CRÍTICA
por
José Arce
David Cronenberg
se ha convertido, por méritos propios, en uno de los pilares
básicos del fantástico de las últimas tres décadas. A lo largo
de este tiempo, ha configurado una filmografía genial, única y
diferente, basada en conceptos incómodos y complicados relativos
a la mutación, el cambio y la degradación física y moral y los
misterios de la esencia misma del ser humano. Justo a esta
temática recurrente, emergen de su mano ideas como la Nueva
Carne, que tanto han influido en la carrera de cineastas
contemporáneos o recién llegados, fascinados por el talento
creador de un director que ha sabido ganarse, también, a la
crítica internacional, sobre todo con sus más recientes
trabajos. Su última película,
"Una historia de violencia"
(2005), que adaptaba de forma magistral la novela gráfica de
John Wagner y Vince Locke, mostraba un Cronenberg maduro, que
firmaba una obra sobria y hermosa, y que abría un nuevo camino
dentro de su catálogo de horrores, abandonando un tanto la
explícita visceralidad de trabajos anteriores para penetrar en
la oscuridad de un protagonista,
Viggo Mortensen, que
escondía secretos mucho más que inconfesables.
“Promesas del Este” tiene
mucho que ver con su predecesora. En esta ocasión, la
presentación del personaje central, un nuevamente genial
Mortensen, mantiene oculto su oscuro pasado, pero a diferencia
del Tom Stall que interpretó con anterioridad, Nikolai esconde a
nuestros ojos su presente y, probablemente, su futuro, de suerte
que el espectador no puede sino sentir la inquietud de no saber
nunca qué va a pasar, cómo va a reaccionar ni cuáles son sus
verdaderas motivaciones, la naturaleza de quien lo único que
sabemos es que es más, mucho más, que un simple chófer al
servicio de un mafioso ruso. De hecho, estamos ante una historia
en la que todos y cada uno de los participantes tratan, con
mayor o menor acierto, de aplacar los sentimientos que albergan
en su interior, en un intento de salvaguardar lo poco puro que
queda en sus vidas. Es el caso de Anna (Naomi
Watts), cuya vida se
partió por la mitad con la pérdida de su hija, y que ve en la
pequeña Christine la posibilidad de lograr salvar algo hermoso
en un entorno de dolor y degradación. Por su parte, Kirill (Vincent
Cassel) lucha contra
los demonios que rigen su comportamiento, aunque sin demasiado
ahínco, dejándose llevar por el psicópata que vive dentro de él,
nacido de alguien mimado, inseguro y con un excesivo e
inmerecido poder. Éstas son las tres patas sobre las que se
asienta la narración, tres personas para quienes las promesas
del Este que dan título a la película han caído en saco roto.
Porque, de una manera u otra, todos pierden al final de la obra,
con independencia de que consigan o no sus objetivos.
El realizador nos lleva,
con una mirada limpia, sobria y objetiva, por una urbe
diferente, alejado de la visión a la que podamos estar
acostumbrados. Conocemos el Londres de los inmigrantes, una
ciudad multicultural –más que recomendable es el visionado en
versión original– en la que conviven modos de vida diferentes,
en un especie de sistema de castas donde el respeto a los
distintos rangos de esta sociedad oculta es premisa fundamental
para sobrevivir. Es un mundo de gente poderosa, un universo
oscuro, serio y violento, en el que las relaciones de familia
son el nexo fundamental que mantiene estable el castillo desde
el que dominan el tráfico de armas, personas o drogas. Y no hay
glamour impregnando el ambiente. El gélido guión de
Steve Knight
mantiene las distancias con los personajes, los presenta como
son, fríos y distantes, indiferentes a lo que sucede fuera de
sus círculos. A diferencia del amplio catálogo cinematográfico
de temática mafiosa, lo cool acaba en la refinada
vestimenta de los personajes; el famoso respeto siciliano no
forma parte de los integrantes de esta caterva, nacida en
circunstancias mucho más complejas y desoladoras, en la fría
Siberia staliniana. Todo son traiciones, envidias y recelos, un
entorno de extrema violencia deshumanizada y brutal, donde el
ascenso en el escalafón se refleja en los tatuajes que cada
miembro luce con orgullo. La crudeza general encuentra un marco
fantástico en la partitura del habitual de Cronenberg,
Howard Shore,
que supera con creces su trabajo en
"Una historia de violencia",
en la que presentaba un enfoque musical demasiado influenciado
aún por el descomunal éxito de su labor en la trilogía del
anillo. Aquí los acordes entre alegres y melancólicos de las
melodías de los Urales conviven con la fuerza y el dramatismo de
pasajes sinfónicos tremendamente poderosos y liricos al tiempo.
Una de las grandes virtudes
del director a la hora de presentar sus proyectos es la elección
del reparto. En esta ocasión, la responsabilidad central recae
sobre un soberbio Viggo Mortensen, cuya figura impecable queda
grabada en la memoria del espectador gracias a una
interpretación literalmente integral y coherente, que sabe
hallar el equilibrio perfecto entre los momentos más calmados y
los de máxima tensión, desenvolviéndose con firmeza tanto a la
hora de mostrar la humanidad de su personaje como en los
instantes de violencia radical y desatada. A su lado, Cassel
disfruta del histrionismo de Kirill, cuyos rasgos se mimetizan a
la perfección en su rostro afilado y la visceralidad de su
mirada. Naomi Watts
–quizá
lo peor del conjunto, haciendo que la platea añore a Maria Bello–,
Sinéad Cusack
y el mítico realizador polaco Jerzy Skolimowski
somos nosotros mismos, gente corriente envuelta en una situación
atípica e incomprensible, pero que requiere de coraje y valor
para defender lo que creemos que es justo. Y por encima de
todos, Semyon, reflejado en el solemne porte del
Armin Mueller-Stahl
más inquietante que se recuerda
desde “La caja de música” (Costa-Gavras, 1989), un padre capaz
de mantenerse sin dudar al frente de sus dos familias cuya
mirada acerada oculta un abismo inextricable.
Con todo lo anterior, el
conjunto resulta otra soberbia muestra de un director que crece
continuamente con su trabajo, una máquina que atrapa desde la
primera hasta la última secuencia, avanzando lenta y
armónicamente para deleite de quienes se sienten a contemplar
esta historia sobre personas que siempre han vivido, y lo
seguirán haciendo, bajo los estandartes caducos de las falsas
promesas.
Calificación:
    
Imágenes
de "Promesas del Este" - Copyright © 2007
Focus Features, BBC Films, Kudos Pictures, Serendipity Point
Films y Scion Films. Distribuida en España por Universal
Pictures International Spain. Todos los derechos
reservados.
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