CÓMO SE HIZO "AN AMERICAN
CRIME"
Notas de producción ©
2007
Filmax
El guionista/director Tommy O’Haver, conocido por sus comedias
ligeras, podría parecer una apuesta poco apropiada para un
proyecto como AN AMERICAN CRIME, pero estuvo entusiasmado con la
historia de Gertrude Banizewski desde que era un adolescente, en
Indianápolis, Indiana. “En 1985, terminé de leer ‘El señor de
las moscas’, al mismo tiempo que Gertrude obtuvo la libertad
condicional”, dice O’Haver. “En aquel tiempo, este libro tuvo un
gran impacto en mí. Cuando leí en el periódico el artículo
acerca del caso Likens, las conexiones entre ambos casos fueron
obvias. Pensé, ‘¡Dios mío! La gente corriente puede llegar a ese
punto si se la pone en determinada situación’. Y el hecho de que
pasara cerca de mi casa tuvo un impacto todavía mayor en mí.
Esta historia me perseguía y verdaderamente quería saber por qué
había sucedido”.
O’Hara intentó hacer una película acerca del caso Baniszewski
tan pronto como se mudó a Los Ángeles, en 1991; pero era
consciente de que era difícil que le dieran un proyecto de este
tipo a un director novel. Cuando su carrera como cineasta
despegó en el festival Sundance de 1998, gracias a su comedia
romántica BILLY’S HOLLYWOOD SCREEN KISS, intentó de nuevo llevar
a cabo aquel soñado proyecto. Mientras tanto, hizo dos comedias:
ASÍ ES EL AMOR y ELLA ENCHANTED. “Estoy orgulloso de las
películas que he hecho”, dice O’Haver, “pero me deprimía ver que
sólo recibía guiones de comedias juveniles o películas como
GARFIELD 2. Ése no era el camino que quería tomar”. O’Haver
decidió ponerse a escribir el guión. “De hecho, había empezado a
trabajar en él antes, y tenía escritas 30 páginas”, dice
O’Haver, “pero para mí era tan difícil escribir que le pedí
ayuda a Irene Turner, una amiga de la USC. Ella es una fanática
de las historias reales de crímenes, y pensé que una voz
femenina le iría muy bien al guión”. Previamente, O’Haver había
hecho un viaje a Indianápolis para echar un vistazo al lugar de
los hechos y a los documentos del caso en los juzgados, y volvió
allí con Turner a principios de 2005. Los dos pasaron un par de
días revisando las 3.000 páginas de declaraciones, copiando el
material más interesante. Volvieron a Los Ángeles con varias
libretas de anotaciones (y con todos los archivos en
microfichas), y se pusieron a trabajar. “Nuestra meta era
interpretar esas declaraciones y crear una historia que
explicara cómo pudo ocurrir algo así. No había ninguna
explicación en los archivos, así que tuvimos que inventar una.
Aunque nadie sabrá nunca llegó a suceder todo aquello, espero
que nos hayamos acercado a la verdad con lo que inventamos”,
dice O’Haver. Aunque muchos de los implicados están aún vivos,
O’Haver decidió no hablar con ellos. “Básicamente, estábamos
realizando una ficción a partir de los archivos del caso;
demasiadas opiniones y diferentes versiones de la historia
hubieran podido alejarnos de la visión que nos daban esos
archivos”.
A finales de 2005 terminaron
el guión y, sorprendentemente, consiguieron producir la película
muy rápidamente. El guión fue enviado a Christine Vachon, Katie
Roumel y Jocelyn Hayes-Simpson, de Killer Films, que
inmediatamente se convirtieron en productoras del proyecto.
O’Haver quería que el papel de Gertrude lo interpretara
Catherine Keener, que poco antes había caracterizado a Harper
Lee en TRUMAN CAPOTE. “Sabía que había participado en dramas,
pero siempre pensé en ella más bien como una actriz de comedia”,
dice O’Haver, “Sin embargo, quedé muy impresionado con su
interpretación de Harper Lee. Era el tipo de contención que
sabía que sería necesaria para el papel de Gertrude”. “Leí el
guión de una tirada, y me mantuvo desvelada toda la noche”, dice
Keener. “Pero pensé, ‘soy madre, no puedo hacer este papel’.
Sólo esperaba que llegara la mañana siguiente para poder
olvidarme del asunto”. Sin embargo, días después, Keener cambió
de opinión. “El papel fue cautivándome. Empecé a pensar que la
historia era digna de un buen debate. Finalmente, el personaje
me convenció y pensé que tenía que interpretarlo porque soy una
madre”.
Keener accedió a encontrase
con O’Haver en Venice Beach. “Recuerdo haberle dicho: ‘realmente
no quiero hacer esto’”, dice Keener. “Y él contestó, ‘yo
tampoco’. Pensé que era muy honesto. ¿Por qué querría nadie
hacer una película así? Él también tenía sus dudas. Pensé que
era muy apropiado que él también se sintiera así”. Paseando por
la playa, los dos hablaron sobre como O’Haver veía al personaje
de Gertrude en la película. “No quería que Gertrude fuera
simplemente mala”, dice O’Haver. “Quería explicar como un ser
humano puede llegar a este punto, como puede tocar fondo y
cometer algo tan atroz”. Keener estuvo de acuerdo en que era una
historia que valía la pena contar, y se comprometió con el
proyecto aun creyendo que no estaría disponible para trabajar en
él durante el siguiente año. O’Haver le aseguró que, de todas
formas, a él iba a llevarle mucho tiempo conseguir el dinero
para la película, y que irían pasito a pasito.
Unas semanas después, Henry
Winterstern, de First Look Studios, se ofreció a producir la
película. “Catherine me dijo, ‘¡pensé que habías dicho que
iríamos pasito a pasito!’”, recuerda O’Haver. Para el personaje
de Sylvia, First Look Studios propuso a la actriz Ellen Page, de
19 años. “Vi a Ellen en HARD CANDY y pensé que era una actriz
espléndida”, dice O’Haver. Page aceptó el papel en seguida.
Keener encontró un hueco en su agenda y la película se puso en
marcha. “Catherine y yo estábamos muertos de miedo. Pensábamos,
¿podremos llevar esto a cabo?”, dice O’Haver. “Todo ocurrió tan
rápidamente que no tuvimos tiempo de preguntarnos demasiado qué
estábamos haciendo”, dice Keener. “¡Había que ponerse manos a la
obra!”. “Yo también estaba preocupada”, dice Page. “Esta es una
de las historias más escalofriantes de las que haya oído hablar
en mi vida, si no la peor de ellas. Sentí la responsabilidad de
ser tan honesta como pudiera con mi papel”. “En muchos sentidos,
Ellen fue la más valiente y fuerte de todos nosotros”, dice
O’Haver. “Era la que se mostraba menos temerosa por lo que
estábamos haciendo”. Tres meses después estaban rodando la
película.
O’Haver piensa que los celos
fueron la principal razón por la que Gertrude le hizo algo tan
horrible a Sylvia. “Gertrude está cargando con todos esos niños,
sin dinero, y se siente muy sola”, dice O’Haver. “Es como un
animal enjaulado. Como no puede controlar su propia vida, quiere
controlar la de esos niños. Su casa es su dominio. Esa chica,
joven, guapa y dulce, le recuerda constantemente todas las cosas
que ella nunca tendrá, y siente eso como una amenaza. Puedes
notar que empieza a odiarla cuando la ve con Andy (James Franco)
y cuando la ve hablar con Ricky Hobbs”.
Gertrude se encuentra en la
parte final de su vida, y todo el mundo a su alrededor lleva
camino de terminar con una vida triste como la suya”, dice
O’Haver. “Es el destino que ve para Paula, muy joven y
embarazada antes de casarse. Es demasiado doloroso para que
Gertrude pueda aceptarlo, así que vuelca toda su desesperada
rabia en Sylvia, la persona que le recuerda cuán triste es su
vida”.
“Creo que Gertrude tuvo una
infancia difícil”, dice Keener. “Fue maltratada. Eso, combinado
con lo que yo creo que fue una enfermedad mental, provocó que
terminara haciendo cosas terribles. Es de esa vieja escuela del
‘ojo por ojo’”. El problema es que Sylva no hace nada para
merecerlo. Gertrude se inventa la provocación; por eso sus actos
se vuelven horribles. “Creo que el ciclo de los malos tratos es
muy importante”, dice O’Haver. “Tus padres te pegan, y también
tú puedes terminar pegando a tus hijos”.
O’Haver cree también que los
problemas de Gertrude se multiplican por la medicina que está
tomando. “Está cavando un foso para ella misma, cada vez más
profundo”, dice O’Haver. “Fuma todo el tiempo, y eso causa que
no pare de toser, y toma una medicina que es básicamente un
barbitúrico. Si combinas la enfermedad mental con esa medicina
para la tos, tienes un cóctel explosivo”.
Ellen Page se documentó
ampliamente sobre Sylvia Likens. “Leí todo lo que pude
encontrar”, dice Page. “Encontré muchas contradicciones mientras
investigaba. Alguien decía de ella que era una chica tímida, y
otra persona decía que era desvergonzada y que sabía bien lo que
quería. La única conclusión que saqué es que no debía
caracterizarla como una mártir. Ella es, simplemente, una chica
normal que se encuentra en una sitaución horrible”.
Una pregunta que a menudo ha
salido a la luz es por qué Sylvia no salió corriendo cuando tuvo
la oportunidad. Algunos incluso sugirieron que ella era una
cómplice dispuesta para el martirio. “Creo que hay gente que,
como no puede comprender cómo pudo suceder algo así, saca
conclusiones de ese tipo”, dice Page. “No me creo que Sylvia
fuera consciente de lo que le estaba pasando. Los niños que
reciben malos tratos no tienen tendencia a escapar de casa. Los
sufren y se sienten culpables por ellos. Por culpa de esas
circunstancias, su forma de pensar cambia. Cuando son tratados
como animales, su cerebro se desorienta y sienten que merecen
ese dolor y esa falta de humanidad”.
Uno de los elementos más
inquietantes de la película es el sádico comportamiento de los
niños del vecindario. “Creen que son una banda mafiosa”, dice
O’Haver, “Gertrude creó una situación en la que todo estaba
permitido. Podían intimidar a Sylvia sin preocuparse por las
repercusiones de sus actos. Con su mente retorcida, Gertrude
utilizaba el castigo para que sus hijos se comportaran al mismo
tiempo que les pedía, a ellos y a los otros niños, que
utilizaran el castigo para dar una lección macabra a Sylvia.
Esta circunstancia hizo que salieran de ellos sus peores
instintos, y luego tuvieron que vivir el resto de sus vidas con
el horroroso recuerdo de lo que habían hecho”.
“Como pasa con otras cosas de
esta historia”, O’Haver continúa, “a esos chicos tampoco puedes
terminar de pedirles cuentas por lo que hicieron. Creo que es
por eso que esta historia me ha tenido atrapado durante tanto
tiempo: hay muchas cosas en ella que me afectan profundamente,
pero no puedo explicar por qué”.
“Uno de los puntos fuertes de
esta historia es que mucha gente estaba al corriente de lo que
estaba sucediendo en esta familia, pero nadie dijo nunca nada”,
dice Keener. “Nadie quiso darse por enterado, o pensaron que lo
que sucedía en el seno de otra familia no era asunto suyo. Este
comportamiento es inaceptable cuando hay niños de por medio. Y
esas cosas aún siguen pasando”.
AN AMERICAN CRIME se rodó en
cuatro semanas, en junio de 2006. Éstas incluyeron 14 días de
grabación en un estudio que representaba el hogar de los
Baniszewski. “Durante el rodaje, sabía que debía conseguir un
tono contenido para la película, evitando al máximo la
exageración”, dice O’Haver. “Ese era nuestro mantra para la
interpretación, la cámara, el diseño de la producción y para
todo lo demás: contención, contención, contención. Y Catherine,
con su interpretación, dio con ese tono, que nos sirvió de guía.
“Como intérprete, siempre puedes ir más lejos”, dice Page,
“pero, con una actuación contenida, se puede hacer algo aún más
atroz. Y, si fueras capaz de contar la historia real al 100%,
conseguirías algo mucho más horrible que una ficción”. “Nuestro
relato no es ni una porción de lo que realmente ocurrió”, dice
Keener. “Sería demasiado duro asimilar o incluso creer la
verdadera historia de Sylvia”.
El rodaje fue una experiencia
difícil para el reparto y el equipo de grabación. “Era
literalmente como estar en un manicomio”, dice O’Haver. “Mucha
gente lloró en el estudio de grabación. Durante cuatro semanas,
todos estuvimos envueltos por ese mundo. No creo que hubiéramos
podido rodar durante más tiempo, esta experiencia fue demasiado
intensa”.
Se tuvo mucho cuidado en
proteger a los actores más jóvenes de los aspectos más
inquietantes de la historia. Sus padres estuvieron siempre
presentes y una de las madres era psicóloga. “Pero los niños
comprendían más o menos lo que estaba pasando”, dice O’Haver.
“Lo entendieron a un nivel muy básico; decían: ‘¡estamos siendo
unos niños muy malos!, ¡somos unos matones!’. Sin embargo, no
eran conscientes de la magnitud del asunto. Tenía mucho miedo de
trabajar con niños, pero terminaron siendo una de las pocas
cosas que nos mantuvo sanos”.
“Catherine y Ellen tenían
papeles muy duros, aunque en sentidos diferentes”, dice O’Haver.
Cuando la cámara no estaba en marcha, Catherine afrontaba su
papel comportándose de manera opuesta a Gertrude. Bromeaba
constantemente y se hacía cargo de los niños. Quería dejar claro
que ella no era esa otra persona. “Estar con esos chicos me hizo
más digerible el rodaje”, dice Keener. “Pensé que no era
correcto adoptar una actitud parecida a la de Gertrude. No le
iba a hacer eso a los niños. Tenía que hacerles comprender que
el rodaje era simplemente un juego, duro, pero un juego. A
través de ellos, conseguía alejarme un rato de mi personaje. Eso
lo hizo todo más tolerable”.
Por su parte, Page se mantuvo
más ligada a su personaje. “Se lo cargó a la espalda”, dice
O’Haver. “Absorbió la mayor parte de los tormentos de Sylvia.
Mientras rodábamos la escena en la que empieza a asustarse, la
miré y le dije: ‘Ellen, ¡te veo muy delgada!’, y me di cuenta de
que era debido a que no estaba comiendo con normalidad”. “Es
verdad, lo hacía por mi papel”, dice Page. “Sylvia se estaba
muriendo de hambre en el sótano, y antes de eso tampoco le daban
mucho de comer en casa de los Baniszewski. Además, la verdad,
cuando terminas de rodar una escena de ese tipo… tampoco te
apetece mucho comer.
“Antes de empezar el rodaje,
no pensé que pudiera llegar a sentir lástima por Gertrude”, dice
Page. “Es difícil abrirle tu corazón a alguien capaz de hacer
eso. Pero creo que, como ser humano, es casi una obligación ser
compasivo. Hay personas que hacen cosas terribles, pero aun así
puedes ser generosa con ellas en lugar de llamarlas por nombres
que te hacen sentir más a salvo, tales como malvado o demonio.
Por otro lado, Page siente que hay que diferenciar entre la
compasión y la absolución. “A Gertrude, se la tiene que hacer
responsable de sus actos”, dice Page. “Sus circunstancias pueden
hacerte sentir compasión por ella, pero es una realidad que hizo
cosas horribles, y eso no se le puede perdonar”.
“Con esta película, le
hicimos un homenaje a Sylvia. Le explicamos al mundo por lo que
había tenido que pasar”, dice O’Haver. “Pero pensé que la mejor
manera de hacerlo sería desde una perspectiva empática hacia
todos los que estuvieron involucrados en esta tragedia, y no
simplemente explicando una historia del bien contra el mal”.
“No saldrás del cine y dirás,
‘pobre mujer… es tan buena’”, dice Page, “pero quizás habrá una
parte de ti que la comprenda. Como seres humanos, tenemos que
ser conscientes de lo que hacemos y del dolor que causamos a los
demás. Si no analizamos el dolor de la vida humana, entonces no
creo que las cosas se puedan arreglar. Cosas así pasan todos los
días y la gente le da la espalda al asunto”.
“Si una razón mayor, digamos
espiritual, fue responsable de este crimen, sólo se me ocurre
que fuera para abrir los ojos de la gente sobre hechos de este
tipo”, dice O’Haver. “pero aún así encontraría la razón algo
desconcertante porque, ¿sería justificación suficiente para lo
que pasó?”. Esta cuestión me supone un conflicto interior. Todo
está en la última frase que dice Sylvia: «El reverendo Bill
solía decir en cada situación, Dios siempre tiene un plan para
nosotros; supongo que aún no he comprendido cuál era el que
tenía reservado para mí».
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