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Dirección: Gracia Querejeta.
País: España.
Año:
2007.
Duración: 113 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Maribel Verdú (Ángela),
Blanca Portillo (Charo), Jesús Castejón (Antonio), Víctor
Valdivia (Guille), Enrique Villén (Tuerto), Raúl Arévalo (Fele),
Ramón Barea (Jacinto), Lorena Vindel (Evelin), José Luis García Pérez (Fran), Amparo Baró (Emilia).
Guión: David Planell y Gracia
Querejeta.
Producción ejecutiva: Elías Querejeta, Tedy
Villalba y Gracia Querejeta.
Música: Pascal Gaigne.
Fotografía: Ángel Iguácel.
Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
Dirección artística: Llorenç Miquel.
Vestuario: Maiki Marín.
Estreno en España: 5 Octubre 2007. |
CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Ya en su anterior película,
"Héctor",
Gracia Querejeta
construyó una historia que tenía similitudes con la de “Siete
mesas (de billar francés)”: un escenario situado en un barrio
popular de Madrid, unos personajes desubicados en busca de su
lugar, y un guión en el que los diálogos y las situaciones
levantaban un andamiaje que pretendía construir una red de
relaciones entre los protagonistas que hacía avanzar la
película. Sin embargo, aquella cinta, aunque con momentos
espléndidos, presentaba algunas arritmias e indecisiones que
impedían que llegase a funcionar plenamente.
Vista
desde la distancia,
"Héctor"
parece casi un ensayo de lo que sería el siguiente
largometraje de su directora, el que ahora nos ocupa; porque
da la sensación de que, en los tres años transcurridos, Gracia
Querejeta ha dado pasos de gigante hacia la madurez
cinematográfica, regalándonos con “Siete mesas (de billar
francés)” una cinta espléndida, con todas las virtudes de su
anterior obra pero en la que han desaparecido todos los
lastres, lo que permite que aquéllas brillen en todo su
esplendor dentro de una película que funciona a la perfección,
como un ajustado mecanismo de relojería que en ningún momento
chirría.
Lo más
curioso es que, para ello, ha cogido un esquema típicamente
norteamericano en el que nos narra la historia de un puñado de
personajes (especialmente la hija y la amante de un hombre
repentinamente fallecido, auténtico protagonista en la sombra
que marcó las vidas de casi todos los que desfilan por la
pantalla, y que vamos conociendo a través de éstos) que, en un
momento de auténtico naufragio vital, se aferran a un aparente
imposible que es reflotar y sacar adelante los billares que
poseía el difunto, un negocio que remite a otra época ya perdida
y que parece no tener ya sitio en la era de las playstation
y el entretenimiento doméstico y solitario. Si además añadimos
el ingrediente de que para ello se hace necesario levantar un
equipo para competir en la liga nacional, ya hemos seguido al
pie de la letra lo que dice el libro de estilo de una historia
de este tipo a la manera de Hollywood.
Pero,
como no podía ser de otra manera, Gracia Querejeta lleva el
esquema a su propio terreno, porque el billar (del que vemos tan
sólo lo suficiente para que la historia sea creíble y pueda
avanzar) es tan sólo la excusa para que se desencadenen los
conflictos, los acuerdos, las distancias, los sufrimientos y las
alegrías que van pasando de uno a otro personaje, en una especie
de ajedrez vital que atrapa desde la primera escena y no te
abandona hasta el final. Porque si hay una palabra que define a
la perfección todo lo que vemos desfilar ante nuestros ojos es
la de “verdad”, un sustantivo que parece haberse convertido en
adjetivo adherido a cada detalle de esta soberbia película:
verdad en la interpretación de los actores (desde unas
maravillosas Maribel Verdú
y Blanca Portillo
hasta el último de los hombres que pasan por los billares),
verdad en los escenarios, verdad en una vida de barrio que se
aleja de la poca credibilidad que transmiten otras cintas
ambientadas, supuestamente, en lugares “populares”; verdad en
los conflictos, en las reacciones, en los sentimientos; una
cinta que conmueve, pues, porque entre sus pliegues laten las
miserias, derrotas y apaños que nos puntúan la vida, y se van
desplegando ante nuestros ojos con toda naturalidad.
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Tenemos suerte: cuando tanto
se habla de la crisis del cine español, las últimas semanas nos
han demostrado que sigue habiendo esperanza. Y han tenido que
ser dos mujeres, Icíar Bollaín y Gracia Querejeta, las que han
venido a recordarnos que nunca el cine es más grande que cuando
nos habla de nosotros mismos a través de cualquiera de las
múltiples formas en que la vida se encarna en la pantalla. Desde
luego, ellas han sabido encontrar dos de ellas; ya estamos
esperando con ansia sus siguientes títulos.
Calificación:
    
Imágenes
de "Siete mesas (de billar francés)" - Copyright ©
2007 Enrique Cerezo Producciones, Elías Querejeta Producciones y
Ensueño Films. Distribuida en España por Universal Pictures
International Spain. Todos los derechos
reservados.
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