CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Los
espectadores españoles somos unos auténticos demonios. Nuestra
maldad llega a tales extremos que ni siquiera acudimos a las
salas de cine para apoyar a las producciones patrias, un
comportamiento inaceptable para una industria que, por supuesto,
roza la perfección. El hecho de que sólo filmes como "Alatriste", "Volver" o "El laberinto del fauno" hayan obtenido unas jugosas
recaudaciones dentro de nuestras fronteras se debe única y
exclusivamente a la ignorancia de un público que no sabe
apreciar como debiera las incuestionables bondades de nuestra
cinematografía. ¿Subvenciones? Nada de negativo hay en ellas, a
no ser que algunos consideren como tal que un determinado
largometraje ya cubra sus gastos con el dinero de los
contribuyentes y piense que, debido a semejante circunstancia,
sus creadores podrían perder las ganas de promocionar su propio
trabajo. ¿Nuevos talentos? Bah, no está la vida como para asumir
riesgos, aun cuando ello suponga que los próximos Alejandro
Amenábar o Juan Carlos Fresnadillo se queden con las ganas de
sacar adelante sus proyectos.
Como habrán
podido comprobar, el empleo de la ironía en la introducción de
este comentario me ha permitido desquitarme y expresar algunas
de mis opiniones sobre el cine español, a pesar de que para ello
haya tenido que recurrir a una generalización que, lo reconozco,
en ocasiones puede resultar injusta. Sin embargo, un servidor
sigue pensando que en este país continuamos mostrando un
excesivo reparo cuando se trata de emular a Hollywood, tanto
para lo bueno como para lo malo. Así, no comprendo el motivo por
el que no se ruedan más superproducciones que, dentro de su
banalidad, podrían llegar a ser entretenidas y, por qué no,
hasta virtuosas, especialmente si tenemos en cuenta los
magníficos profesionales que, en diversas áreas, colaboran en
ellas. Eso es lo que pide el público y, desde luego, negarlo
sería de necios. Además, no chocaría con la existencia de otros
títulos minoritarios que no tendrían que dejar de rodarse, si
bien debería reducirse su número para que de este modo no
tuvieran que enfrentarse pequeñas películas españolas en un
mismo fin de semana, algo que en la actualidad sucede con
excesiva asiduidad.
Adentrándonos
ya en el título que es objeto de este análisis, he de admitir
que, considerando todos los laureles que ha recibido en el
extranjero, me ha decepcionado un poquito. No quiero decir que
"El orfanato" sea una película del montón, sencillamente
considero que se trata de una cinta de terror muy bien rodada
e interpretada que, a pesar de los altibajos que se perciben a
lo largo de su metraje, se observa con interés e incluso
hará pegar algún que otro bote a los espectadores que se dejan
asustar fácilmente. No obstante, echo en falta cierta
complejidad a la hora de describir a los personajes, sobre todo
cuando no se profundiza con los resultados esperados en cómo
afecta a la relación que mantienen Carlos y Laura la
desaparición de su hijo.
Por otro
lado, esta propuesta de Juan Antonio Bayona y del
guionista Sergio G. Sánchez tan sólo se limita a reunir
una serie de lugares comunes que casi siempre nos encontramos en
filmes pertenecientes a este género, insertándose con mayor o
menor fortuna durante la narración (de hecho, la utilización de
puertas que se abren y se cierran o de unos ubicuos efectos
sonoros se podría haber evitado fácilmente). En todo caso, lo
que resulta imposible obviar es su estupenda puesta en escena y
la inquietante atmósfera de algunos de sus pasajes, aunque sin
lugar a dudas con lo que me quedaría es con esos fabulosos
minutos finales en los que los elementos sobrenaturales se
mezclan con el amor de una madre. Cómo no, a ello habría que
añadir su cuidado diseño de producción, convirtiéndose los
decorados en un elemento imprescindible del relato.
En general,
la actuación de todos los intérpretes es notable, salvo en el
caso de Fernando Cayo, a quien quizás le falte algo de
naturalidad. Por supuesto, el trabajo de Belén Rueda
brilla con singular intensidad, aunque sería imperdonable que no
mencionara al niño Roger Príncep, con diferencia la
verdadera revelación de la película. Todos contribuyen a que "El
orfanato" sea un más que decente filme comercial, una apuesta
que otros cineastas de nuestro país deberían imitar para llegar
a un público que, especialmente durante este año 2007, están
perdiendo.
Calificación
película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes
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