CRÍTICA
por
José Arce
Una de las características más definitorias del género
fantaterrorífico es su infinita capacidad de imitarse a sí
mismo. El inabarcable catálogo pavoroso es capaz de
reinventarse, fagocitarse, plagiarse y convertirse, incluso, en
su propio reflejo invertido. La apertura del cine de horror
oriental al resto del mundo, definitivamente consolidada más
allá de los más estrictos círculos cinéfilos gracias a títulos
como “The ring”, "La
maldición (The grudge)" o
"The
eye", ha
provocado una reacción en cadena que ha tomado como base sus
pautas para adaptarlas a otros mercados, por no hablar de la
extensa e inagotable cantidad de remakes que ya están
entre nosotros o
aún están por llegar.
Estos son los elementos básicos
de “Kilómetro 31”, el nuevo largometraje del realizador mexicano
Rigoberto Castañeda:
dos hermanas gemelas, una de ellas en coma, interconectadas
entre sí mentalmente; un dramático episodio del pasado; un
enigmático lugar que da título a la película; un niño espectral
fallecido en trágicas y desconocidas circunstancias; y agua,
mucha agua. Rápidamente queda claro que el film es un refrito de
historias pretéritas ya mostradas, con el inevitable añadido de
que, según afirman al principio de los créditos de apertura, nos
encontramos ante un hecho real, una suerte de “chica de la
curva” charra, aparición fantasmagórica que deja un rastro de
muerte y dolor en todos aquellos infortunados que circulan en la
noche por ese punto negro de una carretera comarcal. La
inevitable y fatigosa sensación de que ya hemos vivido con
anterioridad todo lo que se nos cuenta, es una losa demasiado
grande que Castañeda no consigue sacudirse en ningún momento,
más allá de los minutos iniciales. Una vez superado el prólogo,
la trama se torna una sucesión implacable de planos y secuencias
de imágenes más o menos sugerentes o inquietantes, rodadas con
bastante aptitud pero a todas luces vacías e insuficientes para
mantener nuestra atención. Con la obviedad por bandera, la
narración transcurre lenta y agotadora, sin que nada aporte al
catálogo del terror reciente.
Las historias paralelas nos
llevan de la obsesión de un veterano agente de policía (Carlos
Aragón) a la
investigación que por su cuenta mantienen Ágata (Iliana
Fox) y Nuño (flojísimo
Adrià Collado),
por una parte, y Omar (Raúl Méndez),
por otro. Fantasmas, apariciones, viajes al pasado, y vueltas
constantes y reiterativas en torno al misterio que rodea al
dichoso punto kilométrico, un enigma que, una vez resuelto,
tampoco sorprende lo más mínimo; de hecho, el tramo final
resulta confuso y atropellado, en buena medida por la
incapacidad del director para obtener un ápice de pasión por
parte de su reparto en las escenas que más poder interpretativo
requieren, siquiera en aquellas mínimamente forzadas —la
discusión en el coche es el mejor ejemplo—. Destacar los
alucinantes ojos de Iliana Fox, dignos de un giallo
clásico, y algunos pasajes en los que los roles centrales se
acoplan perfectamente unos a otros. Pero, en conjunto, tanto el
ritmo narrativo como los juegos de planos, entre lo recargado,
lo simplón y el plagio nipón más sencillo e infantiloide,
impiden que los personajes se desarrollen correctamente, lo que
no deja de sorprender en un metraje que resulta excesivamente
hinchado, más cerca que lejos de las dos horas de proyección.
Calificación:
    
Imágenes
de "Kilómetro 31" - Copyright © 2006 Lemon
Films, Filmax Entertainment, Castelao
Producciones y Santo Domingo Films. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
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