CRÍTICA
por
José Arce
En el año
2000, Andrew Dominik sorprendió con su ópera prima,
"Chopper",
un título complicado, divertido y hasta extenuante que seguía
los pasos dados por el asesino en serie más conocido de
Australia, Mark Brandon Read, que adquiría los rasgos de un
fantástico Eric Bana que no desaprovechó la oportunidad y
llamó la atención de la industria americana, en la que ya está
sólidamente asentado. Ahora, siete años más tarde, Dominik
demuestra ser un realizador poco prolífico pero tremendamente
interesante, vista la fascinante y soberbia película que
presenta.
“El asesinato de Jesse James por el
cobarde Robert Ford” es todo un ejercicio de tranquilidad,
sobriedad y un extremado y excelente cuidado por los detalles.
El film se centra en lo que llevó a Robert Ford (Casey
Affleck) a perpetrar el rastrero crimen que da nombre al
film y que acabó con la vida de uno de los más auténticos
forajidos de leyenda del Oeste americano, Jesse James (Brad
Pitt). Casi tres horas tarda en llegar el fatídico
episodio final, tiempo en el que el realizador despliega una
descomunal batería de imágenes poderosísimas que dan sentido
al acto criminal por parte de un retardado e infantil Ford, un
personaje cuya evolución pasma por lo sereno y mecánico de su
actitud, brutal pero absurdamente aniñada –seguramente, cerca
de cómo debía de ser Jesse James a su edad–, que surge de una
frustración irreprimible derivada de no ser aceptado como uno
más en el clan de asaltantes de trenes. Los participantes de
esta tragedia viven en un marco frío y desolado, un momento
histórico en el que la nación americana todavía daba sus
primeros pasos, apenas una centuria después de haber nacido de
la Guerra de Independencia; la violencia, intuida o explícita,
así como el vacío espiritual, envuelven su existencias, más
allá de las riquezas de que puedan o no disponer.
El centro de todas las miradas es,
indudablemente, el legendario Jesse James. Llegamos a su vida en
plena decadencia del mito, a pesar de lo cual se muestra
magnético e irresistiblemente atractivo, atrayendo el interés de
todos los que pululan a su alrededor, despertando envidias y
recelos por su carisma y encanto. Pero también es impredecible,
cruel e implacable, con una veta psicópata que cuando se
despliega aterra por la fuerza de su ira desatada. Así pues, los
que le acompañan en este viaje le admiran, pero también le
temen, una mezcla de miedo y respeto que se refleja cada segundo
en todos los que le rodean en la pantalla. De esta mezcla de
sentimientos hacia su persona derivan los acontecimientos; Ford
le observa embelesado, pero no recibe nada a cambio, salvo
brusquedad y reprimendas que alimentan su odio hacia el que
fuera un héroe para él. Hay que decir que Brad Pitt es el
gran reclamo, omnipresente en todo el metraje gracias a un
trabajo interpretativo soberbio, pero no hace sombra al pequeño
de los Affleck en ningún momento, sin duda el gran
descubrimiento del proyecto. El juego entre ambos es
continuo, y cuando parece que el ídolo va a reconocer el apoyo y
la amistad del lacayo, todo se viene abajo: porque el gran
regalo de James para Ford es, en realidad, una treta para
perpetuar su leyenda antes de que la enfermedad acabe con él,
como si, desde el Más Allá, supiese de qué manera van a avanzar
los acontecimientos una vez que se haya ido.
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El otro gran
protagonista de esta narración épica es el tratamiento visual.
Paisajes eternos e inagotables, con planos abiertos o vistos a
través de un ojo de pez, de bordes difuminados y contrastes de
colores tan vivos que embriagan al espectador. Un trabajo de
fotografía mayúsculo, envuelto en la mansa voz de Hugh Ross
como el narrador que arrulla acompañado de una banda sonora que
baila entre un cuento infantil y la parquedad de unos simples
acordes de guitarra, convirtiendo el conjunto en una obra tan
clásica como posmoderna por el tránsito entre los episodios.
Todo es tan bonito como triste, tan hermoso como implacable,
dejando un sabor agridulce en el observador. Saber lo que va a
suceder no evita la incomodidad y la tensión en este western
grandioso, inapelable, desolador, un film bipolar, que presenta
una misma figura desde dos prismas diferentes; todo un sereno
homenaje a un icono que vivirá siempre en el recuerdo de la
imaginería popular, que supo ganarse de un modo extraño a
una sociedad que, si le rechazó en vida –no hay que olvidar que
era un violento asesino y ladrón–, le beatificó una vez muerto,
sepultando el recuerdo de su carrera criminal para centrar sus
iras en quien acabó con él tratando, con un acto cobarde y vil,
de convertirse en alguien especial, alguien que,
paradójicamente, hubiese sido considerado digno de su amistad.
Calificación:
    
Imágenes
de "El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford" - Copyright © 2007 Warner Bros.
Pictures, Virtual Studios, Plan B Entertainment y Scott Free Productions.
Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International
España. Todos los derechos
reservados.
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