CÓMO SE HIZO "VALKIRIA"
Notas de producción © 2008
Hispano Foxfilm
1. El proyecto
Bryan Singer inició su
carrera cinematográfica con el aclamado thriller de suspense
Sospechosos habituales y continuó trayendo el mundo del cómic a
la gran pantalla con X-Men y Superman, aportando también su
originalidad dinámica. Su estilo de dirección es conocido por su
capacidad para mantener en vilo al público mediante una tensión
y una narrativa apasionantes. Pero con Valkiria, Singer importa
esas habilidades cinematográficas a un tipo de historia
completamente diferente: la verdadera historia del valor extremo
dentro del régimen nazi. Aunque los eventos y héroes
representados en Valkiria son reales, comparten mucho con el
tipo de historias y personajes que siempre han atraído la
atención de Singer. Al respecto, Chris Lee, productor ejecutivo
de la película y colaborador desde hace mucho de Singer, señala:
«Lo que siempre hace destacar a las películas de Bryan son la
complejidad de sus personajes, las emociones y la ausencia total
del maniqueísmo, y todo ello combinado con un gran sentido del
ritmo y la acción. La capacidad de Bryan para equilibrar un gran
número de personajes fascinantes se inició ya con Sospechosos
habituales, y continuó con la saga de X-Men. Ahora eso mismo
contribuye de forma poderosa al mosaico de personas
excepcionales que componen Valkiria». La historia de Valkiria le
llegó a Singer a través del guionista Christopher McQuarrie,
antiguo colaborador suyo que obtuvo un Oscar® por su guión de
intrincada construcción para Sospechosos habituales. En el
invierno de 2002, McQuarrie se hallaba en Berlín investigando
para otro proyecto cuando, durante una visita por la ciudad,
pasó por la calle Stauffenbergstrasse, en honor del integrante
de la Resistencia Alemana Claus von Stauffenberg. Allí descubrió
el Benderblock, emplazamiento de un monumento a la Resistencia
Alemana que McQuarrie encontró profundamente conmovedor. «Berlín
es una ciudad de monumentos», le dijo el guía a McQuarrie, «pero
éste es el único monumento verdadero para cualquier alemán que
luchase en la Segunda Guerra Mundial». «Desde luego, quise saber
más -comenta McQuarrie-; aquí aconteció un episodio de la
historia tan complejo como extraordinario, y la mayoría de la
gente fuera de Alemania no ha oído hablar nunca de ello. Se
trata de una historia que reveló que no todos los alemanes
apoyaban a Hitler, que había toda clase de resistentes, incluyo
algunos militares, y unos pocos estaban dispuestos a dar el paso
y decir basta. Cuanto más averiguaba, más me convencía de que
podría ser una gran película».
Y así empezó todo.
Continuando con su investigación, McQuarrie se sintió atraído
por Stauffenberg y su papel clave en el complot de asesinato de
Hitler el 20 de julio de 1944, incluyendo su propia
participación a la hora de transportar la bomba que pretendía
cambiar el mundo. McQuarrie fue desarrollando su fascinación por
el motivo que bien puede impulsar a algunos hombres a emprender
determinados actos de gran audacia y profunda consciencia cuando
se encuentran entre la espada y la pared. Comenzó a ver la
historia no sólo como un relato de suspense creciente, sino como
una historia sobre el precio del valor y la forma de reaccionar
ante el peligro extremo.
«Un tema que siempre me
atrajo es el de aquéllos que se ven forzados a abrir los ojos
ante la realidad y, al hacerlo, se convierten en mejores
personas», comparte McQuarrie. «Stauffenberg y sus colegas de
conspiración eran todos hombres de familia, con mujeres y niños,
así como de reconocido prestigio. Sabían que participaban en una
empresa con escasas probabilidades de éxito, y sabían que si
fracasaban ello implicaría cierto grado de destrucción. Con este
relato pretendíamos rendir homenaje a ese aspecto».
McQuarrie llamó entonces a
su coguionista Nathan Alexander para que iniciase la tarea de
investigar sobre la complicada vida de Stauffenberg y, más
importante aún, sobre las complejas maquinaciones del complot
para asesinar a Hitler y remplazar su gobierno autoritario
mediante un audaz golpe. Según Alexander, comenzó escudriñando
libros, artículos, transcripciones de juicios y material de
archivo, pero su emoción fue creciendo por el potencial de
contar esta historia de una forma fresca y absorbente.
«Stauffenberg es un personaje fascinante desde el principio, es
un carismático oficial alemán con un sólo ojo y una sola mano»,
comenta Alexander, «cuanto más averiguaba sobre él, más crecía
mi fascinación por quién fue y por cómo llegó finalmente a hacer
lo que hizo».
Inicialmente, McQuarrie y
Alexander dejaron que toda esa investigación impulsara la
narración de Valkiria. «No empezamos con una agenda -dice
McQuarrie- literalmente empezamos reproduciendo los hechos. Poco
a poco empezamos a comprender que se trataba de una historia
controvertida, en las que existen aún múltiples opiniones sobre
quiénes eran esos hombres, desde Stauffenberg a Beck u Olbricht,
y qué era lo que cada uno quería. Así que nuestro enfoque
consistió en contar la historia lo más sinceramente posible en
dos horas, mientras transmitíamos cierta presión y suspense a un
público contemporáneo. En mitad del relato de tan apasionante
historia, quisimos reproducir fielmente el espíritu que impulsó
a aquellos hombres».
Mientras escribían el
guión, ambos desarrollaron un singular proceso: Alexander
escribiría un borrador extremadamente detallado y centrado
estrictamente en la secuencia histórica, y continuación
McQuarrie lo convertiría en un borrador centrado en maximizar el
efecto dramático. «Pasábamos de uno a otro enfoque hasta que el
péndulo se detuviese en un punto intermedio entre ambos», indica
McQuarrie.
Finalmente, descubrieron
que el drama y la tensión del relato era algo inherente a los
acontecimientos reales de esta misión. Los únicos cambios
significativos que McQuarrie y Alexander introdujeron a los
hechos reales consistieron en comprimir el tiempo (a fin de
encajar en la estructura de un guión cinematográfico de 2
horas), y reducir el número de personajes involucrados (puesto
que alrededor de 200 personas fueron ahorcadas por su
implicación y alrededor de otras 700 fueron detenidas por su
relación directa con la conspiración del 20 de julio, sin
embargo una narrativa cinematográfica perfectamente sincronizada
sólo es capaz de seguir a un puñado de personajes clave).
McQuarrie y Alexander
tuvieron que enfrentarse a un desafío singular para mantener el
suspense del relato ante un público moderno, al fin y al cabo el
destino final de Hitler ya no resulta una sorpresa para nadie.
Descubrieron sin embargo que la colocación de la bomba sólo era
la mitad de la historia. Las consecuencias y la ejecución de la
operación Valkiria estaban tan repletas de sorpresas – desde las
fatales dudas al auge de la valentía — que permitían mantener la
tensión in crescendo.
«La tensión de la historia
se centra en el afecto que desarrollamos por esos personajes»,
dice McQuarrie. «El suspense radica en que somos testigos de lo
que debe pasar cada uno de esos hombres a medida que van
eligiendo unirse al complot, y las decisiones que toman en
relación con su fatídica ejecución».
Mientras que por un lado
McQuarrie y Alexander desarrollaron un profundo respeto por los
que se involucraron en la Resistencia Alemana, por otro lado
tuvieron que luchar contra el hecho de que esos hombres de honor
y principios prestaron servicio a Hitler en un primer momento,
especialmente a sabiendas de las atrocidades cometidas en los
campos de concentración. Señalan que muchos miembros del
ejército no adivinaron hasta qué punto podrían existir las
condiciones inhumanas bajo el mandato de Hitler hasta que fue
demasiado tarde. Esos mismos hombres asumieron igualmente con
seriedad su compromiso con el pueblo alemán (sellado mucho antes
de que Hitler llegase al poder). Muchos miembros de esa
resistencia se debatieron entre el juramento prestado y la
urgente necesidad de derrocar a su jefe de estado en plena
guerra.
«Se trataba de una cultura
en la que la gente creía de verdad que cuando uno daba su
palabra, era para toda la vida. Estos hombres habían prestado un
juramento de lealtad a Hitler -comenta McQuarrie- pero
finalmente concluyeron que Hitler había roto su juramento para
con el país a causa de las atrocidades perpetradas por él mismo
y por sus ministros. Se dieron cuenta de que tenían que hacer
algo por el bien de un futuro diferente, incluso si ello
implicaba el ser vilipendiado como traidores por sus
compatriotas. Fue un angustioso dilema moral».
Casi todos los mejores y
más brillantes militares provenían de la clase aristocrática,
eran patriotas de toda la vida que se habían incorporado al
ejército respondiendo a su sentido del deber durante la I Guerra
Mundial o, como en el caso de Claus von Stauffenberg en 1926,
mucho antes del auge y ascenso de Hitler. Gran parte de esos
hombres cuestionaban las políticas de Hitler ya a mediados de
los años 30, mientras se incrementaba la agresividad militar y
la violencia del país contra los judíos y otros pueblos. «En
aquella época existía un fuerte sentimiento de que todo
aristócrata tenía el deber de servir a su país y al pueblo,
motivo por el cual muchos se alistaron al ejército, incluyendo
Stauffenberg, Tresckow y Olbricht», explica McQuarrie. «Pero
muchos de esos hombres se oponían a los postulados nazis desde
el principio, y fue creciendo su desilusión hacia Hitler según
avanzaba la guerra y comenzaban a llegar noticias sobre el
destino que sufrían judíos y rusos».
El infame tratamiento a
los judíos, a los civiles rusos y a los prisioneros de guerra en
toda Europa resultó un punto de inflexión para muchos,
Stauffenberg incluido. Comenta Bryan Singer que «me sorprendió
averiguar gracias a esta investigación que muchos miembros de la
resistencia militar pronto sufrieron un grave impacto ante el
tratamiento que se dispensó a los judíos y la verdad sobre las
ejecuciones en masa. Aquello les impulsó a sentir que tenían que
hacer algo sin importarles el coste».
Otro punto clave de la
estructura del guión sería la revelación de la vital importancia
de la Operación Valkiria, el plan nacional de emergencia que el
propio Hitler había establecido para proteger al gobierno de los
disturbios civiles en caso de su muerte. Dicha orden instaba al
Ejército de Reserva alemán para que tomase el mando de las
instalaciones claves del gobierno hasta que se pudiese restaurar
el orden, un hecho que los conspiradores intentaron utilizar
inteligentemente a su favor. Alterando de forma secreta el
intrincado plan, la resistencia esperaba asesinar a Hitler y
recuperar Alemania de manos de los nazis, instalando su propio
gobierno durante el caos subsiguiente.
«Queríamos dejar claro que
asesinar a Adolf Hitler no era suficiente, porque ello no
garantizaría la caída de su gobierno nazi. También tenían que
encontrar la forma de hacer caer el régimen», dice McQuarrie.
«Por eso Stauffenberg y los demás conspiradores utilizaron la
Operación Valkiria para que pareciese que el círculo íntimo de
Hitler le había asesinado y que estaba intentando tomar Berlín.
Haciéndose pasar por el gobierno legítimo, la resistencia
movilizaría rápidamente al Ejército de Reserva para arrestar a
los acólitos de Hitler y asumir el control del gobierno».
¿Podría haber tenido éxito
la Operación Valkiria si todo hubiese funcionado a la
perfección, es decir, si el plan no se hubiese desmoronado a
causa de muchos pequeños pero devastadores fallos? «Creo que
sólo podemos especular sobre si hubiese o no funcionado», afirma
McQuarrie. «Nadie puede afirmar qué habría pasado exactamente
porque existían demasiados factores en juego. Pero sí existen
pruebas que apuntan a que podría haber tenido éxito. Y al final,
creo que los conspiradores lograron aquello que más esperaban:
lograron demostrar al mundo entero que los alemanes estaban
dispuestos a plantar cara».
Muchos podrían pensar que
Valkiria es un comienzo para Singer, pero aquéllos que conocen
bien su trabajo ven similitudes temáticas en la película. El
productor Gilbert Adler, que ya trabajó con Singer en Superman
returns (El regreso) afirma, «Stauffenberg es, de alguna forma,
un equivalente de la vida real a lo que buscamos en los héroes
cinematográficos: un hombre normal inducido a realizar actos
extraordinarios. Desde luego, él era muy humano y falible, pero
creo que Bryan pone de manifiesto que la formidable fortaleza de
Stauffenberg se basaba en temas muy reales: la dedicación a su
país, a su familia, y especialmente a lo que consideraba
correcto».
Igualmente importante para
Singer fue capturar la atmósfera general de la Alemania nazi.
«Bryan no sólo es un director de cine, es un aficionado a las
historias reales», nos cuenta Chris Lee, «y creo que esas dos
grandes pasiones se aprecian en el grado de detalle de cada
fotograma, así como en los detalles de los personajes y las
emociones».
Para Singer, Valkiria
representaba una oportunidad para asumir su primera historial
real, explorando además un periodo de la historia que ha
ejercido una oscura fascinación sobre él desde la infancia, ya
que su ascendencia judía le hizo comprender seriamente los
horrores perpetrados por Hitler y el gobierno de la Alemania
nazi. «Siempre tuve interés en explorar el Tercer Reich», nos
dice. «Pude acariciar este tema en una película basada en la
novela de Stephen King (Verano de corrupción), y de nuevo en la
primera de X-Men, en la escena del campo de concentración. Pero
Valkiria suponía la oportunidad de profundizar en un retrato
realista de aquel mundo a través de una extraordinaria historia
real sobre un líder que estaba destrozando una nación –y buena
parte del mundo- y los hombres que decidieron intentar
detenerlo».
El hecho de que existiese
una resistencia alemana –llegando incluso hasta los más altos
rangos del ejército- era algo que había alentado largo tiempo a
Singer, y le recordó el valor que puede surgir de la decencia
más básica del ser humano. «A muy temprana edad, descubrí que
existieron alemanes que habían intentado matar a Hitler», nos
dice. «No sabía que se trataba de Stauffenberg y Olbricht en
concreto, pero había oído lo de una bomba en un maletín, y para
mí aquello fue muy importante para comprender que no todos los
alemanes eran nazis. Podría resultar sobrecogedor creer desde
tan joven que todo un país podría estar tan repleto de odio, por
lo que resultó positivo saber que algunos intentaron oponerse».
Singer comenzó su propia
investigación, leyendo profusamente sobre todos los aspectos de
la vida durante el Tercer Reich. «Una de las primeras cosas que
hice fue leer Auge Y Caída Del Tercer Reich. Una Historia De La
Alemania Nazi, de William Shirer, que resulta ser un libro
extraordinario», comenta. «Debería ser una lectura obligatoria
para cualquiera que intente comprender cómo una sociedad
ilustrada puede transformarse muy rápidamente en una máquina de
matar. Se adentra en las personalidades y maquinaciones de
Hitler, Goering, Himmler, etc, y me ayudó a tener una mayor
comprensión del mundo en el que tuvieron que desenvolverse los
conspiradores. Antes de hacer la película necesitaba entender no
sólo el papel de la gente que intentaba derrocar a Hitler, sino
por qué surgió la figura de Hitler en primer lugar».
Singer también se reunió
con gente que pudiera aportarle una perspectiva interna. «Por un
lado, mantuvimos reuniones privadas con miembros de la familia
Stauffenberg», nos dice. «Por otro lado, nos entrevistamos con
el antiguo guardaespaldas de Hitler, quien, por lo que sé, fue
la última persona que abandonó el búnker en el que Hitler se
suicidó. Esas reuniones se mantuvieron con el fin específico de
aportar nuevas perspectivas e ideas a nuestro material.
Resultaron muy informativas, y en ocasiones incluso
transformaron nuestra visión por lo que pudimos aprender».
Todo esto se tradujo al
enfoque estilístico de Singer sobre la película, al mezclar
detalles y matices del período del Tercer Reich con el ritmo de
relámpago y dinamismo visual de un thriller moderno. Singer
señala, «No estábamos rodando un documental. Lo más importante
era mostrar la verdad de la historia de la manera más
atractiva».
Con este propósito, Singer
tomó pronto la decisión de permitir que cada miembro del elenco
internacional utilizase su propio acento. «Me he enfrentado a
los acentos internacionales de diferentes formas en el pasado,
algunas veces alterándolos, otras veces respetándolos», comenta.
«Pero con Valkiria, tenía un reparto fenomenal representando a
un fascinante, y algunas veces terrorífico grupo de personajes,
y sentí que tendría más fuerza si usaban sus propios dialectos
naturales. Cuando se inicia la película, uno se siente
transportado a ese mundo de soldados alemanes a mediados de los
40, y lo que te arrastra a ese mundo son los personajes,
aquellos orgullosos militares que vieron que tenían un líder
monstruoso y sintieron que debían desembarazarse de él. La
prioridad fue permitir que esos personajes se hiciesen patentes
a través de interpretaciones fuertes y muy humanas».
2.
El reparto
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Artists y Bad Hat Harry Productions. Distribuida en España por Hispano
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