CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
“1408” pertenece a ese tipo
de películas que nacen con vocación de ser pequeñas, pero que se
construyen desde la dignidad del respeto al género fantástico
del que surgen. De hecho, son un tipo de producciones que son
parientes de las míticas series del estilo de “Alfred Hitchcock
presenta” o “En los límites de la realidad”, en las que muchos
episodios se construían desde una idea de partida llena de
fuerza y que marcaba las reglas a seguir, ofreciendo agradables
entretenimientos solventados con pericia y profesionalidad por
guionistas, actores y directores.
Y es,
desde luego, ésa la referencia que me viene a la mente tras
ver la película de Mikael Håfstrom;
de hecho, si prescindiéramos del componente espectacular, la
acción de “1408” encajaría perfectamente en el formato
televisivo. No en vano, la mayor parte del metraje lo ocupa un
estupendo John Cusack
encerrado en la habitación del título, en lo que él considera
un capítulo más de su exitosa serie de libros en los que
desmonta los supuestos sucesos paranormales ocurridos en
hoteles, y que termina convertido en un tour de force
en el que se van sucediendo los fenómenos con intensidad
creciente y que terminará enfrentándole a sus propios dilemas
espirituales.
No puede
decirse que haya nada realmente nuevo en lo que propone la
cinta: todos los temas han sido vistos ya en otras producciones
basadas en relatos de Stephen King.
Pero, a diferencia de otros títulos nacidos con vocación de
homenaje como "El
orfanato", aquí el
conjunto aparece más aquilatado y equilibrado, sin excesos
artísticos ni vaivenes estilíticos que distraigan de la
intención básica de ofrecer una narración diáfana que se siga
sin complicación. Y a ello ayuda el cumplir a rajatabla el
manual de la buena película fantástica, empezando por un
Samuel L. Jackson
(al que la publicidad eleva erróneamente al nivel de
coprotagonista cuando su aparición se limita a un par de
escenas) que ejerce, como director del hotel maldito, el
necesario papel de voz admonitoria que advierte de la locura en
la que va a incurrir el protagonista.
Es esa
proporción entre los objetivos y los medios lo que empuja al
filme por encima de la media de calidad del entretenimiento
fantástico que llega a nuestras pantallas; sin embargo, también
es cierto que esta carencia de espíritu innovador o de querer
narrar algo nuevo bajo el sol la limita en sus posibilidades.
Como en la mayor parte de los relatos de Stephen King, hay
buenas ideas de partida que normalmente (salvo contadas
ocasiones, como “Misery”) no pasan de eso. Y así, ni siquiera el
dilema del protagonista, que ha dejado de creer después de
perder por enfermedad a su hija, termina desplegando todo su
potencial ante el espectador. Pero, en definitiva, es esa
capacidad de asimilar lo bueno y lo malo del universo narrativo
del autor de “Christine” lo que la hace absolutamente
reconocible y disfrutable para el amante del cine fantástico.
De hecho, no deja de ser
curioso que el género parezca abocado a funcionar mejor cuando
se plantea en espacios y situaciones reducidas. Parece
significativo que los encierros hayan marcado algunas de las
obras que más lo han renovado en los últimos años, de “Cube” a
"Saw".
“1408”, desde luego, no llega a tanto; pero en su convencida y
ardorosa apuesta por el clasicismo, sólo puede merecer nuestra
simpatía y disfrute, por encima de los errores, que los tiene, y
del inevitable desdén de los que, llevados por el aluvión de
películas olvidables cobijadas bajo el paraguas del terror y el
fantástico, se dejen llevar por la rutina y la incluyan,
erróneamente, en el mismo saco.
Calificación:
    
Imágenes de "1408" - Copyright © 2007 Dimension Films y Di
Bonaventura Pictures. Distribuida en España por New World Films
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