CÓMO SE HIZO "SIN
RESERVAS"
Notas de producción ©
2007
Warner
Bros. Pictures
Para el director de “Sin Reservas”, Scott Hicks, no fue sólo la
propia historia lo que primero le atrajo, sino el modo en que
ofrecía enternecedores destellos de interacción humana en su
nivel más íntimo y con los que uno se podía identificar. “Es un
drama sincero y actual que consigue un interesante equilibrio
entre emociones profundas y momentos de humor natural y
desenfado, que es como la mayoría de nosotros experimentamos la
vida”, dice. “Trata sobre la pérdida, pero también sobre cómo
aprender a cambiar y encontrar el auténtico amor a través de la
pérdida”. Hicks obtuvo el reconocimiento internacional por el
impactante drama de 1996 “Shine”, que consiguió siete
nominaciones a los Oscar, entre ellas la de mejor director y
mejor guión para Hicks. Como director, dice, le atraen “las
historias de auténtica emoción impulsadas por los personajes”, y
vio en el dilema de Kate una oportunidad para explorar el modo
en que una persona con una vida extremadamente bien ordenada
podría enfrentarse a hechos inesperados que cambian todo en un
instante. Y lo que es más importante, “cómo esa persona podría
encontrar, a través de los retos y la adversidad, los regalos
del amor, la determinación y una nueva perspectiva de la vida”.
Catherine Zeta-Jones, que se considera una de las mayores fans
de Hicks, hace una valoración similar. “Tiene muchas facetas.
Hay una maravillosa historia de amor, está la conmovedora
relación entre Kate y su joven sobrina, está la pasión de Kate
por su trabajo y luego el fascinante escenario de una cocina
profesional y el ver como funciona ese trepidante mundo. “Cuando
me enteré de que Scott Hicks quería dirigirla, me quedé
encantada”, continúa diciendo. “Sabía por su trabajo que le
aportaría la sensibilidad y la textura adecuadas”.
“Sin Reservas” está basada en
la película europea de 2001 “Deliciosa Martha”, una película que
había cautivado a muchos de los actores y realizadores de “Sin
Reservas” antes del inicio de su colaboración. Según la
productora Kerry Heysen, “Era al mismo tiempo una película con
estilo y muy tierna. Pensamos que al trasladarla a los Estados
Unidos podríamos hacerla llegar a un público más amplio. El
hacer que transcurriera en Nueva York —una ciudad con una
relación tan intensa con la comida y los restaurantes— era la
elección perfecta y sabía que añadiría su propio sabor a la
película. No puedes pasear por una calle de Nueva York sin
encontrarte con pequeños cafés de todo tipo y captar todo ese
aroma y actividad”.
“Era una historia de amor que
celebraba el placer universal de preparar y compartir una comida
excelente”, dice el productor Sergio Agüero. “Estaba muy
entusiasmado por sus posibilidades en todo el mundo porque ambos
temas tocan una fibra sensible familiar en todas las culturas”.
Los realizadores necesitaban
reinventar la historia en su nuevo contexto pero estaban
totalmente decididos a conservar lo que a todo el mundo le
gustaba más de “Deliciosa Martha”— su fondo y sus aspectos
distintivos, así como su heroína, una exitosa y decidida jefa de
cocina que dirige su cocina y su vida con una dosis similar de
eficiencia disciplinada.
La llegada del ayudante de
chef Nick lo cambia todo—de manera radical. “Es extravagante;
llena la cocina con el sonido de la ópera y el canto, y el
personal se ríe con sus bromas. Hay un ambiente completamente
diferente con su presencia y a Kate no le gusta”, dice Heysen,
que reconoce que, desde el punto de vista de Kate, también
podría haber otro matiz más insidioso en juego. Como mujer que
ha logrado un nivel de éxito y autonomía en un campo muy
competitivo con pocas facilidades, Kate considera a Nick como
una amenaza en potencia para su profesionalidad. Hay que
reconocer, explica Heysen, que “Nick ha aceptado este empleo
porque es un gran admirador del trabajo de Kate y quiere
aprender de ella, pero ella no ve eso. Desconfía
inmediatamente”.
Al tiempo que Nick cuestiona
su posición en el restaurante, la llegada de la sobrina de Kate,
Zoe, que se ha quedado huérfana recientemente, altera seriamente
su vida hogareña.
Según Hicks, “La niña altera
todo, no sólo emocionalmente sino también a un nivel práctico.
Simplemente no hay sitio para una chica de nueve años en el
mundo de una atareada chef con un horario apretado, trabajando
hasta tarde y con unos hábitos tan meticulosos. Kate no tiene
instinto maternal. Tiene el corazón en su sitio, pero no tiene
la más mínima idea de qué hace con una niña que ni tan siquiera
come lo que ella cocina. Entretanto, en el restaurante, el nuevo
chef está haciendo que salten chispas en la cocina”. Pero las
chispas no son necesariamente algo malo…
Aaron Eckhart, que interpreta
al sociable Nick, comenta que, “Es debido a esos conflictos que
Kate encontrará alegría en la vida. Zoe y Nick lo cambian todo y
empiezan a hacerle perder el control. Pero es Kate la que tiene
que decidir lo que va a hacer para superar sus problemas,
evolucionar como persona y encontrar una nueva vida”.
¿Y qué mejor medio que la
comida para alimentar el amor y conectar a la gente? La comida y
todo lo relacionado con ella—la preparación, presentación y el
compartirla, por no hablar de su aroma, su textura, su aspecto y
su sabor—tiene elementos innegablemente románticos y que realzan
los aspectos positivos de la vida, que Hicks intercala a lo
largo de la historia. Esa intención comenzó con el guión, del
que la guionista Carol Fuchs dice, “El elemento de la comida
funciona en un sentido tanto literal como figurativo. No se
trata sólo de lo que comemos sino del modo en que nos
alimentamos a nivel emocional”.
“La comida tiene su propia
fuerza y presencia simbólica en la película”, comenta el
director. “Toda la comunicación y la seducción comienza con la
comida. La conexión entre Kate y Nick comienza con el amor que
comparten por la cocina, y también contribuye a que Zoe salga de
su aislamiento. En el caso de Zoe, una niña cuyo dolor le ha
quitado el apetito, el hecho de que finalmente coma los
spaghetti que le ofrece Nick es una señal de que confía en él y
le está resultando simpático. En el caso de Kate y Nick
compartiendo su primera comida juntos, hay una carga más
erótica”.
En un sentido general, dice
Heysen, “La comida es aquí una metáfora de la vida y de la
fuerza vital o, si se quiere, del amor”. Eckhart está de
acuerdo. “Sin duda. implica a todos los sentidos. Con la propia
cocina, especialmente a este nivel en que prácticamente es una
forma de arte, hay una mayor conciencia de incorporar
ingredientes y combinar sabores para estimular la gama… Oh, sí,
es muy romántico”.
“Nunca pensé que me
entusiasmarían las vieiras”, declara Zeta-Jones, “pero cuando te
concentras en ellas, tienes una perspectiva totalmente
distinta”.
“Mi esposo me dijo que este
papel era el mayor reto al que jamás me había enfrentado como
actriz, porque me hace estar en la cocina”, confiesa Zeta-Jones
bromeando, admitiendo a continuación que, antes de su
preparación culinaria para la película, no estaba segura de su
habilidad para cocinar adecuadamente un huevo.
De hecho, dice Hicks,
Zeta-Jones no sólo aprendió rápidamente a desenvolverse en la
cocina para dar autenticidad a su interpretación en las semanas
anteriores al inicio del rodaje de “Sin Reservas”, sino que la
película dependió en gran medida de su impresionante gama de
registros. “La historia depende absolutamente de ella. Aparece
en casi todas las escenas y todo gira en torno a ella. Tiene una
gran sutileza y una increíble sincronización, lo cual, cuando
tienes en cuenta su experiencia como bailarina, no resulta
sorprendente. Esa sincronización va muy bien con su sentido del
drama, por que hay escenas de una gran emoción, pero también
momentos decisivos de diversión”.
“Kate es muy eficiente, por
no decir más”, dice Zeta-Jones. “Conoce su trabajo y tiende a
ponerse un poco a la defensiva cuando un cliente cuestiona el
sabor o la presentación de alguno de sus platos. Pero cuando
lleva ese estricto perfeccionismo a su vida privada le impide
tener auténticas relaciones con la gente. Mantiene alejadas las
inseguridades, los miedos y el posible dolor, pero también la
alegría y la plenitud de la vida que sólo existen cuando te
puedes abrir a la gente, relajarte un poco y dejar que las cosas
sucedan”.
Citando el primer encuentro
de sus personajes en la cocina del 22 Bleecker, dice Aaron
Eckhart, “Kate observa a este informal y relajado nuevo chef,
que pone ópera y cuenta chistes, y piensa que no está tomando el
trabajo en serio. Podría parecer así pero la verdad es que Nick
simplemente tiene su propio estilo. Cuando se da cuenta de la
hostilidad de Kate, asume la teoría de la goma elástica de ‘no
la rompas, simplemente dóblala’, y trata de ser lo más agradable
y encantador posible con la esperanza de que finalmente ella
baje la guardia”.
Nick asume el trabajo de
ayudante de chef como una oportunidad para trabajar con, y
aprender de, la master chef Kate, a la que admira. “El idilio es
tanto una sorpresa para él como para ella”, comenta Eckhart. “La
diferencia es que una vez que él lo reconoce, está dispuesto a
aceptarlo, pero ella aún no está por la labor, lo cual significa
que él tiene que ser excepcionalmente encantador y muy creativo.
Cuando no puede llegar a ella de ninguna otra manera, utiliza el
lenguaje que ella mejor entiende: la comida”. “Este papel
muestra un aspecto magníficamente gracioso of Aaron, que no
siempre vemos. Muchos de sus papeles han sido bastante
intensos”, comenta Zeta-Jones.
“No sólo es Aaron el
protagonista romántico aquí”, dice Hicks, “sino que también
tiene la habilidad de conectar realmente con una niña y también
extraer la emoción que hay en ello, algo que parece más fácil de
lo que realmente es”.
“Como Nick, Aaron se acerca a
la joven Zoe del mismo modo que uno se acercaría a un pony en un
cercado”, dice Heysen, recurriendo a su experiencia trabajando
con caballos en la propiedad australiana que comparte con su
esposo y socio en el cine durante 30 años, Scott Hicks. “Si
tienes un pony tímido que no se acerca a ti, no puedes
perseguirle. Tienes que sentarse y esperar con suaves
acercamientos y al final se acercará a ti. Es necesaria una gran
dosis de sensibilidad”.
Eckhart disfrutó de sus
escenas con Abigail Breslin, que cumplió 10 años durante el
rodaje. “Es divertido estar rodeado por esa especie de espíritu
juvenil. Me enseñó algunas formas de animar, y practicábamos
juntos en la cocina entre tomas”.
A diferencia de su optimista
personalidad fuera de cámara, la interpretación que hace Breslin
de Zoe—al menos en las escenas iniciales de la película—fue
necesariamente más contenida. Tal como la describe la joven
actriz, “Zoe es tranquila al principio. No se muestra hostil
hacia Kate, ni desagradable o grosera, pero tampoco amistosa ni
abierta. No sabe cómo va a funcionar el acuerdo de convivencia.
Se siente un poco perdida y sola”.
Hicks, que declara que
Breslin es “encantadora”, dice, “No está totalmente absorta en
este mundo; simplemente disfruta actuando. Me encanta trabajar
con niños. Aunque puede que no aporten una gran experiencia o
técnica a un papel, pueden, como Abigail, aportar una gran
honestidad y acceso a sus emociones. Si le explico el contexto y
la situación de una escena, Abigail sabe darse cuenta de manera
precisa cómo interpretar a su personaje. Tiene muchos recursos y
es absolutamente magnífica como actriz”.
Para demostrar esto, Heysen
relata una situación que comentó la madre de Breslin. “Fue justo
antes de que rodásemos la escena en que Zoe se dé cuenta de
dónde va a vivir con su tía tras la muerte de su madre. La madre
de Abigail dijo que se había estado preparando para la escena en
casa y le había comentado, ‘Cuando esa niña suba las escaleras
de esa casa su vida nunca volverá a ser la misma’. Lo estudia
detalladamente y ésa es la razón por la que resulta tan
convincente en la pantalla”.
Entretanto, a Kate se le
avecina otro enfrentamiento con la propietaria de su
restaurante, Paula, interpretada con autoritario garbo por
Patricia Clarkson, que comenta que las dos mujeres son muy
parecidas. “Paula tiene sus propios problemas de control. Es una
persona muy dinámica y controla todos los aspectos del
restaurante. Es la anfitriona, la maître, la directora, la
propietaria, además de la jefa de personal y de la selección de
los vinos. Es su criatura; toda su vida está dedicada al
restaurante.
“Paula respeta a Kate por su
talento y su ética de trabajo y por eso tolera sus arrebatos de
mal genio”, continúa diciendo Clarkson. “Son amigas y han pasado
muchas cosas juntas pero no es una relación fácil. Al igual que
la relación de Kate con Nick, ésta hace saltar sus propias
chispas”.
Hicks, que admira el trabajo
de Clarkson desde hace tiempo, comenta, “Aporta al papel un
humor inteligente, sofisticado y muy agudo”.
Heysen añade, “Patricia pone
de relieve las múltiples facetas de Paula—buenas, malas y
complejas—pero por encima de todo transmite la sensación de que,
en definitiva, es una mujer a la que no te gustaría contrariar.
Y Kate a menudo peligrosamente cerca de contrariarla”.
Completan el reparto
principal Jenny Wade (“Se dice por ahí…”) como la leal pero muy
embarazada ayudante de Kate, Leah, cuya inminente salida de
cuentas y su permiso por maternidad hacen que Paula contrate a
Nick como su sustituto; Lily Rabe (“La sonrisa de Mona Lisa”)
como la camarera y actriz Bernadette, a la que le gusta ensayar
para su siguiente prueba en la despensa refrigerada de la cocina
y es la mayor fan de Nick; y Brían F. O’Byrne (“Bug” y “Doubt”
en Broadway) como Sean, el vecino de debajo de Kate, un padre
divorciado que le ha estado pidiendo en vano salir juntos desde
hace años.
Bob Balaban, nominado a los
Premios de la Academia (productor, “Gosford Park”), interpreta
al terapeuta al que Paula obliga a Kate a visitar, un hombre que
recurre a métodos ligeramente poco ortodoxos cuando la terapia
tradicional no tiene efecto sobre la cautelosa chef que,
claramente, preferiría hablar de recetas antes que de represión.
Como hay tantas escenas que
transcurren junto a una cocina caliente en el 22
Bleecker—cacharros sonando, camareros entrando y saliendo a toda
prisa, y el drama personal de Kate y Nick desarrollándose en
medio de la ajetreada rutina de preparar comidas para un
restaurante lleno de clientes—Hicks quería que los actores se
sintieran cómodos con el ritmo de una cocina profesional.
“Siempre me esfuerzo por conseguir realismo. En este entorno,
era especialmente importante que los actores se sintieran como
que estaban realmente preparando esos platos and haciendo frente
al estrés de este ambiente. Era esencial que sus actos fueran
fluidos y naturales para mantener el énfasis donde
corresponde—en la historia”, dice el director.
Igual de importante, señala
Heysen, era que las tomas Nick cortando cebollas y de Kate
decorando platos parecieran auténticas, porque, “como en todo el
mundo se ve The Food Network, los espectadores son muy
entendidos y sabrían si alguien estaba fingiendo”.
Con esa finalidad, Hicks
eligió a chefs profesionales para interpretar al personal de la
cocina del 22 Bleecker en pantalla, contrató a numerosos
asesores culinarios y de restaurantes y organizó cursos
prácticos con auténticos maestros para sus protagonistas.
Catherine Zeta-Jones y Aaron
Eckhart pasaron dos semanas con el famoso chef Michael White,
que adoptó sus instrucciones a los papeles especializados de sus
personajes: para Zeta-Jones, como jefa de cocina, un énfasis en
preparar salsas, saltear cosas pequeñas, emplatar y preparar
guarniciones; y para Eckhart, como ayudante de chef, los
aspectos más prácticos de cortar verduras y saltear, limpiar y
trocear el pescado y la carne. Siguiendo la orden de que la
marca de un buen chef es no sólo el talento para la comida sino
también el control de sus dominios, ambos aprendieron los
aspectos básicos sobre seguridad y la manera correcta de manejar
cuchillos, agarrar las asas de cazuelas muy calientes con paños
y moverse hábilmente por el apretado espacio al tiempo que
trabajaban, hablaban y cocinaban.
A Eckhart, que ha trabajado
como camarero y barman pero nunca como chef, el plan le pareció
fascinante, aunque, además de las cebollas, las zanahorias y los
champiñones, se cortó los dedos varias veces durante sus dos
días de práctica con el cuchillo. Eso era lo normal para el
curso, le aseguró White, que, tras 16 años como cocinero
profesional, aún sigue fiel a la regla de que todas las
superficies en una cocina están calientes.
Incluso Abigail Breslin
aprendió a darle la vuelta a las crepes y a pelar verduras bajo
la tutela del chef del French Culinary Institute Lee Anne Wong y
cuenta como, durante una escena, se dejó llevar por el
entusiasmo de su recién descubierto talento. “Estaba pelando
espárragos. Llegué hasta la parte blanca y continué hasta que se
quedó muy delgado y Scott empezó a reírse. Dijo, ‘No tienes que
convertirlo en un palillo; sigue siendo un espárrago’”.
Fuera de la cocina, Patricia
Clarkson realizó un curso intensivo sobre cómo afrontar su
trabajo de cara al público con aplomo con Daniele Sbordi,
entonces director general de la famosa Fiamma Osteria de Nueva
York, y lo compara con gestionar un teatro. “Cuando diriges un
restaurante, tienes que controlar todo: reservas, stock,
pedidos, personal y la selección de vinos, además de las
preferencias y personalidades de los VIP que vienen, y estar
preparada para afrontar cualquier potencial situación. Llegas
temprano para preparar y adiestrar sobre las especialidades del
día, y cuando se abre la puerta y la gente comienza a entrar, es
como cuando se levanta el telón”.
Hablando de teatro, una
escena de enfrentamiento entre Kate y un cliente maleducado le
dio a Zeta-Jones la oportunidad de añadir un ingenioso truco a
su repertorio profesional: el clásico tirón del mantel, en el
que un mantel es limpiamente retirado de debajo de un montón de
platos evitando que se caiga lo mínimo. El éxito depende en gran
medida de la confianza y la sincronización. “Fue uno de los
mejores días de rodaje de mi vida”, confiesa. “No lo conseguí
inmediatamente, pero una vez que lo hice, me lo pasé tan bien
que quería hacerlo continuamente. Ahora puedo apostar a la gente
en las fiestas que puedo quitar un mantel de debajo de un montón
de platos y vasos y no romper nada”.
Además, Zeta-Jones fue más
allá del tipo de preparación para trabajar en un restaurante que
Hicks había previsto ofreciéndose a trabajar en el comedor una
noche durante el ajetreado turno de la cena en la Fiamma
Osteria, una experiencia que ella considera como “aterradora y
de auténtico aprendizaje”. Incluso con la luz ambiental, varios
clientes comentaron sobre el sorprendente parecido de su
camarera con la actriz Catherine Zeta-Jones, a lo que ella
respondió con indiferencia, “Sí, me pasa siempre”.
“Como la comida es la
metáfora del amor en esta historia, la preparación de la comida
es el contexto en el que estos personajes viven, se comportan e
interactúan”, dice Hicks. Con esto en mente, él y la diseñadora
de producción Barbara Ling proporcionaron a los actores un
decorado de una cocina casi totalmente funcional, que se
convierte en el telón de fondo de algunos de los momentos más
significativos que tienen lugar entre Kate y Nick.
Hicks y Ling visitaron
aproximadamente 60 restaurantes de la zona para su variedad de
opciones de diseño y ambiente, apreciando diferencias entre los
espacios de trabajo creados por chefs frente a los creados por
propietarios de restaurantes. Tras considerar brevemente la
posibilidad de adaptar una instalación industrial existente y
comprobar que los espacios eran demasiado fríos y grandes,
optaron por construir su cocina partiendo de cero en un plató de
los Silvercup East Studios en Queens.
Según Ling, “La única ventaja
fue que no tuvimos que atenernos a ningún código, o habría sido
ridículamente caro. En lugar de eso, pude diseñar una cocina que
pareciese totalmente funcional, pero eso no tiene que durar
mucho tiempo. Todo el acero inoxidable es auténtico, así como
los azulejos, las tuberías de cobre y los tanques para las
máquinas de cappuccino, los aparatos eléctricos, fregaderos,
cocinas, mesas de acero inoxidable, incluso los termómetros
colocados en las paredes. Las únicas excepciones son dos
despensas refrigeradas. Construimos esas unidades y luego
bombeamos aire frío”.
Las despensas refrigeradas
tienen una doble finalidad: enfriar los alimentos, y
proporcionar a los chefs un lugar para refrescarse,
literalmente, o para tener una conversación privada—un hábito
que todos los asesores culinarios y de restaurantes en el rodaje
confirmaron que estaban auténticamente representados en la
película, hasta la parte en que el resto del personal de la
cocina mira disimuladamente a través de la diminuta ventana para
ver lo que está pasando.
Según Eckhart, “Recrearon
todo hasta el más mínimo detalle. Los detalles son increíbles.
Realmente te puedes perder en una escena y olvidarte por
completo de que estás en un plató”.
Ling se esforzó por
representar el flujo normal de un lugar de trabajo desde el
punto de vista de la cámara sin quitar paredes. “Quería mostrar
lo que la gente no ve a menudo: el modo en que los chefs
maniobran en una cocina, cruzándose unos con otros, uno
sujetando un plato mientras otro lo decora y se lo pasa a otra
persona. Es algo hermoso, casi como una coreografía de baile.
Hay un movimiento constante—gente entrando y saliendo, entregas
que llegan, camareros entrando por la puerta—y la jefa de cocina
supervisa todo esto desde una posición central como un director
de orquesta en el foso”.
El flujo generado en la
cocina se extiende luego sin interrupción a través de la puerta
hasta el comedor del restaurante, y desde allí a las ventanas y
a la calle de Nueva York.
Para una escena en la que
Kate va a comprar marisco fresco, Ling recreó el histórico
Fulton Fish Market en su antigua ubicación en el Lower Manhattan
cerca del puente de Brooklyn. El centro de distribución de
mariscos, con casi 200 años de existencia, fue trasladado al
Bronx en 2005, un lugar en el que Ling consiguió letreros
originales, mobiliario y montones de pescado fresco. “Incluso
contratamos a hombres que solían trabajar en el viejo mercado
como extras. Fue un decorado divertido y nostálgico para la
gente del barrio para quienes el mercado de pescado había sido
siempre parte del paisaje”.
“Sin Reservas” también servía
diariamente comida auténtica para las cámaras, por cortesía de
la jefa de atrezo Diana Burton (“Los Soprano”) y un completo
personal de cocina que empezaba a trabajar normalmente dos horas
antes del rodaje cada mañana desde una ajetreada cocina a pocos
pasos de la acción, porque, como afirma Heysen, “Nadie se deja
ya engañar por los elementos de atrezo de plástico. Para
nosotros era importante que en pantalla apareciese comida con un
aspecto exquisito y fresco porque es un reflejo de nuestros
personajes, que se supone que se encuentran entre los mejores
chefs de Nueva York”.
Excepto en determinadas
circunstancias en que una comida estaba diseñada específicamente
para que alguien la comiera ante las cámaras, Burton se centró
más en la presentación que en el sabor. Experimentó con maizena
y colores, tratando de encontrar maneras “de recrear la cocina
francesa basada en la mantequilla para mantener su integridad
bajo las potentes luces, porque hay muchas cosas que la luz y el
calor hacen que la comida parezca menos apetitosa”. Una ráfaga
de soplete sobre una codorniz consiguió el adecuado tono dorado
al tiempo que permitía que los jugos quedaran dentro para que el
plato durase más en pantalla antes de secarse.
Con la ayuda de los asesores
profesionales de la producción, Burton y Hicks diseñaron un menú
de aproximadamente 25 platos para la película, entre ellos una
terrina de espárragos, la lubina de Nick, un plato de vieiras,
foie gras, un entrecot y la especialidad de Kate, codorniz con
salsa de trufas. Hicks actuó como jefe de cocina en la decisión
del aspecto final de cada plato. Dependiendo del programa de
rodaje del día, el equipo de Burton preparaba un torrente
continuo de platos.
Utilizando a los mismos
proveedores que servían a los restaurantes locales, Burton se
aseguró de tener suficiente comida a mano para satisfacer las
necesidades del director en cualquier momento dado. La zona
entre bastidores del rodaje a menudo parecía la entrada trasera
de un restaurante de cinco estrellas con entregas de langostas y
productos exóticos por cajas porque, como confirma Burton,
“ciertos productos tenían que ser frescos para que pareciesen
frescos”. Para una escena en la que Nick filetea una lubina,
ella tenía 20 lubinas en hielo esperando a ser utilizadas. “En
última instancia, no puedes predecir el número de tomas que un
director puede querer, y yo por supuesto no quería tener que
decirle que se había quedado sin pescado”.
Toda esa autenticidad tenía
sus inconvenientes, como comenta Catherine Zeta-Jones.
“Comprobamos que los aromas eran realmente eficaces para que
todo el mundo se metiera en ambiente, lo cual es estupendo
cuando tienes hambre. Pero cuando son las seis de la mañana y
estás oliendo pescado, puede revolverte un poco las tripas”.
Burton incluso llegó al
extremo de contar con un maquetista para que elaborara trufas
que se pudieran cortar de manera auténtica, si el programa de
rodaje sobrepasaba la temporada en la que se pudieran conseguir
trufas auténticas, ya que figuran de manera destacada en más de
una escena. Para que las ollas y sartenes tuvieran el aspecto de
tener manchas de carbón y haber sido utilizados, llegó a un
acuerdo peculiar: conseguir toda la colección de utensilios
cotidianos de la Fiamma Osteria a cambio de proporcionarles
otros nuevos y resplandecientes. Finalmente, como toque
personal, llenó el bar con botellas de vino procedentes de los
propios viñedos de Hicks y Heysen del sur de Australia.
Aaron Eckhart, cuyo personaje
prueba un plato de risotto, declara que “Sin Reservas” contó con
“los más sabrosos elementos de atrezo que jamás he visto”, y
admite que no podía resistirse a comerse todo el plato entre
escenas. Abigail Breslin, a cuyo personaje le ofrecen un plato
de spaghetti, añade “Estaba tan deliciosa que trataba de comer
un buen bocado antes de que el director dijera ‘corten’”.
Al decidir rodar “Sin
Reservas” en Nueva York, Hicks tenía la intención de que la
ciudad aportara su propio carácter a la historia. “Tiene una
gran cultura de restaurantes, lo cual es muy apropiado para la
historia, además de la magnífica arquitectura y los detalles de
diseño en cualquier parte que mires”, dice, añadiendo que, “gran
parte de la acción transcurre en interiores, en una cocina o un
apartamento, por lo que quería que las escenas de exteriores
proporcionaran la mayor amplitud posible. Quería que esas pocas
tomas en exteriores tuvieran el máximo impacto”.
El director encontró un
espacio vacío en la esquina de Bleecker Street con Charles para
su restaurante de ficción en el West Village, con grandes
ventanas que ofrecía excelentes vistas de “la vida de la ciudad
en la calle, que nosotros realzamos con nuestras luces y extras,
pero que sirvió como un maravilloso telón de fondo a medida no
importa en que dirección mirásemos hacia fuera”.
En el interior, la diseñadora
de producción Barbara Ling creó un ambiente confortable y tenue
con paredes oscurecidas y pinturas al carbón minimalistas, para
hacer que la comida fuese el elemento estrella.
“En ese lugar había antes un
restaurante chino y ahora es una tienda al por menor”, comenta
Heysen, que explica que la presencia temporal de un equipo de
rodaje mientras tanto causó una cierta confusión en el barrio,
especialmente cuando decidieron llamar al restaurante 22
Bleecker Street… y la fachada no estaba para nada cerca del
número 22. “El único número no utilizado en Bleecker Street era
el 22. El número 24 era una iglesia. Así que pensamos que
estábamos seguros con nuestro nombre pero, de hecho, confundió a
los mensajeros locales cuando colocamos la señal que indicaba
‘22 Bleecker’ en un lugar que realmente estaba a la altura de
los números 300. Tuvimos que quitar los carteles hasta el
momento en que empezamos a filmar el exterior”.
El falso restaurante también
atrajo la atención por otra razón, como recuerda Catherine
Zeta-Jones. “Estaba rodando una escena en la que me encontraba
al lado del maitre en la zona de entrada. Se estaba bebiendo
vino de mentira y había camareros sirviendo comida con un
aspecto delicioso. El sitio estaba repleto de extras, el bar
tenía un aspecto elegante y muy atractivo, y varias personas
entraron de la calle preguntando, ‘¿Es necesario reservar?’
Pensaban que era el nuevo sitio de moda para cenar. Tuvimos que
contarles que no era más que un decorado de una película”.
El rodaje de “Sin Reservas”
inspiró un auténtico interés en Zeta-Jones, que dice, “Sin duda
ahora aprecio la comida de manera distinta y el modo en que es
presentada. Estoy deseando preparar la comida del Día de Acción
de Gracias. La casa ya está llena de libros de cocina”.
Casi todos los miembros del
reparto y del equipo técnico descubrieron algo nuevo sobre la
alta cocina durante el rodaje, y puede que a los espectadores
les suceda lo mismo. Según Hicks, “Por supuesto que no teníamos
la intención de que la película fuera un curso educativo sobre
el tema de la cocina francesa pero cuando estás contando la
historia de unas personas cuyas vidas están completamente
implicadas en este mundo, no puedes evitar aprender su lenguaje.
Como mínimo puede que una persona capte un término interesante
que hasta entonces no había conocido, dependiendo de sus hábitos
de comidas, como qué es un entrecot o lo poco hecho que se puede
hacer un filete. Fue divertido estar rodeado por toda esta
belleza y perfección. Los platos que salían de la cocina del
Bleecker eran extraordinariamente apetecibles… pero, espero, no
algo que necesariamente quisieras comer todos los días”.
Tras haber probado las más
exquisitas salsas de azafrán, las vieiras y todos los demás
platos que aparecen en “Sin Reservas”, tanto Zeta-Jones como
Eckhart opinan, al igual que Hicks, que siguen fieles a sus
gustos sencillos. Cuando se les pide que mencionen sus platos
favoritos, los dos se remontan a los favoritos de su infancia.
Eckhart dice, “A mi me encantan los burritos”, y Zeta-Jones
responde, “Para mí, ‘fish and chips’ (pescado y patatas fritas),
‘fish and chips’ cualquier día”.
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