CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Vaya por
delante: si usted no es fan de The Rolling Stones, absténgase de
acercarse siquiera a esta película, porque no es otra cosa que
una exaltación festiva, sin complejos ni cuestionamientos, una
entrega en cuerpo y alma a la energía que durante más de cuatro
décadas ha caracterizado la labor musical de estos monstruos del
rock. Tanto es así, que Martin Scorsese, a pesar
de sus apariciones al comienzo y al final de esta cinta que
recoge el concierto (en realidad fueron dos, en días sucesivos)
que el grupo ofreció en el teatro Beacon de Nueva York dentro de
la gira promocional de su último trabajo, "A bigger bang",
tampoco es que haya querido cobrar especial importancia: toda su
experiencia y sabiduría cinematográficas, y la del prodigioso
equipo que le acompaña, están puestas al único servicio de
ofrecer un lugar de honor a Mick Jagger, Keith
Richards, Charlie Watts y Ronnie Wood para que
luzcan en gran pantalla y lujoso Dolby. Nada más.
Y nada menos:
porque es imposible no dejarse llevar por el auténtico aluvión
de energía y vitalidad que desprende cada uno de los fotogramas
de “Shine a light”. Incluso, uno llega a olvidar las pequeñas
pinceladas del comienzo, apenas unas menciones a las obvias
dificultades que supone levantar un proyecto de estas
características, o a esos momentos tan surrealistas que supone
la conjunción de intereses ajenos a la música, con los cuatro
roqueros esperando, bien disciplinados, a que la madre de
Hillary Clinton suba al escenario para saludarles. No, aquí se
trata de una pura y simple actuación, tanto es así que comentar
esta película entraría más en el campo de la música que en lo
estrictamente cinematográfico.
Sin embargo,
sería injusto no decir que todas las decisiones tomadas para la
grabación del concierto se revelan como extremadamente
acertadas: desde la elección del escenario (en lugar del
mastodóntico show de Río de Janeiro, al parecer la
primera idea que se barajó), la disposición de las cámaras, la
iluminación, la fotografía, o un montaje pendiente en todo
momento de destacar la intensa comunicación entre los músicos
(especialmente Mick Jagger) y el público, la película va
deslizándose con la misma agilidad que caracteriza los
conciertos de la banda de la lengua, siguiendo canción tras
canción y preparando un climax final que funciona con la
eficacia dramática de un argumento que estuviera previamente
trazado.
Así, por
ejemplo, en las colaboraciones es donde Scorsese tiene algunos
de sus mejores momentos, especialmente en el blues
interpretado junto a Buddy Guy, en el que el director nos regala
planos tan buenos como el impresionante rostro del bluesman
fijo en Jagger, un instante que sabe levitar sobre la
servidumbre del mero rodaje del concierto para convertirse en
puro cine (a cambio, poco puede hacer con el dúo con Jack White
III, al que literalmente se come con patatas su veterano
partenaire). Y en cuanto a la energía arrasadora con la que
pasa Christina Aguilera por el escenario, poco cabe decir que no
sea alabar una voz y una presencia, desde luego, capaces de
grandes cosas.
Entre esta
fiesta, y de vez en cuando, se cuelan fragmentos de entrevistas,
que vienen a demostrar hasta qué punto los cuatro ingleses no
han cambiado a lo largo de los años. Y en todo caso, para dejar
constancia de su deseo de perdurar, de mantenerse, que hace a un
jovencísimo Mick Jagger pregonar que a los sesenta años seguirá
dedicándose a lo mismo que hacía en aquel 1972. Todo ello
conforma una celebración, una fiesta sin matices de crítica ni
de análisis: cuando se sienten en la butaca, relájense y
disfruten. Al fin y al cabo, es tan sólo rock’n’roll.
Calificación:
    
Imágenes
de "Shine a light" - Copyright © 2008
Fortissimo Films, Concert Productions Internatinal y
Shangri-La Entertainment. Distribuida en España por Vértigo
Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Shine a light"
Añade "Shine a light" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Shine a light" en el blog

Recomienda
"Shine a light" a un amigo
|