CÓMO SE HIZO "SICKO"
Notas de producción © 2007
Wide Pictures y
Baditri
Es necesario remontarse casi
a una década atrás para hallar los orígenes de Sicko, cuando
Michael Moore rodó un segmento para el primer episodio de su
show televisivo, en 1999, de The Awful Truth (1999-2000) sobre
Chris Donahue, un hombre que estaba muriéndose enfrentado a su
mutua de salud para lograr un transplante de páncreas. La
historia detalla cómo Donahue estuvo pagando durante siete años
a Humana, mutua de asistencia sanitaria, para a continuación ver
denegada la cobertura de una operación crucial para seguir en
vida. Así estaban las cosas hasta que Moore intervino
proponiendo un funeral falso, ante lo cual la aseguradora cedió
para evitar un desastre total en las relaciones públicas. Tras
el éxito seguido de su oscarizada Bowling for Columbine (Bowling
for Columbine, 2002) y del documental enormemente taquillero
Fahrenheit 9/11 (Fahrenheit 9/11, 2004), Moore ha regresado a la
crisis sanitaria de los Estados Unidos esta vez con redoblada
intensidad y para la pantalla grande. «La película gira en torno
a la asistencia sanitaria y no» —comenta Moore—. «Como en todas
mis películas, abordo un tema y lo uso como vehículo para
apuntar a temáticas más amplias e ideas mayores. En esta
ocasión, trato de dar respuesta a una pregunta de mayor
envergadura: ¿Por qué nosotros, el país occidental
industrializado más grande, carecemos de cobertura sanitaria
gratuita para todos? ¿Por qué nosotros? ¿Qué nos pasa? Cuando se
extendió la noticia del concepto que había detrás de la última
película de Moore, las corporaciones de Estados Unidos, cuyos
masivos beneficios provienen de la asistencia sanitaria,
comenzaron a padecer aneurismas. Ken Johnson, vicepresidente
primero del grupo de negocios Pharmaceutical Researchers &
Manufacturers of America le dijo a un periodista que los
ejecutivos de la industria estaban «alucinando y tirándose de
los cabellos.» Efectivamente, Big Pharma se enrocó. La «alarma
de Michael» se envió a los empleados que trabajaban al menos
para seis de los mayores sellos farmacéuticos, advirtiéndoles
que fueran con cuidado con Moore y sus equipos de rodaje.
«Colgamos una historia en
nuestro periódico digital diciendo que Moore se embarcaba en un
documental, y que si veían a un tipo desaliñado con gorra de
béisbol, ya sabrían de quién se trataba» —informó un
representante de Pfizer al L.A. Times. Aquél mismo año, más
tarde, Mike Huckman, periodista de la CNBC, hizo notar que «el
nivel de paranoia es extremo» al cubrir la conferencia de un
analista de una compañía farmacéutica, considerando el motivo de
esa ansiedad extrema como «El efecto Michael Moore».
Sin embargo, desde el
mismo comienzo de su proyecto, Moore estaba en todo momento tan
interesado en honrar a las víctimas de nuestro sistema de
asistencia sanitaria como en desenmascarar a sus villanos. En
febrero de 2006, hizo una llamada a través de su página web:
michaelmoore.com, pidiendo a los visitantes de la misma y a sus
seguidores que enviaran sus aterradoras historias personales
relacionadas con la asistencia sanitaria. Parte de aquel mensaje
rezaba: «Si desea que yo sepa por todo cuanto está usted pasando
con su mutua aseguradora de salud, o cómo es no tener cobertura
alguna, o cómo le han tratado los hospitales y doctores (o, en
caso de que así lo hicieran, de qué modo le han arruinado
tratando de pagar sus facturas demenciales)... si usted ha
sufrido un atropello de cualquier tipo por parte de este sistema
enfermo, codicioso y mugriento que ha causado en usted o en sus
allegados gran pena y dolor, déjeme saberlo.» No había nada que
le hubiera podido preparar para la reacción a esta llamada: todo
un diluvio de más de 25.000 correos electrónicos tan sólo en la
primera semana. Un estrecho amigo informó a Donna Smith,
sobreviviente de un cáncer, acerca de la llamada en la página
web de Moore, y dado que a Smith le encantó Fahrenheit 9/11,
pensó en consultarla. «Le lancé un inmediato y seco mensaje de
unos dos o tres párrafos y no creía que tuviera resultado alguno
o que siquiera le importara a alguien» —admite Smith, esposa por
lo demás de un paciente con problemas cardiacos, que se trasladó
a la casa de su hija después de que los costos de la mutua la
arruinaran completamente—. «Me estaba descargando con aquel
correo electrónico, sólo era frustración inmensa. Sin embargo,
también esperaba, contra todo pronóstico, que alguien escuchara
a aquellos de nosotros que seguimos las normas, y hacemos una
prioridad del pago de las primas y, sin embargo, se nos sigue
aplastando. Disponer de alguien como Michael que escuche y
exponga un problema que se ven obligados a afrontar millones de
estadounidenses cada día nos da una dignidad que llevamos años
sin disfrutar».
En las primeras fases de
la producción, Moore efectuó una decisión importante: centrarse
en una área específica de la asistencia sanitaria en lugar de
intentar cubrir un tema inabarcable desde cada ángulo
concebible.
«Teníamos nuestro propio
‘Eje del Mal’: la industria farmacéutica, el negocio de los
hospitales, y las compañías de seguros de salud» —nos dice el
productor Meghan O’Hara. Aunque las principales firmas
farmacéuticas son corporaciones obsesionadas en sus beneficios
que financian a los políticos de Washington y a menudo mienten
acerca de sus investigaciones y costos de desarrollo, los
realizadores de Sicko contemplan las medicinas legales como un
«un mal necesario» que en última instancia puede ayudar a los
pacientes. Y lo mismo puede decirse con respecto a los
hospitales, aunque ellos, como Pharma, debieran estar bajo
regulación y funcionar de modo más eficiente pues obviamente la
gente les necesita.
Sin embargo, tales
concesiones no pueden hacerse para las aseguradoras privadas,
«un factor del todo innecesario cuando se trata de asistencia
sanitaria» —comenta O’Hara. Para enfatizar aún más su parecer,
Moore decidió no concentrar sus esfuerzos en los 45 millones de
estadounidenses carentes de seguro alguno, contrariamente, lo
hizo en una mayoría teóricamente cubierta pero a la que se le
niega la prestación o que se ve ahogada con un ridículo papeleo
burocrático.
Las historias hablan por
sí mismas. Pero detrás de esas circunstancias está la cuestión
de cómo las compañías de seguros logran librarse literalmente de
la imputación de asesinato. Decenas de empleados de la industria
con información privilegiada y de delatores se pusieron en
contacto con Moore, ansiosos de compartir sus historias acerca
de los informes relativos a cómo las aseguradoras hacen billones
de beneficios simplemente impidiendo las prestaciones que
necesitan esos pacientes que las merecen. «Se me dice que no
niego la atención, sino el pago» —reza un conocido estribillo.
Afortunadamente, cuando la
locura médica se hacía demasiado insoportable o demasiado
deprimente en los despachos de Moore, una saludable dosis de
humor ayudaba a sobrellevarlo. Cerca de la entrada se colgó un
cartel que decía: «Esto es una comedia» para recordar al
personal corto de sueño que la risa es la mejor medicina.
Incluso una triste plantita de interiores que se marchitaba en
una esquina de la oficina desde hacía semanas contribuyó como
relajamiento cómico cuando alguien colgó una nota en ella
diciendo «Esta planta necesita asistencia sanitaria».
En primer lugar, el rodaje
comenzó a lo largo de los Estados Unidos, mediante equipos
técnicos que fueron enviados para filmar las historias de varios
pacientes, región por región. Por ejemplo, un periplo por la
Costa oeste llevó a la producción de Los Ángeles y San Francisco
a todo un torbellino tejano que incluyó rodajes en Houston,
Austin, Brownsville, McAllen y Dallas, mientras que otro
recorrido por el sur rodó a gente a través de Florida y otros
lugares. Para demostrar de qué modo la asistencia sanitaria en
los Estados Unidos ha devenido algo tan sumamente enfermizo por
comparación a la mayoría del mundo civilizado, el equipo técnico
visitó varios otros países, entre ellos, Francia, Inglaterra y
Canadá. Finalmente, se documentaron entre 150 y 200 historias
singulares a lo lago de más de 130 días de rodaje, en
comparación a los meros 38 días de rodaje de Fahrenheit 9/11. Se
ha rodado más de 500 horas de film, haciendo de ésta la película
de Moore con más material expuesto para un único proyecto.
Cuando Moore y su equipo
regresaron del rodaje externo, comenzó la auténtica cirugía:
montar esos cientos de horas de entrevistas y de metrajes varios
para dar cuerpo al largo. En la sala de montaje, uniéndose a
Moore nuevamente, estaba Chris Seward, el montador de Fahrenheit
9/11, junto a todo un equipo nuevo con miembros como Dan
Swietlik (ganador de un premio ACE por su labor en Una verdad
incómoda (An Inconvenient Truth, 2006); y Geoffrey Richman [God
Grew Tired of Us (2006); Murderball (Murdeball, 2005)].
Por último, Moore opina,
Sicko no sólo expone un sistema que falla y ofrece sólidas
alternativas, sino que también muestra su maduración como
cineasta. «Bowling for Columbine no es Roger y yo (Roger & Me,
1989), y esto no es Fahrenheit 9/11» —comenta—. «Cuando la gente
va al cine, espera algo que les haga reír, llorar, o pensar.
Quiere algo nuevo, y yo no estoy interesado en hacer la misma
cosa una vez y otra. Creo que algunas personas se sorprenderán
por la densidad de esta película».
«Sabía que esto sería todo
un reto» —concluye—. «En Sicko no queda personaje o compañía que
odiar, no hay un simple adversario como Roger Smith o Charlton
Heston, se trata de todo un sistema. Tanto el público como yo
hemos de trabajar un poco más duro con esta película porque nada
es tan blanco o negro. Enfrontémoslo: que se me vea ascendiendo
los peldaños de una escalera camino del cuartel general del
director ejecutivo por enésima vez no es muy interesante. No es
que no volviera a hacer eso de nuevo, pero con Sicko quería
pasar por toda una película sin tener que golpear la puerta del
poder. No quiero que el público salga al vestíbulo diciendo
‘¡Caramba! Mike ha pateado en verdad el culo de algunos.’ La
gente es la que se ha de patear el propio culo. Esta situación
sólo tendrá un final cuando cada uno de nosotros se levante y
diga bien alto: ¡Basta!»
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Sicko" - Copyright © 2007 The Weinstein Company y
Dog Eat Dog Films. Distribuida en España por Wide Pictures y
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