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UN ENGAÑO DE LUJO
(Hors de prix)


cartel
Dirección: Pierre Salvadori.
País:
Francia.
Año: 2006.
Duración: 104 min.
Género: Comedia.
Interpretación: Audrey Tautou (Irène), Gad Elmaleh (Jean), Marie-Christine Adam (Madeleine), Vernon Dobtcheff (Jacques), Jacques Spiesser (Gilles), Annelise Hesme (Agnès).
Guión: Pierre Salvadori y Benoît Graffin.
Producción: Philippe Martin.
Música: Camille Bazbaz.
Fotografía:
Gilles Henry.
Montaje: Isabelle Devinck.
Vestuario: Virginie Montel.
Estreno en Francia: 13 Diciembre 2006.
Estreno en España: 15 Junio 2007.

CÓMO SE HIZO "UN ENGAÑO DE LUJO"
Notas de producción © 2006 Flins & Pinículas

Entrevista a Pierre Salvadori

¿Cuál es el punto de partida de UN ENGAÑO DE LUJO?
 ¿El punto de partida? En un encuentro con Benoît Graffin, mi guionista, estuvimos hablando de que teníamos que hacer otra película. Y ambos coincidimos en que tenía que ser una comedia, una más…

¿Por qué?
 No lo sé. La única vez que he hecho otra cosa (“Les Marchand De Sable”), fue un proceso el doble de corto y la mitad de doloroso. Lo que hago son comedias, ¡ésa es mi condena! Me obsesiona conseguir una buena comedia: ligera, fluida… un movimiento puro. La primera película que me impresionó fue una comedia, “El Diablo Dijo No”. Me pareció ver una película perfecta, con elipsis, ritmo, ligereza. Y, no obstante, sus personajes sufrían, amaban, se traicionaban. Otros desaparecían. En ella, la existencia no era fácil, pero los personajes mantenían la compostura ante el dolor, la propia puesta en escena era toda compostura. Antes incluso de que apareciera la moraleja de la película, Lubitsch ya estaba proponiendo, con sus elecciones y su forma de rodar, un punto de vista sobre el mundo. Una forma de ser humano en la Tierra. Su proyecto cinematográfico era también un proyecto de vida. Elegir la comedia, con sus personajes inadaptados pero combativos, con su potencial subversivo y su vitalidad, ya es expresar un punto de vista.

 

¿Y la historia?
 Llegó después. Hablando de lo que nos preocupaba, de lo que nos angustiaba: el triunfo del pragmatismo por encima de todo, el pesimismo reinante que siempre puede hacernos caer en el cinismo y hacernos creer que, en última instancia, para encontrar nuestro lugar bajo el sol todos los medios son válidos. Entonces llegó Irène, un personaje que obedece a una idea muy particular de la felicidad, que confunde un poco el lujo con la serenidad. Luego está Jean, anulado y tímido hasta el punto de la sumisión. Y, por último, la idea del malentendido cómico de su encuentro.

UN ENGAÑO DE LUJO, aun siendo tan disparatada, es una de sus películas más incisivas sobre la realidad del mundo…
 No lo creo. El universo en el que se movían les personajes de “Los Aprendices” era duro, precario, despiadado. En “...Comme Elle Respire”, Marie Trintignant era una mitómana rechazada por su familia y raptada por el hombre al que amaba y que la creía rica. En cuanto a “Les Merchands de Sable”, trataba del mundo del tráfico de drogas, que no es especialmente amable.

UN ENGAÑO DE LUJO también es una comedia sobre la lucha de clases.
 Aunque lo digo de broma, es algo muy cierto: el comportamiento de Madeleine y Jacques frente a Jean e Irène es muy violento. Son personas que poseen a otras personas. Cuando Gilles deja a Irène, le quita todo lo que le había dado. Cuando la deja Jacques, le rompe la tarjeta de pago. Irène y Jean están a disposición de otros, no son dueños de sí mismos. Cuando se enamoran, apenas pueden verse. Su tiempo no les pertenece. Esta relación pasa por escenas muy fuertes, como cuando Madeleine le lanza cojines a Jean para despertarle. Pero, en última instancia, jamás podrá poseerle…

¡Porque él «no tiene precio»!
 Así debería ser siempre. Pero no estamos teniendo en cuenta la angustia, el miedo a no pertenecer a nada, a ser dejado de lado.

¿Es el amor lo que salva a Jean e Irène?
 No. Benoît y yo queríamos escapar a esta solución un tanto manida, que encontramos en tantas comedias sentimentales. En ellas, el amor suele proponerse como la única salida frente a las presiones del mundo. Para nosotros, el amor no era el tema principal: en los primeros diez minutos Jean y Irène ya se han acostado juntos, y ella se enamora bastante antes del final de la película. Pero para ella, el amor es una problema, no una solución. La debilita demasiado, la asusta y la descentra. En la historia, cada vez que Irène se deja llevar por el amor, no tarda en pagarlo: la abandonan, la humillan, se lo hacen pagar. Irène tiene un plan de vida, de carrera. Y el amor, con todo lo que puede exigir en cuanto a sacrificio e incondicionalidad, no forma parte de ello en absoluto. No, lo que salva a Irène son los celos. Un sentimiento irreprimible. Queríamos que ella luchara contra el amor hasta el final y que fuera una gran pulsión lo que la salvara al final. Es bastante animal. Pero tal vez tengamos que contar con lo que nos queda de animales para seguir siendo humanos.

Jean nunca la juzga.
 Eso es muy importante. Él nunca la sermonea. Muy pronto comprende que ella vive en un mundo en el que su forma de ganar dinero parece la cosa más natural. En lugar de juzgarla, acaba siendo igual que ella: ataca desde dentro, no se convierte en su enemigo sino en su aliado. La abraza como se abraza una forma de vida. A lo que nunca renuncia es a su virtud. Su persistencia demuestra la dureza que se puede llegar a alcanzar.

¡Ella es muy cruel!
 Es dura. Quiere su parte del pastel y no posee un talento particular excepto el de agradar. Es un talento tan bueno como cualquier otro. Irène es un soldado tenaz y Jean es un enemigo desde el momento en que le conmueve. Cuando ella siente que se enternece, que flaquea y que él la pone en peligro, como buen soldado decide eliminarle, hacerle desaparecer: le arruina para que él vuelva a su casa. Y Jean no se resiste. Se ofrece a ella y se lo ofrece todo, hasta quedarse sin nada. Un auténtico suicido económico y un acto de amor total. Además, desde el punto de vista dramático, es interesante que haya un personaje tan duro. La crueldad es necesaria en una comedia.

Su forma de ver a Jean se transforma imperceptiblemente. Uno de los momentos clave de esa transformación es la mirada que Irène le dirige al despertarse, en la playa…
 Es entonces cuando acepta y comprende que le quiere. Desde ese momento, al espectador, que lo presentía, ya no le queda ninguna duda.

Irène podría definirse por sus miradas… Audrey Tautou está increíble en UN ENGAÑO DE LUJO, es capaz de pasar muy rápido de un sentimiento a otro en la misma escena …
 ¡Y cuanto más conseguía, más le pedía yo! La escena que más me impresionó fue cuando está con Jacques, hacia el final de la película. Se supone que Irène está totalmente a disposición de ese hombre y, al mismo tiempo, no deja de mirar al que quiere de verdad, que está detrás de él. Para interpretar esto, para decir «¿qué tal, cómo te va la vida?» y sentirse turbada medio segundo después, antes de volver una conversación normal, hay que ser muy bueno.

Además, ella realiza un trabajo formidable con la voz y la entonación que a veces traicionan el origen social del personaje de Irène.
 De vez en cuando decíamos que los vestidos de lujo no debían disimular del todo la desfachatez. Es una cosa que no estaba en el guión y que Audrey encontró sola.

¿Pensó en Audrey Tautou y Gad Elmaleh al escribir el guión?
 Sí. Pensé en la fantasía de Audrey, en lo que podría sugerir con su interpretación. A Gad le había visto haciendo teatro y buscaba a un cómico que pudiera ser casi invisible, neutro, y adquirir progresivamente elegancia y belleza, convertirse en un mago, en alguien capaz de resolver muchas situaciones. Y que también supiera utilizar bien su cuerpo. Un auténtico cuerpo cómico, preciso. Tras haberle visto en el teatro escribimos la escena de la exposición: Jean aparece en el campo arrastrado por una jauría de perros y no se sabe si él los pasea o si son ellos los que le pasean a él. De resultas se dibuja un personaje tímido, sin voluntad ni deseos. Que se deja llevar. También se ve que es un personaje cómico, un aguafiestas, que perturba un poco el orden de las cosas. Al mismo tiempo, en esta escena filmé mucho los pies porque también quería esbozar el personaje cada vez más gracioso en el que Jean iba a convertirse, una especie de bailarín… Es una escena que me gusta mucho porque se dice todo sin una sola palabra.

En esta escena, él avanza casi a su pesar, como en momentos posteriores de la película…
 Así es. Con esta primera secuencia, intenté fijar desde el principio el tono y el estilo de la película. Desde la redacción del guión tratamos de imaginar escenas cuya esencia fuera estrictamente cinematográfica. Escenas o situaciones destinadas a ser filmadas. No tenían que tener un valor literario. Había que buscar situaciones dramáticamente ricas e «imágenes expresivas». Ésa es una expresión de Lubitsch. Filmar un objeto y lograr que diga algo.

¿Sería el caso de la moneda de euro en UN ENGAÑO DE LUJO?
 Sí. Muchas veces incluyo en mis películas objetos que representan todas las ambigüedades de los personajes, su complejidad o su destino. Estos objetos que circulan a menudo en mis películas sirven de enlace entre los espectadores y los personajes.

¿Cómo surgió esta idea?
 Buscaba una manera de que Jean le dijera a Irène que sabe lo que ella es y que eso no le importa. Cuando le pide diez segundos más y le da un euro, le está diciendo con una suave ironía que sabe lo que es. Esto permite comenzar a destilar en él una dosis de ironía y humor. Y empezar a darle encanto… A partir del momento en que hace eso, Jean comienza a ser alguien poético. Después, cuando Irène comprende que Jean se ha hecho gigoló, le devuelve la moneda que él le había dado, dándole a entender que ahora él es su alter ego. En este momento se crea un vínculo casi fraternal entre ellos. Pasan a ser más amigos, más colegas, más amantes. Cuando al final se desprenden del euro, para ellos es una forma de liberarse de un peso y, para ella sobre todo, de su obsesión por el dinero. Tuve la sensación de que esto cerraba un círculo y que además era interesante estilísticamente… Así es como el euro se paseó por toda la película.

¿Cómo nació el personaje de Jean?
 Suelo crear personajes tímidos e inquietos. Personajes como los de François Cluzet en “Los Aprendices”, Guillaume Depardieu en “Blanco Disparatado”, Marie Trintignant en “...Comme Elle Respire”, tienen muchos puntos en común. Son personajes que me apasionan. Desean acceder al mundo y formar parte de él, pero no saben cómo hacerlo. No tienen un libro de instrucciones. Como muchos de mis personajes, Jean es una persona sumisa, abrumada por su timidez, cuyos deseos pugnan por liberarse. Por eso necesitaba tanto a Gad.

Está entre Keaton y Chaplin...
 Se parece mucho a Buster Keaton, con sus ojos entrecerrados y con un rostro que tiene algo de anticuado. Quería que, en los planos generales, casi dibujara sus movimientos. Y a él le gustaba mucho trabajar así.

Jean está siempre atrapado por sus automatismos de camarero...
 No queríamos abusar de ello, ¡pero era algo irresistible! Cuando uno trabaja diez años en lo que sea, siempre quedan automatismos, como cuando él se levanta al oír a un cliente llamar a un camarero o cuando coge las maletas en lugar de un empleado del hotel. Es comedia en estado puro. Encontrar este tipo de escenas siempre nos llena de alegría. Es la segunda vez que imagino a un camarero como personaje. Al principio de la película, uno de sus colegas le pregunta por qué siempre acepta extras del tipo «pasear a los perros de los clientes», y él contesta: «de tanto decir que sí, ya no sé decir no». Es la actitud típica de las personas tan tímidas que casi son sumisas. Es una característica muy arraigada por el hecho de estar al servicio de la gente. ¡Es un cuerpo a disposición de los demás! Nos interesaba el hecho de que su profesión acentuara su personalidad apagada.

En el momento de redactar los diálogos, ¿cómo trabaja la naturalidad y la veracidad?
 El hecho de haber sido actor en mis comienzos me permite interpretar los diálogos cuando los escribo. Cuando no funcionan, los remodelo, los reescribo. Tiene que haber música en el diálogo. No me gusta nada que el autor hable por boca de los personajes, y pienso que es necesario cuidar bien los diálogos.

Una de las particularidades de su puesta en escena es privilegiar la voz en off de los personajes. Esto da cierta autonomía al espectador…
 Me gusta dejar una parte de la dramaturgia a disposición del imaginario del espectador. Cuando hablo de la moneda de euro como un punto de enlace entre el espectador y el personaje, se trata precisamente de esta idea. Me encantan las puestas en escena discretas, concebidas para ser observadas: cuando Irène se bebe un cóctel y se adorna el pelo con una sombrilla, prefiero mil veces volver a verla después con cinco sombrillas en el pelo que mostrarla cinco veces bebiendo. La elipsis es un camino que se deja recorrer al espectador. En el tiempo real del cine, es algo que no existe, es un corte, una décima de milímetro entre dos planos. No es nada, y sin embargo es un tiempo y un espacio reservado al espectador. Es lo que liga constantemente, y de una forma digna, al espectador con la película. También es algo lúdico, un juego entre el que hace y el que mira. Para mí es el arte supremo en el cine.

«Me gustaría… quisiera…»
 Este diálogo recurrente atraviesa toda la película, y su significado cambia aunque las palabras sean las mismas. Cuando ella no la termina, la frase remite a la falsedad y al engaño, y al final, cuando le dice «me gustaría, quisiera» y termina la frase diciendo «besarte», es como el fin del engaño. Una frase para la manipulación pasa a ser una frase que expresa una verdad cruda, la confesión de un amor. La frase evoluciona al mismo tiempo que los personajes. Es algo que encarrila y sostiene el relato y le da unidad. Un poco como un chiste recurrente, en definitiva.

Al rodar, ¿separa la puesta en escena del guión?
 No, precisamente pretendo encontrar todas las ideas que me ayuden a reforzarlo. A veces uno cree que es necesario emanciparse, liberarse de la palabra escrita porque así se obtiene un resultado mejor. Pero yo no me enfrento nunca a mi guión, es un apoyo y un aliado. El guión está pensado desde el principio para la puesta en escena, para que sea cinematográfico. La elipsis de las sombrillas de la que hablaba antes ya estaba en el guión.

Por exigencias del ritmo, ha tenido que cortar escenas en el montaje...
 Reescribo muchísimo en el montaje. Desplazo, suprimo, redistribuyo las escenas. Cada vez me cuesta menos desprenderme de escenas que me gustan mucho. Me doy cuenta de que ahora hay dos guionistas en mis películas: el que me ayuda a escribir el guión y la montadora, Isabelle Devinck. Además, Benoît Graffin, el guionista, no estuvo presente en el estudio pero sí en todas las proyecciones del montaje.

Usted cuenta con un equipo de colaboradores fieles, como Gilles Henry, su primer operador...
 Gilles, como la mayor parte del equipo, ha trabajado en todas mis películas, incluidos los cortometrajes. Para UN ENGAÑO DE LUJO hemos trabajado con claroscuros, con noches americanas… Además le he delegado el encuadre, lo que me ha permitido reflexionar verdaderamente sobre la puesta en escena. El rodaje de esta película ha sido el momento más libre e interesante de mi trabajo con Gilles Henry. Nos conocemos muy bien y hemos llegado a un grado de colaboración apasionante. Ahora ya conoce el lenguaje que utilizo o que me gusta utilizar cuando hago una película. ¡Es algo muy valioso!

UN ENGAÑO DE LUJO le ha brindado también la oportunidad de volver a trabajar con Camille Bazbaz en la música...
 Todo empezó porque me gustó mucho uno de sus álbumes y le pedí que hiciera la música de “...Comme Elle Respire”. Cuando nos reunimos, nos dimos cuenta de que teníamos muchas afinidades y compartíamos muchos gustos, tanto de música como de cine. Después de “...Comme Elle Respire”, nos hicimos amigos, y a menudo iba a escuchar su trabajo, lo que me permitió recurrir a su material para las siguientes películas. Para UN ENGAÑO DE LUJO, acordamos desde el principio que crearía una música original. Su trabajo es muy fino, muy reflexivo, mezcla la riqueza musical de una big band en las escenas ambientadas en hoteles de lujo con una especie de croquis musical en las escenas románticas. Por ejemplo, cuando Irène se despierta en la playa y dirige su mirada a Jean, no hay más que una guitarra y una melódica.

¿Cómo eligió a Marie-Christine Adam?
 Fue Alain Charbit, el director de reparto, quien le hizo unas pruebas. Fueron formidables ya de entrada. Tenían unas rupturas increíbles, un gran sentido del ritmo, una emoción. En la película, es capaz de ser severa y dura y de pronto mostrarse completamente desamparada. Ha hecho que Madeleine sea un personaje imposible de odiar porque su soledad siempre aflora. He tenido mucha suerte al poder elegirla. Tenía la sensación de haber hecho un descubrimiento.

¿Y después de UN ENGAÑO DE LUJO?
 No lo sé. A veces me gustaría hacer una comedia loca, partir en busca de un encadenamiento cómico perfecto, algo cercano a la plasticidad. Como en ciertos momentos de Blake Edwards o Howard Hawks.

¿Los cineastas clásicos que menciona con frecuencia son importantes para usted?
 Antes, cuando escribía o estrenaba una película, siempre me sentía incómodo mencionando a Lubitsch, La Cava o Leisen, pero ahora los reivindico sin tapujos. Y los veo una y otra vez para no acabar haciendo cualquier cosa, para no hacer la comedia del montón que se pide continuamente. No los pierdo nunca de vista. Los considero una brújula para no perder el norte.


Imágenes y notas de cómo se hizo "Un engaño de lujo" - Copyright © 2006 Les Films Pelléas, France 2 Cinéma, France 3 Cinéma, Tovo Films y KS2 Productions. Distribuida en España por Flins & Pinículas. Todos los derechos reservados.

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