CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Crónica
de una familia italiana
Enraizada en la más pura
tradición del cine italiano,
Daniele Luchetti nos
ofrece la crónica de un par de décadas de la historia reciente
del país transalpino, a través de las complejas relaciones de
dos hermanos de una familia obrera. A caballo entre lo personal
y lo político, la cinta respira un costumbrismo lastrado por
tópicos de una época de vaivenes ideológicos, y una factura
televisiva que resta hondura a la historia recogida. Sin
embargo, una trama bien construida y una puesta en escena
conseguida hacen que el espectador reviva momentos de agitación
política y de desarrollo industrial, deseos juveniles de cambio
y búsqueda, amores imposibles y lazos familiares que atan y
salvan. Quizá por eso esta película haya recibido cinco premios
Donatello y tenga además todos los condimentos para que triunfe
en la pequeña pantalla.
Formal e ideológicamente
resulta evidente su conexión con la obra de Nanni Moretti y,
sobre todo, con la premiada
"La mejor juventud",
de Marco Tullio Giordana. En ella se recoge el intento por
plasmar la vida sociopolítica de una Italia que se abre camino
en la democracia entre altercados comunistas y neofascistas, con
una industrialización que trae tensiones y protestas sociales, y
una dudosa política de la vivienda a la que difícilmente puede
acceder una naciente clase media. Son los elementos clásicos
para retratar una época de desarrollismo —presentes en la obra
de los años setenta en Monicelli, Scola, Risi o Germi—, aquí
aderezados con la relación de amor-odio entre dos hermanos,
entre dos ideologías, entre dos actitudes ante la vida, y con
una mujer en medio que les unirá y separará a la vez.
En la primera parte de la
cinta —quizá la más fresca y ligera, la más auténtica y
conseguida— su protagonista Accio nos transporta con una voz en
off de narrador a su propia infancia para poner las bases
de su futuro comportamiento. Con un par de brochazos y una ágil
narrativa nos muestra la personalidad de un chico idealista e
inquieto, de conciencia sensible ante los más desfavorecidos y
con un paso mal digerido por el seminario, que crece entre la
indiferencia familiar y la admiración-envidia hacia su hermano
mayor Manrico. Es una mezcla explosiva que le empuja, en su
ardor infantil, a afiliarse en el partido fascista y
protagonizar más de una escapada y pelea fraterna, más aún
cuando Manrico comienza a trabajar en la fábrica y se involucra
en el movimiento obrero, cuando comienza a salir con Francesca,
una joven de la que él también se enamora. En esa etapa
adolescente quedan diseñados, como decía, los rasgos que moverán
a los nuevos Rómulo y Remo a construir un país que crece a
trompicones, entre mafias inmobiliarias y disturbios políticos
que más adelante se trasformará en lucha terrorista. Accio se
moverá siempre entre los fuertes lazos sanguíneos en torno a una
“mamma” fuerte y el deseo de emulación hacia una personalidad
—la de su hermano— que siempre le ha subyugado. Lo suyo no
pasará nunca de un juego idealista y adolescente, sin compromiso
serio y estable, de quien quiere llamar la atención para amar y
ser amado, para construir una identidad que carece de cimientos
sólidos —un edificio, evidente metáfora de su vida—, abocada al
resquebrajamiento y la ruina.
Son los italianos
auténticos expertos en construir historias bien trabadas con una
narrativa audiovisual eficaz, que sirvan para la gran pantalla y
que también funcionen en la pequeña. Productos de calidad que
son auténticas crónicas del país, de una época, de una familia,
de un sujeto. Guiones bien construidos, con frecuentes lugares
comunes y personajes retratados con los mínimos trazos
necesarios para seguir una historia “común” al espectador
—requisitos del lenguaje televisivo—, con algunos elementos de
crítica sociopolítica que permitan a la cinta echar raíces
temporales, y otros de índole afectivo-sentimental que aporten
carga humana y dramática a la historia. Un poco de todo ello hay
en esta película sobre “Il fasciocomunista” —novela de
Antonio Pennacchi en
la que se basa—, que opta por la bipolaridad como esquema de
contraposición y enfrentamiento a partir del cual extraer
momentos de comicidad —sobre todo en la primera parte, con un
fino e irónico retrato del neofascista— y otros de tono más
emotivo. Sin embargo, no logra la expresividad y fuerza
dramática de su modelo "La mejor juventud", y ni
la faceta social o personal alcanzan la complejidad y el clímax
pretendido de aquella.
Una propuesta para los
amantes de un cine italiano muy pegado al terreno, esquemático
en su planteamiento pues obvia otras realidades del momento —en
ningún momento, por ejemplo, sale a relucir la Democracia
Cristiana—, con una buena realización e interpretación de la
pareja protagonista, que quiere contarnos la trágica crónica de
una familia italiana y de todo un país que siempre se ha movido
entre extremos con una curiosa y encomiable habilidad.
Calificación:
    
Imágenes
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2007 Cattleya y Babe Film. Distribuida en España por Vértigo
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