CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Personas,
sentimientos e ideas
Hay quien dice que la
posguerra es aún peor que la guerra. Puede que no le falte
razón, al menos por lo visto en la película de
Emilio Martínez-Lázaro,
donde el hambre y la pérdida de libertad, la denuncia y la
represalia, la venganza y el rencor pueden llegar a ser
realidades tan dolorosas o más que las balas y las bombas. Por
otra parte, si se trata de una guerra civil, se hará más
necesario actuar con cuidado para no herir sensibilidades ni
faltar al respeto de quien piensa de manera distinta, a la vez
que se evita reavivar odios y rencillas mal curados. Además,
como la industria cinematográfica española no anda tan sobrada
como para perder espectadores, parece aconsejable dar un
tratamiento a la historia lo más aséptico posible para que pueda
ser aceptada por la mayoría. Todo esto lo sabe Martínez-Lázaro,
y por eso opta por recoger el drama humano, librarse en parte de
banderías de partido, y apostar —sin disimulo— por los momentos
de emoción y sentimiento.
Nos cuenta la historia de
trece mujeres —en realidad de cinco— pertenecientes casi todas a
las Juventudes Socialistas Unificadas, que sufren la denuncia,
encarcelamiento y ejecución al final de la Guerra Civil
Española, sin haber cometido otro delito que tener unas ideas
determinadas, unos amigos concretos o ser buenas y estar
dispuestas a ayudar a quien sea. Por la pantalla se suceden
delaciones y traiciones, torturas y humillaciones, asesinatos y
represalias que aplican vencedores y vencidos, según sus
posibilidades. Martínez-Lázaro se esfuerza por permanecer
equidistante y evitar el partidismo, aunque evidentemente el
retrato de estas mujeres es mucho más humano que el de esas
otras carceleras desprovistas de sentimientos y humanidad, a la
vez que no faltan algunos tópicos y caricaturas de los
“vencedores”. Pero, al fin y al cabo, esta es la crónica de unos
atropellos más o menos reales o ficcionados, aunque sin
justificación alguna, que toda guerra arrastra por ambos bandos,
y sobre los que es preciso pasar página y perdonar sin guardar
rencor, como dice Blanca a su hijo en la carta de despedida
escrita desde la cárcel.
El retrato coral de estas
jóvenes y alegres mujeres permite al director abordar el drama
desde posiciones y actitudes variopintas, con distinto grado de
implicación política y también de creencias. Porque si Virtudes
hace gala de una militancia convencida, Julia se presenta como
una chica más sentimental y tierna, mientras que Adelina es
antes que nada una comprensiva hija y Carmen una adolescente
desconcertada por lo que pasa, o Blanca una madre católica de
buen corazón que asiste perpleja a su detención y la de su
marido. Cada una es una “rosa” en la juventud de la vida, cuya
belleza y proyectos serán cortados, después de haber visto cómo
se rompían sus familias o parejas, y cómo el absurdo de un
enfrentamiento se enconaba con odio y rencor, a la espera de
nuevas atrocidades. De todos los personajes, la figura de la
directora de la cárcel quizá sea la que más matices y evolución
ofrezca, pues quien aparece al inicio como un ser tópico y
reprobable en su tosquedad va sensibilizándose al percibir la
injusticia y las ganas de vivir de las ajusticiadas. Las
actrices interpretan sus papeles según exige el guión, aportando
una fuerte y fogosa expresividad y ofreciendo numerosos primeros
planos que la cámara de encarga de recoger: rostros llorosos y
desconsolados se alternan con sonrisas y bromas juveniles, a la
par que no faltan gestos de sufrimiento y rabia por lo que no
alcanzan a comprender. Pilar López de Ayala
destaca por la contención expresiva que exige su personaje, una
pacífica esposa que no quiere saber nada de política pero a
quien salpica la represión por su amistad con un músico
comunista, y por su humanidad frente a unos niños a quienes se
deja morir por malnutrición.
Entre todas las historias, la
de Blanca —con un estremecedor final— y la de Adelina quizá sean
las de mayor fuerza y que mejor llegan al espectador, en este
segundo caso especialmente cuando es detenida y en el momento en
que su padre la visita en la cárcel, en una compleja y difícil
relación padre-hija. Son instantes muy conmovedores, aunque no
los únicos... pues abundan las secuencias en que las rosas
suscitan sentimientos a flor de piel —la humillante tortura a
Julia, el hacinamiento en la cárcel, el “paseo” por El
Retiro...—, y donde unas excelentes fotografía y música de
José Luis Alcaine
y Roque Baños
respectivamente —sin duda, los dos mejores aspectos de la
película— elevan la carga emotiva y dramática hasta umbrales
insospechados. El guión sufre algún que otro desbarajuste y
confusión inicial, con una deficiente dirección de actrices a
las que se saca a escena de una manera un tanto forzada y con
poca frescura, para mejorar sustancialmente cuando las subtramas
van confluyendo en un tronco común. En esa primera fase de
montaje alterno, incluso al espectador le cuesta seguir la
historia particular de cada chica, no bien ubicada en la
historia ni identificada con facilidad, en algún caso debido
también al tremendo parecido de algunas de ellas y el similar
peinado de época que lleva a la confusión.
La película apuesta sin
ambages por el sentimiento y la emoción, y lo consigue con
frecuencia sin llegar por otro lado a empalagar. Música y banda
sonora resultan decisivas en una trama donde lo humano le gana
la partida a lo político-ideológico, con historias entrañables
que harán llorar a más de uno. Con este intento de ir al fondo
humano de los acontecimientos y superar las diferencias
existentes —aunque pueda deberse a un interés puramente
comercial—, habrá que esperar el momento en que el cine español
aprenda a coger distancia de los hechos y de la propia
ideología, para liberarse de revisionismos revanchistas y
atreverse a tratar ese periodo de manera despolitizada, sin
rencor y con rigor histórico, con ópticas de ambos bandos, como
ya han conseguido en otras cinematografías vecinas.
Calificación:
    
Imágenes
de "Las 13 rosas" - Copyright © 2007
Enrique Cerezo Producciones y Pedro Costa Producciones.
Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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