CRÍTICA
por
José Arce
El cine
español continúa encontrando en el fantástico un soporte
espléndido para expandirse dentro y fuera de nuestras fronteras.
Tras su aceptación allí donde ha sido presentada, llega a las
salas esta nueva producción que cuenta con un padrino de
excepción, el genial Guillermo del Toro, uno de los popes
comerciales del género tras los éxitos de "Hellboy" (2004) y "El laberinto del fauno" (2006). Un apoyo perfecto para el debut
tras las cámaras de Juan Antonio Bayona, que se une a ese grupo
de jóvenes cineastas –Nacho Cerdà, Jaume Balagueró…– que
sobrecogen con sus propuestas a las plateas de todo el mundo.
En “El orfanato”, el matrimonio formado
por Laura (Belén Rueda) y Carlos (Fernando Cayo),
acude junto a su hijo adoptivo, Simón (Roger Príncep)
al edificio que da nombre a la película, donde ella,
abandonada por sus padres, fue criada junto a otro grupo de
infantes a los que renunciaron sus progenitores. Su idea es la
de rehabilitar el hospicio para acoger a niños deficientes,
pero cuando Simón desaparece, y ante la inutilidad de las
pesquisas policiales, Laura inicia un descenso personal a un
infierno aterrador y espectral, que entronca directamente con
su pasado al tener mucho que ver con sus propias vivencias
pasadas en la vieja casona asturiana.
Rodada con un brío que alterna momentos
de tensión con pasajes excesivamente dilatados y que dan la
impresión de estar forzosamente alargados para llenar más
minutos de metraje, el filme reposa casi por completo sobre los
hombros de Belén Rueda, que afronta el papel de esta mujer dura
y decidida con sorprendente sobriedad, de gestos contenidos pero
con una gran carga emotiva, máxime teniendo en cuenta que el
niño al que busca sin parar a pensar en las consecuencias ni
siquiera es fruto de sus propias entrañas. Su interpretación
evoluciona del amor maternal al puro furor uterino, arrollando a
cualquier ente físico o espiritual que se interponga en el
visceral rastreo que lleva a cabo. El resto del reparto no
brilla con especial intensidad, excepción hecha de la siempre
simpática Geraldine Chaplin en el papel de la médium
Aurora, que deja en el espectador la sensación de que la actriz
no necesita nada más que su anguloso rostro y su acento
extranjero para inquietar y dar consuelo a un tiempo. Fernando
Cayo, como el marido de la protagonista, se convierte casi en
marioneta involuntaria ante la solvencia del trabajo de su
compañera femenina, sin tener prácticamente ninguna oportunidad
de aportar fuerza y dramatismo a su rol de padre destrozado,
incapaz de compartir el ímpetu del trance por el que pasa su
esposa.
|
 |
El guión
se desarrolla con ritmo un tanto irregular, aunque hay que
señalar que Bayona, ducho en el estético campo del videoclip y
el cortometraje, sabe aprovechar los recursos que le ofrece un
entorno espectacular tanto dentro como fuera del vetusto
caserón, en un paraje poderoso, frío y de reflejos acerados,
capaz de suscitar tanto o más temor en la platea que los
chirridos, crujidos y cacofonías que puedan producirse en el
interior del edificio. Además, la visión de la tragedia real y
palpable de los niños deficientes aporta un grado más de
inquietud, un tanto impuesta, eso sí –la fiesta de máscaras
resulta, quizá, demasiado forzada–, subrayada por una estética
por momentos ciertamente bizarra concretada en la figura del
responsable indirecto de todo lo que acontece, ese pequeño
monstruo que oculta su deformidad tras un burdo saco de fieltro.
El problema principal es, una vez más, la ineludible sensación
de que estamos ante una amalgama de ideas y situaciones que ya
hemos visto anteriormente, una tara que se ha de tener aún más
en cuenta si pensamos en una fórmula que comienza a ser
reiterativa dentro del terror español más reciente: caserón +
niño/s inquietante/s + fantasmas + protagonista femenina, una
receta que directamente bebe de "Los otros" (Alejandro
Amenábar, 2001) o "Frágiles" (Jaume Balagueró, 2005), conformando una
suerte de mini subgénero dentro del fantastique nacional
que no por efectivo comienza a resultar menos cargante.
Añadiendo unas gotas más rebuscadas de cinefagia ochentera
–quizá sea muy subjetivo, pero personalmente aprecio una
influencia más que notable de “Viernes 13” (Sean S. Cunningham,
1980) en el fondo de la historia–, y un final que supone una
suma florida de las recientes "El internado" (Pascal Laugier, 2004) y "Silent Hill" (Christophe Gans, 2006), encontramos que
el texto firmado por Sergio G. Sánchez se salva por la
buena labor del equipo implicado en la producción más que por
sus méritos intrínsecos; y no es que nos los tenga, pero éstos
se diluyen progresivamente, en especial llegado el atolondrado
clímax, simplón y a todas luces insuficiente tras el avance de
los acontecimientos. A pesar de que Bayona no abusa de los
efectismos –y, mucho menos, de la truculencia–, tratando de dar
un sólido impulso a esta tragedia sobre el dolor y la pérdida,
“El orfanato” se queda a medio camino, en un limbo a caballo
entre el terror y el drama, sin llegar a establecerse
consistentemente en ninguno de los dos géneros aunque se
decante, principal y obviamente, por el primero.
Tras su
cálida acogida en el Festival de Cannes, donde recogió
excelentes críticas y sonoras ovaciones, la película tendrá una
buena y fructífera proyección internacional. Parece que el cine
de género ibérico vuelve a la carga, tantos años después de la
que fue su época dorada, para llenar las salas de todo el mundo
de sonoros gritos en castellano.
Calificación:
    
Imágenes
de "El orfanato" - Copyright © 2007 Rodar &
Rodar y Telecinco Cinema. Distribuida en España por
Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El orfanato"
Añade "El orfanato" a tus películas favoritas
Opina
sobre "El orfanato" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"El orfanato" a un amigo
|