CRÍTICA
por
José Arce
La literatura fantástica se
está convirtiendo, cada vez más, en una fuente inagotable de
inspiración para las producciones comerciales destinadas a un
público infantil y juvenil. Con la millonaria saga de Harry
Potter por bandera, la viabilidad económica de trasladar a la
gran pantalla famosas novelas de género está más que demostrada,
y ya se sabe: cuando Hollywood encuentra un filón, lo exprime
hasta límites insospechados.
"Las
crónicas de Naria: El león, la bruja y el armario"
(Andrew Adamson, 2005),
"Un
puente hacia Terabithia"
(Gabor Csupo, 2007) o la aún inédita
"La
brújula dorada"
(Chris Weitz, 2007) son las muestras más recientes de la
invasión de mundos imaginarios que nos bombardea
insistentemente.
“Los seis signos de la luz” toma
como punto de partida la serie de libros de
Susan Cooper, para
presentarnos la historia de Will (Alexander
Ludwig), a cuya vida
llegamos en ese complicado momento que es para cualquiera la
pubertad. Hormonas, chicas, las burlas de los hermanos mayores…
un inesperado y conflictivo cúmulo de cambios insospechados,
difíciles de encajar. Sin embargo, su adolescencia es distinta
de la del resto: pertenece, aunque él no lo sabe, a una estirpe
de guerreros en cuyas manos está el destino de la eterna batalla
entre la Luz y la Oscuridad. Con la ayuda de Merriman (Ian
McShane), la señora
Greythorne (Frances Conroy),
Dawson (James Cosmo)
y George (Jim Piddock)
hará frente a la amenaza de El Jinete (Christopher
Eccleston), en esta
historia de aventuras para toda la familia que incorpora el
clásico mensaje acerca de la amistad y la superación personal.
La principal virtud de la película es la acertada dosificación
de los acontecimientos; la narración está repleta de acción,
batallas y persecuciones, pero no se presentan de modo
atropellado, teniendo en cuenta lo ajustado de la duración de la
proyección –apenas noventa minutos–. Tras un prólogo veloz, en
el que conocemos a los personajes principales e intuimos un
episodio trágico en su pasado, el metraje coge velocidad para no
detenerse jamás, en un espectáculo que hará las delicias de una
platea adolescente que no tendrá problemas para identificarse
con el protagonista, un resuelto Alexander Ludwig que firma su
primer papel importante con soltura, teniendo en cuenta que el
escaso desarrollo del personaje no es responsabilidad suya.
El enfoque no escapa a
los parámetros de una producción para todos los públicos, pero
sin embargo aporta detalles que hacen agradable su visionado
para una audiencia más amplia. David L.
Cunningham orquesta
las secuencias de acción con bastante habilidad a pesar de ser,
en ocasiones, un tanto simplonas, apoyado en unos espectaculares
efectos CGI que envuelven a la perfección las apariciones del
inquietante villano o la que es, sin duda, la mejor escena de la
película, el oscuro interrogatorio en el centro comercial;
pequeños guiños invisibles para los púberes –la sugerida
violación súbitamente interrumpida por Will en la batalla
medieval– y un protagonista consciente de lo surrealista de la
situación –«¿salvar el mundo? ¡si ni siquiera sé cómo hablar
con una chica!»– contribuyen a que la búsqueda de los signos
resulte amena y más coherente que otros productos de este tipo.
Curiosa es también la facilidad del equipo para presentarlo todo
sin que aparezca ni una sola gota de sangre, logrando que casi
no se eche en falta. El conjunto resulta un tanto frío y
mecánico en algunos momentos, aunque no empaña demasiado este
producto de consumo rápido, que estratégicamente llega a las
salas españolas un par de meses antes que la más publicitada
"La
brújula dorada". El
reparto se beneficia de la participación de un magnético Ian
McShane, convertido en una suerte de padre alternativo para el
desquiciado muchacho; James Cosmo demuestra que su imponente
presencia puede también resultar entrañable, mientras que
Christopher Eccleston se lleva lo mejor de la función,
resultando descacharrante o “temible” en su doble papel. Una
pregunta queda en el aire: ¿pretende el director presentar a El
Jinete como una sutil metáfora sobre el cambio climático?
Inevitable, aunque inútil, es
cerrar este comentario con el enésimo tirón de orejas a los
responsables de adaptar los títulos en nuestro país, ya que “Los
seis signos de la luz” resulta un tanto engañoso por aparentar
dirigirse a una audiencia más infantil de la que realmente busca
el advenimiento de la oscuridad a la que hace referencia la
denominación original. Pero ya se sabe…
Calificación:
    
Imágenes
de "Los seis signos de la luz" - Copyright ©
2007 20th Century Fox y Walden Media. Distribuida en España por
Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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