CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
La cómica y mordaz secuencia
de introducción a muchas de las proyecciones del Festival
Internacional de Cinema de Catalunya 2007, celebrado en Sitges,
rezaba en su plano final “40 años haciendo menos dura la
realidad”. A algunos de los hijos de la ficción, como la
fantasía o el terror, que son por tradición los grandes
invitados a este certamen, les es aplicable este lema de forma
indudable. Sin embargo, algunas presentaciones se emparientan
con este par de géneros de una forma un tanto más sutil que el
grueso de competidoras: es el caso del documental fake de
Brian De Palma,
“Redacted”. El resultado restalla en nuestra mente cuando
recordamos el lema que habíamos leído noventa minutos antes;
porque, para el caso, no sólo se nos ha hecho más dura la
realidad, sino que se nos ha gritado al oído su naturaleza
cruel, visceral y errónea.
Muchos
directores de cine se las dan —y daban— de pacifistas, eso no
es ninguna novedad. La guerra tiene su propio jugo
cinematográfico. Stanley Kubrick, burlón en “¿Teléfono rojo?,
volamos hacia Moscú” (1964) y brutalmente asfixiante en la
segunda mitad de “La chaqueta metálica” (1987), o Francis Ford
Coppola en tantas secuencias de "Apocalypse now"
(1979), recreaban el Vietnam que no se leía en los periódicos
pero que tampoco se vivía en el frente, probablemente a causa
de la querida ficción y su pasmosa capacidad por retratar lo
real. A De Palma este rollo no le va, quizá después de haberse
dado cuenta de que Iraq no es favorable a los estadounidenses
ni siquiera como terreno sobre el que escribir guiones, vistos
los intentos de Sam Mendes en "Jarhead, el infierno espera"
(2005) o el de Irwin Winkler con "Regreso al infierno"
(2006). Así pues, el director opta por ceder una cámara a uno
de sus marines, y otra a un conjunto de reporteros
franceses, para que cada uno ofrezca su particular visión
sobre la violación y asesinato de una niña de quince años en
2006 en Mahmudiya.
Nada más
empezar recibimos una advertencia: no vamos a ver un
documental, aunque se pretenda que el efecto sea el mismo que si
lo fuera. Pero recordarnos lo que ya leímos en la prensa ayuda a
De Palma a que nos percatemos de que entre la lectura piadosa y
la captura horrorizante de la cámara está el cine. Su lacayo, el
private Salazar, lo menciona en su primer minuto de
grabación: no habrá banda sonora rimbombante ni poemas a la
patria. Y aunque la hipótesis de la ficción acuda una y otra vez
a nosotros ante las escandalosas imágenes de embarazadas
tiroteadas, adolescentes manoseadas en controles, soldados
mutilados y, sí, niñas violadas y asesinadas, uno puede sentir
la risilla burlona de De Palma tras la oreja: “sí, sí, pero, ¿y
si fue algo parecido?”
De la
escabechina no se salvan, esta vez, ni los mismos soldados, que
solían ser acariciados cuales víctimas y que aquí son los únicos
señalados —como en su día efectivamente lo fueron— como
culpables, ejecutores últimos de una orden atroz (¿o es que no
se les ordena que tengan sus ratos de ocio para mantener alta la
moral de la tropa?) y, por ende, mercenarios sin perdón. No sólo
los hechos hablan por ellos, sino su caracterización bufona:
vulgares patanes —un gordinflón salido, un chicano sin
ninguna esperanza de ingresar en una academia de cine— que por
no tener lugar, no lo tienen ni siquiera en un ejército. Y lo
tendrían si por lo menos hubiera guerra, porque ése es el
otro frente abordado por De Palma: la anulada pretenciosidad de
la cámara en mano contrasta con el exaltado reportaje de los
franceses, donde el espectacular poema visual y sonoro resalta
la actividad del marine yanqui en tierras persas: nada que
combatir excepto el calor y el aburrimiento.
Sin embargo, un par de
“peros” dejan empañado un cristal que podría haber sido
totalmente transparente: en los compases finales el cine deja de
existir como tal, aparece la música para tirar de las lágrimas y
las fotografías reales —he aquí la contradicción con el
supuesto ficticio que se mantenía a rajatabla— firman el
panfleto sensacionalista, que no puede reconciliarse con la
neutralidad ni aun recordando la enmienda de las webs que
mostraban vídeos de las partes en conflicto a lo YouTube.
Decididamente, la trasgresión en cuanto al método existe, pero
ante el horror —recuerden bien la descripción del general Kurtz—
uno no puede evitar vender el alma a un caudal que discurre en
parte dentro de la sala, pero que nace y desemboca fuera de
ella. Y es que por más que leamos sobre Abu Ghraib, Samarra o
Guantánamo, no hay nada como verlo con los propios ojos.
Calificación:
    
Imágenes de
"Redacted" - Copyright © 2007 HDNet y The Film Farm. Distribuida
en España por On Pictures. Todos los derechos reservados.
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