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Dirección: Adam Shankman.
País: USA.
Año:
2007.
Duración: 117 min.
Género:
Comedia dramática, musical.
Interpretación: John Travolta (Edna
Turnblad), Michelle Pfeiffer (Velma Von Tussle), Amanda Bynes
(Penny Pingleton), Queen Latifah (Motormouth Maybelle), Christopher Walken (Wilbur
Turnblad), James Marsden (Corny Collins), Nikki Blonsky (Tracy Turnblad), Zac Efron (Link
Larkin), Brittany Snow (Amber Von Tussle), Elijah Kelley
(Seaweed), Allison Janney (Prudy Pingleton), Taylor Parks
(Little Inez).
Guión: Leslie Dixon; basado en
el guión de John Waters para su película "Hairspray" (1988)
y en el musical de 2002 con libreto de Mark O'Donnell y Thomas
Meehan.
Producción: Craig Zadan y Neil
Meron.
Música: Marc Shaiman.
Fotografía: Bojan Bazelli.
Montaje: Michael Tronick.
Diseño de producción: David Gropman.
Vestuario: Rita Ryack.
Estreno en USA: 20 Julio 2007.
Estreno en España: 14 Septiembre 2007. |
CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Existe una
extraña conexión entre el género musical y los peinados, como si
gracias a los brincos de una pareja o panda de danzarines la
industria peluquera fuese a forrarse anunciando productos
derivados –una circunstancia del todo lógica si se tiene en
cuenta la perfección capilar del o la protagonista de turno tras
el claqué, el vals o la macarena correspondiente–. “Grease”
(1978) y, diez años después, “Hairspray” hicieron evidente esta
dependencia estética del musical juvenil, relegando a un segundo
plano la elegancia decadente de los Astaire, Rogers y Kelly –que
en vano intentó modernizar su imagen en “Xanadú” (1980),
inefable visión kitsch de la inspiración artística–,
además del últimamente resucitado sucedáneo de "películas con
canciones". Ahora que la década de los sesenta perpetúa su
influencia, síntoma de añoranzas aún más horteras que sus
referentes, Hollywood aprovecha el filón de las reelaboraciones
de films poperos que antes pasaron por Broadway o viceversa,
procesos tan intercambiables entre sí como la escasa
originalidad de estas visiones pegajosas, ultraoxigenadas y
estiradas de la vida a ritmo de tupé.
Tracy Turnblad (Nikki Blonsky)
lleva una existencia de adolescente estándar en el Baltimore
de 1962 –extrapolable con pocas diferencias, sociales y
ornamentales, a un instituto contemporáneo– mientras anhela
hacer sus pinitos coreográficos en el show de la
televisión local. Este etnocentrismo de estadounidense
provinciano no acoge exclusivamente los estereotipos del bien
y el mal comunes, sino que asume una lectura antirracista
venida un tanto a destiempo y, a pesar de su constatación
real, una mirada risueña hacia las evasiones televisuales. Su
tono desenfadado y, en ocasiones, autoparódico evita que se
extiendan los escalofríos por la anorexia de argumento e
ideas, si bien éstos continuarán su recorrido si lo suyo no es
el gamberrismo treceañero ni la hipérbole del color rosa y el
efecto laca. Aunque se nos presente en clave de comedia
superficial, no deja de poseer connotaciones realistas y
asumidas la historia de la chica gordita que se aburre en la
escuela, sueña con ser la estrella del programa musical
presentado por el guaperas de la cadena (James Marsden)
y, cómo no, suspira por los huesos y el ricito rebelde del
cantante estelar –ese insufrible Zac Efron, aquí
trasunto de un Tony Manero con cara de surfista atiborrado de
barritas energéticas, y que enlaza con el “High School
Musical” (2006), fenómeno heredero de esta cadena de pop
adolescente–. Barata su moraleja del triunfo instantáneo –más
cerca de "Quiero
ser superfamosa" (2004) que de "American
Dreamz: Salto a la fama" (2006)–, chirriante el
número de protesta en reivindicación de una "televisión en
blanco y negro" –parece que no contentos con cintas tipo
“Porgy and Bess” (1959)–, por un futuro interracial que
permita la mezcla de sones y bailes sin las rencillas del
local de danza de “West side story” (1961), la película se
convierte en lo que todo prejuicio de espectador reacio asocia
al género: una sucesión incansable y tediosa de escenas
cantadas y bailadas sin sentido o conflicto.
Al margen de su indirecta propaganda de
la pseudo felicidad de American Idol, Operación Triunfo y
similares, es reconocible el contagio del espíritu a la forma,
inspirada por un ritmo visual ágil –secuencia de apertura émula
de la animación de “Grease”, homenajeada también en la actitud
de las bandas masculinas y femeninas del instituto– y una
estética Hanna-Barbera que podría transmutar la idiotez en
fantasía redimida. Pero al contrario de un episodio calculado y
medido, “Hairspray” se recrea en su propia elasticidad chiclosa
y se alarga hasta unas casi dos horas excesivas y rellenas de
serpentinas repetitivas, intentando mantener el difícil
equilibrio de números rápidos, de twist, con otros
lentos, siempre empapados de un romanticismo sardónico –entre
los que destaca el dueto John Travolta-Christopher
Walken, pareja que no se creen ni ellos mismos–. La elección
del primero para encarnar –en todos sus rebosantes kilos– a la
señora Turnblad prosigue en cierta medida el gancho de otros
cómicos disfrazados de mujeres, de Buster Keaton a Robin
Williams, pasando por Peter Sellers, a excepción del hecho de un
travestismo pactado con el espectador, pero no explícito en la
trama –lo cual también sucedía en el “Hairspray” original con la
supuesta Divine–. Convertido en reclamo publicitario y ama de
casa-lavandera ingenua y glotona, Travolta libra el mejor duelo
del largometraje con Michelle Pfeiffer, quien nada como
sirena en piel de villana, respectivos protagonistas del primer
y segundo “Grease”, una suerte de venganza por la degradación
paulatina de la secuela y el remake en asuntos tan
casposos.
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Si John
Waters ya firmó una visión edulcorada de la periferia
norteamericana, según las pautas del pop más puntero destacado
en su filmografía, esta nueva versión continúa el vacío creativo
que intenta personalizarse mediante el aspaviento y la gracia
momentánea, para lo cual un director tan aséptico como Adam
Shankman da el pego y la corrección estilística para los
nuevos, seguramente efímeros, amantes de la pose sesentera. A
pesar de la moda imperante, dudo mucho que el espectador ansíe
nuevos Doris Day y Rock Hudson en opereta de tendencias y que la
renovada racha del musical deba mutilarse a sí misma en un bucle
de repetición espacio-temporal. Aunque una cinta así siempre
será más inofensiva que ver de nuevo las calles inundadas de
peluconas cardadas.
Calificación:
    
Imágenes
de "Hairspray" - Copyright © 2007 New Line
Cinema, Ingenious Film Partners y Zadan/Meron Productions.
Fotos por David James. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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