CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
La línea que separa un
telefilm de sobremesa y una película sólida es, en muchos casos,
muy fina, y una cinta se convierte en una u otra cosa solamente
si se cumplen o no una serie de características que le dan mayor
entidad. Sobre el papel, el argumento de “Un cruce en el
destino” parecía abocarla a ese estatus de obra menor que
rellena tantos huecos, preferiblemente en el horario de la
siesta del fin de semana, en la programación televisiva: un
matrimonio feliz (Joaquin Phoenix
y Jennifer Connelly)
con dos hijos contempla horrorizado cómo el mayor es atropellado
por otro conductor (Mark Ruffalo)
que se da a la fuga. A partir de ese momento, las secuelas de
una tragedia de semejante calibre sacudirán, por un lado, a la
antaño feliz familia, con un padre cada vez más obsesionado por
la venganza ante la falta de resultados de la investigación
policial, y por otro lado, al culpable huido, que verá cómo en
su interior irán creciendo los remordimientos y el sufrimiento,
sobre todo cuando se da cuenta de que asumir su responsabilidad
significaría tener que distanciarse para siempre de su hijo, del
que está a punto de perder cualquier derecho de visita tras un
problemático divorcio. Si a eso añadimos una serie de vericuetos
de guión no exentos de sorpresa —y que aquí no desvelaremos—,
parece que tenemos todo dispuesto para una de esas cintas de
rápido consumo e ínfima calidad a las que estamos, por
desgracia, ya acostumbrados.
Y sin embargo, eso no llega a
ocurrir por una serie de razones, que son las que en definitiva
dan la verdadera talla de una obra cinematográfica. En primer
lugar, por la planificación y la manera en cómo está rodada la
historia, con una sobriedad y elegancia que en ningún momento
enfatiza demasiado ni cae en la fácil tentación del melodrama
exacerbado. A este respecto, Terry George
se revela como un hábil cronista de los tormentos interiores de
sus personajes, moviéndose más en el registro de lo psicológico
que en lo explícito, una apuesta arriesgada por cuanto se apoya
en los planos cortos, en el intento de bucear en lo que sucede a
cada uno de los caracteres, de ir más allá de lo evidente.
En segundo lugar, pero
íntimamente conectado con lo anterior, por un reparto en estado
de gracia. Si Joaquin Phoenix vuelve a demostrar por qué es uno
de los intérpretes más sólidos de su generación, y Jennifer
Connelly vuelve a cumplir en uno de esos papeles en los que es
especialista —una mezcla de entereza y fragilidad en los que
parece estar cómoda—, Mark Ruffalo da todo un recital
interpretativo que no sería exagerado situar entre lo mejor que
hemos visto este año. La forma en cómo aguanta una cámara que
rastrea cada uno de sus rasgos, cada una de sus expresiones,
para transmitirnos el infierno literal en que termina convertida
su vida diaria, es digna de admiración. Desde luego, y salvando
alguna elección más discutible, lleva camino de convertirse en
uno de los grandes, una garantía para cualquier título en el que
figure su nombre (y eso, cuando aún tenemos bien fresco en la
retina su estupendo paso por
"Zodiac").
Con estos mimbres, “Un cruce
en el destino” se eleva como una película que, sin ser de las
que dejan huella permanente, se contempla con interés y, por
momentos, con ese disfrute especial que el cinéfilo siente ante
las propuestas honestas, bien construidas, que no insultan ni la
inteligencia ni la sensibilidad del espectador, y que te hacen
salir de la sala con la sensación de haber visto una pequeña
joya suficiente para justificar el precio de una entrada.
Calificación:
    
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de "Un cruce en el destino" - Copyright © 2007
Focus Features, Random House Films, Miracle Pictures y Volume
One Entertainment. Distribuida en España por Universal Pictures
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