CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
Posiblemente,
el tiempo y la distancia apartarán discretamente a los hermanos
Coen de supuestos pasos en falso recientes y los acabarán
colocando en el puesto de honor que siempre les ha correspondido
dentro del cine contemporáneo. Perpetuadores del clasicismo
mejor entendido en propuestas como "Sangre fácil" y, al mismo
tiempo, propulsores de la vanguardia más personal (véase
"Arizona baby" para más señas), cada nuevo proyecto de esta
pareja de cineastas se aguarda con la expectación que, en
realidad, sólo levantan los grandes.
Su adaptación de "No es país para
viejos", la novela de ese detonador llamado Cormac McCarthy,
parece haber
hecho correr ríos
de tinta en el mejor de los sentidos: como la
confirmación del renacer de dos creadores que, desde
divertimentos como "Crueldad intolerable" (para quien esto firma, tal vez
"impropia" por el hecho de venir firmada por ellos y, en todo
caso, correcta como divertimento), parecían haber perdido el
norte que ellos mismos habían delineado para sí mismos y para
muchos otros. Y sin embargo, al menos de puertas para adentro,
la cinta no nos ha dado tanto de qué hablar por la buena forma
recuperada de estos cineastas como por ese Javier Bardem
que, se diría que emulando a su personaje, parece estar
arrasando con todo.
Y sí, el actor español logra un trabajo
memorable con ese Anton Chigurh al que consigue convertir en un
villano antológico, de ello no cabe duda, pero afortunadamente,
y al menos para un servidor, la interpretación de Bardem es sólo
una más de las múltiples virtudes del último Coen (que no
desmerece, por cierto, a ese Tommy Lee Jones inmenso). De
hecho, y sin miedo a exagerar, podemos afirmar que "No es país
para viejos" se perfila ya no como una de las mejores
películas
americanas del 2007, sino también de los últimos años... y, por
descontado, de la filmografía de sus directores.
Retomando y madurando el estilo que tan
buenos resultados les dio en "Fargo", esta vez nos regalan una
obra de madurez fílmica que bebe quizás más que nunca del
Hollywood clásico. De ritmo pausado, casi contemplativo, el
largometraje
se revela como un prodigio de elegancia expositiva y trabajo de
cámara, sirviéndose de un montaje impecable para hacer primar el
detalle por encima de la obviedad (me remito a las no pocas
elipsis que nos obligan a reconstruir los asesinatos de Chigurh,
tan impactantes como aquellos que se producen frente a la cámara
y a menudo subrayados por un humor negro lo bastante sutil como
para no romper el tono general de la cinta).
De este modo,
todo queda enmarcado en una parquedad tan elocuente como
llamativa, que va desde la economía de diálogos hasta la casi
inexistente banda sonora, dejando a menudo que, como en los
mejores westerns (a los que debe no poco), los silencios
o los sonidos ambientales se conviertan en el mejor narrador
posible de esa odisea que, desde el primer plano, parece abocada
a la desesperanza.
Quizás muchos
encuentren que el mensaje que subyace en "No es país para
viejos" no ofrece nada nuevo a lo que ya aportó en su día
"Fargo". Pero, desde luego, no encuentro que eso sea un
impedimento para disfrutar de un film que me parece ejemplar a
muchos niveles: el mensaje sigue siendo válido y el mensajero
está más vivo que nunca.
Calificación:
    
Imágenes
de "No es país para viejos" - Copyright © 2007
Paramount Vantage, Miramax Films y Scott Rudin Productions.
Distribuida en España por Universal Pictures International
Spain. Todos los derechos
reservados.
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