CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
La noche
y los días de Nueva York
El director
James Gray
vuelve a reunir a
Joaquin Phoenix
y
Mark Wahlberg, dos de
los protagonistas de su anterior largometraje
"La otra cara del crimen",
en esta nueva muestra de una constante que puntea en el tiempo y
que se ha convertido en casi un subgénero con rasgos propios, el
policiaco en la ciudad de Nueva York. Ahora son dos hermanos de
muy distinto signo en “La noche es nuestra”, a los que se añade
la presencia del veterano
Robert Duvall
como tercer vértice de un triángulo familiar que se resiente
ante cuestiones como el deber, la traición o la venganza,
ingredientes con el necesario valor simbólico para desencadenar
el drama de lealtades que todo thriller de altura
requiere, unas consignas que Gray integra en este sólido relevo
en el género.
¿Hay
alguna ciudad que haya sido espacio para el celuloide más
veces que Nueva York? Tal vez París pueda competir como la
más amada por los cinéfilos —incluso ahora se prepara una
especie de
"Paris, je t'aime"
al otro lado del Atlántico—. Desde las apasionadas
declaraciones de amor hechas por Woody Allen, hasta los
innumerables filmes que han retratado sus calles en todo
tipo de épocas y escenarios, parece que los signos
distintivos de esta ciudad empujan a que sea el cine negro
uno de los más identificados con sus líneas ascendentes. “La
noche es nuestra” se sitúa en un Nueva York nocturno y
periférico de finales de los 80, recrea sin estridencias la
estética de aquella década de excesos, a ritmo de éxitos del
momento, pero con una visión sombría, melancólica,
fotografiada con estilo, de los lugares donde operaban las
mafias de la droga y un cuerpo de policía que sirve, una vez
más, de inspiración en la pantalla.
El reto
al que se enfrenta por tanto James Gray es abordar una nueva
aproximación a un terreno cinematográfico en el que parece que
ya lo han dicho todo cineastas de la entidad de Martin Scorsese,
Francis Ford Coppola o William Friedkin —una influencia que él
mismo reconoce—. Y lo hace con
un dominio de las reglas del juego, con una
convicción por narrar la historia, y con un sentido de la acción
al tiempo que ahonda en el dilema moral de los personajes
que, cierto, sin aportar apenas nada nuevo, consigue una digna
muestra del género. El problema reside en que, más allá de
lograr hacer interesante lo narrado —lo cual ya es toda una
virtud—, se enfrenta a la dificultad de destacar y ser recordado
entre algunas célebres obras que transcurren por similares
caminos.
Para este empeño cuenta
con una innegable habilidad para la ejecución de las secuencias
de acción, destreza para la descripción de ambientes y
personajes, y un férreo guión propio que, sin embargo, deja ver
algunos puntos bajos. El film tiene un comienzo espléndido con
la puesta en escena de los dos mundos paralelos entre los que se
mueve Bobby Green (Phoenix), hijo y hermano de policías, la
rutilante vida nocturna de los locales de Nueva York
contrapuesta a la celebración de un tradicional acto de la
policía de la ciudad. Este enfrentamiento es el origen de un
drama entre los hermanos al que imprime aires
clásicos, desarrollado con un elevado y creciente sentido de la
tensión, un buen pulso que se mantiene en la excelente
realización de las secuencias puras del thriller.
A pesar de la notable
intensidad del conjunto, la cinta no puede evitar tambalearse en
el tercero de sus soportes, el personaje del padre al que da
vida Robert Duvall, un veterano policía que tiene asignadas las
frases más sentenciosas, unos diálogos en torno a la familia que
durante el primer tramo no logran la verosimilitud que adquiere
la relación entre los hermanos conforme avanza el metraje. Todo
el respeto que despierta un intérprete como Duvall no impide que
resulte demasiado mayor para encarnar convincentemente a un
agente en activo, aunque el realizador haya querido contar con
un representante del cine de los 70 que tanto parece admirar.
Esto es un hecho menor ante algo mucho más cuestionable —una
mediana desilusión viniendo de un autor de entrada tan
interesante como Gray—, la deriva de la trama hacia unas
resoluciones que, por muy paradójicas que resulten, no se alejan
demasiado de lo convencional, echando por tierra la ambigüedad
que había recorrido el punto de arranque.
De este modo, “La noche es
nuestra” lo tiene difícil para desmarcarse de otros filmes
similares, lo que no empaña la sensación de haber asistido a una
cinta reflexionada, elaborada con detalle y un palpable
esfuerzo. Resulta menos original de lo que en
principio cabría esperar, pero consigue atrapar con su vigoroso
desarrollo, algo de por sí suficientemente apreciable.
Buena parte de esta impresión se debe al soberbio trabajo de
Joaquin Phoenix como hilo conductor y de Mark Wahlberg, que
supera en parte su habitual inexpresividad. A través de la
interpretación de ambos, y por debajo de las intrincadas capas
que recubren al relato como ejercicio policiaco, el director nos
conduce poco a poco a la que tal vez sea su intención última,
que es ese elogio de amor entre los dos hermanos que de forma
sencilla y limpia logra mostrar.
Calificación:
    
Imágenes
de "La noche es nuestra" - Copyright © 2007
Columbia Pictures y 2929
Productions. Fotos por Anne Joyce. Distribuida en España por
Universal Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "La noche es nuestra"
Añade "La noche es nuestra" a tus películas favoritas
Opina
sobre "La noche es nuestra" en el blog

Recomienda
"La noche es nuestra" a un amigo
|