CÓMO SE HIZO "EL ÚLTIMO
GRAN MAGO"
Notas de producción ©
2007
DeAPlaneta
Los
co-guionistas Tony Grisoni y Brian Ward se tomaron su tiempo con
el guión y la historia evolucionó lentamente. De hecho, la
película inicialmente no se basaba en la historia de Houdini.
Según Tony Grisoni: “Partimos de la idea de que todo acto mágico
está sostenido por un público que desea con todas sus fuerzas
que la magia sea real. El público quiere que lo que está viendo
sea algo extraordinario. La gente no quiere ver algo corriente
ni cotidiano. Empezamos trabajando con una relación madre-hija
–Mary y Benji– y Houdini no entró a formar parte de la historia
hasta mucho después”. “Cuando empezamos a escribir, situamos a
los personajes principales en un circo ambulante, no en un
teatro de variedades, hasta el día en que Houdini entró en la
historia. A partir de ahí desarrollamos una trama sobre gente
que sublima el amor, de hecho Houdini es el caso más extremo,
que llega a atarse literalmente con cuerdas y cadenas. En
realidad, Harry no creía en el amor, de hecho lo negaba, algo
que encajaba perfectamente con el guión. Por otro lado, tuvimos
claro desde un principio que la película transmite que la magia
siempre existe si uno quiere creer en ella”, añade Brian Ward.
El guión llegó a manos del productor ejecutivo Dan Lupovitz hace
un par de años: “Toni Grisoni y Brian Ward me enviaron su guión
con vistas a que produjera la película. Me pareció fantástico,
pero finalmente se decidió que sería rodada como una película
escocesa de bajo presupuesto y, por tanto, necesitaría un
productor escocés. Al ser estadounidense, yo quedaba descartado.
Fue una decepción, pero tuve que olvidarme de la historia. Por
casualidad, como por arte de magia, dos años más tarde un agente
me envió el mismo guión. Leí un par de líneas y dije ‘Me acuerdo
de este guión, me encantó’. Al final no habían conseguido rodar
la película en Escocia y ahora intentaban llevarla a la pantalla
como un largo más internacional. Fue genial porque eso me
permitía poder trabajar en ella”. El guión de Tony Grisoni y
Brian Ward ha sido dirigido por Gillian Armstrong. Según
Lupovitz, Armstrong era la opción perfecta para llevar la
película a buen puerto: “He seguido de cerca el trabajo de
Gillian desde My Brilliant Career y me encanta. Tiene voz
propia, un estilo visual muy potente y sabe contar una buena
historia; además es buena directora de actores y se le dan muy
bien los escenarios de época porque consigue llenarlos de vida
utilizando interesantes detalles, sin caer en el cliché.
Asimismo, sus películas siempre están interpretadas por
personajes fuertes como en el caso de este guión, donde los
personajes son fuertes, complejos e interesantes”.
La productora
Marian Macgowan añade: “Gillian tiene gran sensibilidad visual,
pero, por encima de todo, le interesa el drama humano, y eso le
permite contar una historia emocionalmente potente de manera muy
visual”.
Por su parte,
no hizo falta presionar mucho a Armstrong: “Me enamoré del guión
en cuanto lo leí porque presentaba una visión completamente
nueva de un icono muy famoso. Lo único que sabía sobre Harry
Houdini es que formaba parte de nuestra cultura general por algo
relacionado con las cadenas, las cuerdas y el escapismo. Eso sí,
¡he aprendido muchísimo sobre Harry! Era un hombre increíble y
este filme me ha permitido enterarme de lo que pasa entre
bambalinas y me ha enseñado mucho sobre la magia, la ilusión y
el espectáculo; elementos que a todos nos gustan. También me
pareció muy interesante su relación de amor/odio con las
creencias parapsicológicas y con la vida después de la muerte”.
Otro de los
elementos de la historia que captó la atención de Armstrong fue
la relevancia contemporánea de la gran fama de Houdini: “Cuando
actuaba, conseguía atraer a miles de personas que abarrotaban
ansiosas las calles o los puentes. Lo que me interesó de Harry
no fue sólo su espectáculo, sino cómo vendía ese espectáculo.
Era totalmente consciente de la importancia de promocionarse a
sí mismo y de trabajarse a la prensa. Supo cómo sobresalir por
encima de todos los demás utilizando conceptos ocurrentes e
inteligentes y llamó la atención de todo el mundo con su gran
imaginación. Fue la primera superestrella del mundo, pero detrás
de la estrella y de la fama había un hombre complicado y
atribulado”.
El actor
australiano Guy Pearce fue escogido para interpretar al
personaje principal. Lupovitz explica por qué era el actor
perfecto para el papel: “Fue una gran suerte poder contar con
Guy Pearce para el personaje de Houdini porque tiene ese estilo
interpretativo visceral y físico que encaja muy bien con quién
era Houdini como persona y como artista. Asimismo Guy Pearce
combina de manera única el carácter del personaje principal con
la diversidad del actor de personajes”.
“La historia
tiene muchas capas con las poder trabajar como intérprete, pero
además Guy le ha añadido mucha emoción física. Cuando actúa, lo
hace desde la comprensión física de su personaje”, añade Marian
Macgowan.
Para
Armstrong la clave estaba en la capacidad de Pearce para meterse
en el papel: “Es un actor increíble. Me encanta que sea tan
camaleónico; sabe transformarse por completo. También es un
intérprete profundo e inteligente. Sabía que Guy se esforzaría
al máximo por estar en forma y retratar a un Houdini que
resultara creíble. Dio clases de magia y se entrenó durante
meses en el gimnasio para coger la forma física que hubiera
tenido Houdini. Cuando filmamos las escenas subacuáticas era
capaz de aguantar la respiración más tiempo que nuestro
especialista. También aprendió a escaparse de una chaqueta de
fuerza colgado bocabajo. Eso demuestra su entrega con el
personaje. ¡Desde luego que ha salido ganando porque ahora podrá
encandilar a sus amigos con los trucos del espectáculo de
Houdini!”.
Al principio
Pearce se mostró un poco reacio: “Acababa de interpretar a Andy
Warhol en una película que daba gran importancia a la veracidad
de los hechos históricos, así que por una parte pensaba,
‘¿Realmente quiero ponerme ahora en la piel de una megaestrella
que promocionaba su propia imagen?’”
Pearce acabó
aceptando, pero se propuso acercarse al personaje desde una
perspectiva totalmente diferente a como interpretó a Warhol. “A
pesar de que vuelvo a interpretar a un personaje real, como esta
historia se centra más en el “y si”, pude jugar un poco más con
la trama sin ceñirme tanto a la realidad histórica y trabajar
con el mundo creado en el guión. El lado físico fue el gran
reto: tuve que entrenarme a fondo, aprender a aguantar la
respiración durante mucho tiempo y acostumbrarme a estar colgado
bocabajo. Me sorprendió muchísimo todo lo que podemos hacer para
transformarnos. Tenía una tabla de entrenamiento físico bastante
dura”.
La aclamada
actriz Catherine Zeta-Jones encarna a Mary, un personaje de
ficción. A Lupovitz le llamó la atención la similitud existente
entre Zeta-Jones y su personaje en la película: “El pasado de
Catherine se parece al de nuestro personaje porque ambas han
trabajado en el teatro, y nuestro personaje, Mary, es muy
carismática, espabilada, lista, misteriosa y muy atractiva; una
intérprete nata”.
“Cuando nos
pusimos a barajar posibilidades para Mary, Catherine nos pareció
la mejor opción porque además de ser una gran actriz, tiene
mucho en común con Mary. También es muy divertida y con este
papel transmite una vulnerabilidad que le va como anillo al
dedo. Para ella fue una vuelta a sus inicios, y de hecho rodamos
una escena en Covent Garden enfrente de un viejo teatro y nos
contó que fue bailarina en un espectáculo en la calle 42 o por
ahí durante dos años. Cuando leyó el guión pensó, ésta soy yo,
tengo que hacer este personaje”, añade Armstrong.
“En cuanto lo
leí pensé, ‘Éste es un personaje increíble’; me atrajo por sus
diferentes capas y porque era totalmente diferente al papel que
estaba interpretando en ese momento”, comenta Zeta-Jones.
“También me pareció una oportunidad fantástica para trabajar con
una directora tan maravillosa como Gillian. Nunca había
trabajado bajo las órdenes de una directora así que estaba
intrigada por ver cómo funcionaría la dinámica. En cuanto nos
conocimos me cayó genial y supe que iba a ser un rodaje
magnífico”.
Los dos
actores principales nunca habían trabajado juntos. “Juntar a Guy
y a Catherine fue como provocar una reacción química, han hecho
que saltaran chispas en la pantalla”, dice Lupovitz.
“Había oído
que Guy era muy concienzudo y que le gustaba mucho ensayar”,
comenta Zeta-Jones, “y esa metodología me viene como anillo al
dedo porque me encanta ensayar y pasar las líneas y dar con
formas diferentes de hacer las cosas. Nos llevamos fenomenal.
Hemos trabajado muchísimo, pero nos lo hemos pasado genial, nos
hemos reído y nos hemos divertido”.
Pearce
coincide en que tuvieron una relación laboral buenísima:
“Trabajar con Catherine ha sido un placer. Es una gran
profesional y es muy buena en lo que hace. Además es
tremendamente cercana y tiene un sentido del humor genial, con
lo que nos lo hemos pasado muy bien”.
Saoirse
Ronan, de 12 años, interpreta a la hija de Mary: “Antes de
empezar, pensaba ‘Genial, ¡voy a trabajar con Catherine
Zeta-Jones!’. Me ha encantado trabajar con ella porque además de
ser una gran persona, es una actriz de grandísimo talento”.
A pesar de
haber entrevistado a miles de jóvenes actrices, Armstrong no
tuvo ninguna duda de que Ronan era la actriz que buscaban:
“Saoirse nos dejó boquiabiertos en su primera prueba. Vimos a un
montón de jóvenes actrices de gran talento, pero ella sobresalía
por encima de todas ellas. Su papel es fundamental y,
ciertamente, casi está en pantalla tanto como Catherine y Guy,
con lo que sabíamos lo importante que era dar con una chica que
pudiera sobrellevar esa carga y combinarla con la inteligencia y
sensibilidad que requería un papel tan emotivo como éste. Es una
chica muy especial”.
Lupovitz
coincide totalmente con ella, “Saoirse Ronan es una joven actriz
muy madura, y encajaba perfectamente con lo que buscábamos
porque necesitábamos una actriz que, a esa joven edad, pudiera
combinar cualidades de adulta y de niña. Es una actriz muy
lograda, sobre todo teniendo en cuenta que sólo tiene doce años.
Entiende muy bien su profesión y es capaz de repetir lo que ha
hecho toma tras toma. Tiene presencia para llenar la pantalla y
es un placer trabajar con ella. Enamora a la cámara”.
Pero no sólo
a la cámara… también encandiló a sus compañeros de reparto.
Catherine Zeta-Jones se quedó impresionada con su talento: “A
esta joven intérprete no hay que quitarle el ojo, de hecho yo la
compararía con una joven Jodie Foster. Terminó de rodar una
película y en cuanto llegó se metió de lleno en el papel. Todos
los días llegaba y nos daba abrazos a todos. Forjó a una Benji
maravillosa, combinando elementos de pillo, de chicazo y un lado
muy tierno que ha quedado precioso en pantalla. Es una
estrella”. Guy Pearce añade: “Ha sido maravilloso trabajar con
ella, es una niña impresionante que espiritualmente es mucho
mayor de lo que aparenta físicamente. Todos los días decía algo
que te dejaba alucinado al ver lo enterada que está de todo”.
Timothy Spall
fue la última pieza del rompecabezas, como el manager y amigo de
Houdini, el Sr Sugarman. “Me gustó mucho el guión y la historia
me atrajo. Al leer el guión, fue como escuchar una canción que
no había oído antes… Me pareció muy sugerente porque es una idea
original. Los cuatro personajes principales me parecieron muy
interesantes y hay una especie de triángulo en el que luchan por
ver quién va a quedarse con Houdini. Un guión como éste no se
recibe todos los días”. También le atrajo saber que el proyecto
sería dirigido por Armstrong: “Sigo el trabajo de Gillian y me
parece una de las mejores directoras del momento. Es muy
inteligente, conoce bien de lo que habla, crea unas imágenes
visuales preciosas y sabe llegar hasta el núcleo emocional de la
trama. Ha sido un placer trabajar con ella”.
A Lupovitz le
fascinó especialmente ver cómo Spall daba vida a su personaje:
“El Sr Sugarman y Houdini tienen una amistad muy estrecha,
comparten muchos secretos y tienen una historia muy larga,
forjada durante sus viajes por el mundo en la gira.
Los dos
personajes tienen una relación de amor que se manifiesta de una
manera muy inteligente en el guión, que los retrata como una
pareja que está siempre discutiendo. Nos pareció muy importante
dar con un actor que pudiera hacerlo de una manera encantadora y
positiva, así que nos sentimos muy afortunados al enterarnos de
que Timothy Spall estaba disponible. He de decir que al trabajar
juntos, él y Guy Pearce, siendo los grandísimos actores que son,
han sabido llevar a la pantalla de una manera muy creíble la
relación que tienen ambos personajes en el guión”.
El equipo
técnico, sobre todo la directora Armstrong, sabía que dar vida a
un personaje tan icónico sería una tarea peliaguda: “Cuando se
realiza una historia sobre personajes reales, y más en el caso
de un icono como Houdini, siempre hay seguidores devotos que se
saben todos y cada uno de los detalles de su vida, y eso
complica enormemente las cosas. En nuestro caso, los guionistas
se basaron en la ficción histórica para imaginarse cómo se
hubiera comportado Houdini. Hemos dedicado mucho esfuerzo a
realizar labores de investigación y espero que hayamos logrado
una obra que se mantiene fiel al espíritu de Harry. Eso sí, no
hay que olvidar que, al fin y al cabo, es ficción”.
Houdini fue
el artista más reconocido del mundo en vida, y su atractivo
sigue presente hoy en día. La productora ejecutiva Marcia
Nasatir sugiere que en la actualidad quizá sea más famoso de lo
que haya sido jamás: "El año pasado salió otra biografía de
Houdini que decía que había sido espía durante la I Guerra
Mundial. Este año, uno de sus bis-sobrinos anunció que tiene
intención de exhumar el cadáver dado que piensan que su muerte
estuvo rodeada de circunstancias extrañas que podrían ser
esclarecidas gracias a la ciencia moderna. Ochenta años tras su
muerte, el gran escapista sigue siendo objeto de conversación y
controversia en millones de sitios de Internet, y el nombre
Houdini sigue siendo sinónimo de magia”.
La película
está ambientada en Edimburgo, en 1926, y se rodó principalmente
en lugares reales, todo un reto para la diseñadora de producción
Gemma Jackson, “Tuvimos que rodar en escenarios naturales con lo
que dichos escenarios tenían que parecer lugares reales, y
además teníamos que poder trabajar con ellos y embellecerlos”.
Por ejemplo,
convertimos el RAF Halton en un elegante hotel escocés. El
edificio es de Rothschild, pero lleva años en desuso y estaba
bastante destartalado. Tuvimos que esforzarnos al máximo para
devolverle su gloria pasada. Simplificamos un poco la
decoración, quitamos las horribles alfombras, trajimos el
mobiliario adecuado, pusimos ascensores, y, en resumidas
cuentas, le dimos un poco de clase”.
Algunos
sitios, como el Teatro de Variedades de Wilton, no requirieron
tanto trabajo para recrear el aspecto que buscaban: “A pesar de
que está un poco feo y se está cayendo a trozos, es un lugar
extraordinario con una atmósfera increíble. En cuanto pusimos la
cortina roja, todo encajó. Los edificios de aquella época son
maravillosos, y realmente no es tan difícil hacer que se adapten
perfectamente a nuestra película”, dice Jackson.
Aparte de
crear el escenario de época adecuado, Jackson contribuyó al
aspecto visual característico de la cámara de Armstrong: “Tanto
Gill como yo somos personas muy visuales. No tuvimos que
sentamos a hablar sobre el aspecto de la película, todo fluyó de
manera natural al rodar las escenas y ver qué necesitábamos. A
Gill le encantan las formas alargadas y redondas, así que
partimos de esa base. Yo traía pantallas, cristales y
superficies reflectantes y ella trabajaba con las diferentes
capas. Eso nos permitió lograr el aspecto particular de este
filme”.
“Al crear el
vestuario, Susanna Buxton se ha ceñido a la época, aunque al ser
una historia de ficción, ambientada alrededor de 1926, no nos
hemos dejado dominar por esa idea”, añade Jackson.
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