CÓMO SE HIZO "JOHN RAMBO"
Notas de producción ©
2008
Manga
Films
1. El proyecto
Menos de cinco meses después
de que la producción se acabara, mientras John Rambo se estaba
montando, a finales de septiembre de 2007, Stallone y los
realizadores, junto con el resto del mundo, presenciaron las
singulares y dramáticas imágenes de las protestas masivas a
favor de la democracia en Birmania y Myanmar. Lideradas por
miles de monjes budistas enfundados en sus atuendos de rojo
intenso, esas manifestaciones por todo el país llegaron a
conocimiento del mundo gracias a los teléfonos móviles birmanos,
Internet y metraje pasado de contrabando. Se trataba de la mayor
manifestación en favor de la democracia que tenía lugar en
Myanmar desde hacía dos décadas. Antes de la brutal represión
militar, la protesta había crecido hasta computar 100.000
personas por las calles de Rangún. Cuando los militares en el
gobierno del país decidieron aplastar las voces, las tropas
comenzaron a golpear a los manifestantes al tiempo que les
disparaban con armas automáticas y les esparcían gas
lacrimógeno, todo sobre una multitud desarmada, asesinando tanto
a monjes como a civiles. El gobierno bloqueó Internet
inmediatamente y comenzó a controlar las comunicaciones
telefónicas. Los monasterios budistas sufrieron redadas, y los
que protestaron fueron acorralados, detenidos y encarcelados.
Las cifras de muertos oficiales son difíciles de saber, dado el
secretismo y la falta de información. De modo distinto a las
manifestaciones prodemocráticas de 1988, este alzamiento fue
liderado por los monjes y no por los estudiantes, y comenzó en
agosto, cuando un aumento del precio de los combustibles alzó
las protestas y comenzó a atraer la atención internacional por
la sucesión e incremento de abusos por parte del autoritario
gobierno militar nada dado a informar. "Los filmes de Rambo
siempre acontecen en entornos reales" —informa el productor John
Thompson—. "Los veteranos de Vietnam decepcionados existieron;
los desaparecidos en combate y los prisioneros de guerra,
también, así como los combates y guerras interminables de
Afganistán. Y lo que Sly ha encontrado para este último film es
una historia que no ha sido objeto de mucha atención acerca del
genocidio que está siendo cometido por parte de los birmanos
contra las tribus karenni en este mismo momento. La película se
desarrolla en un marco absolutamente real, y Stallone lo usa
inteligentemente".
El productor
King añade: "Todas las películas de Rambo son alegorías. Son
cuentos cargados de simbología acerca del combate entre el bien
y el mal; y se fundamentan en temas reales o en la pura verdad.
Cuando Rambo se adentra en Birmania, resulta que no hace sino
reflejar lo que hoy en día está ocurriendo: existen muchos
exmercenarios y soldados norteamericanos que suben por el río
para ayudar a los karenni. Los misioneros, los campos de minas,
y los campos de refugiados son reales. Por supuesto que una
película es, en último extremo, un entretenimiento, sin embargo,
hay que ser honesto con la historia que se está narrando".
En una
industria que se erige sobre imágenes de marca y secuelas, la
serie de Rambo ha triunfado más allá de las expectativas de
todos. Los tres filmes de Rambo debutaron como número uno en el
box-office, fueron récord de recaudación y han ingresado
billones provenientes de todo el globo. Pese a las abundantes y
frecuentes críticas negativas, las películas y el personaje de
Rambo han permanecido y evolucionado hasta el punto de devenir
fenómeno del mundo entero, más allá de idiomas y culturas. ¿Por
qué Rambo ha triunfado donde muchos otros han fracasado?
"Creo que el
personaje de Rambo está siendo una serie de éxito porque se
trata de un perdedor, una víctima" —añade Thompson—. "El
personaje siempre se enfrenta a circunstancias tremendas. Se
topa con obstáculos con toda la apariencia de ser imposibles de
franquear, pero lo logra. Al tiempo, se trata de alguien que
sufre incomprensión. Es un tipo de perdedor que da qué pensar,
con el que la gente se identifica".
A este
respecto, Rambo se parece a su creador y alter ego, Stallone. La
mayoría del reparto y del equipo técnico que trabaja con él
opina que es alguien inteligente, divertido, artístico, leído, y
enérgico. Hombre de contrastes, mantiene un permanente diálogo y
una actitud colaboradora en el plató aunque no por ello deje de
ser exigente, claro y absoluto acerca de lo que quiere. Es
accesible, a menudo alegre, aunque también se le sabe un
solitario meditabundo. Los actores le describen como un "actor
entre los actores" que puede inspirar y alcanzar grandes
interpretaciones de carácter, sin embargo es parco, directo, en
ocasiones rudo en sus críticas y modo de dirección. Es un
narrador nato, además de guionista nominado al Oscar desde que
se iniciara su carrera hace ya tres décadas, y sin embargo se le
conoce antes por sus músculos que por su cerebro.
"Sly es
alguien que asume riesgos; siempre ha mantenido esta actitud
—informa Benz—. "El primer Rocky fue un riesgo para él. Y lo
mismo con Acorralado. Y sigue siéndolo ahora, al decidir revivir
un personaje veinte años después: aparecer en pantalla con 60
años de edad como héroe de acción y encarnar todo lo que ello
significa, tener la preparación física requerible, dirigir y
controlar toda la enorme producción de la película, vérselas con
un tema tan horrible y peligroso rodado en la misma Birmania;
todo son riesgos. Su carrera está llena de riesgos asumidos y
ello es lo que le convierte en una leyenda del cine, en un
icono. Nunca le ha asustado arriesgarse; jamás ha temido la
probabilidad de caerse de bruces, o algo peor".
La Botz opina
que la experiencia y energía de Stallone impresionan a todos.
"No tengo la menor idea de cómo lo logra, pero se presenta cada
día dispuesto a lo que sea" —sigue La Botz—. "Tiene un gran
poder de concentración y espíritu de trabajo. Sé que acapara
atención por tratarse de un tipo entrado en años atreviéndose a
hacer esto, pero lo cierto es que no se mueve como un viejo ni
aparenta serlo. Me cuesta creer que tenga sesenta, ¡sensenta y
un años!. Pocos son los hombres que incluso con la mitad de su
edad puedan afrontar esto, así que da lo mismo que digan lo que
quieran. Lo está haciendo; es auténtico".
Thompson cree
que lo que mueve a Stallone es el gran sentido de la
responsabilidad que le embarga por cerrar el capítulo de Rambo.
"Creo que Sly siente como un deber realizar el capítulo final de
un personaje e icono americano tan famoso" —comenta—. "Es
infatigable, posee gran energía tanto física como mental:
escribe, dirige, interpreta, ve las tomas diarias, vuelve a
escribir las escenas en función de esas tomas... Todos estamos
impresionados, celosos, e inspirados por ese nivel de energía y
compromiso".
Tras el éxito
de Rocky Balboa (Rocky Balboa, 2006), la última entrega de la
serie de filmes de Rocky, Stallone decidió cerrar también el
capítulo sobre John Rambo. "La razón es la misma que me asistió
a la hora de encargarme de la última entrega de Rocky, revisitar
el personaje" —dice Stallone—. "Quería poner el punto final
sobre Rambo. Creo que Rambo III tenía buenas intenciones, pero
no llegó a comunicarlas realmente. Corría el año 1988, y se
realizó en contra de la situación en Afganistán, justo cuando la
Guerra fría estaba tocando a su fin y los rusos se estaban
yendo. En aquel momento, la gente en general y los medios de
comunicación en particular no sentía interés por Afganistán, los
muyahidines o los talibanes. Ahora, con cuanto ha ocurrido desde
la retirada de los rusos, y con lo que sigue aconteciendo, la
cosa presenta un perfil distinto, pero entonces no funcionó. He
querido acabar la serie con una nota más eficaz e impregnar al
personaje de mayor autenticidad respecto a lo que era".
Después de
que Millennium Films comprara los derechos de las secuelas de
Rambo a los hermanos Weinstein de Miramax, el productor del
sello, John Thompson, consultó a Stallone pues tenían interés en
realizar un nuevo film sobre Rambo. "Él no deseaba volver al
personaje a menos que pudiera averiguar en dónde se había metido
todo este tiempo y qué es lo que había quedado por decir" —dice
Thompson—. "Reflexionó al respecto, pero en aquel entonces se
hallaba absorbido con Rocky Balboa. Llevó su tiempo, porque
estaba muy ocupado con Rocky y con el éxito que el film estaba
teniendo. Hizo falta paciencia para hallar por fin el momento
adecuado en que hacer la película".
Para
Stallone, era necesaria una historia convincente. "Pensaba: 'Si
hago el último Rambo, quiero que diga algo importante.' No
quería que fuera un film de simple acción y misiones peligrosas,
ni que fuera sobre drogas, o sobre robo de joyas. Quería que lo
primero fuera la humanidad, la condición humana".
Para el
cuarto Rambo, ha habido muchas ideas y guiones en los últimos
años que se han ido desestimando. Se barajaron varias historias
sobre conflictos conocidos, como los de Irak, Afganistán, Sudán,
Colombia, incluso Darfur. Aunque Thompson y Millennium ya
poseían media docena de guiones de Rambo, Stallone quería dar
con un trasfondo menos obvio, una historia que aconteciera en el
marco de un conflicto actual poco conocido.
"Comencé a
investigar y a preguntar por todas partes" —nos dice Stallone—.
"Recurrí a la revista ‘Soldier of Fortune’ y a las Naciones
Unidas. Les pregunté: '¿Cuál es la violación de derechos humanos
en todo el planeta más gráfica y devastadora y menos atendida
por los medios?' Y todos me respondieron ‘Birmania’. Esta
historia se fundamenta en hechos, en una guerra que ya dura
sesenta años. Las brutalidades que el film refleja se basan en
lo que le ocurre a esa gente. De hecho, la mayoría de las
atrocidades son tan monstruosas que no puedo mostrarlas. Lo que
aquí hay es el más auténtico horror de la guerra".
Para la tribu
karenni, que luchó junto a los Aliados contra el ejército
japonés y los militares birmanos en la Segunda guerra mundial,
cuando una guerra se acaba, comienza otra. Los karenni quieren
un Estado karenni independiente, igual que querían otras
minorías y tribus del país. Cuando Gran Bretaña, que durante
décadas tuvo Birmania colonizada, retiró el ejército para
concentrarse en los problemas posbélicos derivados de una
sociedad que se había militarizado, surgió un nuevo nacionalismo
birmano. El colapso del colonialismo y de las viejas
instituciones reales, combinado con los años de guerra y de
conflictos étnicos, permitieron que el ejército birmano se
hiciera con el control de la única infraestructura
autosuficiente del país, desde los servicios de transporte para
la importación y exportación de las compañías, pasando por la
construcción de carreteras y puentes, hasta los sistemas de
comunicaciones. Hacia 1947, cuando las negociaciones para tener
una patria propia fracasaron, los karenni formaron la Unión
Nacional Karenni, un cuerpo gubernamental y autoridad política
en lucha por su independencia. Llevan luchando desde entonces.
Desde hace unos sesenta años, pues, los karenni siguen sufriendo
un sistemático y brutal genocidio en manos del gobierno birmano.
"Pensé que
esto sería perfecto porque es una historia que no se limita a
Rambo y además está sucediendo ahora, es pura realidad" —comenta
Stallone—. "No es pues la historia de un único hombre, dado este
reparto de conjunto en el que están los misioneros y el equipo
de mercenarios. Desde el momento que oí hablar del tema, y
comencé a investigar, pensé: 'Si me fuera posible combinar ambos
aspectos: despertar la conciencia acerca de la guerra civil
entre birmanos y los karenni al tiempo que ofrezco al público
una buena aventura, sería perfecto'".
Para
Stallone, el argumento referido a Birmania cobraba sentido a
partir de otros extremos, particularmente desde que Rambo vive
en Tailandia en las dos últimas entregas. Como muchos otros
veteranos, Rambo se ha quedado en el Sudeste asiático al no
sentirse cómodo regresando a la sociedad norteamericana.
Retomando la historia 20 años más tarde, Stallone ha imaginado
cómo habría afectado al personaje sus experiencias y la vida
solitaria y monacal; dónde y cómo vive y trabaja. Ha dibujado a
un hombre cuyos movimientos pesados, denotantes de un cierto
hastío de la vida, reflejaran haber visto y sentido demasiado.
"Es un marginado, pero no alguien que se haya desentendido del
mundo" —comenta Stallone—. "Es como un automarginado
extremadamente desencantado del mundo que básicamente lo que
hace es vivir su vida solitariamente".
Benz,
coprotagonista, añade: "No estamos ante el Rambo de cuerpo
embadurnado en aceite. No es el personaje de hace veinte años.
Es el Rambo de décadas después, desgastado por la vida y mucho
más compasivo. Podemos percibir cómo todo por cuanto ha pasado y
experimentado —en cada una de las tres anteriores entregas— ha
afectado su existencia. Se ha convertido en un hombre metido en
una coraza".
Cuando Rambo
se aviene a llevar a los misioneros —liderados por el Dr.
Michael Bennet y su prometida— río Salween arriba, Birmania
adentro, lo hace a regañadientes después de haber escuchado a
Sarah. Cuando los misioneros no regresan, Rambo sabe que lo
único que puede hacer para hallarlos es guiar a un grupo de
mercenarios alquilados.
"Rambo decide
ayudar a los misioneros porque parece reconocer en el personaje
de Sarah un destello de esperanza y optimismo" —comenta
Stallone—. "Puede que fuera algo que él mismo sintiera mucho
tiempo atrás, cuando era joven, cuando se enroló en el servicio,
ese convencimiento de que podía marcar la diferencia. Y aunque
ahora ya no le es posible creer eso en el fondo de sí mismo, le
embarga cierto sentido de lealtad y de proteccionismo para con
ella. La entiende el receptáculo de una esencia de optimismo
divino, y cree que es algo que debe respetarse y protegerse".
Rambo también
es consciente de la corrupción y brutalidad existentes en la
Birmania de nuestros días, con las torturas, ejecuciones
sumarias, y el uso de la violación como un arma más sobre niños
y adultos. Trabajando, viviendo y viajando en las junglas de las
montañas del norte, entre Birmania y Tailandia, Rambo ha visto
la despiadada destrucción de cultivos y villas, las víctimas de
los campos de minas, los campos de trabajos forzados repletos de
hombres, mujeres y niños karenni famélicos y maltratados. Aunque
se había mantenido al margen de todo ello, ahora siente
responsabilidad y toma conciencia de que debe ayudar por
horribles que sean las consecuencias.
"Ni siquiera
nos es posible mostrar una décima parte de las atrocidades y del
genocidio sistemático que tiene lugar a diario a lo largo de la
frontera" —nos dice King—. "Hemos investigado y no estamos
exagerando ni un ápice. Todo es rigurosamente cierto, está
documentado, violencia premeditada. Durante sesenta años, esa
gente ha sido sistemáticamente eliminada y nadie lo sabe. Nadie
es consciente de cuan horrible llega a ser".
Los
villorrios de las tribus karenni se extienden desde la ciudad de
Mae Hong Son hacia el oeste, a través de la Tailandia central y
hacia el sur dentro ya de Birmania, a lo largo de 2.496
kilómetros de frontera. Desde el final de la Segunda guerra
mundial, los militares birmanos equipados con armamento chino
han intentando eliminar las tribus karenni y apoderarse de sus
tierras, ricas en petróleo, rubíes, esmeraldas y jade. La
represión ha sido posible con amplio éxito dado que Birmania ha
cortado toda relación diplomática con occidente así como todo
vínculo con los medios de comunicación occidentales. Los
levantamientos estudiantiles y la posterior masacre de Rangún,
el 19 de septiembre de 1988, y el cubrimiento informativo
referente a los gemelos karenni rebeldes, conocidos como los
fundadores del “Ejército de Dios,” hizo que por corto tiempo
fuera posible romper la opacidad de cara al mundo en general,
generándose titulares acerca de la larga guerra civil. Sin
embargo, en 2002, el Consejo Nacional de Seguridad tailandés
prohibió que los corresponsales extranjeros entraran en los
campos de refugiados o en las áreas controladas a lo largo de la
frontera con Birmania. Muchos creen que la prohibición a la
prensa fue directa consecuencia de dos informes desoladores que
se hicieron públicos aquel mismo año por parte de grupos
humanitarios: “Licencia para violar”, del grupo étnico tailandés
Shan, y "Brutal reino del horror", de Free Burma Rangers; ambos
se mencionan en la película.
"La historia
de Birmania ha sido objeto de interés en la prensa en muy pocas
ocasiones, y ello se debe a que hay gente con un poder extremo y
naciones que se alinean con los birmanos" —informa Stallone—.
"Con esta película, hemos elaborado una historia de ficción
dentro de un marco muy real. Así que hay detrás una tremenda
responsabilidad al narrar la historia de los karenni, aunque
también se aporta sentido de lo dramático y del ritmo con
nuestra historia de ficción".
La mayoría
del reparto y del equipo técnico occidentales no habían oído
hablar nunca de la guerra civil entre los karenni y Birmania.
"No tenía ni idea, literalmente" —admite McTavish—. "No quiero
perderme en ningún terreno con pretenciosidad, pero creo a pie
juntillas que una película de esta escala hará más por atraer la
atención hacia este conflicto que cualquier cantidad de ruedas
de prensa por parte de los grupos humanitarios. Triste, pero
incontestable".
Obviamente,
el caso era muy distinto entre los actores, equipo técnico y
extras locales que trabajaron en la producción. De hecho, muchos
de ellos participaban de esa auténtica realidad o eran víctimas
de guerra, todos encarando posibles represalias por trabajar o
aparecer en la cinta. El actor Muang Muang Khin, antiguo líder
rebelde de la Unión Nacional Karenni, quien encarna al Mayor
Tint del ejército birmano, comenta que está ansioso por
arriesgarse a contar al mundo cuanto le ocurre a su gente.
"Asumí el papel porque odio a los birmanos. Era preciso encarnar
el personaje" —comenta—. "Quiero que el mundo sepa de qué modo
los birmanos están eliminando a la gente de las zonas
étnicamente diferenciadas. Una vez estrenado el film, deberé
pasar desapercibido porque la inteligencia birmana está por
todas partes, incluso en Tailandia, y podrá haber represalias".
El gobierno
birmano y su extensa inteligencia militar extienden el miedo
incluso en Tailandia, a cientos de kilómetros de la zona de
guerra. "El gobierno birmano resulta extremadamente opaco
respecto a este conflicto. Puede que sea necesario algo como
esto para que la situación alcance el primer plano de la
conciencia de la gente" —opina King—. "Sé que existen muchos
otros conflictos: Irak, Irán, África..., y que éste no es sino
uno más. Pero la película ilumina esta guerra en particular,
este horrible genocidio, y acaso genere algo de conciencia".
Como Stallone confía, puede que si el mundo conoce a Rambo,
ahora también conozca a la gente karenni.
Thompson cree
que desde el momento en que Stallone se comprometió a escribir y
dirigir la última historia de Rambo, la película ya tenía a su
campeón. "Desde el primer día, me impresionó el modo de trabajar
de Sly" —dice Thompson—. "Resulta muy vigorizante que el
guionista y director, que además resulta ser tu líder natural,
sea un líder. Y Sly es un líder por naturaleza. Actúa, escribe,
dirige. Una de las cosas que percibí inmediatamente en Sylvester
Stallone fue su absoluta dedicación, su inmersión total en la
creación de esta película. Así es él; éste es él. Éste es su
personaje. Sly posee el personaje de Rambo y creó una situación
en la que cada personaje de la película deviene una extensión de
él mismo, no de Rambo, sino de Sly. Ha inspirado a todo el mundo
que trabaja con él".
El actor
Schulze está de acuerdo en que Stallone es un líder natural que
sabe con toda precisión cómo motivar a cuantos le rodean. "Su
estilo es único" —sigue—. "He leído El príncipe, de Maquiavelo;
sugiere que los gobernantes primero manden por medio del miedo,
y luego con amor; los súbditos les seguirán incondicionalmente
si hacen uso de ambos extremos. Creo que Sly entiende eso. Nos
lidera, tememos defraudarle, y suspiramos por impresionarle.
Finalmente, seguimos su ejemplo, que consiste en un compromiso
casi maniático para con lo que está haciendo".
Stallone dice
que no era su intención abarcar tanto la escritura como la
dirección del cuarto Rambo, pero que, tras la experiencia
positiva de asumir ambas funciones para Rocky Balboa, se dio
cuenta de que si este film iba a ser el último capítulo del
personaje le gustaría verse implicado en todos los aspectos de
la producción. "Cuando es otro quien se encarga, uno acaba por
lamentarlo" —comenta Stallone—. "Y el producto está desprovisto
de tu personalidad. Así que pensé: '¿No resultaría interesante
que Rambo fuera dirigido por Rambo?' Ello elimina al
intermediario. Un entramado directo, y muy auténtico. Si algo va
mal, no iré a quejarme. Me diré: 'Bueno, lo he hecho lo mejor
que he podido. No es culpa de nadie; sólo mía'".
Durante
meses, Stallone estuvo investigando para la historia,
entrevistándose con representantes de las Naciones Unidas,
misioneros y soldados de fortuna. Quería regresar al espíritu
del Rambo de Acorralado, un hombre herido aunque entregado, casi
destruido por la violencia que ha visto. Es más, quería dar un
desenlace apropiado a la historia de Rambo.
"Creo que Sly
se halla en un punto en que quiere regresar a quien era Rambo al
principio" —comenta el actor Kang—. "Del primero al segundo
film, y de éste al tercero, se ha ido produciendo un cambio
substancial. Ahora regresa a las raíces. Creo que quiere
explorar el corazón y el alma que había en la primera película,
algo así como cerrar el círculo".
Gallegos se
muestra de acuerdo. "En resumidas cuentas, el film trata de John
Rambo hallándose a sí mismo" —informa el actor—. "Tras abandonar
ciertas cosas por un tiempo, y acaso no recordando quién era,
los incidentes de esta película le retrotraen de nuevo al hombre
que fue. Cuando vemos a Rambo en Acorralado, se trata de un
joven que acaba de regresar de la guerra y trata de hallar el
camino a casa. Y eso es lo que todavía está intentando hacer. Al
ver a esos misioneros, la gente de las tribus, y los
mercenarios, el recuerdo le asiste. Todas esas cosas le llevan
al hombre que creo ha sido siempre. Halla el camino de vuelta
nuevamente".
2.
El reparto
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