliza la
imposible confianza en un mundo a mejor. O así se corrigen las
deudas contraídas con la rigidez del "así fue", mediante el
cierre de una cuesta abajo que lleva asociada, tradicionalmente,
el significado del descenso, la caída, la tristeza. La evidencia
de que ya sólo existen personajes formidables en cuentos de la
vida real, forzada al final brusco e infeliz de un panorama
escrito a golpe de Word y CNN.
Calificación:
    
Imágenes
de "Un corazón invencible" - Copyright © 2007
Paramount Vantage, Plan B Entertainment y Revolution Films. Distribuida en España por Universal Pictures
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