CÓMO SE HIZO "LAS 13
ROSAS"
Notas de producción ©
2007
Alta
Films
Notas del director
«Antes de que Pedro Costa me
llamara para ofrecerme el proyecto de hacer la película ya
conocía la historia de “las trece rosas”, a las que llamaban
“las menores”. Acababa de salir el libro de Carlos Fonseca,
Trece rosas rojas, que está muy bien documentado, y cuando Pedro
me lo propuso, naturalmente que me interesó. Lo que no tenía
claro era cómo enfocar el guión o cómo decidir el punto de
vista. Una película histórica es una cosa muy complicada; cuando
leemos un libro sobre Napoleón, por ejemplo, a partir de las
descripciones que hace el autor o de los cuadros que hemos visto
de él, nos imaginamos cómo es el personaje, y nos vamos
construyendo una idea del resto de los personajes. Pero, cuando
se ve una película histórica, Napoleón tiene la cara de Marlon
Brando, y no es nada más que Marlon Brando. Y éste es el
problema. En una película, la apariencia física, la manera de
moverse, de hablar, de las heroínas y de los héroes, está
determinada por el actor y el guión, y el público no puede poner
su imaginación mucho más allá de las imágenes de la pantalla.
Entonces, todos sabemos que una película histórica es una
pequeña traición a la historia y al mismo tiempo puede ser fiel
a los datos más importantes del hecho real, que es lo que yo he
intentado hacer en LAS 13 ROSAS. Lo más difícil para mí fue
decidir desde qué punto de vista iba a contar la historia de
“las trece rosas”, que de entrada era muy rica. Lo que se sabía
de los personajes, que no es mucho, los hacía muy atractivos, y
por otra parte eran unas chicas muy normales. Sus vidas no eran
especialmente aventureras; la mayoría de ellas trabajaban en los
servicios sociales de la República. No teníamos material para
construir una historia muy novelera, pero por otro lado no hacía
ninguna falta, ya que la parte novelera del relato es
desgraciadamente su tragedia final. Pero me preocupaba no poder
dar con el punto de vista adecuado desde el cual debía contar
esta historia. Y le daba muchas vueltas, y me hablaban de unas
víctimas de un modo que me hacía pensar en “las trece rosas”
como en unas pobres idiotas que pasaban por allí y que las
cogieron y las pusieron en el paredón y las fusilaron, casi como
una especie de equivocación. Y claro, la historia no es para
nada así. Fue algo muy premeditado; a ellas y a ellos los
mataron para hacer un gran escarmiento y para que a nadie,
especialmente a la juventud, se le ocurriera militar en partidos
de izquierdas clandestinos. Fue algo muy bien planificado por el
régimen franquista nada más ganar la guerra.
Yo no sabía cómo serían ni su
grado de compromiso político. Y entonces sucedió algo muy
bonito. Fuimos a Valencia, Pedro Costa, el productor; Ignacio
Martínez de Pisón, el guionista, y yo, a ver a Mari Carmen
Cuesta, que es una superviviente de la época. Era amiga de estas
chicas, íntima amiga de una de ellas, y vivió todos esos días en
la cárcel hasta que las sacaron para fusilarlas y luego pasó un
montón de años en la cárcel. Me impresionó muchísimo su
vitalidad. Tiene muchos años, pero habla con un entusiasmo
juvenil increíble. Y en ella, en su energía asombrosa, empecé a
ver a “las trece rosas”. Por la manera en que nos contaba la
historia, llena de vitalidad, empecé a imaginar cómo sería a los
quince años, cuando sucedió todo. Y al salir de la casa de Mari
Carmen Cuesta recuerdo que les dije a Pedro y a Ignacio: “Ya sé
cómo es la película, ya sé por dónde vamos a empezar”. Ése fue
el punto de partida para contar una historia que no era esa
historia lastimera que parecía estar en el ambiente, que era
contar con mucha pena lo que había pasado. Me di cuenta de que
la historia trataba de unas heroínas y no sólo de unas víctimas.
Del guión se encargó Ignacio
Martínez de Pisón, con el que ya había colaborado antes para
Carreteras secundarias, a partir de una novela suya. El
argumento lo hicimos entre los tres, Pedro, Ignacio y yo. Como
está basado en la realidad, sólo inventamos un par de personajes
masculinos. Pero el mayor invento consiste en los detalles de
las escenas. No he querido mostrar en la película el horror de
lo que fue aquello para aquellas chicas, pues no se hubiera
podido soportar en la pantalla.
Elegimos a cinco chicas para
hacerlas protagonistas. No había tiempo en el metraje de la
película para incluir a las trece, además de los personajes
secundarios. Había que llevar a cabo una labor de síntesis a la
hora de escribir las escenas. Y esto Ignacio lo hizo
magníficamente.
A las chicas les hicieron un
consejo de guerra y las acusaron de auxilio a la rebelión, es
decir, porque no se habían rebelado contra la República y por
pertenecer a un partido político declarado proscrito y de
izquierdas. Por esto las condenaron a muerte. Así estaban las
cosas en aquella época. Y usándolas a ellas decidieron dar un
gran escarmiento a raíz de un atentado que se hizo contra un
comandante de la Guardia Civil en Talavera de la Reina en el que
fueron asesinados él, su hija y su chófer. Todavía hoy no está
claro si los culpables fueron de izquierdas, pero en la película
he dado por hecho que fue así. La respuesta fue el fusilamiento
de cincuenta y tantos jóvenes en una sola noche en el cementerio
de la Almudena. Ocho de las chicas eran menores cuando las
fusilaron. Pensé que lo que había que poner delante de este
final tan tremendo era cómo eran ellas de verdad. Cómo todo lo
que pasaba en sus vidas a partir de que las tropas de Franco
entran en Madrid, que es el comienzo de la película, no podía
conducir de ninguna manera a un fusilamiento. Los partidos se
habían disuelto y no quedaban más que estos jóvenes entusiastas
que trataron de reorganizarse y que eran perseguidos por la
policía. Había mucho miedo y estos jóvenes lo vencieron para
tratar de sacar adelante el partido. Y esto es lo que llenaba
las vidas de estos chicos y lo que había que contar. La
reorganización de las Juventudes Socialistas después de la
guerra, cómo la policía los cogió a todos en un segundo, el paso
terrible por la comisaría y finalmente la llegada a la cárcel
hasta el fusilamiento.
El contexto histórico hemos
tratado de describirlo rápidamente. Me interesaba sobre todo
contar el ambiente en el que se movían estas chicas. Era una
atmósfera terrorífica; la victoria franquista se produjo con los
fascismos europeos en auge. Sin protestas en el extranjero,
Franco se dedicó al exterminio sistemático de la oposición
política en España. No sólo había ganado la guerra con casi un
millón de muertos, y aquello había sido horrible por las dos
partes, ya que también por la parte republicana hubo unas
matanzas totalmente inexcusables, sino que él impuso la paz a su
manera. Es decir, la paz de los cementerios. Y se dispusieron a
limpiar España de lo que ellos consideraban “rojos”, que eran
todos, desde un liberal moderado hasta un anarquista… Esto,
durante un montón de años. Por supuesto en la película era
esencial entremezclar el relato épico con la vida personal de
estas chicas, para que el espectador se identifique, para que
simpaticen con Julia, con Blanca, con Victoria… Había que ir a
escenas más íntimas y pensé que estas chicas, por la edad que
atravesaban, seguro que tenían novios, y lo primero, o lo
segundo que más les importaba junto con la situación política
eran esos novios. Una mezcla de historias que a veces rayan en
el costumbrismo, y una narración básicamente épica, que nos
dirige hacia ese final trágico que yo quiero llamar heroico.
Mis dos últimas películas
fueron comedias. Pienso que aunque esta película sea muy
realista, el cine se hace siempre igual. Sin embargo, sí
encuentro una diferencia destacable. Cuando te planteas una
película como LAS 13 ROSAS, imaginas de antemano un resultado
para las escenas. Luego ruedas y con la colaboración de los
actores, de la cámara, de la luz, de las circunstancias, se
alcanza un ochenta por ciento de lo que habías imaginado. O a lo
mejor un cincuenta o un veinte o, en el peor de los casos, un
cero por ciento. O, como decía antes, a veces se crean
atmósferas casi mágicas que llevan la escena a un doscientos por
ciento de lo que habías imaginado. Sin embargo, en la comedia,
cuando ruedas un gag, por ejemplo, pueden pasar dos cosas: que
el gag tenga gracia, o que no tenga ninguna gracia. Eso no lo
sabremos hasta que la película esté montada y sobre todo hasta
que veamos la película con una cantidad importante de público.
En el rodaje es imposible saberlo. Ese riesgo de la comedia de
que todo está en el aire y no sabes qué va a pasar, esa
sensación terrible, creo que no es equiparable al rodaje de una
película dramática, donde todo está más matizado.
Sin duda, tiene sus propios
problemas, necesitas actores muy buenos, necesita que la
progresión dramática esté muy cuidada…, pero yo creo que sufro
menos en cuanto a cuál será el resultado final con un drama que
con una comedia.
Para mí ha sido una sorpresa
terminar esta película. Normalmente, cuando acaba un rodaje, te
quedas como en una especie de bache, un vacío estúpido. Aquí, de
alguna manera, la película seguía viviendo. Creo que al ser una
historia real tan fuerte, y al haberlo hecho tan bien las
actrices, que se han entregado con tanto entusiasmo, el final
del rodaje me dejó una impresión rarísima. Me quedé un poco
colgado, como viviendo aquello durante un par de semanas… y no
era capaz de salir de esa situación de la película y de las
semanas en las que rodamos escenas de la cárcel. Me costó mucho
sacarme la película de la cabeza. Nunca antes me había pasado.»
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Las 13 rosas" - Copyright © 2007
Enrique Cerezo Producciones y Pedro Costa Producciones.
Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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