CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Por un puñado
de condecoraciones
La guerra de
Iraq se está convirtiendo en un auténtico filón cinematográfico
como lo fuera Vietnam en su momento, aunque ahora llega con la
inmediatez de una imagen indomable y de vocación crítica para
cuestionar el abuso del poder político. A las recientes
"Regreso al infierno"
(Irwin Winkler) y
"Redacted"
(Brian De Palma) se suma esta cinta del británico Nick
Broomfield, y próximamente se estrenará “In the valley of
Elah” (Paul Haggis). Son miradas a una realidad espeluznante y
sangrienta, a una escalada de violencia física y psicológica,
con un uso partidista y mentiroso de la imagen y unas atmósferas
de odio y venganza de las que nadie sale inmune.
Tanto Brian De Palma como Nick
Broomfield han tratado de atrapar el clima de tensión y
sinrazón que arrastra a unos y otros a cometer tales
barbaridades, y lo han hecho con una estética hiperrealista
que acercase al espectador al escenario del horror. Con toda
la crudeza necesaria y partiendo de sucesos reales, han
buscado “reproducir representando” unos hechos que
conmocionaron al mundo, pero que pronto fueron enterrados por
los poderes mediáticos. Ambos han querido despertar
conciencias adormecidas, sensibilizarnos ante salvajadas que
nos dejan inmunes, y volver a sacar a la luz las vergüenzas y
odios de unos y otros.
Está clara su voluntad de destapar la
mentira y someter al espectador a un electro-shock que le
lleve a cuestionar lo que ve en los telediarios y a quienes les
gobiernan. Pero resulta más dudoso que lo logren a fuerza de
aumentar la crudeza en unas imágenes salpicadas de sangre y
venganza —aunque sin duda la realidad las superaría—, pues
pronto el espectador puede acostumbrarse a tanto salvajismo y
exigir una mayor dosis de barbarie que le impresione. Al fin y
al cabo, el cine no deja de ser una “representación”, y como tal
siempre se puede vaciar de realidad, trivializar su contenido, o
quedarse en una curiosidad morbosa que lleve más al escepticismo
que al compromiso ante el mundo. No en vano, ninguno de los
directores deja mucho espacio a la esperanza en la resolución
del conflicto y sí queda un regusto de tristeza y desolación,
aunque ambos traten de comprender a soldados y civiles para
dirigir sus “disparos” hacia los dirigentes.
En “La batalla de Hadiza”, Broomfield
recoge los sucesos acaecidos en 19 de noviembre del 2005, cuando
una bomba puesta por los grupos insurgentes acabó con la vida de
un marine y dejó heridos a otros dos, y que tuvo como represalia
inmediata la matanza de veinticuatro iraquíes —con mujeres y
niños— alojados en sus casas e indefensos ante la rabia de unos
soldados enloquecidos. En el primer tercio, la cámara se centra
en recrear los ambientes en liza y mostrar la ansiedad de unos
marines que “aplastan” con máximas simplistas cualquier atisbo
de racionalidad o sentimiento, así como a unos integristas que
preparan con frialdad e irresponsablemente su atentado
terrorista, y a un pueblo iraquí que trata de disfrutar de su
familia pero que se encuentra impotente entre dos frentes de
muerte. Son tiempos de calma —con historia de amor incluida, que
se adivina como imposible— previos a la tempestad y a la
masacre. La fiesta de la circuncisión y sus alegres cantos
pronto dejarán paso a otros más lúgubres y tristes que acaban
por apagar incluso el ruido de las metralletas durante el
asalto, con los marines “fumigando” a bocajarro a sus moradores:
son escenas impactantes —como las de los francotiradores—, por
la crudeza de las mismas imágenes y por su resolución estética
con un sonido en off de los disparos que penetra en el
alma del espectador y le hace enmudecer.
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La factura
hiperrealista de cámara móvil y planificación descuidada, puesta
en escena con apariencia documental y fotografía de grano grueso
vienen a buscar la complicidad del espectador, al que se
intenta implicar en una guerra de políticos e intereses
económicos. Sus espectaculares y agresivas imágenes no tienen,
sin embargo, réplica en el tratamiento humano-ético de sus
personajes, cuyo perfil queda desdibujado y poco desarrollado,
perdido entre tanta sangre y disparo. Cine de denuncia con el
habitual llamamiento final a resistir y “no escuchar lo que se
nos cuenta y sí a la propia conciencia”, como reza la canción
final que suena con los subtítulos ya discurriendo por una
pantalla tan oscura como el propio panorama de la guerra.
Cercana a la
propuesta de Brian De Palma, esta película bélica y política
gustará a un público interesado por el género y por la
actualidad del tema, aunque también puede cansar a quienes
comiencen a sentirse saturados de imágenes brutales que no dejan
resquicio a la esperanza, que pasan de largo por la humanidad de
sus personajes, incoada tras la tempestad en esta cinta pero
desechada por el director para quedarse con la amenaza a quienes
sólo aspiran a un puñado de condecoraciones.
Calificación:
    
Imágenes
de "La batalla de Hadiza" - Copyright © 2007
Film4 y Hanway Films. Distribuida en España por Alta Classics.
Foto por Phil Fisk. Todos los derechos
reservados.
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