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VALKIRIA
(Valkyrie)


cartel
Dirección: Bryan Singer.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 120 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretación: Tom Cruise (Claus Von Stauffenberg), Kenneth Branagh (Henning Von Tresckow), Bill Nighy (Friedrich Olbricht), Tom Wilkinson (Friedrich Fromm), Carice Van Houten (Nina Von Stauffenberg), Eddie Izzard (Erich Fellgiebel), Christian Berkel (Mertz Von Quirnheim), Thomas Kretschmann (Otto Ernst Remer), Terence Stamp (Ludwig Beck), Jamie Parker (Werner Von Haeften).
Guión: Christopher McQuarrie y Nathan Alexander.
Producción: Bryan Singer, Christopher McQuarrie y Gilbert Adler.
Música: John Ottman.
Fotografía: Newton Thomas Sigel.
Montaje: John Ottman.
Diseño de producción: Lilly Kilvert y Patrick Lumb.
Vestuario: Joanna Johnston.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2008.
Estreno en España: 30 Enero 2009.

CÓMO SE HIZO "VALKIRIA"
Notas de producción © 2008 Hispano Foxfilm

1. El proyecto

  Bryan Singer inició su carrera cinematográfica con el aclamado thriller de suspense Sospechosos habituales y continuó trayendo el mundo del cómic a la gran pantalla con X-Men y Superman, aportando también su originalidad dinámica. Su estilo de dirección es conocido por su capacidad para mantener en vilo al público mediante una tensión y una narrativa apasionantes. Pero con Valkiria, Singer importa esas habilidades cinematográficas a un tipo de historia completamente diferente: la verdadera historia del valor extremo dentro del régimen nazi. Aunque los eventos y héroes representados en Valkiria son reales, comparten mucho con el tipo de historias y personajes que siempre han atraído la atención de Singer. Al respecto, Chris Lee, productor ejecutivo de la película y colaborador desde hace mucho de Singer, señala: «Lo que siempre hace destacar a las películas de Bryan son la complejidad de sus personajes, las emociones y la ausencia total del maniqueísmo, y todo ello combinado con un gran sentido del ritmo y la acción. La capacidad de Bryan para equilibrar un gran número de personajes fascinantes se inició ya con Sospechosos habituales, y continuó con la saga de X-Men. Ahora eso mismo contribuye de forma poderosa al mosaico de personas excepcionales que componen Valkiria». La historia de Valkiria le llegó a Singer a través del guionista Christopher McQuarrie, antiguo colaborador suyo que obtuvo un Oscar® por su guión de intrincada construcción para Sospechosos habituales. En el invierno de 2002, McQuarrie se hallaba en Berlín investigando para otro proyecto cuando, durante una visita por la ciudad, pasó por la calle Stauffenbergstrasse, en honor del integrante de la Resistencia Alemana Claus von Stauffenberg. Allí descubrió el Benderblock, emplazamiento de un monumento a la Resistencia Alemana que McQuarrie encontró profundamente conmovedor. «Berlín es una ciudad de monumentos», le dijo el guía a McQuarrie, «pero éste es el único monumento verdadero para cualquier alemán que luchase en la Segunda Guerra Mundial». «Desde luego, quise saber más -comenta McQuarrie-; aquí aconteció un episodio de la historia tan complejo como extraordinario, y la mayoría de la gente fuera de Alemania no ha oído hablar nunca de ello. Se trata de una historia que reveló que no todos los alemanes apoyaban a Hitler, que había toda clase de resistentes, incluyo algunos militares, y unos pocos estaban dispuestos a dar el paso y decir basta. Cuanto más averiguaba, más me convencía de que podría ser una gran película».

 

  Y así empezó todo. Continuando con su investigación, McQuarrie se sintió atraído por Stauffenberg y su papel clave en el complot de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944, incluyendo su propia participación a la hora de transportar la bomba que pretendía cambiar el mundo. McQuarrie fue desarrollando su fascinación por el motivo que bien puede impulsar a algunos hombres a emprender determinados actos de gran audacia y profunda consciencia cuando se encuentran entre la espada y la pared. Comenzó a ver la historia no sólo como un relato de suspense creciente, sino como una historia sobre el precio del valor y la forma de reaccionar ante el peligro extremo.

  «Un tema que siempre me atrajo es el de aquéllos que se ven forzados a abrir los ojos ante la realidad y, al hacerlo, se convierten en mejores personas», comparte McQuarrie. «Stauffenberg y sus colegas de conspiración eran todos hombres de familia, con mujeres y niños, así como de reconocido prestigio. Sabían que participaban en una empresa con escasas probabilidades de éxito, y sabían que si fracasaban ello implicaría cierto grado de destrucción. Con este relato pretendíamos rendir homenaje a ese aspecto».

  McQuarrie llamó entonces a su coguionista Nathan Alexander para que iniciase la tarea de investigar sobre la complicada vida de Stauffenberg y, más importante aún, sobre las complejas maquinaciones del complot para asesinar a Hitler y remplazar su gobierno autoritario mediante un audaz golpe. Según Alexander, comenzó escudriñando libros, artículos, transcripciones de juicios y material de archivo, pero su emoción fue creciendo por el potencial de contar esta historia de una forma fresca y absorbente. «Stauffenberg es un personaje fascinante desde el principio, es un carismático oficial alemán con un sólo ojo y una sola mano», comenta Alexander, «cuanto más averiguaba sobre él, más crecía mi fascinación por quién fue y por cómo llegó finalmente a hacer lo que hizo».

  Inicialmente, McQuarrie y Alexander dejaron que toda esa investigación impulsara la narración de Valkiria. «No empezamos con una agenda -dice McQuarrie- literalmente empezamos reproduciendo los hechos. Poco a poco empezamos a comprender que se trataba de una historia controvertida, en las que existen aún múltiples opiniones sobre quiénes eran esos hombres, desde Stauffenberg a Beck u Olbricht, y qué era lo que cada uno quería. Así que nuestro enfoque consistió en contar la historia lo más sinceramente posible en dos horas, mientras transmitíamos cierta presión y suspense a un público contemporáneo. En mitad del relato de tan apasionante historia, quisimos reproducir fielmente el espíritu que impulsó a aquellos hombres».

  Mientras escribían el guión, ambos desarrollaron un singular proceso: Alexander escribiría un borrador extremadamente detallado y centrado estrictamente en la secuencia histórica, y continuación McQuarrie lo convertiría en un borrador centrado en maximizar el efecto dramático. «Pasábamos de uno a otro enfoque hasta que el péndulo se detuviese en un punto intermedio entre ambos», indica McQuarrie.

  Finalmente, descubrieron que el drama y la tensión del relato era algo inherente a los acontecimientos reales de esta misión. Los únicos cambios significativos que McQuarrie y Alexander introdujeron a los hechos reales consistieron en comprimir el tiempo (a fin de encajar en la estructura de un guión cinematográfico de 2 horas), y reducir el número de personajes involucrados (puesto que alrededor de 200 personas fueron ahorcadas por su implicación y alrededor de otras 700 fueron detenidas por su relación directa con la conspiración del 20 de julio, sin embargo una narrativa cinematográfica perfectamente sincronizada sólo es capaz de seguir a un puñado de personajes clave).

  McQuarrie y Alexander tuvieron que enfrentarse a un desafío singular para mantener el suspense del relato ante un público moderno, al fin y al cabo el destino final de Hitler ya no resulta una sorpresa para nadie. Descubrieron sin embargo que la colocación de la bomba sólo era la mitad de la historia. Las consecuencias y la ejecución de la operación Valkiria estaban tan repletas de sorpresas – desde las fatales dudas al auge de la valentía — que permitían mantener la tensión in crescendo.

  «La tensión de la historia se centra en el afecto que desarrollamos por esos personajes», dice McQuarrie. «El suspense radica en que somos testigos de lo que debe pasar cada uno de esos hombres a medida que van eligiendo unirse al complot, y las decisiones que toman en relación con su fatídica ejecución».

  Mientras que por un lado McQuarrie y Alexander desarrollaron un profundo respeto por los que se involucraron en la Resistencia Alemana, por otro lado tuvieron que luchar contra el hecho de que esos hombres de honor y principios prestaron servicio a Hitler en un primer momento, especialmente a sabiendas de las atrocidades cometidas en los campos de concentración. Señalan que muchos miembros del ejército no adivinaron hasta qué punto podrían existir las condiciones inhumanas bajo el mandato de Hitler hasta que fue demasiado tarde. Esos mismos hombres asumieron igualmente con seriedad su compromiso con el pueblo alemán (sellado mucho antes de que Hitler llegase al poder). Muchos miembros de esa resistencia se debatieron entre el juramento prestado y la urgente necesidad de derrocar a su jefe de estado en plena guerra.

  «Se trataba de una cultura en la que la gente creía de verdad que cuando uno daba su palabra, era para toda la vida. Estos hombres habían prestado un juramento de lealtad a Hitler -comenta McQuarrie- pero finalmente concluyeron que Hitler había roto su juramento para con el país a causa de las atrocidades perpetradas por él mismo y por sus ministros. Se dieron cuenta de que tenían que hacer algo por el bien de un futuro diferente, incluso si ello implicaba el ser vilipendiado como traidores por sus compatriotas. Fue un angustioso dilema moral».

  Casi todos los mejores y más brillantes militares provenían de la clase aristocrática, eran patriotas de toda la vida que se habían incorporado al ejército respondiendo a su sentido del deber durante la I Guerra Mundial o, como en el caso de Claus von Stauffenberg en 1926, mucho antes del auge y ascenso de Hitler. Gran parte de esos hombres cuestionaban las políticas de Hitler ya a mediados de los años 30, mientras se incrementaba la agresividad militar y la violencia del país contra los judíos y otros pueblos. «En aquella época existía un fuerte sentimiento de que todo aristócrata tenía el deber de servir a su país y al pueblo, motivo por el cual muchos se alistaron al ejército, incluyendo Stauffenberg, Tresckow y Olbricht», explica McQuarrie. «Pero muchos de esos hombres se oponían a los postulados nazis desde el principio, y fue creciendo su desilusión hacia Hitler según avanzaba la guerra y comenzaban a llegar noticias sobre el destino que sufrían judíos y rusos».

  El infame tratamiento a los judíos, a los civiles rusos y a los prisioneros de guerra en toda Europa resultó un punto de inflexión para muchos, Stauffenberg incluido. Comenta Bryan Singer que «me sorprendió averiguar gracias a esta investigación que muchos miembros de la resistencia militar pronto sufrieron un grave impacto ante el tratamiento que se dispensó a los judíos y la verdad sobre las ejecuciones en masa. Aquello les impulsó a sentir que tenían que hacer algo sin importarles el coste».

  Otro punto clave de la estructura del guión sería la revelación de la vital importancia de la Operación Valkiria, el plan nacional de emergencia que el propio Hitler había establecido para proteger al gobierno de los disturbios civiles en caso de su muerte. Dicha orden instaba al Ejército de Reserva alemán para que tomase el mando de las instalaciones claves del gobierno hasta que se pudiese restaurar el orden, un hecho que los conspiradores intentaron utilizar inteligentemente a su favor. Alterando de forma secreta el intrincado plan, la resistencia esperaba asesinar a Hitler y recuperar Alemania de manos de los nazis, instalando su propio gobierno durante el caos subsiguiente.

  «Queríamos dejar claro que asesinar a Adolf Hitler no era suficiente, porque ello no garantizaría la caída de su gobierno nazi. También tenían que encontrar la forma de hacer caer el régimen», dice McQuarrie. «Por eso Stauffenberg y los demás conspiradores utilizaron la Operación Valkiria para que pareciese que el círculo íntimo de Hitler le había asesinado y que estaba intentando tomar Berlín. Haciéndose pasar por el gobierno legítimo, la resistencia movilizaría rápidamente al Ejército de Reserva para arrestar a los acólitos de Hitler y asumir el control del gobierno».

  ¿Podría haber tenido éxito la Operación Valkiria si todo hubiese funcionado a la perfección, es decir, si el plan no se hubiese desmoronado a causa de muchos pequeños pero devastadores fallos? «Creo que sólo podemos especular sobre si hubiese o no funcionado», afirma McQuarrie. «Nadie puede afirmar qué habría pasado exactamente porque existían demasiados factores en juego. Pero sí existen pruebas que apuntan a que podría haber tenido éxito. Y al final, creo que los conspiradores lograron aquello que más esperaban: lograron demostrar al mundo entero que los alemanes estaban dispuestos a plantar cara».

  Muchos podrían pensar que Valkiria es un comienzo para Singer, pero aquéllos que conocen bien su trabajo ven similitudes temáticas en la película. El productor Gilbert Adler, que ya trabajó con Singer en Superman returns (El regreso) afirma, «Stauffenberg es, de alguna forma, un equivalente de la vida real a lo que buscamos en los héroes cinematográficos: un hombre normal inducido a realizar actos extraordinarios. Desde luego, él era muy humano y falible, pero creo que Bryan pone de manifiesto que la formidable fortaleza de Stauffenberg se basaba en temas muy reales: la dedicación a su país, a su familia, y especialmente a lo que consideraba correcto».

  Igualmente importante para Singer fue capturar la atmósfera general de la Alemania nazi. «Bryan no sólo es un director de cine, es un aficionado a las historias reales», nos cuenta Chris Lee, «y creo que esas dos grandes pasiones se aprecian en el grado de detalle de cada fotograma, así como en los detalles de los personajes y las emociones».

  Para Singer, Valkiria representaba una oportunidad para asumir su primera historial real, explorando además un periodo de la historia que ha ejercido una oscura fascinación sobre él desde la infancia, ya que su ascendencia judía le hizo comprender seriamente los horrores perpetrados por Hitler y el gobierno de la Alemania nazi. «Siempre tuve interés en explorar el Tercer Reich», nos dice. «Pude acariciar este tema en una película basada en la novela de Stephen King (Verano de corrupción), y de nuevo en la primera de X-Men, en la escena del campo de concentración. Pero Valkiria suponía la oportunidad de profundizar en un retrato realista de aquel mundo a través de una extraordinaria historia real sobre un líder que estaba destrozando una nación –y buena parte del mundo- y los hombres que decidieron intentar detenerlo».

  El hecho de que existiese una resistencia alemana –llegando incluso hasta los más altos rangos del ejército- era algo que había alentado largo tiempo a Singer, y le recordó el valor que puede surgir de la decencia más básica del ser humano. «A muy temprana edad, descubrí que existieron alemanes que habían intentado matar a Hitler», nos dice. «No sabía que se trataba de Stauffenberg y Olbricht en concreto, pero había oído lo de una bomba en un maletín, y para mí aquello fue muy importante para comprender que no todos los alemanes eran nazis. Podría resultar sobrecogedor creer desde tan joven que todo un país podría estar tan repleto de odio, por lo que resultó positivo saber que algunos intentaron oponerse».

  Singer comenzó su propia investigación, leyendo profusamente sobre todos los aspectos de la vida durante el Tercer Reich. «Una de las primeras cosas que hice fue leer Auge Y Caída Del Tercer Reich. Una Historia De La Alemania Nazi, de William Shirer, que resulta ser un libro extraordinario», comenta. «Debería ser una lectura obligatoria para cualquiera que intente comprender cómo una sociedad ilustrada puede transformarse muy rápidamente en una máquina de matar. Se adentra en las personalidades y maquinaciones de Hitler, Goering, Himmler, etc, y me ayudó a tener una mayor comprensión del mundo en el que tuvieron que desenvolverse los conspiradores. Antes de hacer la película necesitaba entender no sólo el papel de la gente que intentaba derrocar a Hitler, sino por qué surgió la figura de Hitler en primer lugar».

  Singer también se reunió con gente que pudiera aportarle una perspectiva interna. «Por un lado, mantuvimos reuniones privadas con miembros de la familia Stauffenberg», nos dice. «Por otro lado, nos entrevistamos con el antiguo guardaespaldas de Hitler, quien, por lo que sé, fue la última persona que abandonó el búnker en el que Hitler se suicidó. Esas reuniones se mantuvieron con el fin específico de aportar nuevas perspectivas e ideas a nuestro material. Resultaron muy informativas, y en ocasiones incluso transformaron nuestra visión por lo que pudimos aprender».

  Todo esto se tradujo al enfoque estilístico de Singer sobre la película, al mezclar detalles y matices del período del Tercer Reich con el ritmo de relámpago y dinamismo visual de un thriller moderno. Singer señala, «No estábamos rodando un documental. Lo más importante era mostrar la verdad de la historia de la manera más atractiva».

  Con este propósito, Singer tomó pronto la decisión de permitir que cada miembro del elenco internacional utilizase su propio acento. «Me he enfrentado a los acentos internacionales de diferentes formas en el pasado, algunas veces alterándolos, otras veces respetándolos», comenta. «Pero con Valkiria, tenía un reparto fenomenal representando a un fascinante, y algunas veces terrorífico grupo de personajes, y sentí que tendría más fuerza si usaban sus propios dialectos naturales. Cuando se inicia la película, uno se siente transportado a ese mundo de soldados alemanes a mediados de los 40, y lo que te arrastra a ese mundo son los personajes, aquellos orgullosos militares que vieron que tenían un líder monstruoso y sintieron que debían desembarazarse de él. La prioridad fue permitir que esos personajes se hiciesen patentes a través de interpretaciones fuertes y muy humanas».

2. El reparto >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "Valkiria" - Copyright © 2008 Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, United Artists y Bad Hat Harry Productions. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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