CÓMO SE HIZO "30 DÍAS DE
OSCURIDAD"
Notas de producción ©
2007
Sony
Pictures
3. La producción
Al abordar la producción, el
principal objetivo de los cineastas fue crear una película tan
elegante y creativa como la novela gráfica en que se inspiró.
“David fue muy claro al determinar que el cómic sería el punto
de partida”, explica el productor artístico Paul Austerberry.
“Las novelas gráficas de éxito, como 30 Días de Oscuridad, son
absorbentes tanto por su historia como por su material gráfico”,
explica Slade. “Para ser fieles al libro, teníamos que ser
fieles no sólo a la trama, sino también a la visión representada
en los dibujos”. Para cada uno de los cineastas, aquello
requería un enfoque de realismo acentuado, presentar Barrow,
Alaska, no como un mundo de cómic, pero tampoco como nuestro
mundo. Como los demás cineastas, el director de fotografía Jo
Willems recurrió a la novela gráfica como referencia en cuanto
empezó a pensar en cómo abordar el rodaje de 30 Días de
Oscuridad. Las directrices artísticas del libro, su paleta de
colores y el diseño de los vampiros requerían pruebas
exhaustivas para poder lograr la visión de Slade. “Nos
interesaban menos los colores de la vida real y más los de Ben
Templesmith”, dice Slade. “Buscábamos una noche desaturada,
agotada, no un cielo azul como el que se vería en un viejo
Western o una noche negra y oscura, sino un resplandor metálico
de la luna”. Willems observa que la apariencia de la película
difiere en cierto modo de la novela gráfica, pero conserva el
feeling creado por Templesmith; si los cineastas hubiesen
presentado los dibujos del artista tal cual, la película habría
resultado demasiado estilizada. “Más del 70% de la película se
ambienta de noche, de modo que si hubiésemos optado por algo muy
oscuro, habría sido una película difícil de ver”, explica. “La
forma en que plasmamos la apariencia del libro no fue
recurriendo tanto a la monocromía, sino a una paleta de color
más bien desaturada, salpicada por el rojo sangre.” Al final,
Willems logró una apariencia ligeramente cool, casi azul, que
plasma la piel de los vampiros con un brillo plateado. “Llevo
diez años trabajando con Jo Willems”, dice Slade. “Recurro a Jo
siempre que puedo porque tenemos una forma de trabajar juntos
que hace que todo sea rápido y sencillo. Es un director de
fotografía con un talento espectacular. La apariencia que
buscábamos en esta película hizo necesario que invirtiéramos una
cantidad tremenda de tiempo planificando la iluminación, y Jo
superó el desafío”.
Por
si el desafío fuera poco, la mayor parte de la producción se
rodó de noche. De hecho, en 30 Días de Oscuridad se precisaron
33 días de rodajes nocturnos.
“El
cómic me pareció muy interesante desde el punto de vista visual;
los dibujos de Ben Templesmith son bastante detallados”, explica
el productor artístico Paul Austerberry. La paleta
monocromática, salpicada por el rojo de la sangre, las llamas y
el uniforme de jefe de bomberos de Stella, fueron inspiración
suficiente para crear la apariencia precisa en pantalla.
Uno
de los principales desafíos de Austerberry fue diseñar y
construir la ciudad de Barrow, Alaska, el paisaje desolado y
árido que se convertiría en la fuente de alimentación de los
vampiros. Para Austerberry, la ciudad se convertiría
prácticamente en un personaje por sí misma; como mínimo, tendría
que infundir la sensación de pavor y aislamiento que Slade
deseaba lograr.
Aunque Slade prefirió representar el Barrow surgido de la mente
de Niles y Templesmith, el Barrow real sí que ofreció a
Austerberry algo de material de referencia e inspiración.
“Barrow es el asentamiento más al norte de América del Norte.
Sólo tienen materiales básicos, sin adornos”, dice. “El Barrow
real tiene un montón de trastos por todas partes; es difícil
llevar cosas a Barrow por lo lejos que está, y lo mismo
deshacerse de la basura”.
Sólo pudieron usarse como lugares de filmación dos decorados
reales. Los demás fueron construidos por el equipo de diseño de
Austerberry. Gracias a la creación de un Barrow llevado a la
ficción, los cineastas tuvieron la libertad necesaria; lo más
interesante es que construyeron de la nada la calle principal de
la ciudad, Rogers Avenue, sobre un enorme terreno que en su día
fue un gran jardín situado en torno a una base de las Fuerzas
Aéreas. Allí, los cineastas pudieron crear tormentas de nieve,
provocar incendios, realizar escenas peligrosas y representar
toda la carnicería requerida por la historia.
“Tenemos edificios negros y nieve blanca; David quería crear una
geometría rígida y perfilada del negro sobre el blanco”,
explica. “Es como una ciudad de un Western, ¡aunque de un
Western helado! Un lugar en el que los vecinos viven en su
pequeña ciudad aislada en el medio de ningún sitio, hasta que
los vampiros aparecen paseándose por la calle principal”.
En
cierto momento, llegó a haber 45 carpinteros en escena,
edificando la ciudad. Afortunadamente, durante este periodo, el
ayuntamiento de Auckland lanzó una campaña de reciclaje.
“Obtuvimos permiso de las autoridades locales para rescatar
piezas de la basura y acabamos con una enorme cantidad de
trastos útiles”, recuerda Austerberry. “Fue bastante útil,
gratis y ecológico”.
Sólo una parte del decorado no fue realista: el Muffin Monster®,
la máquina en que los residuos sólidos se trituran hasta el
tamaño de spaghetti. El Muffin Monster es, de hecho, la
trituradora de residuos empleada realmente en las canalizaciones
subterráneas de Barrow, Alaska, y en otros 20.000 lugares. Según
la empresa JWC Environmental, situada al sur de California, la
cual autorizó la recreación de su máquina, “tritura fácilmente
harapos, madera, plásticos, rocas, toallas, sábanas, ropa y
cualquier otro material extraño que pueda dañar u obstruir” los
equipos de tratamiento de aguas residuales. Austerberry diseñó y
construyó una máquina extra grande, mucho más terrorífica y
capaz de comerse a un vampiro, tal como requería el guión.
Una
de las claves de los efectos especiales fue la creación de
nieve: en una película ambientada en el Ártico, la nieve se
convertiría prácticamente en uno de los personajes.
El
equipo de la nieve, dirigido por el supervisor de efectos
especiales Jason Durey, creó más de 280 toneladas de nieve. Fue
la mayor producción hasta la fecha del equipo,
significativamente superior a la creada para Las Crónicas de
Narnia: El león, la bruja y el armario, donde se emplearon 35
toneladas.
Para crear la nieve, el equipo de 30 personas empleó 150
toneladas de sales Epsom, 90 toneladas de trocitos de papel, 12
toneladas de cera, 9.000 bolsas de corteza, más de 3 toneladas
de nieve artificial, 24 kilómetros de sábanas blancas, 400 cajas
de nieve ecológica (en sustitución del anterior ingrediente,
peladuras de patata), y 7.000 litros de espuma.
Otro ingrediente clave, por supuesto, fue la sangre. Cuando los
vampiros atacan, el rojo se convierte en el principal color de
la película. Se prepararon 4.000 litros de sangre artificial
para la película. En el clímax, cuando arde la ciudad, los
cineastas usaron unas 5 toneladas de gas propano para que
ardiera en llamas.
Como los demás equipos, el de efectos especiales de Allan
Poppleton caminó en la cuerda floja para recrear el trabajo de
la novela gráfica y presentar un mundo realista en pantalla.
Desde el principio, Slade quiso que los vampiros sólo hicieran
lo que pudieran hacer los humanos. “No son sobrehumanos,
simplemente extremadamente maliciosos”, explica. “Creamos una
serie de normas que no podíamos saltarnos; no podemos saltarnos
demasiado las leyes de la naturaleza, simplemente forzarlas un
poquito. Nada de arneses de alambre, fue una de las premisas. Si
los vampiros corren de tejado en tejado, tendremos que saltar de
tejado en tejado. Allan Poppleton fue muy positivo y dijo:
‘Podemos hacerlo’. En nuestra segunda reunión, me presentó
secuencias fantásticas de sus especialistas saltando y
brincando”.
Rob
Tapert confirma: “Allan y su equipo han logrado aportar un nivel
sorprendente de acción, violencia y gore a esta película. Su
equipo de experimentados especialistas saltaron a escena y
realmente se jugaron la vida para ofrecer efectos especiales de
gran dureza y unas secuencias de acción fantásticas que harán
que el público exclame ‘¡¿Cómo han hecho eso?!’”
Poppleton explica: “Investigamos un poco y también recurrimos a
experiencias anteriores, como escenas de saltos por tejados que
hicimos para un anuncio en el pasado, saltando por los edificios
en lo que llamamos ‘vuelo libre urbano’. Todos los saltos a
vehículos o edificios son reales, ¡sin cables ni nada de nada!”
Para entrenarse, el equipo de Poppleton recurrió a una técnica
que él mismo denomina ‘métrica de vuelo’, que requiere distintos
ejercicios diseñados para lograr velocidad. Además, Poppleton
colaboró con los responsables de vestuario y el equipo artístico
para asegurarse de que los trajes y decorados resistirían los
saltos de su equipo.
Las
prótesis de Weta Workshop plantearon un desafío adicional. “Era
complicado agarrar cosas debido a las largas uñas”, explica
Poppleton. “Además, cada actor tenía dientes y protectores
bucales especialmente diseñados para ellos, para que nadie se
mordiera los labios durante alguna escena peligrosa”.
La
reinvención de la película de vampiros requirió trabajar con un
taller de criaturas que combinara experiencia e imaginación en
un diseño revolucionario. Para 30 Días de Oscuridad, los
creadores optaron por el equipo de Weta Workshop, ganadores de
premios Oscar® de la Academia, para dar vida a la visión gráfica
de Ben Templesmith.
“Cuando nos reunimos con David Slade nos dimos cuenta
rápidamente de que no iba a ser una película normal y
corriente”, dice Richard Taylor, de Weta. “Me di cuenta
rápidamente de que esta película ofrecería fantásticas
oportunidades creativas al equipo de Workshop y sentí desde el
principio que en ella Gino Acevedo, nuestro compañero y jefe de
caracterización podría asumir una función de supervisión. Le
propuse el concepto a David y, en la reunión con Gino, reconoció
al punto que le emocionaba la idea de que Gino supervisase los
efectos de maquillaje de la película. Con los meses, nos hicimos
grandes amigos de David, y muchos integrantes del equipo de
maquillaje, encabezados por Gino, comentaron que las ideas,
pericia técnica y comprensión vital de David de lo que es el
género del terror convirtieron el rodaje en una de las mejores
experiencias de sus carreras profesionales”.
El
supervisor de Workshop, Gareth McGhie, se unió al supervisor de
caracterización de Weta, Gino Acevedo, y la responsable de
maquillaje de Weta, Frances Richardson, junto con un gran equipo
de técnicos especializados para crear los dientes, heridas,
sangre, uñas, proyectiles y fabricaciones especiales que darían
vida a los vampiros.
Lo
más importante fueron los dientes. No son simples criaturas con
dos pequeños colmillos, sino que los vampiros de 30 Días de
Oscuridad son las máquinas devoradoras que imaginó Templesmith
originariamente. “Son casi como colmillos de tiburón”, explica
Acevedo. “Tienen forma de cuña y son bastante irregulares. Son
bastante repulsivos.” El técnico de efectos especiales de Weta,
Steve Boyle, fue el encargado de idear una técnica especial en
las dentaduras para mejorar la apariencia de los vampiros.
Los
vampiros también tienen más que los 32 dientes de un humano. La
mayoría de los dientes pertenecen a una joven vampiresa,
interpretada por Abbey-May Wakefield. “David quería que sus
dientes fueran largos y delgados, como agujas, como los de un
cachorro”, explica Acevedo.
Los
vampiros también tienen uñas larguísimas, otro desafío para los
diseñadores por una serie de motivos. En primer lugar, la forma
normal de adherir las uñas, colocando super glue en las uñas de
los actores, es más sencilla pero menos fiable. “A veces
consigues una toma fantástica y después descubres que se ha
desprendido una uña y ya no vale toda la toma”, explica Acevedo.
En segundo lugar, las uñas tenían que ser suaves y flexibles,
para que los especialistas no se lastimasen a sí mismos o entre
sí durante el rodaje de las secuencias de acción.
Para abordar estos desafíos, Acevedo y su equipo hicieron moldes
de las manos de cada actor y esculpieron nuevas yemas con las
uñas incluidas. “Puesto que no teníamos acceso a la mayor parte
de los actores y especialistas debido a la distancia, Mark
Night, técnico de efectos especiales, hizo la mayoría de los
moldes de alginato en Auckland, donde estaban la mayoría de los
actores. Mark enviaba un molde de escayola de sus manos para que
pudiéramos preparar los moldes de silicona. A partir de estos
moldes, introducíamos más silicona para acabar teniendo copias
de sus dedos de silicona. A continuación, la técnica Samantha
Little preparaba moldes de escayola en los dedos. Una vez
finalizados los moldes, Sam introducía látex cuidadosamente en
los moldes y colocaba una fina capa de látex por los lados que
más tarde se fusionaría con los dedos de los actores. Una vez
seco el látex, los empolvaba y los retiraba cuidadosamente de
los moldes. Puesto que habíamos preparado moldes de los dedos de
los actores, estos seguían teniendo los detalles originales de
sus dedos, incluidas sus huellas dactilares. Con todos los dedos
de látex listos, el próximo paso era adherir con super glue una
uña de poliuretano en cada una de ellas. Una vez adheridas y
adaptadas a los propios dedos de los actores, se les aplicaba
maquillaje para que no hubiera forma de saber que llevaban yemas
postizas y no pudieran desprenderse”.
Los
vampiros también tienen un tono de piel muy cetrino, casi
enfermizo. “Es precioso, tiene un brillo agradable, tipo perla”,
explica Acevedo. "Empleamos una pintura corporal especial
llamada ‘tinta de tatuaje’ de Latona, Australia. La supervisora
de maquillaje de Weta en el estudio, Davina Lamont, hizo una
mezcla perfecta de ‘color mortal’ con un poco de brillo perla y
pudimos pulverizar los colores en la piel, dándole una
apariencia muy homogénea y natural que no habría sido posible
lograr de otro modo. Cuando comenzó la producción, cada actor
dedicaba 90 minutos al maquillaje cada mañana, pero al final,
recortamos la duración del proceso a 45 minutos”.
El
equipo se encargó también de fabricar los cadáveres de huskies
para indicar a los vecinos de la ciudad la llegada de los
vampiros.
Richardson se aseguró de
que la piel y el pelo de los huskies fuera lo más real posible.
Después de tomar cientos de fotografías de huskies reales en el
taller de Wellington, Richardson se encargó de determinar la
colocación del pelo, la dirección y los colores, desde los más
cortos cercanos al morro, hasta los más largos del cuerpo.
Incluso después de finalizar todas las prótesis y estructuras,
el trabajo de Acevedo no acabó ahí. Como principal responsable
de la coordinación entre producción y efectos digitales, Acevedo
estuvo muy implicado en preparar pequeños retoques que mejoraran
a los vampiros, para que parecieran distintos, y,
definitivamente, más espeluznantes, que los humanos.
“Tomaba fotografías de los actores con el maquillaje final, la
piel color perla, lentes de contacto rojas y negras, y jugaba
con ellas en PhotoShop. A David se le ocurrió separar los ojos
un poco, para que parecieran de otro mundo. Así que, a partir de
las fotos, los separé un poquito, los reduje en torno a un 20% y
los incliné ligeramente hacia abajo. Una vez vistos y aprobados
por David, le di las fotos a Charlie McClellan, el supervisor de
efectos visuales de DigiPost, quien usó el software de efectos
visuales Inferno para ir fotograma por fotograma, separando los
ojos y supervisando cada fotograma al mismo tiempo”.
McClellan se sintió intrigado por la insistencia del director
David Slade por lograr que la producción fuera lo más real
posible. “El que todo suceda de noche y nuestros vampiros estén
realmente allí hace que no se precisen muchos efectos visuales
en primer plano”, observa. “Me resulta interesante, porque me
gusta que los efectos visuales estén en un segundo plano, que
nunca llamen la atención por sí mismos.
“Por lo que respecta a los vampiros, va un paso más allá, un
paso más interesante, acercándose a lo subliminal”, manifiesta
McClellan. “Lo ideal es poder afectar a la mente de los
espectadores subliminalmente sin que se den cuenta realmente de
por qué lo que están viendo tan terrorífico”.
Acevedo también trabajó con el equipo de Weta Digital para
completar el trabajo de efectos visuales. Para la escena
culminante en que el Sheriff Eben se planta ante el amanecer, el
trabajo de taller del equipo sólo fue la mitad de la batalla.
“David quería que Josh Hartnett tuviera una especie de
apariencia de carbón calcificado”, explica Acevedo. “Cogimos el
azúcar que tienen aquí, en Nueva Zelanda, no la blanca, refinada
de Estados Unidos, sino la morena y más gruesa, la mezclamos con
arcilla y la moldeamos, creando pequeñas partículas que pegamos
en la cara, cabeza y manos de Josh”.
Antes incluso de aplicársela a Hartnett, quedó claro que el
trabajo se completaría digitalmente para lograr la apariencia
buscada por Slade. “David fue muy concreto”, explica Acevedo.
“Tenía que ser completamente distinto de cualquier cosa que
hubiéramos podido ver antes, pero también tenía que quedar bien,
no quería que pareciera grotesco en absoluto”.
Para lograr la extraña y misteriosamente bella apariencia que el
director deseaba, el equipo de efectos se puso creativo. “Muy
pronto, se nos ocurrió que en cuanto la piel empezara a arder,
debería empezar a deshacerse”, explica Acevedo. “Como un trozo
de tela cuando lo quemas con una cerilla; es tan ligero que la
ceniza flota en el aire. Hice algo de arte conceptual con el
artista de Weta Digital Hovig Alahaidoyan y, entre los dos,
David encontró lo que andaba buscando y dejó que Weta Digital se
pusiera manos a la obra. El supervisor de efectos visuales de
Weta Digitals, Dan Lemmon, y su equipo, hicieron un trabajo
fascinante para dar vida a la escena carbonizante de Eben”.
A
la hora de plantearse el diseño del vestuario, su responsable,
Jane Holland, huyó de las complicaciones. Habría dos tipos de
trajes: los que mostraran la apariencia utilitaria y holgada de
los vecinos de Barrow, y el aspecto urbano y entallado de los
vampiros.
“Lo
que me gusta es empezar con un diseño realista: si la base es
realista, puedes desarrollarla y obtener algo más estilizado con
unos cimientos sólidos”, comenta Holland. Para ello, investigó
lo que lleva la gente en la propia Barrow, Alaska, incluso habló
con unas cuantas personas para entender cómo se vive allí. No
obstante, la película requirió ciertas licencias artísticas. “En
realidad”, añade, “todo el mundo está completamente cubierto
todo el día, porque hace un frío tremendo. Claramente, no
podíamos hacer eso en la película, ¡no habríamos sido capaces de
reconocer a los personajes!”
En
contraste, el look de los vampiros es urbano y contemporáneo,
con un toque de otro mundo. Raídos y envejecidos, los trajes se
desgastan hasta que se deshacen. “Los vampiros son seres muy
físicos”, dice Holland. “Queríamos dar a cada uno de ellos
cierta individualidad”.
Un
buen ejemplo es el de Marlow, el cabecilla de los vampiros.
Holland le ha vestido con un largo abrigo de cachemir; a
diferencia de las ropas raídas de los demás vampiros, sus
prendas están bien confeccionadas. Además, el actor Danny Huston
añadió algunos adornos, incluido un anillo, que resaltara sus
formas contenidas y controladoras. “Al llevar un tejido clásico
vintage para lograr el peso y el movimiento, casi de alta
costura, Marlow intenta diferenciarse de los demás como el
cabecilla, lejos de la actividad más salvaje de sus colegas
vampiros”, dice Holland.
Holland tuvo una serie de conversaciones iniciales con Ben
Foster a propósito de la vestimenta del Extraño. “Ben dijo: ‘Voy
a ir a una tienda de restos de stock e idear algo’ y yo le dije
que haría lo mismo”, recuerda Holland. Me envió una foto, yo le
envié otra, y así surgió el Extraño. Fue bueno tener esas
conversaciones previas; cuando llegó, ya teníamos su ropa, toda
hecha jirones y sucia. Se la puso y… ¡ahí estaba el Extraño!”
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