CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Isabelle Huppert
se ha convertido, con el paso de los años, en una giganta que
llena absolutamente cualquier película en la que aparece. Si en
"Borrachera de poder"
su construcción del personaje estaba a años luz de todo lo que
la rodeaba, en “Propiedad privada” vuelve a suceder lo mismo...
con el problema de que, al fin y al cabo,
Joachim Lafosse
no es Claude Chabrol, quien a buen seguro habría sacado petróleo
y bastantes más connotaciones a un relato como éste.
La historia que nos narra la
cinta (la de Pascale, una madre divorciada que vive con sus dos
hijos veintañeros en una gran casa rural belga y que, harta de
tener que depender de ellos, se plantea vender para financiarse
un negocio que la permita ser autónoma, lo que desencadena la
oposición de sus vástagos, especialmente de uno de ellos)
descansa toda su fuerza en el antagonismo entre los tres
personajes principales, y que previamente se nos han mostrado
conviviendo con un grado de intimidad pasmosa. La planificación
de Lafosse –basada en el plano fijo y sostenido, la ausencia de
música y una austeridad extrema– busca literalmente encerrar a
los personajes en la pantalla, obligarlos a convivir en un
espacio que termina siendo asfixiante incluso para el
espectador, y donde no queda otra opción que esperar que la
tensión estalle, porque no hay ninguna espita por la que ésta
pueda escapar.
El problema es que, al
renunciar a otros recursos para transmitir esta tensión, Lafosse
tiene que confiarlo todo al carisma y capacidad
de sus actores. Y aquí hay que decir que, cuando Isabelle
Huppert desaparece del plano, el pulso se relaja.
Son excelentes todas las escenas en las que la vemos con sus
hijos, y sus enfrentamientos con el rebelde Thierry (Jérémie
Rénier),
totalmente creíbles. Pero en los momentos en los que ella no
está, y la tensión se establece únicamente entre los dos
hermanos (que también lo son en la vida real), la cinta no
funciona de la misma forma, lo que interrumpe la maduración de
la tragedia y hace que, a pesar de que la película dure
exactamente la mágica (y tan escasa hoy en día) hora y media, el
espectador tenga la sensación de que la historia podía haberse
contado en menos tiempo.
Sin embargo, Lafosse
demuestra tener dotes como director al sujetar con firmeza una
narración que en cualquier momento podía haber descarrilado
hacia el dramón o la tragedia extrema. Pero eso no puede ser
cuando se cuenta con una actriz de la experiencia, sobriedad y
dominio de los recursos como la Huppert, que con la misma
economía de medios con la que se puede convertir en una mujer
fría como el hielo, construye la que aquí aparece sola, frágil,
superada por los acontecimientos y consciente de que las
oportunidades de poder aún disfrutar de la vida se le escapan
entre los dedos. Y a eso no ayuda tampoco la cierta indefinición
de algún personaje que debería ser esencial en la trama, pero
que aquí tienen un comportamiento poco definido, que pasa, sin
demasiada explicación, de la determinación más absoluta a la
rendición. Es lo que sucede con Jan (Kris
Cuppens), el
hombre con el que Pascale aspira a vivir y mantener un negocio
juntos, que debería ser clave pero que abdica enseguida de su
papel en los acontecimientos.
En suma, una buena película,
que si bien no ofrece todo lo que en potencia contiene en su
interior, sí arroja momentos de buen cine. Y en todos ellos,
ténganlo seguro, estará la Huppert, un valor seguro en los
tiempos que corren.
Calificación:
    
Imágenes
de "Propiedad privada" - Copyright © 2006
Mact Productions, Tarantula y Radio Télévision Belge Francophone.
Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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