CÓMO SE HIZO "LEONES POR
CORDEROS"
Notas de producción ©
2007
Hispano Foxfilm
2. El reparto
A la cabeza del reparto de LEONES POR CORDEROS figuran dos de
las estrellas más populares y aclamadas de nuestro tiempo: Meryl
Streep y Tom Cruise, que nunca habían actuado juntos en la
pantalla. Encarnando a la periodista de televisión Janine Roth y
al senador de los EE.UU. Jasper Irving en medio de una reunión
breve pero que podría cambiar el mundo, cada uno de ellos tuvo
la oportunidad de sacar a primer plano a los dos palpablemente
reales seres humanos atrapados en unos de los más intensos tira
y afloja de nuestros tiempos: la libertad de los medios frente
al poder político. El personaje de Streep, Janine Roth, llega a
la oficina del senador Irving sin saber muy bien qué quiere
éste. Años atrás, un artículo que ella escribió ayudó a situar
al joven y ambicioso político como el salvador de su partido, y
desde entonces le ha estado agradecido. Ahora, tiene la
esperanza de ganar su apoyo para una noticia que, posiblemente,
tendrá una repercusión mucho mayor, tanto sobre la “Guerra
contra el Terror” como en sus propias ambiciones de llegar a la
presidencia. El único problema es que esta vez, Roth, que ha
visto cómo los medios se ven atrapados en planes políticos, no
se deja influenciar tan fácilmente. Streep, dos veces ganadora
del Premio de la Academia® y casi perpetua candidata al mismo,
ha tenido la oportunidad de trabajar con muchos de los mejores
guionistas y realizadores de la época; y sin embargo, fue el
guión de este relativo novato Matthew Carnahan lo que primero la
atrajo a LEONES POR CORDEROS, mucho antes de que conociera la
participación de Robert Redford. “Creo que Matthew tiene un gran
oído para una conversación inteligente y agresiva. Se parece un
tanto a David Mamet, sin serlo. Es diferente; es en gran medida
su propia voz y resulta muy poco habitual encontrarlo”, observa
la actriz. “Pensé que el guión era como una gran obra, con
inmediatez y fuerza. Es un duro examen de cuestiones
importantes, pero tiene la pegada emocional de tratarse de
personas que a uno le preocupan”.
Streep prosigue diciendo que
“estaba muy interesada por la forma como trataba el compromiso,
la participación y la responsabilidad personal: la idea de que
yo soy el guardián de mi hermano. También se ocupa de la
cuestión de cuál es la responsabilidad que cada ciudadano tiene
en una democracia de ponerse en pie y lo verdaderamente difícil
que resulta”.
Meryl se sintió especialmente
atraía por el dilema moral de Janine Roth: seguirle o no el
juego a un político que quiere utilizarla para “vender”
cuidadosamente su noticia acerca de una mortífera operación
militar. Streep comprendió en el acto todo lo que formaría parte
del proceso intelectual de Roth en circunstancias tan excitantes
como peligrosas. “Ella es una mujer prestigiosa y cincuentona,
con responsabilidades familiares y sabe que si la despidiesen,
no podría encontrar empleo”, apostilla Streep. “Luego hay muchas
cosas que podrían mitigar sus ganas de decir lo que de verdad
piensa”.
Igual de claras para Streep,
como para Janine Roth, son las consecuencias de una prensa que
no está dispuesta a arriesgarlo todo en la busca de toda la
verdad en una sociedad democrática. “Dependemos de la prensa
libre para que nos dé la información correcta que nos permita
tomar decisiones muy emotivas”, apunta.
Víctima confesa del “mono de
las noticias”, Streep observa que siempre ha estado fascinada
por las vidas de las mujeres periodistas. “Christian Amanpour es
mi heroína”, comenta. “Admiro de verdad a las personas que
marchan a primera línea y nos traen la noticia; personas a las
que no mueve la emoción a favor de uno ni otro bando. Pero lo
que una mujer semejante no quiere decirnos es lo más difícil de
averiguar, y eso es lo que la convierte en un personaje muy
intrigante al que dar vida”.
Streep ha llenado su
interpretación de matices que revelan la agitación existente
debajo de la fría apariencia de Roth. Disfrutó especialmente
lanzándose a toda máquina a un combate de agudezas con el
espabilado senador interpretado por Tom Cruise. “Yo quería
aportar al personaje una especie de baile de inteligencias, en
el que uno jamás está seguro de si es ella o el senador quien
lleva al otro”, dice Streep. “Janine está haciendo algo
peliagudo en lo que, en condiciones ideales, es ella quien lleva
a su pareja pero no quiere que parezca que lo esté haciendo.
Para ella, todo gira en torno a cómo sonsacar las respuestas
ocultas sin llegar a ser antagónica con la persona que las
conoce”.
Una vez en el plató, Streep
se sintió aún más inspirada dando la réplica a la interpretación
de Tom Cruise, agudizándose e intensificándose recíprocamente.
“Tom me recordaba a una amalgama de Rick Santorum y John
Edwards”, asegura. “Tom aportó el sentido de alguien que tiene
una verdadera ocasión de ser el futuro de su partido. Nuestras
escenas fueron como un duelo, con fintas y estocadas, y dos
argumentos bien razonados enfrentándose el uno al otro. El
trabajo de Janine consiste en ocultar lo que ella siente para
obtener la noticia, mientras que el del senador es el de
subsumir quién es él realmente para presentar la personalidad
bajo la que le gustaría ser conocido; una partida
interesantísima de jugar”.
La última vez que Streep
había trabajado con Robert Redford fue compartiendo la cabecera
de cartel en la aclamada “Memorias de África”, aunque ambos se
han hecho desde entonces muy amigos, ya que comparten una pasión
por el medio ambiente. En esta ocasión, trabajar con Redford
como director fue toda una revelación. “Por aquel entonces él
era una especie de estrella gigantesca y a mí, no sé como
decirlo, me tenía sobrecogida”, reconoce la actriz. “Pero ahora
nos veo a ambos como a veteranos. Como director era tan
inteligente y estaba tan impuesto en todo que confié en él por
completo. Esto es diferente a cualquier cosa a la que se haya
enfrentado antes pero él siempre tiene una cierta clase de
integridad sobre el material. Y me asombraba ver cómo logró que
esto diera la sensación de una sola historia en vez de tres, y
cómo le infundió tanta fuerza y patetismo”.
A Redford le emocionó
trabajar dirigiendo a su buena amiga, y asegura que lo único que
lamenta es no haber tenido él escenas con Streep. “Habría sido
agradable trabajar con ella como actor en esta película porque
de verdad que disfruto haciéndolo, pero ésta era una relación
diferente”, asegura. “Lo bueno era que, al dirigirla, ya había
mucha confianza acumulada de nuestras anteriores experiencias
mutuas como artistas”.
Prosigue: “Yo trabajé en
colaboración con ella porque es muy inteligente y la invité a
que aportara lo que quisiera en cuanto a improvisación. Fue,
lisa y llanamente, un verdadero placer”.
De dar la réplica a Streep se
encarga Tom Cruise en el papel del ferozmente entusiasta y
profundamente ideológico senador Irving. Desde el principio, a
Redford le entusiasmaba la idea de que Cruise interpretara el
papel porque sabía que el personaje no acabaría siendo
completamente blanco o negro, sino situándose en algún lugar del
limbo que está entre ambos extremos. Cruise también aportó una
mezcla de cualidades innatas: inteligencia, carisma y
persuasión, por no hablar de una sonrisa que vale un millón.
Redford podía imaginárselo sin dificultad como candidato de vía
rápida al poder político.
“Habría resultado muy fácil
hacer del senador un villano de los que se retuercen el
mostacho, pero eso habría sido un desastre. Tiene un punto de
vista legítimo y eso había de quedar verosímilmente claro”
observa Redford. “Lo que hizo que Tom resultara tan interesante
para mí es que tiene esa cierta intensidad y potencia de volumen
que más o menos aumenta la idea del hombre que en verdad cree en
lo que está haciendo; pero también transmite la de un hombre que
tiene sus propios intereses egoístas”.
Aunque se le conoce como una
de las máximas estrellas de la taquilla, Cruise se ha ganado una
reputación por aceptar papeles inesperados y exigentes. En tres
ocasiones ha sido candidato al Premio de la Academia ® por
interpretaciones enormemente distintas: la de un veterano del
Vietnam que queda paralítico en “Nacido el 4 de Julio”, de
Oliver Stone; la de un agente deportivo inmerso en una crisis
moral en la película de Cameron Crowe “Jerry Maguire”, y la de
Frank Mackey, un gurú del ligue que se desmorona en “Magnolia”,
de Paul Thomas Anderson. Con todo, el papel del senador Jasper
Irving llevó a Cruise a lugares donde nunca antes había estado.
En el papel de Irving,
interpretaría a un hombre cuyas sólidas convicciones personales
le llevan a arriesgar las vidas de sus compatriotas. “Como
actor, supuso un enorme reto para mí, y no se parece a nada que
haya interpretado antes”, explica Cruise. “Jasper Irving es
alguien con un profundísimo conocimiento del gobierno y las
fuerzas armadas, además de creer sinceramente que ésta es la
mejor forma de ayudar. No podría encarnarlo simplemente como a
un personaje. Sentí, más bien, que tenía que transformarme de
verdad en este individuo para comprender lo que sabe, para verlo
del revés. Fue éste un papel que tuve verdaderamente que
investigar y estudiar”.
Para ahondar más en los
fervorosos argumentos de Irving a favor de intensificar la
agresión militar, Cruise se sumergió en un periodo intensivo de
lectura y aprendizaje. “Pasé mucho tiempo dándole un repaso al
gobierno moderno, a la historia del pensamiento conservador y a
la actualidad exterior”, observa. “Tenía que convertirme en él
ahondando en lo que él sabe. También tuve la suerte de poder
hablar con gente situada en muy altas esferas que compartieron
conmigo su punto de vista de forma muy sincera”.
También tuvo que encontrar la
forma más dramática de interactuar con el personaje de la
periodista a la que da vida Meryl Streep, para crear un
escalofrío muy entretenido en escenas que se desarrollan en tan
sólo unos pocos cientos de metros cuadrados de oficinas. “No
podía esperar a interpretar estas escenas con ella, a poner en
práctica este maravilloso juego de ingenio e intelecto”,
reconoce Cruise. “Todo cuanto podía decirse acerca de una
artista ya se ha dicho de Meryl, y en mi opinión todo es verdad.
Es una mujer dotada de una enorme fuerza y una actriz
increíblemente generosa. Trabajar con ella fue para mí un
verdadero sueño”.
Para Cruise, la clave de las
escenas que comparten era lograr que los espectadores sintieran
la tensión eléctrica que existe entre ellos. “La dinámica entre
el senador y el personaje de Meryl resulta muy excitante, en mi
opinión, porque se pasa de una idea conflictiva a otra distinta
para regresar a la primera, y así sucesivamente. Esta esgrima
intelectual supuso un gran reto y, para un actor, una enorme
diversión”, asegura.
A lo largo de la película,
Cruise también descubrió que el estilo de dirección de Robert
Redford era indispensable. “Su trabajo está siempre basado en el
personaje, pero también se presta una especial atención al
argumento y a la estructura, de modo que lo que se ve no es
solamente auténtico, sino que también tiene drama y tensión”,
subraya Cruise. “Fue para mí un inmenso honor trabajar con él”.
Mientras que Janine Roth y el
senador Irving intercambian golpes en Washington, un duelo de
otra clase tiene lugar en el despacho de un profesor
universitario al otro extremo del país. Aquí, en escenas que
forman el núcleo de LEONES POR CORDEROS, el profesor de historia
doctor Malley se enfrenta con un estudiante que, al parecer del
docente, tiene lo que hace falta para dejar huella, con que sólo
pudiera hallar en su interior una razón para tomar de una vez
una postura.
Desde el mismo minuto en que
leyó por primera vez el guión de LEONES POR CORDEROS, Redford se
vio a sí mismo dando vida al doctor Malley; en parte, porque
siempre le han fascinado los educadores y la educación, así como
el dar a las nuevas generaciones una oportunidad de ser
escuchadas – un aspecto del propio carácter de Redford que le
llevó a fundar el Festival de Cine Sundance.
También vio a Malley como,
quizás, parte de una especie trágicamente en vías e extinción,
un solitario inconformista, lo que le conmovió. “Digamos que,
más o menos, está llegando al límite de su aguante”, dice
Redford. “Él es un profesor que cree que la educación es una
herramienta importantísima para la fortaleza y el crecimiento de
la democracia, pero también ve que el compromiso de promover
esos valores que han marcado su vida entera, se está evaporando.
Este alumno, Todd, llega a ser simbólico en ese aspecto. He aquí
un estudiante de inmensas posibilidades que parece estar
malgastándolas a favor de una vida fácil, y para Malley es casi
un esfuerzo desesperado poner a este muchacho entre la espada y
la pared para que haga frente a esa decisión”.
La conversación de Malley con
Todd llega al fondo de uno de los temas de la película más
vitales y que más mueven a la reflexión. “El doctor ha sido
testigo de cómo los jóvenes se dejan llevar hacia la apatía y el
cinismo a lo largo de los años; ha visto a chicos que se
preguntan: ‘¿Por qué voy a participar? ¿Por qué debería
renunciar a una vida buena y fácil?’ Existe una sensación de que
resulta ridículo involucrarse en un sistema que está tan
destrozado. Y Malley ve en Todd a alguien que, sin duda, está
dotado para limitarse a darse la gran vida si quiere hacerlo –
pero también es alguien que podría dar un paso al frente e
intentar algo más arriesgado”.
Para interpretar a Todd, el
despreocupado pero talentoso universitario que al principio
trata de evitar al doctor Malley, y luego empieza a abrírsele,
Redford eligió a un excelente actor novel: Andrew Garfield, un
actor teatral británico hijo de padre norteamericano que también
protagoniza “The Other Boleyn Girl”, que se estrenará este
otoño. “Es muy novato pero tiene mucho talento”, afirma Tracy
Falco. “Entrevistamos para este papel a prácticamente todos los
actores jóvenes de entre 18 y 30 años, y todos tuvimos la
sensación de haber encontrado al mejor para el papel; sin duda”.
Redford observa que Garfield
suponía un gran riesgo, no siendo la menor razón de ello el
hecho de que proviniera de Inglaterra y que nunca hubiese pasado
por la experiencia de estudiar en una universidad
norteamericana. “No era norteamericano, por lo que tenía pocas
posibilidades, pero era listo e inteligente y en verdad pensé
que sería la persona adecuada para entablar un duelo con mi
personaje”, explica el director. “Fue todo un hallazgo, y
personalmente, resultó muy divertido trabajar con él”.
Independientemente de sus
antecedentes, Garfield comprendió a la perfección su personaje
desde el primer momento. “Todd es básicamente superinteligente y
perezoso”, observa el joven actor. “Se expresa muy bien, es
consciente y tiene enormes posibilidades pero le gusta la buena
vida – mujeres y asociaciones de estudiantes, y limitarse a
divertirse. Algo que muchos chicos de su edad están haciendo,
porque aunque el mundo es ahora mismo el lío padre, me parece
que resulta muy difícil oponerse a ello”.
Sin embargo, comprender a
Todd no hizo forzosamente que resultara fácil darle vida. “De
verdad que me resultó difícil”, admite Garfield, “adoptar ese
tipo de apatía. Tuve que ir completamente en contra de mis
propios instintos”.
Pero Garfield se sintió
absolutamente electrizado por el intenso intercambio de ideas
que surge del diálogo cuando Todd se enfrenta con el doctor
Malley, cuyo resultado es una extraordinaria conversación acerca
de lo que realmente importa en la vida. “Todd se siente
verdaderamente sacudido y agitado por el doctor Malley”,
comenta. “Se encuentra con que le ponen delante un enorme
desafío por la forma como este individuo hurga en su alma y le
dice: ‘mira, no estás haciendo nada con los talentos que se te
han entregado’, y se ve obligado a examinarse de forma mucho más
profunda de lo que nunca lo hizo. Creo que a Todd se le abre una
puerta que a él le hubiera gustado que hubiese quedado cerrada
porque sabe que, tan pronto como se abra, va a verse obligado a
adoptar una postura”.
Al aceptar el papel, el
propio Garfield tendría que enfrentarse a la sobrecogedora idea
de actuar junto a Rober Redford y a las órdenes del mismo en su
primer papel cinematográfico de importancia. “Al principio, era
una espada de doble filo”, confiesa el actor. “Por una parte,
era de lo más emocionante y, por otra, de lo más aterrador. Me
costó tres o cuatro días creérmelo del todo. Parecía como una
fantasía. Pero tan pronto como le conocí, se convirtió
inmediatamente en un ser humano. Para tratarse de una asombrosa
leyenda de la pantalla, carece de toda pretensión. Era como
trabajar con un actor fantástico sin que te impusiera su ego.
Cuando actúa es muy, pero que muy bromista; y cuando dirige,
resulta extremadamente calmado, tranquilo y generoso”.
La difícil misión a que se
enfrentaban ambos era la de mantener lo que es esencialmente un
prolongado tête-à-tête – por más que esté erizado con la
acalorada tensión de un enfrentamiento y con la emoción de una
generación que está pasando el testigo a la siguiente – dinámico
y vivo en la pantalla. “Hablamos mucho acerca de cómo podríamos
mantenerlo fluido y en movimiento”, explica Garfield. “Las
escenas resultan definitivamente retadoras porque son
innatamente muy estáticas además de muy fuertes y tensas – por
lo que siempre estábamos tratando de dotarlas de toda la
liviandad y la energía que podíamos”.
Al fin y al cabo, Garfield
opina que lo que ocurre en ese breve espacio de tiempo en el
despacho del doctor Malley, repercutirá a lo largo de toda la
vida de Todd de formas que nunca habría podido imaginar hasta
entonces. “Malley está realmente plantando semillas”, resume
Garfield. “Está diciendo: ‘estáte al corriente, no dejes de leer
los periódicos, enfádate una y otra vez y no te alejes del
mundo’. No le da a Todd ninguna respuesta sencilla; solamente le
dice que no olvide que tiene todos esos talentos para
utilizarlos a su propia manera”.
Los múltiples hilos de LEONES
POR CORDEROS se tejen en un desgarrador clímax cuando dos
jóvenes y leales soldados, a la vez que amigos íntimos, luchan
por su supervivencia en una remota cadena de montañas muy lejos
de las más sesudas conversaciones de la película. Allí, Arian y
Ernest, dos notables antiguos alumnos del doctor Malley, han
sido enviados a una misión secreta que es parte de un esfuerzo
para cambiar el curso de la guerra en Asia central – y cada uno
está dispuesto a sacrificarlo todo por su patria y por su
compañero. Sus actos y su heroísmo dejan al descubierto el
ineludible lado humano de los debates que ocupan a aquéllos que
se hallan en puestos de mayor poder.
Al asignar los papeles de
Arian y Ernest, Robert Redford esperaba hallar actores que
pudieran comprender íntimamente de dónde provienen estos dos
jóvenes y cuán duro han tenido que trabajar para lograr el sueño
de su vida. “Uno tenia que sentir auténticamente que cada uno
procede de un barrio duro del que han salido gracias a sus
logros”, dice el director. “Junto con sus éxitos académicos y su
sofisticación, tenían que conservar algo de la cruda y efectiva
actitud del ghetto”.
Así fue como el realizador
eligió a Derek Luke y Michael Peña, dos jóvenes estrellas en
ascenso, cada uno de los cuales proviene de ambientes
desfavorecidos, pero que tienen el suficiente descaro
interpretativo para lograr retratar una amistad singular en un
momento de extrema dificultad. “Para mí, lo más interesante de
Derek y Michael era su profundidad emocional”, comenta Redford.
“Ambos son personas fuertes y también tienen una verdadera
dignidad personal y un sentido de la humanidad que era muy
importante”.
Derek Luke, que saltó a la
fama después de haber obtenido el papel que da título a “Antwone
Fisher” y haber debutado en el cine bajo la batuta de Denzel
Washington, se ha convertido desde entonces en un importante
activo de la pantalla, habiendo protagonizado muy recientemente
la película de tensión política, dirigida por Phillip Noyce,
“Atrapa el Fuego”.
Cuando Luke leyó LEONES POR
CORDEROS, se sintió inmediatamente intrigado porque el personaje
era alguien con quien podía establecer una relación muy
personal. “Para interpretar a Arian, pude sacar partido a mis
propias experiencias como persona procedente de una situación
vital desfavorecida y hambrienta de cambio. Yo ya conocía ese
sentimiento de haber trabajado tan duro para alcanzar una
determinada posición que no hay diferencia entre ti y el sueño”,
dice.
También sintió que estaba
leyendo algo verdaderamente singular entre los relatos de
Hollywood. “Pensé que era algo verdaderamente distinto”, observa
Luke. “Lo que me gustaba de ello era que se logra ver la
realidad desde numerosas perspectivas diferentes - desde la de
un político, la de una reportera, la de un estudiante y la de
dos soldados – y cada una de ellos desempeña un papel diferente
en la idea de la defensa de la libertad”.
Principalmente, Luke se vio
empujado a comprender mejor por qué Arian toma las duras
decisiones que adopta en la vida. “Yo quería entender por qué un
joven salido de un ambiente desfavorecido y que trabaja tan duro
para asistir a un excelente colegio, toma a continuación la
determinación de ir a combatir en una guerra”, explica. “Creo
que Arian descubrió que en este prestigiosísimo colegio muchos
de los alumnos han gozado de grandes oportunidades pero que,
fundamentalmente, siguen dormidos y desaprovechándolas. Al cabo,
llegué a creer que Arian sintió haber visto una finalidad de
orden superior y actuó en consecuencia”.
Luke siente también que el
profesor Malley había tenido un profundo efecto sobre Arian,
incluso si no era el que Malley había previsto. “Creo que las
palabras son vehículos, que tienen mucho peso y que en
ocasiones, cuando alguien le dice las palabras adecuadas a
alguien, éstas encienden la luz para esa persona”, asegura. “Y
yo creo que eso es lo que el doctor Malley hizo con Arian. Le
dio a Arian la idea de que él tenía realmente la responsabilidad
de tratar de ayudar al mundo y Arian la asumió a su manera”.
Prosigue Luke: “Esto es lo
que inspiró a Arian y también lo que me inspiró para aceptar el
papel – el importante reto del doctor Malley a esta generación
para que no sólo se conformen y duerman sino para que sean
conscientes y aporten”.
Además de su preparación
mental, Luke se sometió a entrenamiento con armas y de combate,
teniendo que lograr la soberbia condición física de un soldado
de elite para transportar los 20 kilos de equipo militar con que
Arian carga en las montañas de Afganistán. La experiencia fue
iluminadora. “Después de un par de días de entrenamiento con los
Rangers, era como si el mundo exterior hubiera dejado de
existir”, recuerda Luke. “Sólo había hermandad – un hermano a mi
derecha y un hermano a mi izquierda. Percibí la sensación de en
qué consiste el compromiso y el sacrificio que supone ser un
soldado”. El entrenamiento también estrechó su relación con
Michael Peña, que interpreta a su mejor amigo y compañero de
armas. “Descubrimos mucha camaradería y muchas semejanzas entre
nosotros”, asegura Luke. “Ambos nos incorporamos a la película
con un verdadero deseo de resultar creíbles y ello provocó un
auténtico vínculo que se refleja en la pantalla”.
No obstante, ningún
entrenamiento pudo preparar a Luke para el reto de rodar durante
largos y emotivos días enterrado en auténtica nueve, punzante y
entumecedora. “Realizamos al principio algunas pruebas con
Poly-Snow , pero cuando llegamos al plató, decidieron que la
nieve auténtica parecería mejor”, recuerda Luke. “Tengo que
decir sin ambages que trabajar en esas condiciones, enterrado en
auténtica nieve y con calambres en las piernas, me mostró
realmente quién era Arian en esta situación. Era muy difícil
pero llegué a apreciar la clase de carácter que hace falta para
enfrentarse a semejante desafío con dignidad”.
A igual que Derek Luke, la
ascendente estrella Michael Peña proviene de un ambiente
semejante al de su personaje, Ernest, habiendo crecido en un
duro barrio de Chicago. Ha destacado en las dos últimos años en
papeles que van desde la película ganadora del Oscar® “Crash”,
pasando por la aclamada “Babel” hasta la producción de Oliver
Stone “World Trade Center” y el éxito del cine de acción
“Shooter”.
Dice Peña: “Realmente me
gustó la trayectoria de Ernest y yo tengo mucho en común con
este tipo. Yo provengo de un barrio que no era el más ideal y sé
lo que es tener que trabajar duro para lograr que las cosas
sucedan. Sé lo que es tener un sueño que se siente como
intangible y, sin embargo, al mismo tiempo, pensar que puede
hacerse realidad. Conecté con estos dos tipos, con sus
antecedentes, con su viaje a la universidad y con la forma como
se dieron cuenta de que necesitaban realmente hacer algo, ir a
contracorriente e involucrarse”.
La estructura,
complicadamente entretejida, del guión también resultó
impresionante para Peña. “Me encantó la forma como los relatos
se entremezclan para alcanzar luego un final común. Hay mucho
equilibrio y armonía en la narración, y me encanta la forma como
se necesita tener una perspectiva para entender todas las demás.
Pensé que ‘Crash’ también lo lograba divinamente”.
Otro aspecto de la historia
con la que Peña se sentía relacionado era la idea de un mentor
que puede tener un impacto fascinante sobre un joven. “Un motivo
por el que realmente quería hacer esta película era porque
recuerdo a personas que verdaderamente me inspiraron cuando
estaba en la escuela, personas que en verdad creían en mí,
mentores como el doctor Malley”, dice, “y quería rendirles
homenaje”.
Peña se sintió atraído al
guión por sí mismo, pero la primera vez que oyó la lista de sus
coprotagonistas, se preguntó si debía pellizcarse. Así lo
recuerda: “Pregunté quién la dirigía y me dijeron que Robert
Redford, y yo dije que bien. Pregunté quien era el protagonista
y me dijeron que Robert Redford, y me sentí… pues, bien. Y Meryl
Streep también interviene, me dijeron; y Tom Cruise – y sentí
que me estaban tomando el pelo. Resultaba abrumador”.
Por apetecible que fuera el
proyecto, Peña todavía tenía que hallar un modo de envolverse en
las subyacentes razones emocionales y filosóficas que explican
el voluntario alistamiento de Ernest justo en un momento en que
la oportunidad está, por fin, llamando a su puerta. “Creo que
ello se reduce al hecho de que Ernest y Arian tenían un
verdadero sentido de lealtad hacia su país”, asegura. “Y querían
cambiar verdaderamente el mundo. Creo que pensaron: ‘Si hay que
combatir en una guerra, seamos nosotros quienes lo hagamos – con
orgullo. Seamos tan buenos soldados como nos sea posible.’ Para
ellos, todo iba más allá del deseo de ir a la guerra.
Simplemente querían ayudar de la mejor forma que pudieran”.
Peña acompañó a Derek Luke en
su intensivo entrenamiento militar para el papel. Pero, al igual
que con Luke, no había cantidad de riguroso ejercicio ni
habilidad con las armas que pudiera prepararle para las
implacables emociones y la agonía física de trabajar en la
nieve. “Recuerdo haberme metido en nieve medio derretida hasta
el pecho, y recuerdo tener que decirme a mí mismo: ‘es por un
buen motivo, es por una buena película’”.
Sin embargo Peña se sintió
también profundamente conmovido por el valor y el destino de su
personaje – y por todas las difíciles preguntas que plantea. Lo
resume de esta forma: “Para mí, la mejor escena es cuando uno
recuerda la frase que el doctor Malley le dice a Todd - ‘nunca
semejantes leones habían sido mandados por tales corderos’ – es
algo que realmente te persigue y te hace pensar”.
3.
El rodaje
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