CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Aún tengo
vivo el recuerdo de ese día postrero de agosto de 1983, cuando,
en el cine de verano de mi barrio —reabierto tras años de
cerrojo a cal y canto—, fui con mi hermano a ver "Let’s spend
the night together", un documental de Hal Ashby que recogía
imágenes de actuaciones en grandes estadios de los Rolling
Stones, en un momento en el que sus satánicas majestades, ya
todos unos veteranos consagradísimos y en la cúspide de la
gloria, parecían estar más de vuelta que de ida en estas lides
del rock’n’roll y territorios afines. Si alguien le
hubiera dicho a ese par de pipiolos que éramos mi hermano y yo
(él, más pipiolo aún que yo), que, veinticinco años después, aún
volveríamos a ver sobre una pantalla grande una actuación
reciente, en directo, de los Stones, y que a este juntaletras (y
beatlémano convicto y confeso, para ahuyentar toda sombra
de sospecha) se le volvería a poner —como en aquella ocasión— la
piel de gallina escuchando algún que otro tema de un repertorio
sustancialmente igual, no lo hubiéramos creído. Milagros del
cine. Y milagros del rock’n’roll…
Porque,
salvando las distancias temporales (veinticinco años no son
nada…) y circunstanciales (Martin Scorsese arma su
parafernalia registradora alrededor de una única actuación,
celebrada, además, en un recinto relativamente pequeño —el
teatro Beacon, de Nueva York— y especialmente acondicionado, en
cuanto a atrezo —con una excepcional brillantez, todo hay que
decirlo: pocos fondos más evidentemente referenciales que esa
especie de altar, tan propio para un culto venerable, que se
ubica tras los músicos— para el evento), lo que "Shine a light"
nos ofrece, básicamente, es el un registro videográfico (hecho,
eso sí, con un mimo absolutamente exquisito) de una actuación
relativamente reciente de este legendario conjunto músico-vocal
(que dirían en mi pueblo), todo un ejemplo de supervivencia más
allá de mitos, leyendas, caídas y recaídas, totalmente
incombustibles (diríase que no hay castigo del que, más allá de
las evidentes secuelas en unos físicos muy machacados, no hayan
sido capaces de salir) e inasequibles a ese desaliento que
parece haber invadido la industria de la música popular del
siglo XXI. Al fin y al cabo, esa especie de pre-making off
con que se abre el film, a modo de introducción
técnico-explicatoria de lo que veremos después (más alguna
chorradita clintoniana que uno no termina de entender
demasiado; o sí…), y las imágenes de archivo (que parecen
articular una especie de irónico y un tanto chulesco alegato
justificatorio de tan increíble longevidad) que van trufando la
actuación, a modos de interludios de "descanso", no dejan de ser
aditamentos sin excesivo peso en el resultado y configuración
finales del producto.
Un
producto que se convierte, por obra y gracia de un trabajo
técnico (de iluminación, planificación y montaje) al que poca
pega cabrá objetar, en un impresionante homenaje a sus
protagonistas, unos Stones que desgranan su repertorio, el de
siempre —con la inclusión de alguna joya especialmente
deslumbrante, como esa versión en tempo medio del "As tears go
by", que ya vale por sí sola el precio de la entrada…—, con una
energía impresionante (especialmente, a cargo de ese
mefistofélico Mick Jagger que se mueve por el escenario
como si tuviera cuarenta años menos: soy incapaz de precisar en
base a qué pactos con la física y la química artificiales es
posible un alarde de ese calibre; pero, al cabo de dos temas,
tampoco tengo demasiado interés en elucubrar acerca de ello, y
el movimiento de mis pies así me lo recuerda…); un homenaje, en
pura lógica y consecuencia, a sus seguidores, que podrán ver
saciada su sed stoniana con un registro de lujo de un
evento al que cabe adivinar que los imperativos de la naturaleza
terminarán otorgando la condición de testimonio que ya no se
repetirá demasiadas veces; y un (auto) homenaje, también —¿por
qué no? Se lo merece...—, a ese ítalo-neoyorquino bajito y
simpático que a estas alturas, además de una profunda sabiduría
cinematográfica (general), ya se ha hecho más que acreedor al
título indiscutido del rey del pop-rock
"cinematografiado" (si se me permite la expresión…).
Si son
seguidores del pop y el rock, en general, creo que
disfrutarán con una película como ésta: cuenta con un buen
puñado de temas que, además de excelentes, forman parte ya, por
derecho propio, de la leyenda del género. Si, además, son
seguidores de los Stones, están tardando en salir en tropel
camino del cine más cercano donde se esté proyectando: el nivel
de disfrute puede llegar a cotas muy altas. Y, por lo demás, yo
no apostaría nada a que éste sea el último: quién sabe si algún
chaval de diecisiete o dieciocho años que aún no hizo sus
primeros pinitos con una cámara de cine, está llamado a ser
quien dirija la nueva entrega de estos abueletes que, parece
ser, tiempo ha que hicieron un pacto con esa majestad a la que,
alguien dice, rinden culto. Y ustedes y yo que lo veamos…
Calificación:
    
Imágenes
de "Shine a light" - Copyright © 2008
Fortissimo Films, Concert Productions Internatinal y
Shangri-La Entertainment. Distribuida en España por Vértigo
Films. Todos los derechos
reservados.
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