CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
Diálogos
entre Oriente y Occidente
Hace cuatro años el realizador
Fatih Akin
se alzó con el Oso de Oro en el Festival de Berlín gracias a
"Contra la pared",
un film dolorosamente lúcido, desesperadamente airado, que
sondeaba con mirada firme la siempre conflictiva coexistencia de
distintas culturas. Una realidad propia de este director alemán
de origen turco que vuelve con “Al otro lado” a este largo
diálogo entre Oriente y Occidente, esta vez en una obra más
plural, a seis voces, en la que eleva a un primer plano la
sensibilidad que esbozaba bajo la contundencia de su anterior
largometraje.
Premio
al Mejor Guión en el pasado del Festival de Cannes
—continúan llegando excelentes filmes de la sección oficial
de esta edición, tras
"4 meses, 3 semanas, 2 días",
"Persépolis"
o
"No es país para viejos"—,
“Al otro lado” significa un coherente paso adelante para
Akin en el difícil momento de volver a ponerse detrás de las
cámaras después de aquel impacto. Y lo hace, tal y como ha
reconocido y queda plasmado en la cinta, tomando una mayor
distancia, con un abanico de personajes que amplían y
oxigenan las intenciones del relato, dejando atrás la
visceralidad, la inmediatez de las connotaciones biográficas
de su anterior obra. Rebaja ese perturbador nervio, pero
bajo esta serenidad todavía fluye la violencia soterrada, la
injusticia y el desarraigo, una narración polifónica que
sigue la pista a unos personajes desplazados física y
emocionalmente entre Alemania y Turquía, en pleno camino
para encontrarse.
Esta
pluralidad le lleva a estructurar lo narrado en tres partes
marcadamente diferenciadas, dos líneas argumentales paralelas en
tiempo y circunstancias que confluyen en un tercer tramo, el
otro lado, hilvanando unas situaciones y unos personajes
empujados a conocerse; un tortuoso recorrido circular en el que
principio y fin se cierran sobre sí mismos. De esta forma, se
añade a la larga lista de cintas que interconectan los destinos
de varios seres —una fórmula que puede generar algo de
cansancio— hasta unos límites que son la principal objeción que
puede hacérsele al director, quien se permite forzar demasiado
esta cuerda de la fatalidad. Al titubeo que provoca una serie de
arbitrarias casualidades se añade el hecho de que la complejidad
de la propuesta le impida detenerse demasiado en cada uno de los
integrantes, alguno no suficientemente definido —en especial, la
joven turca activista política y sus proclamas se quedan en poco
más que un tópico—.
Pese a estas objeciones,
la cinta logra superar las forzadas piruetas
del destino gracias a la enorme autenticidad que respira cada
una de las piezas aparentemente distantes que poco a poco irá
ensamblando. Tal vez
sea además su herencia múltiple la que le permite cohesionar la
fuerza de sus argumentos con la intensa formulación poética de
los espacios que le proporciona Turquía. Es éste un relato de
nómadas que cruzan de un lado a otro del Bósforo, una frontera
física que arrastra también un sentido metafórico para aquellos
que se hacen una vida en un país ajeno y deben asimilar sus
identidades. Akin exprime esta realidad desde dentro, le basta
con asomarse para dejar ver las complejísimas relaciones
turco-alemanas, la coexistencia de dos espacios que además
entiende como paralelos.
Pero ese otro lado va mucho
más allá, el final del trayecto se convierte —y éste es el
aspecto más arrollador del film— en una especie de estado de la
conciencia. La confluencia de las dos líneas narrativas supera
el enclave físico, Estambul, para llegar a entenderse como el
lugar donde se han destilado las cargas del camino, donde los
personajes que continúan presentes deben plegarse a lo que el
destino les ha deparado, donde sólo queda la sinceridad y pureza
de los sentimientos. Allí viene el tender la mano, la
reconciliación y el posible diálogo entre las culturas
—clarificador el pasaje bíblico del sacrificio el hijo—. Y es
allí también donde de veras entra en escena el personaje de la
madre alemana, a la que da vida Hanna Schygulla,
una conmovedora participación —en algunos momentos resulta casi
doloroso verla, como el abandono de quien espera en la calle
sentado en un portal— de esta actriz cuyo nombre acompañó al del
cineasta alemán de R. W. Fassbinder durante buena parte de su
carrera.
De esta forma, Fatih Akin
alcanza por otros caminos una intensidad similar a la lograda en
“Contra la pared”, manteniendo unas constantes temáticas y
emocionales que evolucionan en compromiso y profundidad.
“Al otro lado” se proclama por derecho propio como un
largometraje necesario, que ayuda a comprender algo más una
sociedad cada vez más plural, en movimiento y en inevitable
colisión. Es curioso
cómo se esfuerza en mostrar los desplazamientos de los
personajes, la omnipresencia de los transportes, los imparables
itinerarios, algo que contrasta con la serenidad de los minutos
finales. Con esta última parada parece querer decirnos que la
vida es una constante búsqueda a la vez que, paradójicamente,
una continua espera.
Calificación:
    
Imágenes
de "Al otro lado" - Copyright © 2007
Corazón International, Anka Film, NDR y Dorje Film. Distribuida en España
por Golem. Todos los derechos
reservados.
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