CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Si tuviera
que introducir en un listado a una serie de cineastas cuyas
habilidades para la comedia me parecen un tanto cuestionables,
sin duda en ella estaría presente el nombre de Todd Phillips.
A pesar de su corta filmografía, títulos como
"Starsky & Hutch", "Aquellas juergas universitarias"
y "Road trip: Viaje de pirados" se convierten en el perfecto
ejemplo de lo poco que puede ofrecernos este productor,
realizador y guionista. Dichas cintas recaudaron,
respectivamente, 68, 75 y 88 millones de dólares en los Estados
Unidos, aunque con "Escuela de pringaos" no le ha ido tan bien
el asunto, teniendo que conformarse con unos exiguos 17 millones
(no voy a ser yo el que me entristezca por ello).
Su última
película es una trillada propuesta que nos habla de perdedores,
en este caso de Roger, un joven que no tiene excesiva fe en sí
mismo y al que le dan ataques de ansiedad en determinadas
situaciones, llegando incluso a desmayarse. Consciente de sus
limitaciones, un amigo le aconseja que acuda a las clases de un
profesor que mejora la autoestima de las personas, algo que
logra hacer con Roger. Sin embargo, este individuo también tiene
sus problemas, puesto que no soporta que a sus alumnos les vaya
excesivamente bien en la vida, de ahí que intente mermar toda la
confianza que con anterioridad les había proporcionado.
Aunque uno no
espera que "Escuela de pringaos" sea una cinta repleta de humor
inteligente, algo que, a decir verdad, es casi imposible de
encontrar en el cine actual, al menos tiene la esperanza de que,
por una casualidad, contenga ciertos destellos de calidad que
nos hagan pasar un buen rato. Desafortunadamente, eso no es lo
que sucede en este largometraje y, si bien no se trata de uno de
esos infumables productos en los que impera la zafiedad y el mal
gusto, ninguno de los gags que se acumulan en su guión
consiguen hacernos reír, siendo su exposición demasiado
previsible y hasta cansina.
Así, la
estructura del filme es muy básica, sabiendo de antemano el
espectador cómo se desarrollará la historia. El problema está en
que cada una de las piezas en las que se ha dividido el libreto
se extiende más tiempo de lo necesario, desde las clases que
imparte el doctor hasta la posterior "rehabilitación" de sus
estudiantes, por no hablar de las artificiales fricciones
existentes entre Roger y su mentor. De hecho, la película se
sustenta en ellas y termina convirtiéndose en una aburrida
sucesión de jugarretas, aquéllas que precisamente llevan a cabo
los protagonistas del relato.
Billy Bob
Thornton, que hace bien poco estrenó en España otra
comedieta titulada "Cuestión de pelotas (Mr. Woodcock)", saca adelante el rol que se le ha
encomendado y, gracias a que no cae en la exageración, consigue
que su personaje no resulte grotesco. A su lado nos topamos con
Jon Heder, a quien desde luego no parece importarle vivir
de las rentas, en este caso de "Napoleon Dynamite", esa incomprensible obra de culto de la
que, por fortuna, muy pocos se acuerdan hoy. Jacinda Barrett
se limita a cumplir con el trabajo que se le ha asignado, que no
es otro que el de ser el interés amoroso de Roger. Michael
Clarke Duncan continúa desperdiciando su talento en
producciones del montón, mientras que Ben Stiller se
reserva un papel menor que le permite zambullirse en una
bochornosa extremosidad.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes
de "Escuela de pringaos" - Copyright © 2006
Dimension Films, Picked Last y Media Talent Group. Distribuida
en España por Aurum. Todos los derechos
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