CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Si ya de por sí es reducida
la producción cinematográfica latinoamericana (en general), y
más aún la colombiana (en particular), ¿qué cabría decir de la
escasa parte de ella que, por mor de una distribución tan
caprichosa como irregular (y, por lo general, muy tardía) llega
a nuestras pantallas? Es probable que esa sola circunstancia ya
fuera motivo suficiente para que el estreno de un film como
"Soñar no cuesta nada", la última entrega del colombiano
Rodrigo Triana, se
pudiera considerar un acontecimiento cinematográfico gozoso. En
todo caso, y más allá de tales consideraciones, la película
constituye una propuesta fresca, entretenida, jugosa y con el
suficiente gancho comercial como para que, muy probablemente, en
otras circunstancias y bajo otras perspectivas, hubiera podido
optar a una difusión mucho más amplia, llegando a un público
bastante más numeroso del que, previsiblemente, terminará
teniendo.
"Soñar no cuesta nada" se
trata de una comedia que arranca de una situación argumental
bastante socorrida, como es la del surgimiento de un
acontecimiento inesperado (y, en este caso particular, gozoso)
que viene a alterar de manera sustancial las pautas de conducta
y relación de un grupo humano determinado: en este caso, se
trata de un batallón de élite del ejército colombiano que, en el
transcurso de una operación de comando contra bases de la
guerrilla en el interior de la selva, se encuentra con un
auténtico tesoro (en el sentido literal de la palabra: una
verdadera fortuna, suficiente como para proporcionar un
placentero retiro a todo el grupo).
A partir de tal situación (y
contando, entre sus bazas cómicas más significadas, con la del
escenario físico donde se desarrolla), la historia
se despliega con brío y agilidad más que evidentes desde
el punto de vista del pulso narrativo,
y con un desarrollo argumental que, jugando con las situaciones
de conflicto que cabe, inevitablemente, derivar de las dispares
idiosincrasias de los personajes en acción y con un
encadenamiento de episodios que, si bien con desigual grado de
comicidad, siempre dan, cuanto menos, para una sonrisa amable,
termina desembocando en un final a dos bandas (y sobre cuyos
detalles me abstendré de entrar, por respeto al lector aún no
espectador) que, no por ser bastante previsible (al menos, como
una alternativa que siempre está sobrevolando la acción, en lo
que respecta a una de sus líneas, la del desenlace colectivo;
hay, por otra parte, una coda individual bastante más
sorprendente), merma el buen nivel alcanzado en la creación de
la trama.
Lejos, pues, de esos
densos mamotretos fílmicos con que sus correligionarios de las
mismas latitudes más dados al cine de tesis nos suelen regalar
en festivales y acontecimientos de similar jaez, la propuesta de
Rodrigo Triana se nos presenta llena de
ligereza y frescura, pero no por ello carece de profundidad ni
de calado: en su
fondo, tras las risas y sonrisas que las situaciones que nos
ofrece nos pueden despertar, yace alguna que otra carga –aunque,
todo hay que decirlo, sin excesiva profundidad– tanto acerca de
la condición humana (con una especial incidencia en el reflejo
de cómo la codicia se termina convirtiendo, a lomos del
disparate, en un motor distorsionante a la par que
significativo: paradojas, paradojas...), como relativa a
situaciones políticas muy concretas de su país de origen, pero
fácilmente extrapolables a otras realidades, otras latitudes.
En definitiva, "Soñar no
cuesta nada" se nos ofrece como una opción cinematográfica que,
sin alcanzar niveles de excelencia (que tampoco
pretende), sí que constituye, claramente, un producto digno de
crédito y oportunidad,
en la medida en que nos garantiza, entre vallenato y merengue, y
alrededor de fajos de billetes en un movimiento desenfrenado
(rayano, por momentos, en lo absurdo por lo excesivo), un
divertimento eficaz y universal, por señalar dos notas sobre las
que, creo, no cabría demasiada discusión. Una lástima, pues, que
no venga respaldada por medios más poderosos. O, sin ir más
lejos, que fuera argentina, ahora que la cinematografía de ese
país muestra tal situación boyante; ya se sabe, aquello del cría
fama...
Calificación:
    
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2006 CMO Producciones, Barakacine y Hangar Films. Distribuida en
España por Eurocine Films. Todos los derechos
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