CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Ang Lee
vuelve por sus fueros. No sólo rodando en su idioma original,
sino también volviendo a incidir en el tema que recorre toda su
filmografía, por más que luego utilice las más diversas formas
cinematográficas para encarnarse: el retrato de unos personajes
encerrados en la soledad de la represión de sus sentimientos, de
su ser. Si, sólo por poner tres ejemplos bien dispares, en
"Brokeback Mountain: En terreno
vedado" era
la homosexualidad de unos vaqueros de manual, en “Sentido y
sensibilidad” la rigidez de la clasista sociedad inglesa a
caballo de los siglos XVIII y XIX, y en "Hulk"
(quizá su cinta menos lograda) la condición de quien no sólo es
un monstruo sino que además se ve abocado a dejar de lado
cualquier contacto con los seres humanos, en “Deseo, peligro”
sus temas se encarnan en una trágica historia de pasión en la
convulsa China invadida por los japoneses.
Porque, en
realidad, de aquella época llena de sufrimiento para el pueblo
chino, a Lee sólo le interesa el que propicie el marco perfecto
para dos personajes, el de la espía Wong Chia Chi y el jefe de
la seguridad (y por tanto, responsable de torturas y
ejecuciones) del gobierno projaponés, el señor Yee
(maravillosamente interpretados por la debutante Tang Wei
y el siempre impecable Tony Leung), que se ven abocados a
una intensa relación condenada a la tragedia desde el momento en
que, en realidad, ella toma contacto con él con el único fin de
conseguir su asesinato. Sin embargo, es tal el proceso de
deshumanización que cada uno de ellos vive, cada cual por su
particular camino (ella abandonando la ilusión juvenil de las
conspiraciones universitarias para adentrarse en terrenos cada
vez más sórdidos, fingiendo ser quien no es en todo momento; él
compaginando su vena más cruel con la impolutez y sobriedad de
su cada vez más escasa vida social, como ejemplifica la soberbia
imagen de los zapatos manchados de sangre complementando su
traje de corte perfecto), que, al final, están destinados al
callejón sin salida de tener que reconocer que son dos lobos
solitarios que sólo se tienen el uno al otro.
Si en su
anterior película era la presión social del ambiente en que
vivían los protagonistas la que abocaba al fracaso y a la
clandestinidad su relación, aquí ocurre otro tanto, hasta el
punto de que las subidas escenas de sexo, más que excitantes,
son una llamada desesperada, el retrato de dos seres intentando
espantar el miedo, la angustia de vivir; y así, el cuidado
diseño de producción, la perfecta reconstrucción de la época, la
preciosa fotografía de Rodrigo Prieto y la maravillosa
(una vez más) partitura de Alexandre Desplat sirven en
realidad para enmarcar una desgarradora historia íntima que sólo
se ve lastrada por un arranque que se demora demasiado, quizá
por el peaje que supone la participación de capital chino (no en
vano, es el segmento de la cinta en el que más se recalca el
mensaje patriótico, algo que se diluye bastante en el resto,
donde las fronteras entre los bandos, sobre todo a partir de
cierto asesinato, no aparecen nada claras).
Todo se
disculpa porque, al final, la sensación de haber asistido a una
lección del mejor cine, a una nueva muestra de ese punto en el
que dos concepciones cinematográficas, la occidental y la
oriental, se vienen a juntar como sólo son capaces de hacerlo en
la obra de este superdotado director, se sobrepone a todo. Y sí,
no temamos la palabra: sólo él es capaz de otorgarle al adjetivo
“romántico” un significado que no huela a naftalina ni a cosa
caduca de la manera como lo consigue en “Deseo, peligro”, de
forma incluso más perfecta que en
"Brokeback Mountain: En terreno
vedado".
Calificación:
    
Imágenes
de "Deseo, peligro" - Copyright © 2007
Focus Features, River Road Entertainment y Haishang Films. Fotos
por Chan Kam Chuen. Distribuida en España por Universal Pictures
International Spain. Todos los derechos
reservados.
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