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SHOOT 'EM UP


Dirección y guión: Michael Davis.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 86 min.
Género: Acción, thriller, drama.
Interpretación: Clive Owen (Sr. Smith), Paul Giamatti (Sr. Hertz), Monica Bellucci (DQ), Greg Bryk, Stephen McHattie (Hammerson), Ramona Pringle.
Producción: Susan Montford, Don Murphy y Rick Benattar.
Música: Paul Haslinger.
Fotografía:
Peter Pau.
Montaje: Peter Amundson.
Diseño de producción: Gary Frutkoff.
Vestuario: Denise Cronenberg.
Estreno en USA: 7 Septiembre 2007.
Estreno en España: 31 Octubre 2007.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  Si la fórmula de la comedia es tragedia + tiempo, “Shoot ‘em up” debería considerarse una película post-futurista, tal es su concepto paródico de otra película trágica y futurible: "Hijos de los hombres" (2006). Clive Owen interpreta en ambas cintas a un hombre que sin buscarlo se convierte en protector de un valioso bebé, aunque las reflexiones sobre la raza humana y las predestinaciones del nacimiento se tomen en cada caso de muy distinta manera. Aparte de esta naturaleza, el film de Michael Davis es también una regresión temporal al género más castizo, visceral y visualmente efectivo, vapuleado por la moral categórica de los setenta-ochenta que puede –o no– haberse calmado con los años.

 

  El largometraje se libra pronto de las circunstancias éticas más tiquismiquis al justificar la violencia desde una perspectiva personal. El primer encuentro entre el anónimo señor Smith (Clive Owen), símbolo de esa justicia desconocida que actúa por la espalda, y el malévolo Hertz (Paul Giamatti) establece las reglas del juego: las armas de este extraño mundo presente sólo pueden ser utilizadas por su dueño a raíz de un detector incorporado de huellas dactilares. Lo que supone un obstáculo ante determinadas situaciones comprometedoras, ayuda a que la violencia no se desate en múltiples direcciones y desde cualquier agente, pues sólo podrán emplearla quienes están autorizados a ello, bien por influencias mafiosas, bien por pertenecer al brazo policial. Esa propiedad privada del crimen se opone a la lucha encarnizada por la vida del bebé en cuestión, un pequeñajo que con apenas horas de vida ya sabe distraerse escuchando música rock y observando cómo se recarga una pistola. La locura de cartoon humano resulta evidente desde los primeros minutos de la película, Clive Owen royendo una zanahoria omnipresente durante todo el metraje, canciones recientes y machaconas ocupando amplio espacio de la banda sonora, y giros vertiginosos de cámara cortados al tuntún en un montaje eléctrico y puramente rítmico.

  En dicha narración construida por fogonazos y tiros no cabe un planteamiento profundo sobre la defensa y el coste de una vida, por otra parte bastante de agradecer desde el momento en que la imagen proclama su total autonomía de la trama y su vinculación al efecto y el impacto sensorial. La idea primigenia de que el nacimiento se produce en un momento de muerte o devastación, como la luz última del fin, queda eclipsada por la ironía perpetua que el guión demuestra en sus frases sentenciosas, sus diálogos entrecortados y artificiosos y sus bromas visuales, tan traídas por los pelos como merece el colmo del absurdo asumido –los rótulos luminosos cuyas letras van cayendo a espaldas de Owen o Giamatti–. Todo debe desarrollarse a pedir de boca de un matón que se hace querer por su vinculación a la chica (Monica Bellucci), su afán sobreprotector y su eficiente representación del estereotipo sesentero, tanto en la vestimenta y la forma de interactuar con el exterior como en su destino de baches ininterrumpidos y siempre superados con media sonrisa. Por supuesto que estas licencias tonales pueden rozar el límite de lo aceptable en determinados giros y remedios, como el bebé robótico, clavadito al original, que el señor Smith se saca de la manga.

  Si éste es o no otro panfleto pro-violencia es un debate que no hallará posturas indemnes. El travelling giratorio que Davis efectúa en el enfrentamiento de arranque, envolviendo hacia la derecha a Smith y Hertz, recoge la tendencia de cierre del film: de las espirales engendradas por el odio es imposible salir y, de alguna manera, el protagonista lo asume en la actitud prepotente que le lleva a corregir los malos modales de quienes lo rodean. Protector de un bien que nadie representa, ni siquiera él mismo a pesar de los fines que persigue, la tarea de Smith es tan vacua como podrán serlo las discusiones en torno a los niveles de explicitud del film. Y si bien es cierto que en algunas tendencias cinematográficas la irrisión sobre la violencia no ofrece ni resultados ni ejemplos meritorios, en este caso la obviedad del tono impide, como especifica la fórmula de la comedia, tomárselo en serio y verlo como un síntoma actual. Muchas veces, como en otros casos, el problema se encuentra en la mirada del que observa y de quien no sabe dosificar los públicos objetivos de una película que no pretende ser modelo para niños, ni madres, ni justicieros, ni cabreados con el mundo, ni familiares adoptivos, y todos ellos pueden quedarse con la moraleja de fondo: la lucha por la familia como núcleo de supervivencia de seres solitarios.

  La clave de “Shoot ‘em up”, implícita en el título, es el ruido. Gracias a –o a costa de– él, un espectador acomodado a la perspectiva lúdica del largometraje olvidará que algún día existieron las tramas sólidas, las conexiones lógicas, los perfiles psicológicos y la rabia ante el deus ex machina. A pesar de esas nimias exigencias, será más fácil para un público masculino que femenino, reducido al ámbito de la prostitución y la maternidad no consumada, y porque la cultura del macho man fílmico es de visionado tradicionalmente afín al hombre. Sin embargo, esto no es óbice para un disfrute universal, pues aparcar momentáneamente la sensibilidad por las campañas de tráfico –tomadas aquí a un cachondeo infinito–, los bebés en peligro o el dolor del pasado personal no supone suprimirlas definitivamente. ¿Películas-videojuego, concebidas para ocupar el puesto de otro mientras la cámara responde a los movimientos instintivos del personaje, que por inercia maquinal son los nuestros? Puede ser, sin que haya nada de malo en probarlo, pues el juego es la manifestación por antonomasia del alma infantil reprimida y la imaginación del hombre, y qué son esas dos cosas sino el más puro cine escapista.

Calificación:


Imágenes de "Shoot 'em up" - Copyright © 2007 New Line Cinema y Montford/Murphy Productions. Distribuida en España por TriPictures. Fotos por James Dittiger. Todos los derechos reservados.

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