CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
El caso de
Arturo Pérez-Reverte
es bien curioso: es nuestro más genuino escritor de best
sellers, un nombre que podría equipararse con los John Le
Carré, Tom Clancy o incluso Michael Crichton de turno. Es decir,
que sus novelas parecen nacidas para ser llevadas al cine, y en
muchos casos sus tramas garantizarían buenas películas de
género. Y sin embargo, nunca es así: no ha habido hasta el
momento, desde el ya lejano “El maestro de esgrima”, de Pedro
Olea, una adaptación que estuviera a la altura y respondiera a
las expectativas creadas por las obras del académico.
Y “La
carta esférica”, desgraciadamente, viene a sumarse a la lista.
Y no porque la trama no dé juego; es cierto que la historia de
engaños y traiciones en torno a la búsqueda del tesoro de un
barco hundido ante las costas de Cartagena no inventa la
pólvora y repite cliché tras cliché, pero eso no ha sido
obstáculo, en muchas ocasiones, para levantar largoemtrajes
dignos que, al menos, sirvan de entretenimiento. Claro que, en
ese caso, necesitamos al menos dos aspectos que funcionen a la
perfección: una adecuada ambientación, un esfuerzo en el
apartado técnico y, sobre todo, unos intérpretes que doten de
vida a unos personajes que, de otro modo, se quedarían en
cartón piedra.
Y en
este caso, el problema no cabe achacarlo al primer aspecto,
porque “La carta esférica” utiliza sabiamente los necesariamente
limitados (al ser una producción española) recursos de que
dispone: todos los escenarios, incluidos los subacuáticos, son
perfectamente creíbles, y sólo cabe alabar las labores de
Javier Aguirresarobe
en la fotografía (en muchos momentos realmente hermosa, y
siempre reforzando el tono que necesita cada escena) y de
Bingen Mendizábal, uno
de nuestros mejores compositores, al frente de una partitura a
la que, si hay que buscarle algún pero, es que quizá suene
demasiado épica en momentos en los que en la pantalla,
simplemente, no ocurre nada que justifique tanto subrayado.
Entonces, si el problema no reside en ninguno de estos
apartados, está claro que el mayor lastre de la cinta recae en
unos actores que no pueden estar más equivocados en su forma de
interpretar a sus personajes. Empezando por el protagonista,
Coy, al que se nos quiere presentar como un antihéroe, un
marinero forzadamente en tierra destinado a ser un perdedor; lo
que pasa es que Carmelo Gómez,
a la hora de incorporarlo, lo lleva al terreno de lo
inverosímil: sus miradas de despiste, su dicción, sus tontas
sonrisas y, sobre todo, su superflua voz en off, restan
credibilidad a su interpretación, por más que pueda apreciarse
un esfuerzo sincero porque ello no sea así.
Pero lo peor recae en quien
debería ser eje de toda la película, la femme fatale que
manipula al protagonista y al resto de personajes, la mujer
hermosa que hace y deshace y de la que siempre resulta imposible
fiarse. Pues bien, a la Tánger Soto que toma los rasgos de
Aitana Sánchez-Gijón
no hay quien se la crea. No es que la actriz se cuente
precisamente en nuestra nómina de mejores intérpretes, pero lo
cierto es que aquí su mala actuación es casi de libro: increíble
cuando habla, cuando se ríe, en las escenas de sexo... su
elección es un fracaso total que golpea al filme en la línea de
flotación.
Súmese a todo ello unos malos
previsibles y una historia mil veces vista, y se tendrá el
resultado: una cinta que entretiene si uno no se pone demasiado
exigente, y que está por debajo de lo que
Imanol Uribe es capaz
de hacer. Claro que, con ese cartel tan horroroso con el que se
anuncia la película, quizá el resultado no podía ser otro.
Calificación:
    
Imágenes
de "La carta esférica" - Copyright © 2007
Enrique Cerezo Producciones, Origen Producciones y New Atlantis. Distribuida
en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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