CRÍTICA
por
José Arce
En 1995, “Seven”, a día de hoy considerado ya un pequeño
clásico moderno de David Fincher, dio una necesaria vuelta de
tuerca al thriller policiaco. A pesar de que visionados
posteriores sacan a la luz sus evidentes carencias, es
incuestionable el impacto en el espectador la primera vez que se
acerca a esta obra oscura, dinámica pero desoladora, que
encontraba su mayor limitación, posiblemente, en su carácter
eminentemente comercial. A su sombra —nunca mejor dicho— han
surgido un buen puñado de cintas, mayormente etiquetadas de cara
al espectador bajo la losa del tan manido "una película al
estilo de...": desde ese plagio trash que fue la
divertídisima y psicotrónica “Resurrección” (1999) hasta la
reciente y vigente saga de "Saw", mixtura de géneros entre la
investigación policial y el horror más crudo, un catálogo
generoso de producciones ha fagocitado su pirotecnia y sus
vigorosas herramientas narrativas y de montaje con suerte de lo
más dispar.
Ahora llega a
nuestras pantallas otra —aparentemente— hija notoria de aquélla,
“WΔZ”, propuesta británica dirigida por Tom Shankland que
aparece como una buddy movie retorcida, sucia y
fascinante por su solidez y coherencia, entendida ésta como el
respeto más estricto a su espíritu, retrato de lo más lóbrego y
pervertido de dos entes enfrentados: la ley y el crimen. Eddie
Argo (Stellan Skarsgård) y su nueva compañera, Helen
Westcott (la
cada vez más habitual
Melissa George), investigan lo que parece ser un ajuste de
cuentas entre dos bandas de gangstas de medio pelo que
operan en el puerto de Londres. La única pista es, más allá de
la excepcional brutalidad del crimen, la aparición de un extraño
grabado en la piel de la víctima, las tres letras del título, un
aparente sinsentido que supone el punto de partida de esta
historia brutal y sin concesiones, que si bien sucumbe a no
pocos clichés habituales del género —la dualidad de la pareja de
polizontes, de vuelta de todo él, impetuosa e ilusionada ella—,
exhibe con orgullo un brío narrativo, interpretativo y visual
francamente notorio; así, los acontecimientos se suceden con
fluidez y lógica, jugando con una platea satisfecha con la
razonable sencillez con la que la que se identifica a un asesino
que, obviamente, no desvelaremos aquí. Pero es sólo una fachada.
El guionista Clive Bradley ha pergeñado una subtrama
retorcida que se expondrá progresivamente, la auténtica realidad
de lo que quiere contarnos, que disfrazada de vendetta se
presenta finalmente como un mensaje a gritos sobre la
inexistencia del amor y la felicidad auténticas en un mundo
voraz y despiadado. Un mensaje peligroso, sí, pero no por ello
menos aterradoramente cierto en demasiadas ocasiones.
Libre de
ataduras propias de productos destinados a un público masivo —no
es película para todos los gustos, ni mucho menos—, Shankland se
recrea en el sadismo del criminal, no menos atroz una vez
desvelado, más bien todo lo contrario, y en los paisajes que
dibujan sus dos marcos principales, los suburbios londinenses y
la comisaría, reducto preñado de corruptelas y traiciones
diversas, en el que la frontera de lo legal y lo que no lo es se
desdibuja de manera definitiva. No hay buenos ni malos, tan sólo
un infierno presidido por la figura de un soberano Skarsgård
que, cigarro eterno en ristre, recorre pesaroso escenarios en
los que tan sólo el neón y unas cuantas mustias bombillas rompen
la oscuridad que domina la atmósfera; montaje, edición, banda
sonora, todo es tan parco como cabe prever desde un primer
momento en un film que no dejará indiferente a quien quiera
bucear en sus secretos, abundantes y terribles todos ellos.
Evidente resulta que el libreto y la estética de “WΔZ” beben de
infinitas referencias, pero su principal deudora es ella misma,
enmarcada en una tendencia cinematográfica —junto a puñetazos
como “El rey de la muerte”, de Jörg Butggereit— que abandona
alardeos y efectismos para mostrarnos lo único realmente
indiscutible: la naturaleza no entiende de compasión ni
concesiones.
Calificación:
    
Imágenes
de "WΔZ" - Copyright © 2007 Vertigo Films,
UK Film Council, Ingenious Partners y Comisión Irlandesa para
Cine y Televisión. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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