CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
“La extraña que hay en ti” es
una película desconcertante, principalmente por dos motivos. En
primer lugar, por su tema: en un momento en el que la línea
principal de las producciones hollywoodienses parece haber
aceptado la complejidad de un problema como el de la violencia
(una tendencia que ha alcanzado, por ahora, su cénit en
"Una
historia de violencia",
de David Cronenberg, y por la que hasta los héroes de acción y
los superhéroes se ven abocados a enfrentarse a mil dudas a la
hora de ejercerla), la nueva película de Neil
Jordan (o quizá sería
mejor decir de Jodie Foster)
resucita el viejo esquema de los justicieros urbanos
popularizado por sagas como las del Harry el Sucio
protagonizadas por Clint Eastwood, o toda la serie de “Yo soy la
justicia”, con Charles Bronson al frente.
Claro
que los tiempos también han avanzado, y el esquema, sin más,
no puede trasplantarse. Hay algunas novedades: la principal de
ellas, que la justiciera es una mujer culta, sensible, que
acaba tomando la opción no ya de vengarse de los asesinos que
mataron a su novio de una paliza y que a ella la dejaron en
coma pocos meses antes de su boda, sino de limpiar toda una
ciudad, Nueva York, a la que ama (para el programa de radio en
el que trabaja como locutora, se dedica a recolectar cada
pequeño sonido que exhala la urbe) pero en la que descubre, a
raíz del asesinato de su novio, un fondo de podredumbre
latente en las sombras que representa la otra cara, quizá la
verdadera, de un lugar donde el Mal trabaja impunemente. Y
así, de la misma forma en que a lo largo de la cinta irá
descubriendo la extraña que hay en ella, la que es capaz de
descerrajar varios tiros sin que le tiemble el pulso y matar a
sangre fría a violadores, asesinos, maltratadores, mafiosos y
proxenetas, también la propia Nueva York se volverá extraña:
¿cómo puedes tener miedo de aquello a lo que antes amabas?, se
pregunta en un momento de la película.
Si las
tradicionales cintas de justicieros no necesitaban muchas
palabras para analizar o justificar sus análisis, la
protagonista de “La extraña que hay en ti” verbaliza lo que le
sucede, utiliza su programa de radio para tomar el pulso a las
reacciones de la gente ante la cadena de muertes sin resolver, y
dedica largos párrafos a dar forma a sus pensamientos (algo,
desde luego, inédito en el caso de sus masculinos predecesores).
Pero, no nos engañemos, esa forma de autoanalizarse no cambia en
nada el viejo esquema, por el cual los buenos, la gente decente,
son personas felicísimas y perfectas, mientras que los
criminales son puros desechos humanos, odiosos y merecedores de
una muerte a ser posible cruel. Además, en eso la justiciera
Erica Bain es absolutamente democrática: ejecutará a negros y a
hispanos, pero también a un atracador blanco, e incluso a un
mafioso de altos vuelos que hace y deshace en Nueva York (en una
de las escenas más absurdas de una obra plagada de ellas, todo
hay que decirlo, porque resulta inconcebible que un criminal
como él, con tantos enemigos, ande sin protección).
Pero hay
otro motivo por el que “La extraña que hay en ti” desconcierta,
y mucho: la firma de Neil Jordan. Sorprende que
un cineasta que tantas veces se ha adentrado en su filmografía
en el lado oscuro de la condición humana, haya facturado un
producto tan evidente y sin recoveco alguno.
Y sorprende también que la cinta esté llena de trampas más
propias de un telefilm
que de un título que pretenda abordar con una cierta madurez el
problema de la violencia (la secuencia en la que, en montaje
alterno, se nos combinan planos en los que los servicios de
urgencia le van quitando rápidamente la ropa a la ensangrentada
y muy grave Erica, con otros en los que hace lo propio su novio
en la cama, pretendiendo contrastar la brutalidad y el amor, es
simplemente de vergüenza ajena). Claro que el problema quizá
haya que buscarlo más atrás, en un guión plagado de situaciones
que no se sostienen (lo que atañe a casi toda la relación entre
la locutora y el policía interpretado por
Terrence Howard, es
decir, a la columna vertebral del largometraje), y en el que la
verosimilitud brilla por su ausencia: todo es demasiado fácil,
desde la manera en que la protagonista consigue el arma, hasta
la sencillez con la que se va de los escenarios de los crímenes,
sin que nadie la vea, o lo rápido que consigue una certera
puntería que se revelará esencial.
|
 |
Que es un producto
alimenticio para Neil Jordan parece claro: aunque hay algún
brillo de su genio (la cinta, eso sí, está estupendamente
rodada, y tiene algunos momentos reseñables), parece claro que
se trata más bien de un proyecto que hay que anotar, para bien o
para mal, en el casillero de su productora, una Jodie Foster
que, eso sí, borda su papel. En cuanto a la ambigüedad moral de
la película... Bueno, uno no puede evitar preguntarse: ¿de qué
ambigüedad hablan los que emplean esa palabra? Porque al final,
creo, todo queda sumamente claro: de ambigüedad, nada de nada;
al contrario, un mensaje bien claro y contundente de una cinta
nacida conscientemente para la polémica.
Calificación:
    
Imágenes
de "La extraña que hay en ti" - Copyright © 2007
Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures y Silver
Pictures. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures
International España. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "La extraña que hay en ti"
Añade "La extraña que hay en ti" a tus películas favoritas
Opina
sobre "La extraña que hay en ti" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"La extraña que hay en ti" a un amigo
|