CRÍTICA
por
José Arce
A pesar de la
facilidad con la que exprime todo tipo de temáticas, Hollywood
ha sido bastante benévolo, al menos por el momento, con el mundo
que rodea a los espectáculos de magia. Los últimos años han
visto cómo a las carteleras llegaban dos películas estupendas,
"El truco final (El prestigio)"
y
"El ilusionista", dibujando las trazas de una tendencia cinematográfica
que continúa evolucionando paso a paso, sin prisa y con calma
sorprendente, con este manso producto que ahora se estrena en
nuestras salas.
Harry Houdini
(estupendo, como siempre, Guy Pearce)
ofrece una descomunal recompensa a quien contacte con su madre,
fallecida tiempo atrás, y exponga en público las últimas
palabras que ésta le dirigió en vida. Experto en desenmascarar
farsas y triquiñuelas a lo largo y ancho del planeta, el que ha
quedado para la Historia como el ilusionista más famoso de todos
los tiempos no consigue encontrar a nadie capaz de establecer el
más mínimo nexo de unión con el más allá; pero cuando llega con
su troupe a Dublín conoce a Mary McGarvie (Catherine Zeta-Jones)
y a su hija, Benji (Saoirse Ronan),
estafadoras de medio pelo con un show de segunda que
deciden optar al premio. A pesar de las advertencias de su
representante y confidente, Sugarman (Timothy Spall),
Houdini no puede evitar caer rendido ante los encantos de la
mujer, seducido hasta el punto de creer que es posible que los
poderes de la vidente sean ciertos. En primer lugar, hay que
señalar que "El último gran mago" emerge como el último ejemplo
de la sorprendente capacidad del circuito comercial español para
destrozar un film con su denominación castellana; así, el título
original —"Death defying acts"— se refiere literalmente a los
"actos que desafían a la muerte" por parte de los protagonistas,
mucho más explícito y específico a pesar de su simbolismo, ya
que no estamos ante una producción centrada en las exhibiciones
populares del personaje central, sino en la búsqueda desesperada
de unos instantes más con quien fue el eje de su existencia. Una
premisa atractiva, la de la fe a la que trata de aferrarse aquél
que vive creando falsas verdades...
Lo realmente
curioso de la película es, más allá de lo inane de su
presentación y planificación, la inverosimilitud de lo que
ofrece. Zeta-Jones no ostenta la fuerza suficiente como para
encandilar con tan pasmosa facilidad a alguien tan supuestamente
imponente y seguro como el legendario Harry Houdini; la
infantilización que sufre la pareja capital dota de una
dimensión mucho más madura a los partenaires de ambos,
unos Spall y Ronan que quedan como lo mejor y lo peor del film
según en qué momentos y pasajes. Desgraciadamente, el
planteamiento de la directora Gillian Armstrong carece de la
pasión necesaria para que nos impliquemos en la trama, siguiendo
unos derroteros narrativos que a veces resultan incluso
ridículos por lo insustancial, máxime según se aproxima el
clímax de la historia, triste pantomima ingenua y disparatada
derivada de un estiramiento excesivo de los instantes finales.
Una lástima, teniendo en cuenta la sequedad que otorga la ciudad
irlandesa de principios del siglo XX, fresco ideal para plasmar
el vacío interior de los participantes en la obra, entes
emocionalmente huecos pero capaces de llenar de ilusión las
almas y los ánimos de quienes les rodean, gracias a sus dotes
para el entretenimiento en una época marcada por la fantasía del
nacimiento del cinematógrafo, todo un milagro de la técnica en
aquellos tiempos tan lejanos y casi primitivos a nuestros ojos.
Con todo, y
pesar de estar más cerca de un folletín rosa que de un intenso y
emocionante biopic y drama de época, hay que reconocerle
el mérito de eludir la pirotecnia que envolvía los espectáculos
de la era dorada de la magia para mostrarnos que, en el fondo,
todo es una quimera, una triste y gris falacia donde la cruda
realidad adquiere aún más fiereza. Porque cuando las luces se
apagan, nos enfrentamos a nosotros mismos. Y pocas veces nos
gusta lo que vemos.
Calificación:
    
Imágenes
de "El último gran mago" - Copyright © 2007
Film Finance Corporation Australia, Myriad Pictures, Macgowan
Lupovitz Nasatir Films y Zephyr Films. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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