CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Sacrificios para la reconciliación
El director alemán de
origen turco Fatih Akin
traslada a la pantalla la complejidad de un mundo intercultural,
y lo hace a través de un microcosmos humano marcado por la
dificultad para la integración en la diversidad. Con la
inmigración y la situación política en su país de origen como
telón de fondo, dirige una película de vidas cruzadas para
levantar acta fatalista de un universo caótico que parece exigir
el sacrificio de inocentes para probar su fe en la convivencia.
Es la triple historia que recoge su largometraje, donde cada
personaje busca afanosamente el sentido de su vida entre la
soledad y frustración, sin darse cuenta de que “al otro lado”,
con solo girar la cabeza, podría descubrir lo que tanto anhela.
De hecho, el azar y el destino cruel provocan que sus personajes
estén en numerosas ocasiones a punto de encontrarse, que la
muerte siegue sus esperanzas —hay incluso un brindis a la
muerte—, que se les exija la renuncia y el perdón como
salvoconducto para seguir creyendo en el amor.
En Bremen, un hombre turco y
viudo lleva a una prostituta a vivir a su casa, pero en un
violento forcejeo ella muere y el anciano es llevado a prisión.
Enterado su hijo de que la mujer fallecida enviaba dinero a su
hija para que pudiera estudiar, decide viajar a Estambul para
ayudarla: al no dar con su paradero y atravesar una crisis
existencial, este joven profesor universitario decide quedarse
en su patria y trabajar en una librería. A la vez, sabremos que
esa chica pertenece ahora a un grupo terrorista de resistencia
al gobierno turco, y que huyendo de la policía ha llegado a
Alemania para buscar a una madre a la que cree con vida; allí ha
conocido y se ha enamorado de una estudiante alemana, una
relación que es vista con buenos ojos por la madre de la chica.
Tres padres y tres hijos condenados a buscarse y no encontrarse,
a sacrificar sus ideales, sus amores e incluso sus vidas, en el
intento de unos y la resistencia de otros por convertir el mundo
en un lugar de convivencia y tolerancia.
El director de
"Contra la pared"
construye un guión de hierro que ha sido premiado en Cannes, y
que se levanta como una auténtica obra de relojería
en la que cada pieza parece mover a la de al lado sin llegar
nunca a tocarse, donde los personajes viajan a la deriva y se
enfrentan a unos cruces de caminos que más que de libertad
hablan de una felicidad imposible, donde el guionista-demiurgo
traza un panel de movimientos increíbles que convierte en
verosímiles gracias a su precisión narrativa y a una puesta en
escena tan sobria como cuidada. Rodeados de una ambientación de
luces frías y de una estética realista, los personajes se mueven
en registros contenidos, con una tensión latente y un dolor
interior que estalla puntualmente en algunos momentos emotivos
—en la cárcel, por ejemplo— y en otros dramáticos. Tanto trabajo
de laboratorio encierra el libreto que algunos de los giros
resultan un tanto forzados y excesivos al servicio de la trama,
como esas dos muertes “accidentales” sacadas de la chistera, o
esa foto quitada del tablón de anuncios en el momento preciso.
Sobriedad de la puesta en
escena y también en la interpretación de unos actores que
imprimen a sus personajes sentimientos de soledad y frustración,
con unas miradas cansadas que trasmiten desolación y dolor, pero
también arrepentimiento y deseos de reparación, a la vez que un
punto de esperanza en la reconciliación, como la presente en el
plano fijo final, mantenido durante buena parte de los títulos
de crédito. Plano de fuerte sentido metafórico y absolutamente
coherente con el fatalismo que inunda cada historia personal, en
unos dramas personales que se imponen a la historia
político-social del pueblo turco y kurdo, de los movimientos de
resistencia al abuso de libertades y de la política
internacional con su pretendido ingreso en la Unión Europea.
Un cine intenso y muy pegado a
la realidad del terreno, a la dureza y fragilidad de unas vidas
expuestas a un caprichoso destino que parece anular la libertad
y el amor, al margen de planteamientos morales y concesiones
morbosas.
Cine social y político a través de historias personales,
crudas y nada complacientes, bien trabadas en el guión y la
posproducción. Gustará a un público adulto y habituado al cine
europeo más alternativo,
de estructura intrincada y final abierto, de personajes
radiografiados en sus emociones interiores, y donde dos pueblos
llamados a entenderse parecen condenados a vivir en mundos
separados, a sufrir una catarsis que les permita la
reconciliación y la convivencia.
Calificación:
    
Imágenes
de "Al otro lado" - Copyright © 2007
Corazón International, Anka Film, NDR y Dorje Film. Distribuida en España
por Golem. Todos los derechos
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