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EL HIJO DEL MAL
(Joshua)


Dirección: George Ratliff.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 105 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Sam Rockwell (Brad Cairn), Vera Farmiga (Abby Cairn), Celia Weston (Hazel Cairn), Dallas Roberts (Ned Davodoff), Michael McKean (Chester Jerkins), Jacob Kogan (Joshua Cairn), Nancy Giles (Betsy Polsheck), Linda Larkin (Srta. Danforth), Alex Draper (Stewart Slocum), Ezra Barnes (Fred Solomon), Jodie Markell (Ruth).
Guión: David Gilbert y George Ratliff.
Producción: Johnathan Dorfman.
Música: Nico Muhly.
Fotografía:
Benoît Debie.
Montaje: Jacob Craycroft.
Diseño de producción: Roshelle Berliner.
Vestuario: Astrid Brucker.
Estreno en USA: 6 Julio 2007.
Estreno en España: 26 Octubre 2007.

CÓMO SE HIZO "EL HIJO DEL MAL"
Notas de producción © 2007 Hispano Foxfilm

  Aclamada en la edición de 2007 del Festival de Cine Sundance, donde obtuvo el Premio a la Mejor Fotografía, como una de las películas de misterio psicológico más inteligentes y de más increíble suspense salidas del mundo del cine independiente desde hace años, EL HIJO DEL MAL nos presenta a la perfecta pareja neoyorquina que viven en el apartamento perfecto con dos hijos perfectos: un brillante niño prodigio y una niña recién nacida – y nos permite ser testigos de cómo se desmoronan en un caos absoluto, llevados, aparentemente, a la locura por las tinieblas que se ocultan dentro de su hijo de 9 años. Angustiosamente real, más que sobrenatural, la hábil combinación de humor negro y miedo obsesivo presente en la película dejó una marca indeleble en los espectadores, que no pudieron desprenderse de la experiencia. En su núcleo, la película se agarra a la provocativa idea de lo que le sucede a una familia cuando su más firme creencia en la bondad del mundo se derrumba bajo sus pies – y la desarrolla. No nos sorprende que EL HIJO DEL MAL haya surgido de la mente de un director que desde hace mucho ha estado fascinado por las maquinaciones psicológicas del miedo. La película supone el debut en el género del largometraje de George Ratliff, pero éste ya había saltado a primera plana con el aclamado documental HELL HOUSE, que investigaba la creación de una siniestra y convincente casa embrujada, cuya finalidad era la de asustar a los pecadores, por parte de un instituto pentecostal de segunda enseñanza situado en Texas. Inmediatamente después de esa película, Ratliff quiso examinar la idea de un terror y una vulnerabilidad humana desde un punto de vista más cotidiano, más naturalista. El argumento de EL HIJO DEL MAL surgió cuando él y su compañero guionista, el novelista y autor de relatos cortos David Gilbert, dieron con la actividad cotidiana más terrorífica y llena de ansiedad que fueron capaces de imaginar: ser padres. “Los niños pueden dar miedo y los que más asustan son los que son más listos que uno”, comenta Ratliff.

 

  Fue Gilbert, a su vez, el que ideó el personaje de Joshua, que se incorpora a la breve pero impresionante lista de niños malos y complicados de películas de misterio que van desde THE BAD SEED hasta EL EXORCISTA, LA PROFECÍA y EL RESPLANDOR. La idea de EL HIJO DEL MAL era tan terrorífica que el propio Ratliff estuvo a punto de abandonarla, asustado. “Yo mismo era, justamente entonces, un padre primerizo y, al principio, no estaba seguro de desear hacer una película sobre un niño malvado”, reconoce Ratliff. Sin embargo, a medida que él y Gilbert fueron desarrollando el argumento, se volvió cada vez más irresistible llevar el relato a extremos inesperados.

  Así lo explica: “Parte de lo que tratamos de hacer con EL HIJO DEL MAL era ir contracorriente del género y las convenciones del drama familiar habitual en el cine independiente, de modo que en cada escena tuviera el aspecto de uno de ellos – pero la atmósfera y los acontecimientos se volvieran, creciente e ininterrumpidamente, siniestros”, afirma el director. “Yo quería el que público pudiera creer en esta familia sin reservas, lo que nos llevó a entender la psicología interna de cada uno de los personajes”. Ratliff y Gilbert también empezaron a contemplar el argumento desde el punto de vista de Joshua, que vuelve completamente del revés la perspectiva de lo que se supone que es una familia acaudalada y satisfecha – sacando a la luz los sentimientos primarios de ansiedad, obsesión y paranoia que yacen en las sombras de las relaciones familiares. “Creo que, para la mayoría de la gente, el relato parecería comenzar en perfecta armonía, con esta pareja feliz y con su hija recién nacida, pero para Joshua esa imagen resulta sesgada”, comenta Ratliff. “Lo que él ve es el caos – su mamá parece loca, su papá es un arribista social y él cree que tiene que tratar de imponer orden”.

  El resultado de narrar la historia de la familia Cairn desde el interior de su mareante decadencia psicológica fue un guión de una factura soberbia que mantiene al espectador amarrado a su butaca y que, inmediatamente, atrajo la atención del productor Johnathan Dorfman y del productor ejecutivo Temple Fennell de ATO Films. “Era una obra descomunal que quien la leyera no podía soltarla hasta la última palabra”, dice Dorfman del guión de EL HIJO DEL MAL.

  “Lo que este relato y el personaje de Joshua consiguen es explotar todos nuestros temores más ocultos”, prosigue Dorfman, que previamente había producido el aclamado documental sudafricano AMANDLA! y que es cofundador de ATO Films. “Todos nosotros imaginamos que los niños vienen de un lugar puro y que tienen una bondad innata. La idea de que un niño pueda ser malo sin que haya motivo aparente es uno de los pensamientos que más nos asustan”.

  Dorfman quedó igualmente impresionado por la forma como el guión de EL HIJO DEL MAL parecía desafiar toda categorización debido a un intenso realismo dramático que rara vez puede contemplarse en relatos de tan abyecto terror – y por la forma como dejaba que el público sacara sus propias conclusiones. “El relato se mueve hábilmente entre un drama familiar y un relato de terror psicológico”, apunta. “Muchos son los elementos del guión con los que todos nosotros podemos sentirnos relacionados – especialmente, la idea de la llegada de un nuevo hijo al hogar y los celos que ello puede desencadenar. En ciertos aspectos, Joshua parece reaccionar de forma muy normal. Pero sólo de forma retrospectiva, cuando todo empieza a deshacerse, podemos realmente ver lo que podría estar pasando”.

  El coproductor George Paaswell también se sintió fascinado por la idea de que un niño fuera el definitivo catalizador del suspense. “Los niños son potencialmente aterrorizadores porque, aparentemente, son tablas rasas; pero en su cabecita hay una mente que funciona”, señala. “Los engranajes no dejan nunca de trabajar y ellos están aprendiendo y… procesando… y no pierden ripio. Sabemos que los niños sienten las cosas en un nivel verdaderamente visceral, pero que un niño actúe con semejante precisión e inteligencia asusta al más pintado”.

  Presa de la inspiración, Dorfman pudo poner la película en fase de producción rápidamente, dando comienzo a la fotografía principal sólo cuatro meses después de haber conocido a George Ratliff. “Después de haber visto HELL HOUSE, confiaba plenamente en que George podría dirigir un largometraje convencional”, afirma Dorfman, “y nuestra empresa se halla en la feliz situación de poder tomar decisiones rápidamente y no mediante comité. Temple y yo estábamos listos para realizar la película y ansiosos de hacerlo”.

  En consecuencia, ¿es EL HIJO DEL MAL, al fin y al cabo, una película de misterio, un relato de horror o un desquiciador psicológico? Dorfman cree que es todo eso – y, también, su propia e intrigante visión de parte de los inquietantes temores que padres e hijos albergan a medida que las familias crecen y se desarrollan. “Es una de esas raras películas que dan miedo y hacen pensar”, dice, en resumen.

  El apasionante suspense de EL HIJO DEL MAL giraría ahora en torno al hallazgo de un actor joven que pudiera dar vida al inusitado personaje que da nombre a la película, un niño de 9 años tremendamente inteligente que se revela tan hábil manipulando y creando el caos como tocando el piano. Los realizadores sabían que necesitaban a alguien que pudiera llevar al público a preguntarse si Joshua es un niño inocente atrapado por unas horrendas circunstancias o una mente arteramente malvada en periodo de formación – un encargo nada fácil de cumplir.

  Al dar comienzo a una búsqueda coordinada para hallar a un niño que pudiera cumplir con éxito tan sutil tarea, el director George Ratliff se puso en contacto con un amigo que había producido el programa infantil Wondershowzen para MTV 2, para ver si podía ayudarle facilitándole una lista de posibles actores. “Olvídate de la lista”, recuerda Ratliff que le dijo su amigo. “El niño al que buscas es Jacob Kogan”.

  Aunque los realizadores llegaron a realizar pruebas a 70 nuevos actores jóvenes, cuando conocieron a Kogan, se mostraron al instante de acuerdo con esa evaluación. Kogan tenía una asombrosa capacidad para parecer, al mismo tiempo, infantil y sospechosamente impasible; mucho más sereno e inteligente de lo que haría suponer su edad. El coproductor George Paaswell recuerda muy bien su primer encuentro con Jacob. “Habíamos visto a muchos otros actores, y algunos de ellos eran muy buenos, pero Jacob era extraordinariamente tranquilo y miraba a la cámara y ponía al descubierto cada emoción, o falta de la misma, que era necesario que sucediera. Tiene una precisión y una decisión que, en Joshua, mete verdadero miedo”.

  Johnathan Dorfman añade: “Supimos que teníamos al niño adecuado en el mismo instante en que vimos a Jacob. Tiene un verdadero don y no lo fuerza. Interpreta al personaje de forma muy, muy directa, que es exactamente lo que necesitábamos”.

  Kogan, muy inteligente y, también, dotado de talento musical, demostró tener casi tanto de prodigio como Joshua. Dorfman recuerda: “Cuando le dimos el papel, le pusimos enseguida a recibir clases de piano porque sabíamos que tenía que aprender a tocar la sonata de Beethoven. El profesor de piano pensaba, al principio, que sus manos no eran lo bastante grandes para interpretar la sonata, pero lo consiguió en el plazo de dos semanas. Y ahora, el profesor de piano insiste en que siga recibiendo lecciones”.

  Para Kogan, a pesar de sus pocos años, este papel que suponía una infancia inusitadamente intensa fue un emocionante reto. Desde el mismo principio, comprendió a la perfección la inquietante melancolía que hace que Joshua sea tan misterioso y, al cabo, tan peligroso. “Él había nacido frío y sin emociones, pero no verdaderamente malo”, dice Kogan de Joshua. “Creo que el único motivo por el que posiblemente se volviera malo fue el nacimiento de su hermana Lily. Nunca había tenía una relación intensa con su madre y, después del nacimiento de Lily, creo que todos los vínculos que existían simplemente se perdieron. No está realmente furioso con Lily en especial; lo que le vuelve celoso es todo el amor y el afecto que, en su opinión, recibe su hermana en vez de él. Puede discutirse si sus padres le aman o no, pero él cree que no – y quiere que lo hagan”.

  Las semejanzas superficiales entre Jacob y su personaje no pasaron desapercibidas al joven actor residente en Nueva York. “Se me parece mucho. Quiero decir que su personalidad no es como la mía, pero sus antecedentes sí coinciden, porque el personaje tiene una hermana pequeña, vive en el alto West Side, va a un colegio privado y toca el piano”, dice Kogan. “Yo recibí lecciones de piano durante dos años, cuando tenía seis y siete, pero entonces lo dejé y empecé a tocar la guitarra”.

  En el plató, Ratliff se maravilló por la forma como Kogan estableció vínculos con Sam Rockwell, que interpreta el papel de su padre y que se ve envuelto en juegos mentales de un riesgo cada vez mayor con Joshua. “Era fascinante ver a Jacob absorber todas las técnicas de Sam”, afirma Ratliff. “A medida que avanzaba la película, mejoró enormemente convirtiéndose en un actor de método profundamente bueno. Jacob es mucho más listo que yo, y su interpretación da verdadero miedo. Fue maravilloso trabajar con él”.

  Éste es el resumen que Rockwell hace de Jacob Kogan: “Es un niño muy encantador y trabaja muy duro. Tiene excelentes cualidades para este papel: es increíblemente brillante; tiene algo de erudito con el piano y realmente comprendió su papel”.

  Detrás de los extraños y perturbadores comportamientos de Joshua están sus padres, completamente desconcertados e incapaces de comprender los sorprendentes actos de un niño que, una vez, les pareció un perfecto ángel. Del mismo modo que Joshua parece exteriormente “normal”, también lo parecen sus padres pero ellos igualmente ocultan una ansiedad más profunda, que sale a la luz en matizadas interpretaciones del dinámico actor protagonista del cine independiente Sam Rockwell, y de Vera Farmiga, que recientemente atrajo atención internacional en INFILTRADOS, la película de Martin Scorsese ganadora de un Oscar®.

  Esto es lo que George Ratliff opina de la pareja: “Sam y Vera juntos son como estrellas del rock. Resultan asombrosos y la química que existe entre ellos es asombrosa. En mi opinión son dos de los actores más fascinantes actualmente en activo, porque uno se cree todo cuanto hacen. Sacan todo lo que tienen dentro y corren riesgos”.

  Ratliff había quedado impresionado por la forma como Sam Rockwell había navegado por la línea que separa la fantasía de la realidad en su galardonado papel de Chuck Barris en la película de George Clooney CONFESIONES DE UNA MENTE PELIGROSA – y lo imaginó como Brad Cairn incluso mientras él y Gilbert estaban escribiendo el guión. Brad puede tener el aspecto del acaudalado gestor neoyorquino de un fondo de alto riesgo en una empresa de inversiones no menos arriesgadas – atlético, ambicioso y carismático – pero bajo su exterior la agitación hierve a fuego lento. De su personaje, Rockwell afirma lo siguiente: “Creo que Brad tiene un lado oscuro que ha reprimido. No procede de una familia adinerada sino que, más bien, tiene un origen religioso, de obrero manual, y ha intentado reinventarse a sí mismo. Siempre ha sido un solucionador de problemas, el tipo que hará que todo salga bien”. Sólo que ahora Brad parece incapaz de lograr que las cosas salgan bien, a medida que su vida familiar empieza a fracasar estrepitosamente y su hijo parece decidido a socavar la misma estructura de la familia. “Lo interesante es que Joshua, a su propia y diabólica manera, verdaderamente revela lo que Brad y Abby son auténticamente”, comenta Rockwell.

  Para meterse más a fondo en la cabeza de Brad Cairn, Rockwell pasó un tiempo al lado de un auténtico gestor de fondos de alto riesgo, empapándose de la esencia del ambiente de olla a presión que Brad experimenta en su trabajo. Pero Rockwell cree que el verdadero núcleo de la historia de Brad está en su matrimonio y en su relación con su esposa, así como con Joshua y con la recién nacida. “El relato trata en gran medida del colapso psicológico de una pareja”, afirma. “El centro de todo ello es la tensión que esta pareja está sintiendo en su matrimonio, acentuada por el elemento de suspense”.

  En cuando a la relación de Brad con Joshua, Rockwell cree que el personaje es simplemente incapaz de imaginar que sea inútil tratar de que su hijo sea feliz. “Creo que el hecho de que el hijo de Brad sea tan distinto de él, tan cerebral y tan excéntrico, le resulta duro. Lucha contra ello pero creo que Brad ama a Joshua y que verdaderamente quiere aceptarle pase lo que pase”, explica.

  Pero esa aceptación y la fachada de confianza que Brad muestra comienzan a desmoronarse a medida que se van desarrollando extraños acontecimientos. Para Johnathan Dorfman, la belleza de la interpretación de Rockwell reside en su capacidad de hacer que los intentos, cada vez más desesperados, de Brad para mantener unida a su familia resulten tan humanos y comprensivos, incluso cuando se tornan más siniestros incrementando el suspense. “Sam resulta verdaderamente creíble en el papel” afirma Dorfman. “Tiene una inocencia paternal que nos permite aceptar que un niño de 9 años pueda embaucarle. Aporta un sentido muy sólido de padre preocupado que, en el fondo, desea creer que el mundo es un buen lugar”.

  A modo de contraste, la madre de Joshua, Abby, da un giro hacia la locura histérica cuando la depresión post-parto y unos extraños sucesos la empujan más allá del límite. De captar su rápida caída con intensidad palpable se ocupa Vera Farmiga, que también fue la primera elección de los realizadores para el papel, fascinados por su interpretación de una madre drogadicta en DOWN TO THE BONE, que le valió una candidatura al Premio Independent Spirit a la Mejor Protagonista Femenina.

  “Todos nosotros la habíamos visto en DOWN TO THE BONE y no nos hizo falta ver nada más”, afirma Ratliff. “EL HIJO DEL MAL es una película que trata de una mujer que enloquece ante nuestros propios ojos, algo que, con la actriz inadecuada, no habría funcionado. Pero con Vera me sentí completamente seguro”.

  Farmiga se sintió atraída por la aguda percepción que el guión recoge de la familia Cairn y por la buena disposición del argumento a dejar que los personajes, especialmente Abby, se muestren imperfectos y desgarradoramente humanos incluso en medio de la estructura de una película de misterio.

  “No se parece a nada de lo que jamás haya visto en una película”, asegura Farmiga. “Me compenetré inmediatamente con Abby aun cuando ella no es una esposa devota y amorosa madre consumada. Para mí no se trataba tanto de una película de terror como de una acerca de una mujer que sufre una experiencia increíble que altera la realidad, agravada por un niño que, ella está segura, es malvado. Resulta asombrosa la forma como pasa de un intenso misterio psicológico a un drama familiar para volver al misterio”.

  Farmiga se sintió igualmente atraída hacia uno de los temas secundarios de la película. “Leyendo el guión, me di cuenta de que la depresión post-parto en un grave problema de salud pública para las mujeres del que no sabía mucho”. Para remediar esa falta, la actriz se sumergió en investigaciones sobre el fenómeno – la denominada “depre de los niños” que puede hacer que las madres después de dar a luz se sientan ansiosas, preocupadas, tristes y, en los casos más graves, delusorias o paranoicas. Leer relatos de primera mano de mujeres que sufrieron esta enfermedad en su forma más grave, le abrió los ojos a Farmiga. “Me asaltó una especie de ansia inmediata de defender a Abby porque puede verse que todas esas mujeres eran increíblemente brillantes y amantísimas y, sin embargo, llegaron a ser capaces de albergar pensamientos y emociones horribles”, comenta.

  La observación personal también se convirtió en parte de su encarnación del inesperado encuentro de Abby con la locura. “Resulta que, en el mismo momento en que estábamos rodando, alguien extremadamente cercano a mí estaba pasando por una experiencia similar a la que sufre Abby”, observa Farmiga. “No era el síndrome psicótico post-parto, sino una psicosis provocada por hormonas, que es algo muy parecido. Consistía en un desequilibro cerebral de origen químico y en una grave depresión, todo lo cual hizo que la situación de Abby me resultara incluso más real”.

  Sam Rockwell quedó impresionado por la honduras en las que Farmiga se metió para prepararse para el papel. “Vera está fantástica en esta película. Fue muy minuciosa y compartió conmigo su investigación acerca de la tensión postraumática, incluido algún material correspondiente al punto de vista del padre”, recuerda. “Yo no tenía ni idea de cuán grave podría ser la depresión por la que pasaban algunas de estas mujeres”.

  Por su parte, a Farmiga le emocionó formar pareja con Rockwell. “Es uno de los compañeros más ingeniosos y sorprendentes que he tenido”, afirma. “Fue un emparejamiento fantástico porque nos relacionamos de forma fácil y natural. Eso era verdaderamente importante porque Brad y Abby pasan por una confusión, una pena y un tumulto tan grandes en su matrimonio, que era necesario crear una historia de amor con el fin de que los espectadores desearan que ambos perseverasen”.

  A esa historia se añaden dos personajes clave que forman el telón de fondo de la familia Cairn: Ned, el hermano homosexual de Abby, un enamorado del arte al que da vida la estrella de la escena y la pantalla Dallas Roberts, a quien vimos recientemente encarnando a Sam Phillips en EN LA CUERDA FLOJA, y Hazel, la evangélica madre de Brad, interpretada por Celia Weston, la galardonada actriz que ha trabajado con un elenco de directores que va desde Ang Lee a Todd Field y Woody Allen.

  “Soy un gran admirador tanto de Dallas Roberts como de Celia Weston”, asegura Ratliff. “Son perfectos para estos papeles y ambos comprendieron a sus personajes magníficamente. Para el Tío Ned necesitábamos a alguien que pudiera encarnar a un hombre que se sintiera finalmente cómo en su propia piel después de pasar lo suyo para llegar a su posición, alguien a quien Joshua pudiera acabar admirando, aunque de una forma muy inquietante. Y nadie transmite empatía como Dallas”.

  Dorfman resume de esta forma a todo el reparto de EL HIJO DEL MAL: “Creo que tuvimos una suerte increíble al conseguir tan asombrosa acumulación de talento. Lo que nos unió a todos en esta película, tanto al equipo técnico como al artístico, fue que creíamos en una forma inteligente y psicológica de contar una historia. Muchos son los géneros cinematográficos, pero pocos son los inteligentes”.

  El aspecto de la película resulta tan fundamental para el suspense de máxima ansiedad de EL HIJO DEL MAL como las interpretaciones – una visión exuberante y sinuosamente temperamental de un estilo de vida neoyorquino absolutamente de altos vuelos que se convierte en un acelerado torbellino de terror. George Ratliff colaboró estrechamente con el director de fotografía belga Benoit Debie, que logró el Premio a la Mejor Fotografía en el festival Sundance por sus sensacionales composiciones para la película, y con la diseñadora de producción Roshelle Berliner para crear los absorbentes efectos visuales de la película.

  Muy pronto se tomó la decisión de que la película no podía rodarse en ningún lugar que no fuera Nueva York con el fin de captar la inimitable esencia de la ciudad, que forma una parte tan importante del estilo de vida a todo tren de los Cairn. Naturalmente, como todo realizador sabe, rodar en Nueva York – especialmente en su parte más lujosa – puede tener un coste prohibitivo. Ratliff reconoce a Roshelle Berliner el mérito de estirar cada dólar al límite cuando creó el exuberante diseño de la película.

  Berliner creó el espléndido apartamento de la familia Cairn, situado en un 15º piso del Alto East Side, partiendo de un improbable edificio abandonado del barrio de Queens, reestructurando y modificando el interior por completo, para luego amueblarlo en el estilo moderno de Manhattan.

  Representativo de lo que un exitoso gestor de fondos de alto riesgo puede permitirse, los Cairn viven en los que se denomina un “Siete Clásico”, un apartamento de siete habitaciones que les concede el raro privilegio, en Manhattan, de gozar de espacios abiertos, incluidos un salón independiente, un comedor, cocina, cuarto de la niña y los largos y oscuros pasillos que contribuyen al ambiente apasionante de la película. Colgando una gigantesca diapositiva Chromatron de una verde vista de Central Park como telón de fondo, la transformación fue completa. (Un edificio de la Quita Avenida, que daba a Central Park, hizo el papel de fachada).

  “No pienso revelar todos sus secretos”, dice Ratliff, “digamos simplemente que tiene una comprensión intrínseca del gusto de los neoyorquinos ricos y de los mercados de subastas y de colocación de productos, y que consiguió moverse por esos mundos mientras creaba el nuestro”.

  Otros lugares que aparecen en la película son reconocibles al instante, incluido el Museo de Brooklyn, en cuyas escaleras tiene lugar el fascinante clímax de la película. “Ya sé que se ha dicho anteriormente”, comenta Ratliff, “pero nosotros tratamos realmente de convertir a Nueva York en uno de los personajes de la película, y elegimos los exteriores de forma que pudiéramos en verdad hacer que la ciudad respaldase a los actores”. “Yo no podía”, prosigue, “imaginar que esta película se rodase en ningún lugar que no fuera Nueva York. Discutimos la posibilidad de realizarla en Canadá o en Rhode Island o en algún otro lugar pero eso habría, de algún modo, destruido la película. Los paisajes urbanos, Central Park y el Museo de Brooklyn son todos ellos importantes elementos de la película que, sencillamente, resultan imposibles de falsificar”.

  De captar los decorados de Berliner y las interpretaciones de los actores con una cruda y fuerte estética visual, se encargan las gélidamente creativas composiciones del director de fotografía Benoit Debie, cuyo trabajo destaca aún más los matices psicológicos de la película. Debie, que debe gran parte de su fama al rodaje del controvertido bombazo francés, original de Gaspar Noé, IRREVERSIBLE, en el que demostró sus raras dotes técnicas en ambientes sombríos, llamó la atención de Ratliff, quien estaba convencido de que Benoit tenía justamente la dura sensibilidad que él necesitaba para EL HIJO DEL MAL. “IRREVERSIBLE era lóbrega y claustrofóbica y la fotografía de Benoit tuvo tanto que ver con el impacto causado por esa película como la actuación o la narración. Pero también ha rodado dos películas de asombrosa belleza, INNOCENCE y THE ORDEAL. Para THE ORDEAL, Benoit empleó un proceso intermedio de blanqueado completo que la convirtió en una de las películas más duras que jamás haya visto. Lo que hace que dé tanto miedo es que sea tan fría. Los colores son correctos y verdaderos, pero resultan glaciales. Y es casi ahí donde acabamos en EL HIJO DEL MAL”.

  Debie cambia el aspecto de la película de forma nada llamativa a lo largo del tiempo, en sincronía con un ambiente que se va entenebreciendo. “Es algo sutil”, explica Ratliff. “Al principio buscábamos un aspecto más cálido: ésta es una familia feliz que pasa por momentos felices y todos tiene un aspecto estupendo, por lo que los fotografiamos con lentes largas. Pero a medida que Joshua comienza a tomar el mando, las lentes se hacen cada vez más amplias y todo se vuelve más claustrofóbico. También aplicamos el proceso intermedio de blanqueado completo de Benoit a esta evolución narrativa. El primer rollo es normal y hermoso; luego, usamos un proceso intermedio de medio blanqueado en los rollos 2, 3 y 4, haciendo que la película resulte un poco más cruda, con un poco más de contraste; por último, usamos un proceso intermedio de blanqueado completo en los dos últimos rollos, que están mucho menos saturados y tienen mucho más contraste. El resultado asusta pero es algo que los espectadores pudiera no advertir explícitamente porque ocurre lentamente a lo largo del tiempo”.

  Para Ratliff, gracias a la armonía existente entre el trabajo de diseño de Roshelle Berliner, el vestuario de Astrid Brucker y la evocadora e inquietante música del compositor Nico Muhly, el efecto resonante es exactamente lo que buscaba con EL HIJO DEL MAL. Así lo resume: “La apariencia de la producción provoca un innegable impacto emocional: uno se pone cada vez más nervioso a medida que avanza la película”.


Imágenes y notas de cómo se hizo "El hijo del mal" - Copyright © 2007 Fox Searchlight Pictures y ATO Pictures. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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