CRÍTICA
por
José Arce
A finales de la década de los
70 y principios de los 80, las pantallas de los cines
norteamericanos se llenaron de intrépidos justicieros. La
sociedad yanqui vivía en un entorno de temor, violencia social e
inseguridad ciudadana; Hollywood y sus aledaños, capaz de
adaptar sus maquinarias a las demandas de los ciudadanos sean
éstas de la índole que sean, reaccionó con vigor, creando un
subgénero en sí mismo que contó con grandes iconos a ambos lados
de la ley. Quizá la mayor figura de todos fuera el personaje de
Paul Kersey, que con los rasgos de Charles Bronson apalizó
drogadictos, camellos, maleantes y violadores a lo largo de una
saga inolvidable; y entre los chicos con placa, Clint Eastwood,
más conocido como Harry Callahan, nos alegró el día a todos en
más de una ocasión, Magnum 44 en ristre. La traba principal de
estos vengadores callejeros era una poco recomendable ideología
tirando a fascistoide –reflejo de su época–, pero que,
sinceramente, nunca fue ni ha sido óbice para disfrutar de sus
películas, deliciosamente violentas y kitsch. Y desde los
insondables terrenos que bucean entre la serie B y la Z,
francotiradores como Abel Ferrara y Robert Vincent O´Neill
optaron por poner a mujeres en el centro de sus propuestas. El
primero, con un “Ángel de venganza” (1981) en el que la señorita
45 se resarcía de los que habían abusado de ella –y de unos
cuantos más–; el segundo, con el tríptico dedicado a Molly
“Ángel” Stewart (1984-1988) estudiante de día, prostituta de
noche, personificada sucesivamente en Donna Wilkes, Betsy
Russell y Mitzi Kapture para regocijo de más de un desquiciado
fan de la exploitation ochentera. “La extraña que hay en
ti” se une a la lista de films que proponen que cualquiera puede
ser un luchador anónimo en aras de la justicia, haciendo frente
a nuestra deshumanizadora realidad. Pero si detrás de las
cámaras ponemos a un titán como
Neil Jordan, y delante
de ellas a una últimamente poco prolífica pero siempre
interesante Jodie Foster,
el experimento se aleja, al menos a priori, de productos como
los anteriormente mencionados, distintos por su planteamiento
pero en absoluto inferiores a este título –al menos, en el caso
del clásico de Ferrara–.
El principal problema de esta
historia es su falta de originalidad. Erica (Foster) y su novio,
David (Naveen Andrews,
que se sigue alejando de la isla que le ha dado fama), son
asaltados violentamente por unos pandilleros. Resultado: él
muere, y ella se trastorna hasta el punto de que se convierte en
un alma ávida de venganza, que se tomará la justicia por su mano
hasta saciar su ansia de castigo implacable. Ante un
planteamiento como éste, todo queda en el saber hacer de Jordan
y su protagonista, acostumbrada a interpretar papeles de mujer
dura bajo su aspecto frágil y desvalido. Evidentemente, lo
holgado del presupuesto y el talento de todo el equipo implicado
logran que el producto final sea de lo más entretenido, pero
esto no es suficiente en ningún caso, dado que la historia es
plana y reiterativa, con subtextos tan sencillos como que la
vendetta no calma el dolor y que las heridas emocionales
tardan más en cicatrizar que las lesiones físicas.
La evolución –o involución–
física y moral de Erica está narrada a trompicones, con una
primera parte demasiado lenta narrativamente, aunque una vez
descubiertas las cartas de su personaje el ritmo aumenta con
rapidez, sin atosigar pero con acertado dinamismo. Esto es, al
mismo tiempo, un problema y una ventaja, siempre que no se
debata sobre la intención del realizador. Porque si lo realmente
interesante es la batalla interna entre la locutora de radio
atormentada y la castigadora en la que se convierte, la lucha
que mantienen ambas personalidades se diluye en beneficio de la
acción, derivando en un thriller
impreciso en el que no reinan ni el espectáculo ni la
profundidad dramática de personajes ni situaciones.
La tímida expiación de sus pecados a través de las ondas aporta
una intensa nota de profundidad, resaltada con las llamadas de
los oyentes pero, por lo superfluo, no contribuye a aportar
verosimilitud a la trama. De hecho, cae en una excesiva
poetización por las continuas referencias a esa extraña que
habita en su interior, idealizando sus implacables acciones
nocturnas y huyendo de cualquier juicio moral.
Las secuencias en las que
ejerce su poder letal, precariamente aprendido, resultan un
tanto forzadas y, por ello, irreales. A su favor cuenta con la
autoaceptación de sus actos, a pesar de su tormento; pero el
avance de su relación de amistad/amor con el detective Mercer (Terrence
Howard) impide que el
personaje se consolide en ninguna de sus dos facetas –máxime al
convertirse ella en el brazo ejecutor de los inconfesables
deseos vengadores de él–, vagando en un limbo difuso entre la
tragedia intensa y la acción más comercial, un planteamiento
desdibujado que se estrella definitivamente en un clímax
santurrón metido con calzador tras una volátil orgía de
violencia rodada sin excesivo brío. Los vaivenes emocionales de
Erica y Mercer se enmarcan en una banda sonora que anticipa los
acontecimientos, aunque es innegable la habilidad de Jordan para
mantener nuestro interés hasta los créditos finales, aun a pesar
de estar ante una de sus obras menores. Una solvente Jodie
Foster no necesita esforzarse demasiado para convencernos con un
papel hecho a su medida, apoyada en el trabajo de su perfecto,
noble y agradable compañero de reparto, conformando una pareja
que, aunque improbable, se convierte en reclamo suficiente para
sentarse a disfrutar de la película.
Calificación:
    
Imágenes
de "La extraña que hay en ti" - Copyright © 2007
Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures y Silver
Pictures. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures
International España. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "La extraña que hay en ti"
Añade "La extraña que hay en ti" a tus películas favoritas
Opina
sobre "La extraña que hay en ti" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"La extraña que hay en ti" a un amigo
|