CRÍTICA
por
Leandro Marques
Una
comida no tiene el mismo sabor sin condimentos
La combinación exacta de
sofisticación y simpleza suele conducir, según los entendidos en
cocina, a los resultados más deliciosos, a los platos más
exquisitos. En la búsqueda de éxtasis para el paladar, y más
allá de la cuota de talento e instinto propios de quien cocina,
el camino no tiene secretos ocultos: debe incluir las cantidades
precisas de sabores y aromas, y debe lograr su complemento en
perfecta armonía. Sin abarrotar la esencia genuina del sabor
pretendido pero tratando de impedir que las comidas luzcan
desabridas e insulsas. En el cine sucede algo parecido: requiere
que cada uno de sus componentes –técnicos, estéticos,
narrativos– se entrelace armónicamente para dejar que la obra se
desarrolle con fluidez y naturalidad, sin excesivas pretensiones
pero con la sustancia necesaria.
Si hay
algo que funciona en orden en Nueva York, seguramente sea la
cocina del importante restaurante que maneja Kate, la obstinada
y talentosa chef interpretada por Catherine
Zeta-Jones en “Sin
reservas”, la presente cinta de Scott Hicks.
Ella, Kate, es rígida, extremadamente seria y antipática, pero
sin duda sabe cocinar y, sobre todo, cómo organizar la dinámica
de trabajo en una cocina solicitada. Sin embargo, en una prueba
más que da el cine acerca del carácter ilusorio y precario de
toda idea de control, un hecho inesperado producirá en la vida
de la protagonista el desmoronamiento en cadena de muchas de las
certezas a las que se aferraba para no sufrir sobresaltos ni
demasiadas emociones tampoco.
La
narración se desarrolla en un tono parsimonioso. Avanza
lentamente situándose como testigo en primera fila de la nueva
escenografía en la vida del personaje central, que de un día
para otro se ha tenido que convertir, por el fallecimiento de su
hermana, en una especie de madre de su pequeña sobrina. Frente a
esta situación trágica, el guión pareciera paralizarse. Tal vez
por tratarse de un panorama ya muchas veces observado en el
cine, da la impresión de que la historia, en lugar de avanzar,
se sucede queriendo evitar todos los estereotipos y lugares
comunes posibles. Así, como evita profundizar en la tristeza de
la niña o en el desconcierto de la tía, tampoco ofrece la
alternativa de una mirada posicionada desde el humor, ni desde
la tensión dramática.
Casi
inevitablemente, el relato incorpora a un personaje masculino (Aaron
Eckhart). Es un nuevo
asistente de la chef que en un principio amenazará el lugar de
poder y pertenencia con que la protagonista se vinculaba a su
trabajo. Pero que no mucho tiempo después, por su simpatía,
filosofía y encantos, la hará sucumbir en las mágicas redes del
amor. A medida que los sucesos de la trama se desarrollan, que
lo previsible anula lo sorpresivo, ese tono parsimonioso y
paciente deja de parecer una propuesta narrativa del relato: más
que eso, se lo percibe como el agónico recurso utilizado para
disimular la escasez de ideas y la falta de elementos fuertes y
profundos necesarios para sostener todo argumento
cinematográfico. “Sin reservas”, en definitiva, pareciera casi
un film impersonal y por lo tanto intrascendente, que no se
arriesga a comunicar una idea con firmeza, que carece de audacia
para ofrecer una mirada del mundo, y que tampoco propone
demasiadas alternativas estéticas ni recursos técnicos para
aprovechar las infinitas posibilidades del cine como lenguaje
artístico.
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A favor del film puede
decirse que construye con corrección su estructura de
verosimilitud. Los sucesos de la trama se presentan de forma
creíble, a pesar de algunos detalles que lucen algo forzados.
Incluso es posible afirmar que se trata de una cinta
medianamente entretenida, con un buen potencial que no se logró
materializar. Además, vuelve a destacarse
Abigail Breslin, la
chiquita que se había lucido en "Pequeña Miss Sunshine". Y como
suele ocurrir con toda película que aborda la temática del arte
culinario, es recomendable verla con la panza llena para no
sufrir con la numerosa serie de manjares que desfilan en
pantalla.
Las posibilidades son
infinitas. Los caminos a elegir también. Hay muchos ejemplos de
cintas conmovedoras e inolvidables en las que a simple vista no
sucede nada. Hay muchos otros ejemplos de largometrajes
bochornosos, a pesar de contar con tramas complejas y recargadas
de giros. Las principales falencias de “Sin reservas” no tienen
que ver con la forma que adopta la trama. Sí es posible de
cuestionar por su falta de mayores riesgos narrativos, la
indecisión para explotar y explorar sus potencialidades (la
construcción del vínculo tía-sobrina, la historia de amor, la
soledad, la conflictiva relación entre la protagonista y su
trabajo), la inseguridad por apostar a un tono específico para
narrar la historia. La cinta se puede percibir como atada a sus
propias dudas, como si el director –tal vez por lo dicho: su
intención de esquivar estereotipos y lugares comunes– no hubiera
encontrado nunca la manera de hacer fluir el guión con
naturalidad, de darle otro vuelo a la historia. Como conclusión
final, el resultado es insípido, tanto como el que podría
obtenerse de una comida con muchos ingredientes y pocos
condimentos: llena la panza pero no deleita.
Calificación:
    
Imágenes
de "Sin reservas" - Copyright © 2007
Castle Rock Entertainment y Village Roadshow Pictures.
Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International
España. Todos los derechos
reservados.
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