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LEONES POR CORDEROS
(Lions for lambs)


Dirección: Robert Redford.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 96 min.
Género: Drama.
Interpretación: Robert Redford (Dr. Stephen Malley), Meryl Streep (Janine Roth), Tom Cruise (senador Jasper Irving), Michael Peña (Ernest), Andrew Garfield (Todd), Peter Berg (teniente coronel Falco), Derek Luke (Arian).
Guión: Matthew Michael Carnahan.
Producción: Robert Redford, Matthew Michael Carnahan, Andrew Hauptman y Tracy Falco.
Música: Mark Isham.
Fotografía:
Philippe Rousselot.
Montaje: Joe Hutshing.
Diseño de producción: Jan Roelfs.
Vestuario: Mary Zophres.
Estreno en USA: 9 Noviembre 2007.
Estreno en España: 9 Noviembre 2007.

CRÍTICA por Manuel Márquez

  Nadie debería llamarse a engaño: pese a su “pátina Sundance” y a lo sobradamente acreditado de sus posiciones progresistas en materia política y social, Robert Redford no es ningún “outsider”, sino que se trata de un valor firmemente asentado en la industria hollywoodiense. A mayor abundamiento, "Leones por corderos", su última (y bastante celebrada en diversos ámbitos) entrega cinematográfica, viene avalada por el respaldo de dos etiquetas tan poco “sospechosas” como MGM y UA. Y está claro que nadie hace una buena película “americana” como un buen cineasta “americano”. Robert Redford lo es, y su "Leones por corderos", sin alcanzar un grado, quizá, de excelencia, sí que se trata de un producto muy, muy solvente.

 

  Solvencia que alcanza, especialmente, en virtud de dos elementos definitorios y fundamentales: el primero, su inserción rotunda e inequívoca en esa corriente narrativa norteamericana que auna una inmensa capacidad crítica con un respeto absoluto por los principios que cimentan su arquitectura social (ese American way of life que todo lo impregna); y el segundo, la majestuosidad de la presencia en pantalla de sus tres protagonistas –sin que eso signifique que quepa equiparar el nivel de las interpretaciones de los tres–. Vayamos, pues, por partes.

  La mirada caleidoscópica que el guión de Matthew Michael Carnahan arroja sobre el ejercicio estadounidense de su potestad imperial de guardián universal de la paz y la libertad, al hilo de un epiosodio concreto (el de la intervención armada en Afganistán), tiene un componente crítico incuestionable. Y la crítica se hace extensiva a los cuatro ámbitos bien diferenciados (aun cuando se hallen tan profundamente interrelacionados en su despliegue vital cotidiano –y, como no podía ser de otra manera, en el despliegue de la trama del film: un ejercicio de montaje en paralelo de las tres “líneas de acción” de gran armonía narrativa–) en que esa mirada se bifurca: el político, el periodístico, el académico y el estrictamente militar –aunque, naturalmente, sean los dos primeros terrenos aquellos en los que más se cargan las tintas, por motivos más que evidentes: se trata de una cuestión de grados de responsabilidad en la toma de decisiones y de capacidad de influencia en la opinión pública–. Ese ejercicio crítico, que, insisto, no pone nunca en cuestión la validez de los fundamentos y esencias del entramado socio-político estadounidense –dado que, como una de las escenas finales (sobre la que no entraré en detalles) se encarga de recalcar, quizá un tanto exageradamente, siempre late al fondo del mismo un elemento de dignidad y libertad individual que redime de todo pecado–, es uno de los aciertos que difícilmente cabrá objetar al film de Redford.

  En cuanto al trío protagonista, si exceptuamos el trabajo de Robert Redford, que, sinceramente, considero que se mueve varios peldaños por debajo del de sus dos partenaires (peca, posiblemente, de un exceso de tono doctrinario, que no se justifica por su “condición” de profesor universitario), y, aun así, no se puede considerar, ni muchísimo menos, flojo, nos deja un duelo interpretativo (el que constituye uno de los tres ejes de acción básicos de la película) de un nivel tremendo. Una Meryl Streep en estado de gracia, plena de madurez, con toda la sabiduría que ya ha podido exhibir a lo largo de una carrera impresionante condensada y destilada gota a gota, en cada gesto, en cada mirada, en cada rictus, frente a un Tom Cruise que, a base de apurar un arsenal interpretativo bastante más limitado, pero con un manejo muy inteligente de las claves de carácter de su personaje (ese tiburón disfrazado de delfín que maneja la dialéctica como principal arma arrojadiza), no le pierde la cara en ningún momento. En definitiva, la confirmación de lo ya sabido (el talento de la Streep) frente a la sorpresa de algo que quizá no cabía esperar de forma tan esplendorosa (el talento de Cruise) –o quizá sí, quién sabe…–.

  Frente a tales méritos, a los que cabría sumar algún otro de carácter más accesorio o secundario –como el de la contención de su metraje, esos poco más de noventa minutos que deberían ser pauta más frecuente en nuestras pantallas, frente a ese aluvión de megapelículas inacabables; o el cuidado de su envoltorio formal, sobrio, discreto y eficiente (nada brilla, pero nada chirría…), tampoco podemos olvidar, si queremos hacer un ejercicio de sana (y equilibrada) crítica, el que posiblemente se trate de su mayor defecto: el de su exceso de “pretensión de tesis”, un elemento que lastra enormente su potencial dramático, en la medida en que ralentiza excesivamente la acción, y convierte, en muchas ocasiones –especialmente, en las “tramas de despacho”, los diálogos en una suerte de “ensayos socio-políticos”, más propios de la columna de opinión del diario que de un guión fílmico al que cabe exigirle (por imperativo de su ulterior puesta en escena) más agilidad, más frescura. Se trata de una falla que se ve, en buena medida, aliviada por ese talento actoral al que se aludía en el párrafo anterior, pero que, ni aún con el mismo en todo su apogeo, se consigue soslayar totalmente. Apuntado queda, pues.

  En suma, esta "Leones por corderos" no pasará a la historia, probablemente, como una gran película bélica ni histórica; épica o dramática; pero sí como un intento estimable y bienintencionado de ofrecer una visión múltiple, amplia, abierta acerca de un tema sensible y de inmenso calado (además de como un digno ejercicio de cinematografía). No crean que es poco, en los tiempos que corren: ni muchísimo menos.

Calificación:


Imágenes de "Leones por corderos" - Copyright © 2007 Wildwood Enterprises, Brat Na Pont y Andell Entertainment. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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