CRÍTICA
por
Pablo del Moral
Desde
mediados de los sesentas, el controversial director John
Waters se especializó en realizar películas simultáneamente
vulgares, amables, agresivas y graciosas, que se regodeaban en
grotescas imágenes y sublime mal gusto para contar sórdidas
historias que, a fin de cuentas, humanizaban y validaban estilos
de vida muy alejados de lo "normal". Eventualmente, Waters ganó
peso suficiente en la "contracultura" para ser tomado en serio
por la industria fílmica y así, a principios de los ochentas,
comenzó su filmografía "comercial" (y por "comercial" quiero
decir "que no incluya escenas de sexo entre madre e hijo, o
travestis comiendo material fecal canina"). Y así, películas
como "Polyester" y "Hairspray" continuaron su perenne sátira del
"establishment" y, particularmente, del estilo de vida blando y
suburbano de la región de Baltimore, donde creció. Más adelante,
en el 2003, la mencionada "Hairspray" fue adaptada como un
exitoso musical en Broadway y ahora, cerrando el círculo, nos
llega la adaptación fílmica del musical previamente inspirado
por la película. ¿Queda claro?
"Hairspray"
se desarrolla en Baltimore, en 1962, y sigue las aventuras de
Tracy Turnblad (Nikki Blonsky), una obesa pero jovial
muchacha que, junto con su mejor amiga Penny (Amanda Bynes),
siguen obsesivamente el programa de televisión de Corny Collins
(James Marsden), donde adolescentes locales lucen los más
recientes pasos de baile al ritmo de populares canciones de
rock. Pero, cuando Tracy recibe la preciada oportunidad de
participar en el programa, la elitista directora Velma von
Tussle (Michelle Pfeiffer) deja claro que el programa no
está abierto a todos, sino sólo a jóvenes blancos y atractivos.
Entonces Tracy, con ayuda de la comunidad, lucha para que el
programa ofrezca igual oportunidad a todos los que deseen
participar, sin importar el color de su piel o su apariencia...
siempre y cuando quieran bailar.
De la
reciente ola de musicales, "Hairspray" quizás sea más ligero que
"Dreamgirls", pero más honesto y accesible que "Chicago". La partitura de Mark O'Donnell
es un poco genérica, pero apropiadamente pegajosa, y el elenco
completo luce buenas voces, especialmente actores que no estamos
acostumbrados a escuchar en ese contexto (como Christopher
Walken y Amanda Bynes). La coreografía del director Adam
Shankman rinde tributo a los bailes de aquella época y su
dirección de escena logra "abrir" la película, evitando (en lo
posible) que se convierta en una mera filmación de la obra
teatral (como ocurrió con "Rent"). Además, como guiño para los fanáticos
de la original "Hairpray", hay varios simpáticos cameos que
adornan el filme con rostros de antaño; particularmente
divertidos (y apropiados) son el de John Waters como un
inofensivo criminal y Jerry Stiller como el dueño de una
tienda de ropa. Sólo brilla por su ausencia la aparición de la
feroz Deborah Harry, quien previamente interpretó a la villana
de la obra.
Pero,
habiendo dicho todo eso... "Hairspray" es también una violación
de todo lo que funcionaba en la cinta original. John Waters
mostró siempre (en todas sus películas) genuino amor y respeto
por los inadaptados, los pervertidos, los "freaks" (lo
digo como un cumplido). El humor en sus películas no venía
específicamente de los diálogos y situaciones, sino de la brutal
sátira con la que sus "weirdos" imitaban las rígidas
actitudes del "american way of life". El chiste no
radicaba en "ja, ja, mira un hombre gordo vestido de mujer",
sino en "ja, ja, mira un freak burlándose de la sociedad
que lo repudia". En otras palabras, la original "Hairspray" nos
invitaba a comprender y apreciar un hombre gordo que elegía
vestirse de mujer en la pantalla y fuera de ella. La nueva
versión musical nos invita a reírnos de la gorda, porque sabemos
que el atlético John Travolta está bajo los kilos de
maquillaje. Las cintas antiguas de Waters satirizaban a la
sociedad usando gente inusual en papeles normales. La nueva
versión usa actores normales para interpretar gente extraña. La
diferencia de intención es demoledora.
Entonces, en
un aspecto, puedo recomendar "Hairspray" como una simpática
comedia que ofrece un mensaje válido, una alegre banda sonora y
energéticos números musicales. Pero en otro nivel me
entristeció un poco, pues es como una canción de rock que
alguna vez fue rebelde y subversiva, y que ahora ha sido
domesticada y diluida por alguna corporación para vender pañales
o automóviles en un comercial televisivo. Pero, para terminar en
el lado amable, también le debe de haber dado una pequeña
fortuna a John Waters, que sin duda será invertida en la
creación de más películas grotescas, repulsivas... y
encantadoras.
Calificación:
    
Imágenes
de "Hairspray" - Copyright © 2007 New Line
Cinema, Ingenious Film Partners y Zadan/Meron Productions.
Fotos por David James. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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