CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Sombras
del pasado
Hay películas en las que, al
poco de comenzar, sientes que te han atrapado, que notas que te
metes suavemente en la vida de sus personajes y les comprendes
con facilidad, y de las que sales reconfortado cuando aparecen
los títulos de crédito. La que ahora firma
Gracia Querejeta
es una de ellas. Y lo es porque tiene un guión equilibrado y que
avanza con paso ajustado, porque sus personajes –tanto los
protagonistas como los secundarios– están bien caracterizados y
respiran autenticidad, y porque los actores saben encarnarlos
sin interponerse entre sus historias y el espectador. Guión e
interpretaciones como base para una buena película, algo que
también entendió así el jurado del pasado Festival de San
Sebastián.
Como viene haciendo en sus
anteriores trabajos, la directora de
"Héctor"
busca el lado humano de unas historias dramáticas que lleva al
límite. Y en esa situación difícil, obliga a sus personajes a
crecerse en la dificultad, a sobreponerse a la adversidad y
sacar lo mejor de sí mismos. Aquí, Ángela es una joven mujer que
en poco tiempo ha visto cómo su marido estaba ocultándole un
pasado de infidelidad y corrupción, cómo se muere un padre del
que se había distanciado hace años, y cómo hereda unos billares
que tienen más deudas que beneficios. Pero no es la única a
quien la vida trata con dureza: Charo, amante del difunto Leo,
tiene su particular historia de cárcel y abandonos; Evelin,
emigrante que trabaja en el establecimiento, espera en vano la
venida de su marido desde Honduras; Antonio, capitán del equipo
de billar, también ha tenido sus renuncias y sufrido sus
engaños... Con todo, en torno a una mesa de billar intentarán
matar los fantasmas y miedos del pasado, acabar con la sombra de
un Leo que amenaza con ganarles de nuevo la partida de la vida,
y coger el último autobús para tener un aliento de esperanza en
un mundo difícil.
Estamos ante un drama
existencial en el que la trama del negocio y del equipo de
billar no es más que el cañamazo por el que discurren unas vidas
y actitudes más profundas: la necesidad de perdonar y dar una
segunda oportunidad, de dejarse querer y ayudar superando el
propio orgullo, de seguir luchando y no quedarse en la cuneta,
de ser pacientes y leales en la amistad. Pero
no hay moralismo fácil ni mensaje explícito en la cinta, porque
los personajes están bien construidos y esas realidades
constituyen parte integral de su personalidad:
Charo es una mujer de trato difícil y “terca como una mula”, sin
remilgos ni sentimentalismos, pero de buen corazón y de una
pieza; Antonio es “un buen hombre, un buen amigo”, paciente,
atento y sensible; Evelin es una joven un tanto ingenua, pero
cariñosa y también buena persona; Emilia –la madre de Charo– es
una anciana tan aguda como sabia que pregunta «¿para qué sirve
una vieja?»; y Ángela es otra mujer fuerte, una “madre coraje”
que tiene que crecerse ante la desgracia y que también tendrá
que curar una herida emocional de la infancia. Todos los
personajes tienen un pasado que va creciendo a medida que la
película avanza, y que les da cuerpo y consistencia en su actuar
presente. El espectador enseguida se da cuenta de que son
historias ya comenzadas, que el cuadro torcido de un Leo
escayolado tiene su leyenda, que la cárcel de Charo y su antigua
relación con Antonio son episodios que aún están sangrando, que
el “affaire” de Fran es un drama de muchos quilates y matices...
Historias y personajes muy
cuidados en su escritura y también en su interpretación. Si
Blanca Portillo tiene
bien merecida la Concha de Plata como mejor actriz –sus
intervenciones rápidas y directas, sus gestos parcos y
auténticos son una lección de interpretación–, no menos mérito
tiene Maribel Verdú
en un papel incluso más difícil por exigir una mayor evolución y
versatilidad dramática, o unos secundarios que hacen que pueda
hablarse de película coral: por eso Amparo Baró,
Lorena Vindel,
Jesús Castejón o
Raúl Arévalo
son tipos tan verosímiles como
diversos, y sin caer en el estereotipo o la simpleza.
Por otra parte, Gracia
Querejeta sabe crear un ambiente coherente de barrio popular y
extracción social más bien baja, de tono realista pero humano,
con algunos momentos de conseguida emotividad –como esa escena
en la que rompen los cuadros o la del regalo de cumpleaños de
Emilia a su hija–, y otros de indudable sentido del humor –la
escena del footing nocturno o en el restaurante
oriental–. A todo ello le añade un claro enfoque social en el
que denuncia el machismo –escena del puesto de peaje de la
autopista, quizá un poco forzada y fuera de onda– o la
corrupción –subtrama que afortunadamente no desarrolla–, a la
vez que postula la capacidad de la mujer para sobreponerse y
abrirse paso en la vida, o se apuntan algunas situaciones
matrimoniales dolorosas con abandonos a este lado del “charco” y
al otro, o una problemática de la inmigración que deja muertos
–no sólo físicos– por el camino. Sin embargo, la directora hace
un tratamiento esperanzador de la tragedia y deja a sus
personajes –y al espectador– con el convencimiento de que la
carambola es posible, que basta un poco de esfuerzo y buena
voluntad, de dejarse ayudar y no aislarse en la soledad –tema
que une a las tres mujeres de la película– para escapar de la
sombra del fatalismo.
Película de infortunios y
lucha, de abandonos y lealtad, y también de soledades y
esperanza, de mentiras y arrepentimiento...
ideal para un público que busque historias humanas con trasfondo
social. Bien contada e interpretada, sin alardes narrativos ni
visuales que quizá hubieran estorbado y confundido,
pues la historia exige una óptica realista y clásica,
donde la cámara ceda el protagonismo a los personajes y a sus
dramas. Ahí el espectador sólo tiene que mirar por ese agujero
de la habitación superior de la sala de billares, y ver –como
hace el niño Guille– los movimientos de cada jugador... en torno
a una mesa de billar francés.
Calificación:
    
Imágenes
de "Siete mesas (de billar francés)" - Copyright ©
2007 Enrique Cerezo Producciones, Elías Querejeta Producciones y
Ensueño Films. Distribuida en España por Universal Pictures
International Spain. Todos los derechos
reservados.
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