CÓMO SE HIZO "HACIA RUTAS
SALVAJES"
Notas de producción ©
2007
Universal Pictures
3. La producción
Desde el principio se decidió que HACIA RUTAS SALVAJES debería
rodarse en plena naturaleza y en los mismos lugares que Chris
había conocido, desde los campos de trigo de Dakota del Sur,
pasando por las orillas del lago Salton Sea en California del
Sur, hasta los bosques de Alaska y la montaña más elevada de
América del Norte, el pico Denali (monte McKinley). Para Sean
Penn no había otra manera de contar la historia de Chris. A
pesar del esfuerzo físico requerido, Sean Penn estima que
mereció la pena: “Peligraron las cámaras y el material, peligró
el plan de trabajo, pero nunca peligraron las vidas. Es verdad
que estábamos en medio del bosque, pero nunca pasó nada”. Art
Linson va más lejos: “En esta película hicimos todo lo que no
debe hacerse. Rodamos en medio de la nieve, con temperaturas de
49 grados en el desierto, en los rápidos del río Colorado, Sean
siempre quería más”. Bill Pohlad añade que el reparto y el
equipo estuvieron a la altura: “Estábamos de acuerdo en que
había que ser lo más fiel posible a la realidad. Fue una
experiencia asombrosa para todos”. Era muy importante que la
cámara captara la calidad emocional de los grandiosos lugares en
los que rodaron. Sean Penn buscó a un director de fotografía que
pudiera entenderlo. “He trabajado con grandes directores de
fotografía, pero nunca había disfrutado tanto del proceso”,
dice. Con Eric Gautier todo sería diferente. Sean Penn, al ver
Diarios de motocicleta, de Walter Salles, se quedó atónito al
observar que el paisaje se convertía en otro personaje. “Había
visto el espíritu de lo que quería, y aunque era una película
mucho más pequeña que la nuestra, Walter Salles me convenció.
Luego, cuando hablé con Eric Gautier, ya no me quedó ninguna
duda. Tuve mucha suerte, no quiero volver a hacer una película
sin él”. Eric Gautier, al contrario de la mayoría de directores
de fotografía, también hace de primer operador. En este caso, no
sólo debía captar paisajes emblemáticos, sino rápidas secuencias
de acción como las de los rápidos del río Colorado. Sean Penn
explica por qué estas tomas son tan viscerales: “Se metía en el
agua. No basta con ir al lugar, hay que colocar la cámara donde
está la acción”.
Bill Pohlad, hablando del
trabajo de Eric Gautier, dice: “No tengo palabras para describir
lo que ha aportado a la película. Conocíamos su trabajo, pero no
supimos lo espectacular que podía ser hasta que empezó el
rodaje. Puede trabajar de forma muy rápida en una escena de
acción, consigue que cada momento sea épico, asombroso. En
Alaska, rodó escenas increíbles en situaciones totalmente
imprevistas”.
Sean Penn le pidió a Derek R.
Hill (Cruzando la oscuridad, Piratas del Caribe: la maldición de
la perla negra) que se ocupara del diseño de producción. A pesar
de que la película transcurre casi siempre en plena naturaleza,
“hay mucho trabajo para un diseñador de producción”, dice Sean
Penn.
Derek Hill recuerda: “Sean me
dijo que quería ceñirse lo máximo posible a la realidad. Intenté
recorrer los pasos de Chris para encontrar los lugares que había
conocido. Viajé bastante. Recuerdo coger muchos aviones,
alquilar muchos coches, conducir durante muchos kilómetros,
sacar fotos”.
Al final escogió exteriores
en México, Dakota del Sur, Arizona y Alaska. Según él, uno de
los decorados que más problemas le planteó fue el pueblo de
Carthage, en Dakota del Sur, con 187 habitantes. “Fue difícil
encontrar bastantes habitaciones para el equipo y los actores,
aunque los habitantes fueron muy generosos y nos ofrecieron sus
casas. Acabamos llenando todos los hoteles y moteles de la
zona”.
Otra tarea difícil fue
reproducir el autobús International Harvester de la época de la
II Guerra Mundial, que se convirtió en el hogar de Chris
McCandless en Alaska, su “autobús mágico”, como lo llamaba él.
De hecho, la foto de ese autobús hizo que Sean Penn comprara el
libro.
“Sean y yo hablamos y
decidimos que no queríamos rodar en el autobús, por respeto a
Chris y a su familia”, dice Derek R. Hill. El autobús sigue en
el mismo lugar en Alaska. Añade: “Fuimos a verlo y lo
fotografiamos todo, platos, vasos, jarras, el colchón, la
estufa, para que todo fuera idéntico a la realidad. Estar en ese
autobús, ver las frases que Chris escribió en las paredes me
produjo una sensación muy extraña, me conmovió”.
El equipo del diseñador de
producción se lanzó a la búsqueda de dos autobuses similares
para poder recrear el interior e instalar paredes movibles.
También tuvieron que hacerse
con un alce muerto para la escena en que Chris consigue hacerse
con el animal cuando está a punto de morirse de hambre. “La
única solución fue que la policía nos avisase si un alce moría
al cruzar una carretera. Contratamos a cazadores para que
enseñaran a Emile cómo despellejarlo”.
En Slab City, el problema era
diferente. “Intentamos integrarnos y que fueran parte del
rodaje”, explica, “pero construimos una zona nuestra en las
afueras para no molestar a nadie”.
En cuanto a la casa de Ron
Franz, Derek R. Hill la diseñó con la ayuda de Sean Penn:
“Hablamos del personaje, de cómo se había detenido su vida
cuando su familia murió, de cómo vivía en esa pequeña casa en
mal estado a las orillas del lago Salton Sea, de cómo trabajaba
el cuero en su garaje”, dice.
Sean Penn tenía la esperanza
de rodar en la famosa parte superior del río Colorado, pero fue
imposible conseguir los permisos. Al final, tuvo que resignarse
con el tercio inferior, desde Diamond Creek, en la Reserva India
Hualapai, hasta el lago Mead, una sección con rápidos de clase
IV. Una vez conseguidos los permisos necesarios del Servicio de
Parques Nacionales y de la Nación Hualapai, un representante del
Servicio de Parques les acompañó durante todo el rodaje: “El
Servicio de Parques cooperó con nosotros, y Sean consiguió lo
que quería”, dice Brian Dierker.
Parte del realismo de la
película se debe al esfuerzo de la diseñadora de vestuario Mary
Claire Hannan: “Hice todo lo posible para reproducir con
exactitud cómo era Chris y qué aspecto tenía en esa época”,
dice. “La ropa de Chris explica dónde ha estado, es el idioma
silencioso de sus experiencias”.
Los trajes de la película son
un “mosaico de Estados Unidos”. La diseñadora dice: “Pasamos de
la clase media alta estadounidense, la graduación en la
Universidad Emory, donde todo es muy bonito, como un ramo de
flores, a Dakota del Sur, los granjeros, los jornaleros, para
acabar en Slab City con los hippies y los marginados. A Sean no
le gusta ver paletas de color, ni conceptos, me dio libertad
total, fue maravilloso”.
La diseñadora tuvo que
preparar 25 pares de vaqueros para Emile Hirsch debido a su
dramático cambio de peso. “Además, su ropa debía estar cada vez
más ajada según pasaba el tiempo. Hubo que teñir y manchar la
ropa para envejecerla”, recuerda.
Pero uno de los elementos
clave de la ropa de Chris, el anorak que llevaba en Alaska,
planteó un gran problema a la diseñadora. Por fin se le ocurrió
consultar con un experto en ropa militar, que dijo que era un
plumas fabricado entre 1943 y 1947 para temperaturas muy bajas.
Dice: “De ahí dedujimos que se lo habría dado Ron Franz, que
estuvo en el ejército, antes de que el joven saliera hacia
Alaska”.
Trabajar en las duras
condiciones exigidas por el rodaje fue algo nuevo para Mary
Claire Hannan. “No enseñan nada de esto en la facultad de
diseño”, dice, riendo. “No sé cómo conseguí subir a esas
montañas, pero valió la pena”.
Después de ocho meses, el
exigente rodaje tocó a su fin. Ahora entraba en escena el
montador Jay Cassidy, colaborador habitual del director. Este
último dice: “Le indico todo lo que no quiero ver y le dejo
trabajar durante un par de semanas. Entretanto hace un primer
montaje basándose en el guión y en mis notas de rodaje. Luego
viene lo que llamamos la ‘tercera versión de la película’. Es
nuestra forma de trabajar. Acabamos pasando varios meses en la
misma habitación, yendo de una toma a otra, intercambiando
ideas, pidiendo comida, incluso trabajando de noche, hasta que
acabamos. Debo reconocer que la película es muy parecida a lo
que tenía en mente hace diez años”.
El elemento final en una
película es la música, algo en lo que Sean Penn pensó desde el
principio. Incluso especificó temas en el guión. La partitura
incluye música y canciones originales de Eddie Vedder, así como
composiciones para guitarra de Michael Brook y Kaki King.
“Según avanzaba el rodaje,
estaba más convencido de que la voz de Eddie Vedder era el alma
de Chris McCandless”, dice Sean Penn. “Luego, cuando Jay Cassidy
y yo empezamos a incorporar música, me di cuenta de que el
sonido de Michael Brook era lo que buscaba. Martin Hernández,
nuestro diseñador de sonido, recomendó a Kaki King. Escuché
cosas suyas y se unió al equipo. Entonces le pedí a Eddie que
leyera el libro. Nada más hacerlo, empezó a componer canciones y
piezas instrumentales. Finalmente, grabamos en Seattle con
Michael, Eddie y Charlie Musselwhite. Entre todos, sacaron algo
genial”.
Eddie Vedder se hizo amigo de
Sean Penn hace años cuando compuso la partitura de Pena de
muerte/Dead Man Walking. Recuerda que el director le llamó y le
pidió que fuera a una proyección de la película cuando acababan
de montarla. Dice: “Era genial, no me pareció que faltara nada,
ya tenía buena música. Pero Sean dijo que lo intentara, a ver
qué pasaba. Estuvimos tres días en el estudio y le mandé media
hora de música. La escuchó y me dijo: ‘Si pudieras sacar más, te
convertirías en la voz interior del personaje’. Para él, la
música era casi como los pensamientos del personaje”.
Las canciones surgieron con
un estilo muy espontáneo, muy acorde con el espíritu aventurero
de la película. Eddie Vedder las compara a las demos que grabó
Pete Townshend, de The Who, cuando tocaba todos los
instrumentos. “Suena muy diferente a un grupo, el sonido es más
simple, pero también es más puro”. Recuerda que no paraba de
cambiar de instrumento mientras componía: “De pronto me decía
que eso era para la mandolina. No toco la mandolina
habitualmente, pero encajaba con la emoción del momento”.
A pesar de estar acostumbrado
a componer con más libertad y espontaneidad, Eddie Vedder
disfrutó de las fronteras impuestas por las escenas. “Era algo
totalmente diferente, había barreras”, explica. “Se trabaja con
muchos parámetros. Por ejemplo, el tema debe durar dos minutos,
el protagonista está en tal punto de su viaje, debe haber música
instrumental en tal momento porque entra la voz en off,
etcétera. Pero se trataba de ser útil y apoyar a Sean y a Chris
McCandless, por el que también me sentía responsable”.
Todo parecía salir tan bien
que el músico empezó a preguntarse qué ocurría. “Había algo en
el ambiente, era innegable que algo pasaba”, dice. “Era muy
fácil escribir, era extraño ver cómo la música encajaba
perfectamente con el golpe de la puerta de un coche cerrándose,
o cómo el órgano seguía el ritmo de los hombros de Emile
mientras andaba. Era casi como si alguien nos ayudara desde una
dimensión intangible. Hubo elementos inesperados y maravillosos
que nos apoyaron en todo momento”.
La música – pura, íntima y
emocional – realza el rico legado de preguntas y propuestas que
nos dejó Chris McCandless cuando se fue de este mundo. También
lo refleja la frase que Sean Penn escribió al final del guión de
HACIA RUTAS SALVAJES: “Chris murió vivo”. Cuando se le pregunta
por el significado, Sean Penn se limita a contestar: “Vivió y
sigue viviendo en nuestro interior”.
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2007 Paramount Vantage, River Road Entertainment, Square One y
Linson Film. Distribuida en España por Universal Pictures
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