CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Confieso que me asomé a esta
película con todas las prevenciones del mundo. Conocía el libro,
un impresionante relato en el que
Jean-Dominique Bauby,
el editor francés de la revista Elle, narraba su terrible
experiencia después de que una embolia masiva le condenase a una
parálisis casi total, con el cerebro intacto para comprender
todo lo que sucedía a su alrededor, pero con la única movilidad
de su ojo izquierdo. Con la ayuda de una especialista, que
desarrolló un sistema para que pudiera comunicarse a través del
parpadeo, encontró una vía de escape para su angustia a través
de la redacción de “La escafandra y la mariposa”, un volumen en
el que plasmaba la claustrofóbica sensación que le invadía (como
gritar metido en una escafandra en el fondo del mar, sin que
nadie pueda oírte), y cómo a través de la imaginación y la
escritura logró encontrar un resquicio a través del que escapar
de su encierro sensorial (como la mariposa que emerge de una
crisálida que previamente debe romper).
Huelga decir que el libro,
narrado desde la perspectiva del enfermo, planteaba numerosos
problemas para su adaptación. Y qué decir, además, del riesgo de
que la película terminase convertida en otra
"Mar
adentro",
una de las cintas más tramposas y facilonas que en los últimos
años hayan abordado estos temas. Como en tantas ocasiones, el
rótulo “basada en hechos reales”, más que animar, echaba para
atrás. Y si hay algo que me resulta especialmente incómodo, es
que las enfermedades se solventen en la pantalla de manera poco
realista, buscando la lágrima fácil o la construcción de simples
metáforas que nos hagan sentir la mar de bien al salir del cine.
De ahí mi (agradable)
sorpresa al ver este film. Que es, sobre todo, la obra de un
artista (como es bien sabido, Julian Schnabel,
antes que director, es un cotizado pintor) que comprende la
potente carga metafórica (presente en el mismo texto de Bauby)
para atreverse con el reto casi imposible de ensayar una visión
subjetiva, un tímido atisbo de lo que debía de ser el cautiverio
físico, anímico y psicológico del protagonista. Así, y
especialmente en la primera parte de la película, el punto de
vista elegido es el del propio Bauby, lo que ha llevado a
Schnabel y a su director de fotografía, el prestigioso
Janusz Kaminski,
a poner toda su creatividad a la hora de simular el movimiento
del ojo, el desenfoque, las vacilaciones de quien ni siquiera
puede ladear la cabeza para ver mejor. Y esto, que sobre el
papel puede parecer demasiado artificial o poco creíble,
sorprendentemente sobre la pantalla funciona a la perfección, a
pesar de que, según avanza el metraje, y en parte por facilitar
las cosas al espectador y en parte para conocer mejor el paisaje
humano que rodea a Bauby, el campo se abre para abarcar a los
personajes que le acompañarán en su dolorosa y absolutamente
solitaria travesía.
Una soledad que se ve
acompañada por la inserción de imágenes, algunas
claustrofóbicas, otras hermosas, pero nunca gratuitas, en las
que el Schnabel pintor consigue una fusión perfecta con el
Schnabel cineasta. Y es en esos momentos en los que la película
se eleva hasta convertirse en la excepcional pieza que es, y que
logra dotar de vida, incluso, a escenas que podrían despeñarse
hacia lo manido, como la maravillosa secuencia en que los amigos
de Bauby se turnan para leerle a Balzac o Graham Greene. Y sólo
quien ha logrado tejer la red de verdad que sujeta esta cinta
puede lograr, como lo hace su director, que no haya nada de
impostado y la emoción, una verdadera emoción, fluya libre hacia
el espectador.
Calificación:
    
Imágenes de "La
escafandra y la mariposa" - Copyright © 2007 Pathé Renn
Production, France 3 Cinéma y CRRAV Nord-Pas de Calais. Fotos
por Etienne George. Distribuida en España por Vértigo Films.
Todos los derechos reservados.
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