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SICKO


cartel
Dirección y guión: Michael Moore.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 123 min.
Género: Documental.
Producción: Michael Moore y Meghan O'Hara.
Música: Erin O'Hara
Fotografía: Andrew Black.
Montaje: Dan Swietlik, Geoffrey Richman y Christopher Seward.
Estreno en USA: 22 Junio 2007.
Estreno en España: 30 Abril 2009.
 

CÓMO SE HIZO "SICKO"
Notas de producción © 2007 Wide Pictures y Baditri

  Es necesario remontarse casi a una década atrás para hallar los orígenes de Sicko, cuando Michael Moore rodó un segmento para el primer episodio de su show televisivo, en 1999, de The Awful Truth (1999-2000) sobre Chris Donahue, un hombre que estaba muriéndose enfrentado a su mutua de salud para lograr un transplante de páncreas. La historia detalla cómo Donahue estuvo pagando durante siete años a Humana, mutua de asistencia sanitaria, para a continuación ver denegada la cobertura de una operación crucial para seguir en vida. Así estaban las cosas hasta que Moore intervino proponiendo un funeral falso, ante lo cual la aseguradora cedió para evitar un desastre total en las relaciones públicas. Tras el éxito seguido de su oscarizada Bowling for Columbine (Bowling for Columbine, 2002) y del documental enormemente taquillero Fahrenheit 9/11 (Fahrenheit 9/11, 2004), Moore ha regresado a la crisis sanitaria de los Estados Unidos esta vez con redoblada intensidad y para la pantalla grande. «La película gira en torno a la asistencia sanitaria y no» —comenta Moore—. «Como en todas mis películas, abordo un tema y lo uso como vehículo para apuntar a temáticas más amplias e ideas mayores. En esta ocasión, trato de dar respuesta a una pregunta de mayor envergadura: ¿Por qué nosotros, el país occidental industrializado más grande, carecemos de cobertura sanitaria gratuita para todos? ¿Por qué nosotros? ¿Qué nos pasa? Cuando se extendió la noticia del concepto que había detrás de la última película de Moore, las corporaciones de Estados Unidos, cuyos masivos beneficios provienen de la asistencia sanitaria, comenzaron a padecer aneurismas. Ken Johnson, vicepresidente primero del grupo de negocios Pharmaceutical Researchers & Manufacturers of America le dijo a un periodista que los ejecutivos de la industria estaban «alucinando y tirándose de los cabellos.» Efectivamente, Big Pharma se enrocó. La «alarma de Michael» se envió a los empleados que trabajaban al menos para seis de los mayores sellos farmacéuticos, advirtiéndoles que fueran con cuidado con Moore y sus equipos de rodaje.

 

  «Colgamos una historia en nuestro periódico digital diciendo que Moore se embarcaba en un documental, y que si veían a un tipo desaliñado con gorra de béisbol, ya sabrían de quién se trataba» —informó un representante de Pfizer al L.A. Times. Aquél mismo año, más tarde, Mike Huckman, periodista de la CNBC, hizo notar que «el nivel de paranoia es extremo» al cubrir la conferencia de un analista de una compañía farmacéutica, considerando el motivo de esa ansiedad extrema como «El efecto Michael Moore».

  Sin embargo, desde el mismo comienzo de su proyecto, Moore estaba en todo momento tan interesado en honrar a las víctimas de nuestro sistema de asistencia sanitaria como en desenmascarar a sus villanos. En febrero de 2006, hizo una llamada a través de su página web: michaelmoore.com, pidiendo a los visitantes de la misma y a sus seguidores que enviaran sus aterradoras historias personales relacionadas con la asistencia sanitaria. Parte de aquel mensaje rezaba: «Si desea que yo sepa por todo cuanto está usted pasando con su mutua aseguradora de salud, o cómo es no tener cobertura alguna, o cómo le han tratado los hospitales y doctores (o, en caso de que así lo hicieran, de qué modo le han arruinado tratando de pagar sus facturas demenciales)... si usted ha sufrido un atropello de cualquier tipo por parte de este sistema enfermo, codicioso y mugriento que ha causado en usted o en sus allegados gran pena y dolor, déjeme saberlo.» No había nada que le hubiera podido preparar para la reacción a esta llamada: todo un diluvio de más de 25.000 correos electrónicos tan sólo en la primera semana. Un estrecho amigo informó a Donna Smith, sobreviviente de un cáncer, acerca de la llamada en la página web de Moore, y dado que a Smith le encantó Fahrenheit 9/11, pensó en consultarla. «Le lancé un inmediato y seco mensaje de unos dos o tres párrafos y no creía que tuviera resultado alguno o que siquiera le importara a alguien» —admite Smith, esposa por lo demás de un paciente con problemas cardiacos, que se trasladó a la casa de su hija después de que los costos de la mutua la arruinaran completamente—. «Me estaba descargando con aquel correo electrónico, sólo era frustración inmensa. Sin embargo, también esperaba, contra todo pronóstico, que alguien escuchara a aquellos de nosotros que seguimos las normas, y hacemos una prioridad del pago de las primas y, sin embargo, se nos sigue aplastando. Disponer de alguien como Michael que escuche y exponga un problema que se ven obligados a afrontar millones de estadounidenses cada día nos da una dignidad que llevamos años sin disfrutar».

  En las primeras fases de la producción, Moore efectuó una decisión importante: centrarse en una área específica de la asistencia sanitaria en lugar de intentar cubrir un tema inabarcable desde cada ángulo concebible.

  «Teníamos nuestro propio ‘Eje del Mal’: la industria farmacéutica, el negocio de los hospitales, y las compañías de seguros de salud» —nos dice el productor Meghan O’Hara. Aunque las principales firmas farmacéuticas son corporaciones obsesionadas en sus beneficios que financian a los políticos de Washington y a menudo mienten acerca de sus investigaciones y costos de desarrollo, los realizadores de Sicko contemplan las medicinas legales como un «un mal necesario» que en última instancia puede ayudar a los pacientes. Y lo mismo puede decirse con respecto a los hospitales, aunque ellos, como Pharma, debieran estar bajo regulación y funcionar de modo más eficiente pues obviamente la gente les necesita.

  Sin embargo, tales concesiones no pueden hacerse para las aseguradoras privadas, «un factor del todo innecesario cuando se trata de asistencia sanitaria» —comenta O’Hara. Para enfatizar aún más su parecer, Moore decidió no concentrar sus esfuerzos en los 45 millones de estadounidenses carentes de seguro alguno, contrariamente, lo hizo en una mayoría teóricamente cubierta pero a la que se le niega la prestación o que se ve ahogada con un ridículo papeleo burocrático.

  Las historias hablan por sí mismas. Pero detrás de esas circunstancias está la cuestión de cómo las compañías de seguros logran librarse literalmente de la imputación de asesinato. Decenas de empleados de la industria con información privilegiada y de delatores se pusieron en contacto con Moore, ansiosos de compartir sus historias acerca de los informes relativos a cómo las aseguradoras hacen billones de beneficios simplemente impidiendo las prestaciones que necesitan esos pacientes que las merecen. «Se me dice que no niego la atención, sino el pago» —reza un conocido estribillo.

  Afortunadamente, cuando la locura médica se hacía demasiado insoportable o demasiado deprimente en los despachos de Moore, una saludable dosis de humor ayudaba a sobrellevarlo. Cerca de la entrada se colgó un cartel que decía: «Esto es una comedia» para recordar al personal corto de sueño que la risa es la mejor medicina. Incluso una triste plantita de interiores que se marchitaba en una esquina de la oficina desde hacía semanas contribuyó como relajamiento cómico cuando alguien colgó una nota en ella diciendo «Esta planta necesita asistencia sanitaria».

  En primer lugar, el rodaje comenzó a lo largo de los Estados Unidos, mediante equipos técnicos que fueron enviados para filmar las historias de varios pacientes, región por región. Por ejemplo, un periplo por la Costa oeste llevó a la producción de Los Ángeles y San Francisco a todo un torbellino tejano que incluyó rodajes en Houston, Austin, Brownsville, McAllen y Dallas, mientras que otro recorrido por el sur rodó a gente a través de Florida y otros lugares. Para demostrar de qué modo la asistencia sanitaria en los Estados Unidos ha devenido algo tan sumamente enfermizo por comparación a la mayoría del mundo civilizado, el equipo técnico visitó varios otros países, entre ellos, Francia, Inglaterra y Canadá. Finalmente, se documentaron entre 150 y 200 historias singulares a lo lago de más de 130 días de rodaje, en comparación a los meros 38 días de rodaje de Fahrenheit 9/11. Se ha rodado más de 500 horas de film, haciendo de ésta la película de Moore con más material expuesto para un único proyecto.

  Cuando Moore y su equipo regresaron del rodaje externo, comenzó la auténtica cirugía: montar esos cientos de horas de entrevistas y de metrajes varios para dar cuerpo al largo. En la sala de montaje, uniéndose a Moore nuevamente, estaba Chris Seward, el montador de Fahrenheit 9/11, junto a todo un equipo nuevo con miembros como Dan Swietlik (ganador de un premio ACE por su labor en Una verdad incómoda (An Inconvenient Truth, 2006); y Geoffrey Richman [God Grew Tired of Us (2006); Murderball (Murdeball, 2005)].

  Por último, Moore opina, Sicko no sólo expone un sistema que falla y ofrece sólidas alternativas, sino que también muestra su maduración como cineasta. «Bowling for Columbine no es Roger y yo (Roger & Me, 1989), y esto no es Fahrenheit 9/11» —comenta—. «Cuando la gente va al cine, espera algo que les haga reír, llorar, o pensar. Quiere algo nuevo, y yo no estoy interesado en hacer la misma cosa una vez y otra. Creo que algunas personas se sorprenderán por la densidad de esta película».

  «Sabía que esto sería todo un reto» —concluye—. «En Sicko no queda personaje o compañía que odiar, no hay un simple adversario como Roger Smith o Charlton Heston, se trata de todo un sistema. Tanto el público como yo hemos de trabajar un poco más duro con esta película porque nada es tan blanco o negro. Enfrontémoslo: que se me vea ascendiendo los peldaños de una escalera camino del cuartel general del director ejecutivo por enésima vez no es muy interesante. No es que no volviera a hacer eso de nuevo, pero con Sicko quería pasar por toda una película sin tener que golpear la puerta del poder. No quiero que el público salga al vestíbulo diciendo ‘¡Caramba! Mike ha pateado en verdad el culo de algunos.’ La gente es la que se ha de patear el propio culo. Esta situación sólo tendrá un final cuando cada uno de nosotros se levante y diga bien alto: ¡Basta!»


Imágenes y notas de cómo se hizo "Sicko" - Copyright © 2007 The Weinstein Company y Dog Eat Dog Films. Distribuida en España por Wide Pictures y Baditri. Todos los derechos reservados.

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