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MR. MAGORIUM Y SU TIENDA MÁGICA
(Mr. Magorium's Wonder Emporium)


Dirección y guión: Zach Helm.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 94 min.
Género: Comedia, fantasía.
Interpretación: Dustin Hoffman (Mr. Magorium), Natalie Portman (Molly Mahoney), Jason Bateman (Henry Weston), Zach Mills (Eric Applebaum).
Producción: James Garavente y Richard N. Gladstein.
Música: Alexandre Desplat y Aaron Zigman.
Fotografía:
Roman Osin.
Montaje: Sabrina Plisco.
Diseño de producción: Thérèse DePrez.
Vestuario: Christopher Hargadon.
Estreno en USA: 16 Noviembre 2007.
Estreno en España: 14 Diciembre 2007.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  No deja de resultar paradójico que el espacio de nobles sentimientos que propone “Mr. Magorium y su tienda mágica” sea una juguetería, cada vez menos reducto de creatividad infantil y más seña inequívoca de que las fechas del consumismo y la nieve artificial se acercan. Si "Charlie y la fábrica de chocolate" (2005), su inmediato referente a costa de una viveza colorista y un adulto peterpanesco, deconstruía ese espíritu moderno y criticaba con no poca acidez el aburguesamiento como nueva forma de niñez, esta película navideña parece resistirse a la traición que supone dicha actitud. Revestido de un optimismo continuo y un chiquillerío que inunda fondos, conversaciones y reacciones, el segundo largo de Zach Helm —tras el prometedor guión de"Más extraño que la ficción" (2006)— resulta perfecto para tarde sin escuela, niños y mayores de fácil distracción visual, y espectadores no proclives a odiar las fábulas estomagantes.

 

  Desde unos creativos títulos de crédito la cinta se enmarca en una tradición de personajes chiflados que, en su primitivo estado de embriaguez perpetua, terminan resultando encantadores. Con un marcado estilo años sesenta que no se modernizará en el resto del metraje, desprovisto de efectos visuales de última generación y más centrado en el trucaje efectivo y la sencillez sin chiribitas —al menos hasta la escena final—, de tal forma que la magia se convierta en algo tan normal para el público como para los personajes, la historia remite a otros maestros de ceremonias que parecían conocer la esencia de la vida, como el “Doctor Dolittle” (1967). Sin embargo, esa ausencia de pretensiones en torno a miradas maquiavélicas de la niñez o universos imaginarios originales resta interés a una película, por lo demás, tan desprovista de fuerza narrativa como de sorpresa visual. Sus recursos llamativos son repeticiones de hallazgos ya descubiertos, como las habitaciones temáticas, cuyo copyright posee Willy Wonka, o las hileras de juguetes animados y otros cachivaches fantasiosos, enseguida conectados con detalles similares de “Pinocho” (1940), “Vaya Santa Claus” (1994) o incluso me viene a la memoria un corto animado de Walt Disney sobre el taller del Polo Norte.

  La sensación general es la de estar relamiendo una piruleta que no tiene fin —también idea del personaje de Roald Dahl— y que, por supuesto, no sabe a nuevo. Eso no es impedimento para dejar de disfrutarla si uno es aficionado a los sabores dulzones e intensos, del mismo modo que debe declararse muy fan de Dustin Hoffman o Natalie Portman para anteponerlos como razones de peso. Contra lo que pudiera parecer, “Mr. Magorium y su tienda mágica” no es una cinta para todos los públicos disfrazada de delirio pro-infancia: su consumo está pensado para niños acompañados de, al contrario de la tendencia actual que fabrica cintas "familiares" en las que los padres utilizan de excusa a sus hijos para verlas. Los dos actores principales no despliegan sus artes interpretativas —no, Hoffman no sobreactúa demasiado frente a lo que temería cualquiera en un principio—, se limitan a poner cara de pasmo, sobre todo en el caso de Portman, y a recitar diálogos cargados de una lógica absurda y benévola, inteligible para los pequeños, donde la magia carece de enemigos sólidos y de explicaciones banales. Un argumento ideal para los que se niegan a creer que los Reyes Magos son los padres o para quienes lo han averiguado demasiado pronto —espero no haberle chafado la Navidad a nadie que lea esto—.

  Aunque el trazado es fácilmente digerible para el sector al que se dirige en mayoría, no es menos cierto que su división radical de vida hedonista-vida trabajadora resulta simplista y promulgadora de un mundo de colores irreal en el que no tiene cabida el dolor —y si se presenta lo hace con sus respectivas dosis de lucecitas compensatorias—. Por esa razón la idiosincrasia de Molly Mahoney, el personaje de Portman, pierde su hilo particular en pro de la tesis general de la película: todo gira en torno a la magia, la fe, la creencia inquebrantable, el amor. Un ideario muy hippie y atractivo para los niños, pero al que le falta algo de sustancia cinematográfica que lo haga novedoso y pertinente. Se aparca al personaje y se fomenta su visión de la vida: la tienda de Mr. Magorium, más que una juguetería que hace feliz al que la pisa, parece una criatura alienante al más puro estilo del hotel de “El resplandor” (1980), lugar que absorbe los propósitos de quienes la habitan para adecuarlos a los suyos propios. ¿Dónde quedan los sueños de infancia de la propia Molly, hacia dónde van los de Eric —Zach Mills, que bien podría pasar por sosias de Freddie Highmore en físico y funciones narrativas— y cuáles serán los nuevos del gris contable Henry (Jason Bateman)? Ésa es otra historia, la que empieza cuando se cierra una etapa caduca, pero quizá más interesante que la relatada ahora.

  Zach Helm descuida estos aspectos fundamentales de una construcción fílmica porque le importa más el mensaje y la actitud aleccionadora. Sí, película con mensaje cursi y maneras no menos atildadas, cuyo armazón se subdivide en fáciles capítulos de lectura —ésos tan de moda con títulos rimbombantes que no expresan nada, o quizá la propia vacuidad de las páginas siguientes— y unificados mediante unas melancólicas notas al piano que expresan los anhelos de Mahoney antes de que éstos exploten en un concierto del que ella es única directora. A pesar de tanta celebración de la felicidad más a mano —o no tanto, descuida que la cinta aboga por virtudes tan accesibles como la amistad y la imaginación, pero olvida que su atractivo envoltorio, la magia, es imposible para los frustrados espectadores infantiles—, su cierre ya no sabe a piruleta, sino a palo reblandecido. No se ha perdido nada en el transcurso, pero tampoco se ha ganado ninguna revelación impredecible o un chispazo, un destello, que de repente, en un segundo, arregle lo que antes parecía corriente. Tal vez sea culpa de quien mira, y no sabe mirar, o del propio director y guionista, quien con su caleidoscopio ha distorsionado los materiales de partida para dibujar una fantasía menos especial de lo que se considera a sí misma.

Calificación:


Imágenes de "Mr. Magorium y su tienda mágica" - Copyright © 2007 Walden Media, Mandate Pictures, FilmColony y Gang Of Two. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

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